Agricultura

Herbicidas en suelo: alerta por más persistencia tras la seca y riesgo en cultivos de invierno

16 de abril de 2026

El déficit hídrico registrado durante el verano genera un escenario de “mayor riesgo” en la persistencia de herbicidas en el suelo, lo que puede afectar el desarrollo de los cultivos de invierno en sistemas agrícolas. Así lo señaló el investigador principal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en manejo de malezas, Alejandro García, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.

Explicó que el problema se vincula directamente con el uso creciente de herbicidas residuales en el suelo, impulsado por el avance de malezas resistentes. Estos productos, aplicados en preemergencia, pueden mantener su actividad por períodos prolongados y generar efectos sobre cultivos sembrados en sucesión. “Son productos que pueden tener una actividad prolongada y afectar cultivos posteriores”, afirmó.

El factor clave en este año es la falta de precipitaciones, que afecta el proceso natural de degradación de los herbicidas. A diferencia de lo que suele creerse, “el agua no actúa como un simple lavado” del producto, sino que su rol principal es activar la microbiología del suelo. “El herbicida se degrada por acción de microorganismos y en un año seco esa actividad es muy baja”, dijo.

Esto genera que los productos permanezcan más tiempo activos en el suelo, aumentando el riesgo de fitotoxicidad en cultivos de invierno. Las lluvias registradas hacia fines de marzo y abril contribuyen a mejorar la situación, pero no alcanzan a revertir completamente el problema. “A los efectos de normalizar la situación llegaron tarde”, indicó.

En cuanto a los cultivos más sensibles, García señaló que, en términos generales, la colza convencional es uno de los mejores indicadores de presencia de herbicidas en el suelo. Sin embargo, el impacto depende del producto utilizado y del cultivo a implantar. “El primer punto es cruzar el herbicida usado con el cultivo a sembrar”, sostuvo.

En ese sentido, para García el riesgo no se limita únicamente a la colza, sino que también puede afectar a otras brassicas —como carinata o camelina— y a los cereales de invierno, como trigo y cebada, dependiendo del tipo de herbicida utilizado y las condiciones del sistema.

Además del déficit hídrico, otros factores inciden en la persistencia, como la materia orgánica del suelo, la textura, la dosis aplicada y el tiempo transcurrido desde la aplicación, determinando la velocidad de degradación.

El impacto no se limita al arranque del cultivo, sino que también puede afectar el rendimiento. “No es solo un efecto inicial, puede terminar afectando la productividad”, advirtió García.

En situaciones donde el cultivo debe destinar energía a detoxificar herbicidas, cualquier otro estrés —como heladas, exceso hídrico o deficiencias nutricionales— puede agravar el problema, acotó.

Esto se traduce en cultivos con crecimiento lento, pérdida de plantas o bajo desarrollo. Frente a este escenario, una de las principales recomendaciones es evaluar el riesgo previo a la siembra, ajustando decisiones en función del herbicida utilizado y las condiciones del sistema.

Escuchá a Alejandro García.

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