Agricultura

Uruguay “da garantías de calidad” y es elegido por empresas regionales, según el presidente de Inase

22 de septiembre de 2025

Uruguay “da garantías de calidad” y es elegido por empresas regionales para producir semillas por “tener reglas claras”, destacó a VERDE el presidente del Instituto Nacional de Semillas (Inase), Guillermo Galván. El ingeniero agrónomo (PhD. MSc.) se refirió a la continuidad institucional, la regulación público-privada y el respaldo estatal, factores que explican la preferencia de las empresas.

Además, analizó el impacto de la eliminación del Inase argentino, a los desafíos de la inoculación de semillas y las nuevas biotecnologías, y destacó que la digitalización y la inteligencia artificial serán claves para facilitar el acceso a la información técnica y la toma de decisiones en el sector.

Rol institucional y estado de situación

La misión de Inase es impulsar la producción y el uso de semilla de calidad superior e identidad comprobada. Galván comentó que cuando llegó a Inase “mi percepción y la del sector es que el instituto cumple su rol según la ley: promueve el uso de semillas de calidad y garantiza al productor y al país en la regulación de semillas”. Agregó que el sector “es sensible”, porque la calidad de la semilla “define el éxito del cultivo y afecta tanto a cada productor como a la economía”.

Por eso, señaló que el Inase tomó modelos internacionales en su organización. “En estos meses confirmé que hay un equipo humano bien estructurado, y una junta directiva con todos los actores: productores, comerciantes y usuarios de semillas”, dijo. Valoró que ese modelo de trabajo no solo lo tiene Inase, sino varios institutos agropecuarios, que es “muy efectivo”, ya que, si hay que ajustar normas para el sector, se analizan en la junta, que trabaja en forma permanente.

Parte de los cometidos institucionales de Inase consisten en fiscalizar la producción y comercialización de semillas y velar por el cumplimiento de las normas. Consultado por las mayores debilidades o riesgos en esos controles, el presidente del instituto respondió que “siempre buscamos ajustar”. Indicó que Inase controla el comercio y la calidad de toda semilla importada, que debe estar registrada en Uruguay.

Señaló que “hay riesgos, como la posible presencia de eventos transgénicos no autorizados para algunos cultivos y contrabando, porque Uruguay tiene muchas fronteras”. Agregó que en la producción nacional el objetivo es promover el uso de semilla legal en vez de bolsa blanca, y asegurar que los cultivares protegidos tengan los derechos habilitados por las empresas propietarias.

“Son desafíos presentes en el comercio. En cadenas como la papa hay problemas sanitarios específicos, por eso iniciamos la revisión de la producción de semilla de papa certificada para restablecer la confianza con el sector privado”, comentó. Además, señaló que “trabajamos junto a la Dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA), del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en la vigilancia del HLV, una enfermedad que podría impactar al sector. Buscamos respuestas específicas para las cadenas con problemas particulares”.

Semillas de calidad superior

Sobre la definición “semillas de calidad”, el presidente del Inase explicó que “la calidad fisiológica es que la semilla germine”, por lo tanto está evaluada por el porcentaje de germinación. La calidad sanitaria, en tanto, significa que la semilla no porte enfermedades, indicó. Y la calidad genética se asegura siguiendo esquemas de certificación, como multiplicaciones controladas desde la semilla básica de quien mantiene la variedad, según el estándar específico de cada cultivo, detalló.

Galván destacó que la calidad termina en un certificado, y en el mercado interno la etiqueta de Inase garantiza que la semilla cumple todas las normas, especialmente para las certificadas. “Inase emite esta etiqueta. Esa garantía también cuenta con certificados internacionales en el caso de exportación, porque Uruguay exporta soja contraestación a Estados Unidos y forrajeras a Brasil, Europa y China”, subrayó.

En esos casos, se emite el certificado OSVCD, de la Organización de Comercio; o el ISTA, de la Asociación Internacional de Pruebas de Semillas, ya que INASE es un laboratorio reconocido por ISTA y sus certificados tienen validez internacional, exigidos por Europa.

“Cada semilla debe cumplir estándares definidos por cultivo, como un porcentaje mínimo de germinación, según la especie. Lo relevante es cómo se garantiza esa calidad con la etiqueta de Inase o certificados internacionales”, remarcó.

Cultivares nacionales

Galván valoró que Uruguay tiene genética nacional fuerte en ciertos cultivos, mientras que en otros predomina la importada, sobre todo híbridos y transgénicos como soja o maíz. En horticultura, tomate y morrón se usan mayormente variedades extranjeras, mientras que en trigo el programa del INIA lleva más de 100 años y sus cultivares nacionales ocupan “una parte importante del área”, describió.

En arroz más del 90% del área se siembra con cultivares desarrollados por INIA, gracias a una articulación efectiva entre los sectores privado y público, desde el desarrollo genético hasta la certificación. “Esto potencia la producción, la industria, la exportación y el rol regional, sobre todo en la frontera con Brasil”, valoró el presidente del Inase.

El citrus es otro sector “exitoso, en crecimiento, con articulación público-privada y nuevas plantaciones”, señaló. A propósito, comentó que INIA hizo un acuerdo con una empresa española para posicionar variedades nacionales en el hemisferio norte, apuntando a mercados durante todo el año.

En ese rubro hay grandes inversiones en tecnología de empaque y han surgido mercados como Estados Unidos. Para este éxito, “el desarrollo de variedades de INIA y el programa de producción y certificación de plantas saneadas con Inase han sido determinantes”, consideró.

Mientras que en horticultura, se destacan cebolla y boniato, ambos con variedades nacionales. “El boniato uruguayo se exporta y empresas argentinas ya producen en base a esa genética”, dijo el jerarca.

Evaluación Nacional de Cultivares

Galván destacó que ha existido continuidad en los lineamientos de Inase a través de los distintos gobiernos, y los planes estratégicos institucionales se mantienen cada cinco años con objetivos similares. Uno de los desafíos ha sido el acceso y la facilidad para que productores, técnicos y asesores accedan a la información de la Evaluación Nacional de Cultivares.

Señaló que el objetivo es digitalizar toda la información, con interfaces más accesibles para que los usuarios puedan buscar datos, comparar cultivares y obtener resultados fácilmente. Agregó que se está trabajando para que todo esté concentrado y se contemple la opción de comparar materiales usando incluso inteligencia artificial. Y explicó que el foco está en los últimos cinco años de información, ya que los cultivares van cambiando.

También valoró que la digitalización de procedimientos “ha avanzado: importaciones, certificación de cultivos y solicitudes de etiquetas, todo es cada vez más ágil y menos costoso para el usuario”.

Y otro rol de Inase es habilitar laboratorios privados en todo el país, donde hay unos 40, así como realizar auditorías y capacitaciones constantes para los encargados y analistas, asegurando que cumplan sus funciones.

También señaló que hay cooperación con Facultad de Agronomía, buscando formalizar un convenio que refuerce la formación en calidad, producción de semillas, certificación y otros aspectos, uniendo áreas técnicas de Inase y disciplinas generales de dicha facultad, como fisiología de semillas o manejo de cultivos.

Efervescencia de los insumos biológicos

El presidente del Inase publicó en Linkedin que hay una “efervescencia en el uso de insumos biológicos como la inoculación de semillas con promotores de crecimiento”. A propósito, destacó a VERDE que ese “es un tema apasionante, porque estamos al comienzo de una revolución biológica con el uso de microorganismos promotores de crecimiento, ahora inoculados directamente en la semilla”.

Admitió que desde lo normativo “es complejo”, ya que las semillas son competencia de Inase y el control de microorganismos está a cargo de la DGSA. Consideró que esto “va a requerir mucha coordinación. Por ejemplo, si una semilla importada no declara inoculación, hoy no hay controles sobre qué microorganismos contiene, y eso es un desafío que tendremos que afrontar con nuevas normativas”.

Agregó que se trata de “un campo nuevo, donde hay que avanzar, no solo para dar garantías al productor sobre la calidad de la semilla, sino porque es algo que el país debe impulsar”.

Además, señaló que el MGAP tiene un programa nacional de bioinsumos para estimular estos productos, que ayudan a una producción más natural y agroecológica, y “seguramente seguirán avanzando en los cultivos extensivos”. Planteó que “la meta es obtener mayores rendimientos a través de procesos biológicos positivos, promoviendo simbiosis entre cultivos y microorganismos”.

Agregó que en Inase también se está trabajando con las semillas recubiertas, asunto que está en tratamiento en la junta directiva del organismo. Galván explicó que son semillas recubiertas para facilitar la siembra, modificar su forma, o incorporar fitosanitarios, fungicidas y también microorganismos promotores de crecimiento o de control de enfermedades.

“Hoy se está analizando si es necesario tener una normativa específica para semillas recubiertas, porque es más difícil controlar pureza o presencia de malezas. El análisis de calidad debe adaptarse a este tipo de semilla, que ya está presente en el mercado, especialmente en forrajeras y leguminosas”, indicó.

Eventos transgénicos

Uruguay ya aprobó 52 eventos transgénicos de soja y maíz entre 1996 y 2025, y en marzo de 2024 se creó un grupo técnico mixto entre el MGAP, el Ministerio de Ambiente, INIA e Inase para definir si organismos obtenidos con nuevas técnicas como Crispr deben considerarse organismos genéticamente modificados (OGM).

Galván  comentó que en Uruguay existe un mecanismo para aprobar transgénicos que “funciona y, por lo general, cumple los plazos para las solicitudes de las empresas”. Agregó que para la edición génica, que es algo nuevo, “se abrió una discusión y hoy ya hay una regulación: hay un decreto que establece que cada caso se analizará igual que los transgénicos, con comisiones técnicas interinstitucionales que definirán si estos productos de nuevas tecnologías de edición génica deben seguir ese mecanismo de aprobación”.

En la práctica, si bien Uruguay cuenta con soja y maíz transgénicos aprobados bajo un sistema regulatorio acordado, en otros cultivos como trigo o arroz existe cierta resistencia, incluso desde el propio sector productivo, a incorporar transgénicos.

“Esto se debe a lo que implicaría la segregación de la producción: habría que mantener una cadena diferenciada para el trigo o el arroz transgénico desde la cosecha, acopio y venta, separada de la no transgénica. Esas son decisiones que se deben tomar a nivel país, porque van más allá del mecanismo de bioseguridad”, afirmó el representante del Poder Ejecutivo en la junta directiva del Inase.

Pero también se da la situación inversa, según analizó. Ya que para producir soja no transgénica y abastecer mercados en Europa, Uruguay se encuentra limitado por la predominancia de la soja transgénica, ya que una producción a gran escala de soja no transgénica requeriría segregar toda la cadena productiva, lo que implica costos muy altos. Y también señaló que hay una metodología para tratar los productos de nuevas técnicas de mejoramiento biotecnológico.

Acceso, sostenibilidad y recursos genéticos

El acceso a semilla certificada suele mencionarse como un desafío, especialmente para productores pequeños o medianos, por cuestiones de costo u otras limitantes. A propósito, Galván sostuvo que “la semilla legal predomina en Uruguay”. Afirmó que la semilla certificada o comercial, controlada por Inase o importada legalmente, “es la principal en la mayoría de los cultivos”. Reconoció que “siempre existe un margen de semilla ilegal, pero es mínimo y se procura mantener el control”.

Señaló que Inase cumple un rol de control, pero no solo como fiscalizador. “En muchos cultivos es una garantía importante para proteger la producción, evitando el ingreso de problemas sanitarios o malezas prohibidas que podrían volverse invasoras”, destacó.

Conservación de la biodiversidad

Uruguay adhirió al Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos, ratificó el Protocolo de Nagoya en 2014 y cuenta con bancos de germoplasma gestionados por INIA y la Universidad de la República para conservar la biodiversidad local. Consultado sobre las propuestas de Inase para trabajar con esas instituciones para proteger la soberanía de recursos genéticos y evitar que materiales estratégicos queden en manos exclusivas de empresas extranjeras, el presidente del instituto opinó que “tienen que haber mecanismos regulatorios para el acceso a los recursos genéticos, pero también para el acceso a todos los recursos en general”.

“Como país tenemos que darnos marcos normativos”, dijo. Señaló que así como en Uruguay existen normativas para el cuidado del suelo, “también tiene que haber un marco normativo y límites para la deforestación en lugares como el Amazonas o el Chaco”. Sostuvo que “no se puede, por producir más o porque sea negocio vender granos a China, perder o atentar contra los ecosistemas naturales”. “Son cosas donde, como humanidad, necesitamos marcos normativos”, reclamó.

Enfatizó que para los recursos genéticos de las especies cultivadas y de las especies alimenticias en general, que son el sustento para la humanidad y para las generaciones futuras, “tiene que existir un acceso regulado”. “No sé si necesariamente tiene que estar en manos de los estados, las compañías privadas también cumplen un rol importante en el avance genético en el sector semillas. Pero es un tema que debe estar arriba de la mesa, como discusión. Hay que darnos formas de ordenamiento y organización que aseguren el avance en el mejoramiento genético, el desarrollo de variedades, y que permitan el avance en la producción de alimentos a nivel mundial”, opinó.

“Veo que las semillas son un factor clave en la producción agrícola. No es lo único: también hay que cuidar los suelos, el ambiente en general y las condiciones de los trabajadores. Todo tiene que llevar a que sea un proceso virtuoso”, planteó.

Contexto regional y político

Argentina eliminó su Inase y reestructuró el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), subordinándolo en la Secretaría de Agricultura. Galván opinó que “en eso hay un retroceso, desde el punto de vista organizativo”. Consideró que en ese sentido “el modelo uruguayo es adecuado para cumplir las funciones, porque es un instituto independiente, pero con una fuerte organización público-privada”.

Agregó que en la junta directiva del Inase uruguayo están representados los directamente involucrados, como productores semilleristas, comerciantes y usuarios de semillas, lo que da la oportunidad de ir ajustando las normativas de producción de semillas, las exigencias de calidad, la protección de los cultivadores, de forma permanente.

“Uruguay tiene un modelo que da garantías, y eso nos lo han hecho saber algunas empresas de forrajera –uno de los sectores más importantes en Uruguay–, que están presentes en Argentina y Brasil, y sin embargo prefieren producir semillas en Uruguay y exportarlas a los otros mercados, porque aquí hay reglas claras en cuanto y se dan garantías de calidad para acceder a esos mercados”, expresó.

En su columna en La Diaria Galván cuestionó que el ministro argentino de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, comparara semillas con alfajores o teléfonos celulares, y dijera que la semilla “es un insumo más”.

“Creo que la semilla es un insumo muy sensible para los productores y, en el fondo, para el país. El productor que compra una semilla, si no es de buena calidad y no nace después, no le alcanza con que la empresa le devuelva el dinero. El productor ya hizo todo el esfuerzo en plantar y puede perder el año agrícola, todo el negocio que tenía pensado”, sostuvo.

Y agregó: “Por eso es un insumo muy sensible, y por eso interviene el Estado como tercera parte en la regulación del comercio de semillas entre quien vende y quien compra. Todos nos hemos puesto de acuerdo en que deben haber garantías mínimas de calidad en las semillas”.

Argumentó que “el Estado interviene a través de la ley: no necesariamente tiene que emitir un certificado de Inase, pero sí dar garantías mínimas, porque sino, todo el proceso productivo está en riesgo. Eso es lo que tenemos hasta ahora”.

Consideró que “no sería bueno tener un mercado de semillas sin reglas claras, con semillas de alfalfa que se vendan a distintos precios, según la calidad, y que cada productor pueda elegir comprar una mala semilla”. Aseguró que “eso pone en riesgo la producción del predio y genera riesgos sanitarios, enfermedades en los cultivos y problemas de malezas”.

Afirmó que esa situación “distorsiona el mercado y los procesos productivos subsiguientes”, y por eso destacó la importancia del rol de Inase, “que está marcado por la ley, en la defensa de las semillas de calidad”.

Perspectivas y desafíos estratégicos

Galván fue consultado sobre los tres grandes desafíos que tiene Inase en su futuro inmediato. Respondió que “una de las líneas de acción es dar respuesta a cadenas específicas, como la papa o los citrus, y también en el tema de variedades criollas, que los productores cultivan para uso propio, y que en general quedan fuera del ámbito de acción del Inase, ya que el instituto está más centrado en semillas destinadas a la comercialización”. Afirmó que en todas esas cadenas se busca avanzar con normativas específicas en este período.

Por otro lado, Inase tiene entre sus cometidos el apoyo a la exportación de semillas. “El rol principal del instituto es dar garantías de calidad en los procesos, pero también seguir adecuándose a lo que exigen los mercados del exterior en materia de certificaciones y calidad, y acompañar todos los procesos productivos para que eso sea posible”, dijo.

A modo de ejemplo, planteó que “ahora estamos con este convenio con la Facultad de Agronomía, pero la idea es ponerlo en un marco de cooperación interinstitucional más general”. Agregó que “buscamos profundizar la innovación de procesos internos, tanto en laboratorio como en certificación y evaluación de variedades, y avanzar en la cooperación dentro del Estado, y también con el sector privado, incluyendo empresas que tienen sus propias evaluaciones de cultivares”. Concluyó que “el objetivo es tener cada vez mayor capacidad y apuntar a un crecimiento del Inase en todos los sentidos”.

Sobre el presidente de Inase

Guillermo Galván es ingeniero agrónomo (Universidad de la República), doctor en mejoramiento genético vegetal (Universidad Wageningen) e investigador Nivel II (Sistema Nacional de Investigación). Profesor Grado 5 en producción de hortalizas y mejoramiento vegetal (Facultad de Agronomía), dirigió la sede Centro Regional Sur y fue integrante titular del Consejo de Facultad de Agronomía. Participó en más de cuarenta publicaciones sobre mejoramiento, recursos genéticos y producción hortícola, siempre vinculado al sector a través del desarrollo y difusión de nuevas variedades y semillas certificadas.

Nota de Revista Verde N° 123 – Redacción: Sofia de León

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