Ganadería

Dos posibles aliados de la ganadería sostenible: lombriz y mosca soldado

8 de agosto de 2025

En su chacra de Salinas, Fernando Muñoz combina lombrices y larvas para producir un abono líquido vivo, y prepara la que podría ser una de las primeras harinas proteicas de insectos en Uruguay. Su método no busca resultados inmediatos, ni depende de inversiones grandes: trabaja con lo que hay, respetando los tiempos de los organismos y ajustando el sistema a escala predial. “No se puede empujar a la lombriz”, resume.

Aunque la mayoría de sus clientes son horticultores, el producto ya se aplica en praderas chicas, barras con micropotrillos y tambos que dosifican el bioinsumo con estiercolera. En esos casos no se trata de probar algo nuevo, sino de resolver una necesidad concreta con lo disponible: transformar residuos en un insumo útil, sin riesgo de quemas, ni sobrecarga de patógenos.

Muñoz no habla de promesas, habla de resultados que ya vio en el campo. Lo que hoy parece un insumo marginal puede funcionar como parte de un sistema trazable, circular y más simple de lo que parece.

Cómo funciona LombriPlus

El sistema que propone LombriPlus se basa en dos organismos que trabajan en cadena: la larva de Hermetia illucens (mosca soldado negro) y la lombriz roja californiana. “Dos bioreactores naturales”, dice Muñoz.

Explicó que la larva actúa primero, en “condiciones ácidas extremas, con pH que puede llegar a 2 o 3”. Luego entra la lombriz, que trabaja “entre pH 5 y 8”. El trabajo de ambas especies es complementario, y al final, “lo que la larva destrozó, a la lombriz ni trabajo le da”, afirma el empresario.

La larva degrada la materia orgánica inicial y produce un frass –el residuo sólido que dejan las larvas tras alimentarse– cargado de ácidos grasos, como el láurico, mirístico u oleico. Eso reduce la carga de patógenos y transforma el sustrato en un alimento accesible para la lombriz, que completa el proceso al pasarlo por su sistema digestivo. El resultado son turrículos –las heces de la lombriz– ricos en microbiota, con alta humedad y propiedades antifúngicas.

Muñoz insiste en que “no es lo mismo compost que vermicompost”. El primero depende de temperatura y manejo, puede fermentar mal o terminar seco y sin vida. El segundo es un sistema biológico vivo. “Estoy aburrido de ver gente que vende humus seco. Si se seca, se murió”, sostuvo.

El empresario afirma que cada parte del ciclo aporta algo. La larva descompone y limpia; la lombriz estabiliza y enriquece. El producto final no necesita enriquecimiento ni aditivos, es abono líquido vivo, con trazabilidad biológica y uso directo en el campo.

Potencial en ganadería

El abono líquido producido con lombrices está ganando peso en sistemas diversos a nivel internacional. Muñoz lo ve funcionando especialmente en praderas chicas y tambos, donde la disponibilidad de fertilizantes industriales es baja y los residuos abundan. “En un tambo, en un período de cría, esa es la clave de todo”, dice. El producto puede aplicarse “con estiercolera”, sin “cambios de infraestructura”, y encaja en momentos clave del manejo, sin “alterar el esquema del productor”.

El potencial está en zonas con animales, materia orgánica disponible y necesidad de reducir insumos comprados. “Lo usan en la barra con micropotrillos”, cuenta. Esa seguridad lo vuelve una opción para predios ganaderos que buscan trazabilidad sin depender de tecnologías complejas.

Planteó que el diferencial está en que no se trata de compost ni de lixiviados oscuros cargados de patógenos, sino de un “bioinsumo vivo”, donde la larva limpia y la lombriz estabiliza. En lugar de insumos externos, el propio campo cierra el ciclo. “A medida que lo vas aplicando, él se está reproduciendo, porque está vivo. Y el campo lo va aceptando”, indicó.

Vía hacia la certificación triple B

Para Muñoz el valor del abono vivo no está solo en lo que aporta al suelo, sino en cómo reposiciona la producción. “Tu producto vale distinto”, afirma. Si un productor que hacía fardos de alfalfa comienza a inocular con bioinsumo y logra certificarlo como orgánico, accede a otro nivel comercial: “pasa a ser empresa B, triple impacto, con otro costo, pero también otro mercado”, destacó.

El modelo apunta a predios que quieren reducir insumos externos y cerrar el ciclo productivo dentro del mismo campo. No requiere grandes escalas, ni inversiones complejas, pero sí asumir que la trazabilidad y la circularidad son parte del manejo. “No juegues a cantidad, jugá a calidad”, afirma. En un país que no compite por volumen, tener un insumo logrado, estable y con vida útil puede ser una vía para “diferenciarse”, sostiene.

“¿Por qué no tener todo lo que sirve? Y me va a servir para siempre, o al menos me va a mantener un nivel de calidad para siempre. ¿Por qué no hacerlo?”, se preguntó. No se trata solo de certificarse, sino de sostener un estándar productivo que no dependa “de la importación de insumos, ni de la especulación con los precios”, afirmó.

Insistió en que demostrar una producción circular permite acceder a “otro mercado”. Y “uno que empieza a valorar lo que antes parecía marginal: residuos bien gestionados, abonos vivos y procesos biológicos simples, pero trazables”, describió.

La ración proteica como parte del círculo

LombriPlus desarrolla una línea de harina proteica a partir de larvas de mosca soldado negro, orientada a la alimentación animal. “Ya hemos producido una primera muestra con un contenido de proteína cercano al 63%”, afirmó Muñoz. Ese lote inicial se elaboró a partir de gallinaza, aunque la empresa proyecta utilizar como sustrato principal el bagazo de cerveza artesanal, por ser más estable, seguro y fácilmente trazable. “El objetivo es lograr productos de alta calidad, a partir de insumos limpios y controlados”, señaló.

El procedimiento implica una fase de fermentación anaeróbica, que mejora las propiedades del sustrato antes de su consumo por las larvas. Estas se recolectan en su etapa óptima de desarrollo, cuando aún no han formado quitina, lo que permite conservar un perfil nutricional más completo.

“La recolectamos a los 11 días, con alto contenido de grasa y sin quitina. Una vez secada en horno, el perfil de aminoácidos y la concentración de nutrientes se potencian”, explicó el empresario.

El producto fue analizado con instrumental de alta precisión en laboratorio. “Se utilizó un cromatógrafo de última generación, que no se había estrenado, y los resultados confirmaron su calidad”, destacó.

Su comercialización se encuentra en espera de aprobación por parte del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. “Contamos con dos interesados, uno de raciones para perros, y otro de alimentación de terneros”, indicó.

Muñoz comentó que el uso de frass ya está consolidado en otros países. “En Sudáfrica y Namibia se utiliza como ingrediente en raciones para terneros, y fue presentado recientemente en Alemania”, señaló.

En LombriPlus este frass es reintroducido en los lechos de lombrices, lo que da lugar a una segunda etapa de bioconversión, que refuerza su valor como enmienda y permite combinar propiedades del vermicompost con las del residuo de larva. “Lo que obtuvimos no fue solamente un frass ni un humus convencional, sino un producto nuevo, que combina ambas digestiones biológicas”, explicó.

El suministro de bagazo proviene de cervecerías artesanales locales, en volúmenes que oscilan entre 300 y 400 kilos. La empresa prevé aumentar la escala una vez que se concrete un acuerdo con un polo cervecero en desarrollo en Parque del Plata (Canelones), lo que garantizaría una fuente regular y suficiente de materia prima. La harina de larva forma así parte de un sistema integrado de aprovechamiento de residuos orgánicos, con proyección a corto plazo.

La escala de lo posible

El modelo que combina lombrices y larvas para transformar residuos orgánicos en bioinsumos ya se industrializa en otros mercados, como “Galicia, Texas, Francia, Noruega y Finlandia”, donde empresas especializadas desarrollan instalaciones de gran escala. “Conocí empresas que venden enormes volúmenes de vermicompost en Europa”, comentó. En Estados Unidos,el modelo avanza aún más hacia el servicio personalizado: “En vez de venderte el bioinsumo, te mandan un móvil con un camioncito o cisterna, te lo preparan en el lugar y te hacen el fertirriego”, describió.

Sin embargo, consideró que Uruguay debe buscar otro camino, menos enfocado en volumen y más centrado en calidad. “Acá no podemos tener cantidades. No competís con China, ni con Estados Unidos, pero sí podés tener un producto de altísima calidad, concentrado”, afirmó. A propósito, opinó que existe una oportunidad de diseñar sistemas pequeños, adaptables y eficaces, capaces de integrarse a escala predial. “Apuntar a algo súper espectacular, pequeñito, pero fuertísimo”.

Esa estrategia se alinea con experiencias que ya comienzan a consolidarse en el país. A través de un proyecto apoyado por la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE), LombriPlus está armando una planta en Montevideo que permitirá caracterizar distintas biomasas disponibles y generar insumos adaptados a cultivos específicos. “Todos los vermicompost van a ser caracterizados uno por uno, para saber cuál sirve para frutilla, y cuál para alfalfa”, señaló.

La conversión in situ es parte de ese modelo. Frente a las restricciones para desechar residuos, varios productores ya incorporan soluciones dentro del predio. “Antes lo tiraban, ahora se hacen unidades de conversión en el mismo lugar”, explicó. En esos casos el bioinsumo no solo resuelve un problema de descarte, también queda disponible para usar en praderas, pasturas o cultivos propios. El empresario afirma que esto puede adaptarse a sistemas ganaderos o lecheros. Se evita logística, reduce costos y agrega valor. “El campo queda orgánico in situ, y usted se olvida de los problemas”, aseveró.

En ese marco, LombriPlus plantea una bioeconomía adaptada al país, sin depender de grandes inversiones ni estructuras complejas. “Lo que se puede hacer acá es poco, pero espectacular”, aseguró.

Nota de Revista Verde N° 122

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