Biocombustibles se consolidan como el nuevo motor de la demanda de granos, desplazando a China

En los próximos cinco años, el crecimiento de la demanda global de soja y maíz ya no estará liderado por China, sino por los mandatos crecientes de biocombustibles, según un informe de la consultora Veeries citado por The AgriBiz.
En el caso del biodiésel, en Brasil el aumento progresivo del porcentaje obligatorio de mezcla —que apunta a llegar al 20% en 2030— impulsará un fuerte crecimiento del consumo interno de aceite de soja. Según las proyecciones, la demanda de biodiésel pasará de 9.800 millones a 15.400 millones de litros en ese período. Esto implicará una demanda adicional equivalente a 63 millones de toneladas (Mt) de soja, con un crecimiento anual estimado de 9,6%.
A la par, se espera que la demanda de soja por parte de China crezca un 3% anual en el mismo período, lo que se traduciría en unos 20 millones de toneladas adicionales. Sin embargo, esa expansión quedaría por debajo del empuje generado por las políticas de biocombustibles.
El etanol, particularmente el elaborado a partir de maíz, también jugará un rol clave. Se estima que el nivel de mezcla en Brasil se incrementará del 27% al 30%, lo que llevará el consumo total de etanol de 38.000 millones a 48.000 millones de litros. Dentro de ese volumen, el etanol de maíz crecería de 9.000 a 16.000 millones de litros, generando una demanda adicional de 38 Mt de maíz, con una tasa de crecimiento anual del 12%.
Este auge en la producción de biocombustibles plantea nuevos desafíos para la cadena, en especial por el aumento en la generación de subproductos como harina de soja y DDGS (granos secos de destilería). Según Veeries, será necesario encontrar destino para unas 12 Mt adicionales de harina para evitar un desbalance de mercado.
También será clave ampliar la capacidad logística e industrial. En Brasil, se estima que las exportaciones de granos podrían crecer en 50 Mt adicionales en cinco años, alcanzando las 225 Mt, lo que requerirá inversiones en transporte, almacenamiento y puertos.
Además, se proyecta la necesidad de construir unas 20 nuevas plantas procesadoras de soja, 15 de biodiésel y 20 de etanol, junto con una expansión del área agrícola en 9,5 millones de hectáreas y una inyección de al menos R$ 40.000 millones en financiamiento rural.
Este nuevo escenario confirma que los biocombustibles dejaron de ser actores secundarios para convertirse en el principal motor de crecimiento del complejo agrícola brasileño. A medida que avanzan las metas de mezcla obligatoria en Brasil (B15 y B20 para biodiésel, E30 para etanol), el mercado interno cobra cada vez más protagonismo como factor clave en el futuro de los commodities agrícolas.





