Agricultura

La sequía condiciona el estado de las pasturas y obliga a “extremar” el manejo del pasto

10 de marzo de 2026

La falta de lluvias continúa afectando el crecimiento de pasturas y verdeos en varias zonas del país, con impactos directos en los sistemas ganaderos y lecheros. En este contexto, el manejo del pastoreo resulta clave para atravesar el período de estrés hídrico, sin afectar la capacidad de recuperación. Además, en zonas muy afectadas, comienza a ser algo a considerar el reemplazo (o intersiembra) de praderas que quedarán “muy afectadas. A mediano plazo, una vez más, esta situación “nos obliga a pensar en la planificación de reservas forrajeras”, señaló el investigador del Área de Pasturas y Forrajes del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Fernando Lattanzi, en el programa Punto de Equilibrio, en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.

Advirtió que la situación es “muy heterogénea”, según la región. El litoral sudoeste es dónde se observan los “mayores” problemas asociados al déficit de precipitaciones, con niveles de déficit hídrico acumulado que ya supera los 550 mm.

“El panorama depende mucho del lugar de Uruguay donde estés. En el litoral sudoeste la situación es más complicada, mientras que en el norte —Salto, Tacuarembó o Rivera— han tenido lluvias y vienen mejor. El este está en una situación intermedia y por suerte, recibió algo de lluvia recientemente”, dijo.

El investigador indicó que los pronósticos para el centro y sudoeste del país no muestran lluvias “importantes” en el corto plazo, lo que “prolongará el estrés hídrico” sobre las pasturas y los cultivos destinados a reservas forrajeras.

Desde el punto de vista del manejo, Lattanzi sostuvo que, fuera del riego, hay pocas herramientas para revertir el impacto de la sequía sobre el crecimiento del pasto. “No podés convencer a la planta de que crezca cuando no tiene agua disponible en el suelo. La principal recomendación es no sumarle más estrés a la pastura”, afirmó.

En ese sentido, este investigador recomendó evitar el sobrepastoreo y mantener remanentes más altos de lo habitual. “Si hay pasto disponible se puede pastorear, pero dejando un remanente un poco más alto para que la planta no sufra tanto estrés y pueda rebrotar rápidamente cuando vuelvan las lluvias”.

Lattanzi informó que en algunas zonas ya comienzan a observarse pérdidas de plantas en praderas, particularmente en especies como festuca. “El estrés hídrico que acumulamos ya está alcanzando niveles que no solo detienen el crecimiento a valores prácticamente nulos, sino que comienzan a aparecer situaciones donde algunas plantas empiezan a morir, incluso cuando se las cuidó durante el verano”, indicó.

Esto puede generar praderas que van a quedar “muy parcheadas”, es decir, con áreas sin vegetación. Esto obliga a ir evaluando la posibilidad de hacer resiembras, o nuevas implantaciones, una vez que se den las condiciones de humedad adecuadas, acotó.

Para determinar si una pastura ya está perdiendo plantas debido a estrés hídrico, el técnico recomendó una evaluación simple, a campo. “A veces la planta se ve completamente seca, pero está viva. Si tirás de la planta y se desprende fácilmente, está muerta; si ofrece resistencia, probablemente rebrote cuando llueva”, explicó.

Consideró que “si más de un 30% de las plantas se desprenden fácilmente, es muy posible que la mejor solución sea intersembrar”. Raigrás anual es una de las especies con la que “más consistentemente” se pueden logran buenas implantaciones en praderas intersembradas.

En paralelo, es “importante” tener todo preparado para aprovechar las primeras ventanas de siembra del otoño, sugirió. La sequía aún no ha comprometido la ventana óptima de siembra de la mayoría de las forrajeras (excepto avenas).

Sin embargo, es usual que “cuando empiezan las lluvias otoñales post-sequía, comienza a haber períodos con excesos hídricos que acortan la ventana de tiempo con buen piso para sembrar. Por eso es clave tener la semilla, el fertilizante y la maquinaria listos para no desaprovechar esas oportunidades”, sostuvo.

Respecto a avenas ya implantadas, el investigador señaló que en “muchos casos” lograron emerger gracias a lluvias aisladas, aunque su desarrollo quedó detenido a la espera de nuevas precipitaciones. “Una vez que la avena tiene dos o tres hojas es bastante resistente y puede aguantar un tiempo sin lluvia, pero necesita agua en los próximas días para consolidarse”, indicó.

Mientras que la productividad de la base forrajera es muy baja (o cero), la alimentación del ganado depende en gran medida de las reservas disponibles. “En una sequía no queda mucho más que suplementar o utilizar reservas”, afirmó, especialmente en sistemas lecheros.

A mediano plazo, Lattanzi consideró que este tipo de eventos refuerza la necesidad de diversificar tanto la base forrajera como las reservas en los sistemas productivos, especialmente en los tambos.

“Así como diversificamos las pasturas con distintas especies, también conviene diversificar las reservas. El maíz es una reserva espectacular, pero puede fallar en años secos, por lo que es recomendable combinar distintas fechas de siembra, y usar genética con alta tolerancia al estrés, y ajustar el manejo de la densidad, y -además- sumar reservas de invierno como silos de cebada o verdeos, que son algo más costosas pero mucho más estables entre años”, comentó.

El investigador comparó la situación actual con la sequía de 2022/23. En la zona de La Estanzuela, el déficit hídrico acumulado ronda los 560 milímetros, frente a una mediana histórica cercana a 300 milímetros. Sin embargo, aclaró que la sequía anterior fue “muchísimo más severa”.

“En la seca de 2022/23 ya teníamos un déficit de 750 a 800 milímetros a esta altura del año. La diferencia es que aquella comenzó mucho antes, mientras que esta campaña venía bien hasta comienzos de diciembre”, explicó.

Ahora, el principal desafío es la demora en la llegada de las lluvias de otoño. “Lo que nos empieza a complicar es que las lluvias que normalmente aparecen hacia fines de febrero o principios de marzo se vienen corriendo en el pronóstico”.

Escuchá a Fernando Lattanzi

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