Ganadería

Las claves para lograr pasturas “más productivas” y “persistentes”, según asesor de Copagran

13 de marzo de 2026

La elección correcta de la chacra, la planificación de la implantación, el manejo durante los primeros meses y el respeto por la fisiología de las plantas son algunos de los factores “determinantes”, para lograr “pasturas más productivas y persistentes” en los sistemas ganaderos.

Así lo señaló el asesor de Copagran, Diego Vercellino, al referirse a los aspectos centrales de su exposición en una actividad técnica organizada por la cooperativa. Las consideraciones fueron compartidas en el programa Punto de Equilibrio, en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.

Vercellino explicó que existen cuatro puntos claves para alcanzar “buenas” producciones de pasto. El primero es la “correcta elección de la chacra”, seguida por la “planificación” de la implantación. Luego, otro factor a considerare es que hay una “etapa crítica” durante los primeros 90 días posteriores a la emergencia, donde es fundamental “controlar malezas” y realizar fertilizaciones “estratégicas” si es necesario.

El cuarto elemento es el “manejo del pastoreo”, que en definitiva determina la persistencia de la pastura a lo largo de los años, indicó.

Sostuvo que “hay muchas recetas sobre manejo, pero lo que nunca se puede abandonar es respetar la fisiología de las plantas”.

Y en ese sentido, Vercellino dijo que cada especie forrajera tiene su propio patrón de crecimiento y tiempos que deben respetarse, para evitar el agotamiento de la planta. Como ejemplo, el asesor mencionó que la alfalfa debería pastorearse cuando alcanza los nueve nudos, momento en el que acumula su máximo nivel de reservas. En el caso de las gramíneas, en general se recomienda el consumo cuando alcanzan entre dos y tres hojas.

“Si uno las apura y las sobrepastorea esperando el rebrote desde los tallos, termina agotando la planta y comprometiendo la persistencia de la pastura”, indicó.

Otro de los temas abordados fue la tendencia a utilizar más pasturas anuales en los sistemas productivos, en parte impulsada por la necesidad de generar pasto rápido.

Según Vercellino, si bien las pasturas anuales pueden aportar producción en períodos específicos, las pasturas perennes ofrecen ventajas cuando se analiza el sistema en su conjunto.

“Las anuales nos dan pasto rápido, pero tienen un ciclo. Después dejan un bache importante que hay que cubrir con otra cosa”, explicó.

A su juicio, cuando se comparan ambos sistemas en el largo plazo, las pasturas perennes permiten una producción más equilibrada a lo largo del año.

También, el asesor de Copagran señaló que aunque históricamente las perennes tenían costos de implantación “más altos”, en los últimos años esa diferencia “se ha reducido”.

“Una pradera perenne podía valer antes entre 400 y 500 dólares por hectárea y hoy está más cerca de 350 o 370 dólares, con costos de mantenimiento del orden de 170 dólares por año mientras se mantiene productiva”, comentó.

La duración de estas pasturas depende del sistema productivo. En mezclas con trébol rojo o achicoria pueden durar unos tres años, mientras que asociaciones como festuca con trébol blanco o lotus pueden extenderse entre seis y siete años, dijo.

En cambio, Vercellino aclaró que las pasturas anuales obligan a recuperar la inversión dentro de un solo ciclo productivo, lo que “aumenta la presión” sobre el sistema.

“Con una anual tenés que sembrar lo antes posible y antes de que termine el ciclo ya haber recuperado la inversión”, señaló.

Durante la actividad también se abordaron dos temas que vienen ganando relevancia en los sistemas productivos: el análisis de suelos y la compactación.

Vercellino sostuvo que pese a la importancia técnica del análisis de suelo, su uso todavía es “limitado” y se está “lejos de lo que se debería hacer”.

“No creo que más del 30% del área se esté analizando”, estimó.

Según explicó, muchos productores siguen aplicando fertilizantes de manera estándar, sin considerar la variabilidad de cada chacra. En algunos casos esto ha llevado incluso a niveles elevados de fósforo en el suelo, mientras que en otros sistemas más ganaderos aún se registran valores bajos.

El análisis de suelo es, a su juicio, la única herramienta que permite ajustar correctamente la fertilización.

Otro aspecto creciente es “el problema de compactación” de los suelos, asociado principalmente a sistemas agrícolas intensivos y al tránsito frecuente de maquinaria, advirtió.

“Lo hemos medido con herramientas de precisión y encontramos diferencias de rendimiento del orden del 20% entre zonas donde las raíces pueden penetrar bien y otras donde hay limitantes”, enfatizó. Acotó que eso representa “mucha plata” en pérdida de productividad.

En términos productivos, esto significa que praderas que podrían rendir cerca de 10.000 kilos de materia seca por hectárea terminan produciendo apenas 8.000 kilos.

La compactación también contribuye a procesos de acidificación del suelo, ya que limita el desarrollo radicular y reduce la capacidad de las plantas para explorar nutrientes en profundidad.

En ese contexto, Vercellino indicó que el encalado aparece como una herramienta cada vez más relevante para corregir estos desequilibrios, aunque reconoció que su adopción aún está “limitada por los costos internos” del sistema productivo.

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