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El mundo se reactiva, pero con desequilibrios

6 de noviembre de 2021

La presión inflacionaria, logística y energética impactan en la actividad comercial y desafían la recuperación pospandemia 

Luego de la parálisis que generó el Covid-19 durante gran parte del año 2020, con vacunación mediante, el mundo comenzó a transitar hacia la normalidad. Pero ese proceso no ha sido tan simple como se esperaba, porque los desequilibrios fueron importantes. 

Eso se vio reflejado en el transporte marítimo internacional, en la fabricación de microchips y en el mercado energético, que enfrentan un aumento de la demanda que la oferta no es capaz de satisfacer. Esto genera múltiples impactos en todas las actividades, desde la adquisición de fertilizante, un tractor, un auto, una computadora o un celular, entre otros; hasta la venta de productos hacia el exterior, que deben enfrentar altos costos de flete, que en muchos casos impide la concreción de negocios. 

A la vez, genera un proceso inflacionario global. La inflación en Estados Unidos y Europa está en máximos de 13 años, al tiempo que China llega a los niveles más altos desde 2008.

POLÍTICA MONETARIA E INFLACIÓN

El economista Ramón Pampín, de PwC, dijo a VERDE que el mundo viene de una etapa prolongada de políticas monetarias expansivas. “Esto significa que hemos estado en un periodo de tasas de interés bajas, cercanas a cero, en el cual los gobiernos han intentado incentivar el consumo privado y la inversión, porque es más barato el acceso al financiamiento con tasas bajas”, señaló. 

El economista agregó que estas medidas adoptadas por los gobiernos “se realizan con el objetivo de ejercer un contrapeso a una actividad económica que se deterioraba, estimulándola con mayor consumo e inversión. Esta fue una de las principales reacciones de política económica para enfrentar las consecuencias de la pandemia”. 

“Ahora el mundo despega y parece dejar atrás el peor efecto económico de la pandemia, lockdowns que llevaban al cierre o limitaciones en diversas actividades productivas, lo que como efecto de segunda vuelta provocaba menor empleo y, por tanto, menor capacidad de consumo y gasto”, explicó. 

Al despegar la actividad, por un lado aumenta la demanda de bienes y servicios, “pero estamos ante algunas restricciones de oferta, que presionan al alza el precio de los bienes ofrecidos, porque incrementan su costo”, dijo. 

Pampín señaló que la afectación del comercio internacional provocó dificultades en la respuesta del transporte marítimo ante tal demanda. “Se complica acceder a espacios en bodega y su precio es alto”, indicó. Además, hay menos cantidad de contenedores y existe un desbalance entre las operaciones de importaciones secas y exportaciones refrigeradas, lo que se ha traducido en altos precios de fletes. 

El encarecimiento energético es otra restricción de oferta que también provoca que suban los precios de los bienes.

¿Qué hace un banco central para definir su política monetaria en ese marco? Pampín explicó que lo primero es detectar cuál es el factor que está detrás del aumento de los precios, “porque no todos los factores ameritan que reaccione la política monetaria”. 

En esa línea, citó un ejemplo local que se repite cada tanto: “¿El Banco Central del Uruguay debería subir las tasas porque el Índice de Precios al Consumo (IPC) crece debido a un incremento de frutas y verduras? No debería. Y frente o a la inflación mundial, tampoco deberían subir las tasas por un factor logístico circunstancial o por un efecto puntual en el incremento del precio de bienes energéticos”, explicó el integrante de PwC. 

Por otro lado, si el factor que motiva el incremento de precios es una economía que crece a un ritmo importante, con consumidores y empresarios que ven que la inflación tendrá una importante dinámica hacia futuro, “es entendible que un banco central se plantee subir tasas”, con el objetivo de “desacelerar esa dinámica”, para “enfriar la economía”, señaló.  

Pampín consideró que las autoridades bancocentralistas ven que los factores que generan suba de precios “son más circunstanciales que permanentes” y, por tanto, “deciden esperar para definir una suba de tasas”. 

Así lo marcó la Reserva Federal de Estados Unidos cuando planificó suba de tasas para 2023. “Con esa resolución están dispuestos a sobrellevar estas circunstancias de oferta sin subir tasas”, indicó.   

Pero desde PwC se interpreta que “mientras el crecimiento económico siga siendo dinámico y las economías crezcan a un ritmo importante”, se dará un “calentamiento” de los mercados, y “ante eso los bancos centrales deberán reaccionar subiendo tasas, incluso adelantando el cronograma previsto”. 

En ese escenario aparece el dólar, la “otra cara de la moneda”. Cuando comience a reducirse el sesgo expansivo de la política monetaria estadounidense, “el precio del dólar expresado en moneda local subirá, como lo está haciendo”, explicó. 

Pampín señaló que la política monetaria estadounidense “no solo se centró en bajar tasas sino en la compra de activos para aportar liquidez a empresas”. Esos activos “no eran tan líquidos y atractivos”, y estaban en manos del sistema financiero o empresas; “se recurrió a la vieja fórmula de la crisis de Lehman en 2008-09”, apuntó. 

La Reserva Federal no moverá tasas en el corto plazo, pero ya anunció que reducirá su programa de compra de activos, “ese es el inicio del desarme de la política monetaria expansiva”, acotó Pampín.

LOS GRANOS Y LA INFLACIÓN

Diego de la Puente, socio de Nóvitas, dijo a VERDE que los programas de estímulos que se generaron a nivel global para sostener la economía “fueron enormes, pero el más importante fue el de Estados Unidos, que llegó a US$ 1,9 billones (US$ 1,9 millones de millones). Si el estímulo, entre otras cosas, consiste en bajar la tasas de interés y emitir una enorme cantidad de dólares, esa moneda se deprecia frente a otras. “Las economías demandantes con su moneda mejoran la capacidad de compra en contexto, que presenta una demanda genuina y creciendo, a pesar del Covid”, puntualizó.

Por otro lado, “la demanda especulativa con capital encuentra en los commodities un lugar atractivo para la inversión. Eso le agregó condimentos alcistas al mercado de granos, primero a la soja y luego al resto. Con una cosecha récord en Sudamérica la soja pasó de US$ 300 a US$ 550 (por tonelada)”, explicó Diego De la Puente.

Consideró que para los granos la presión inflacionaria “es un factor positivo, lo que termina transformándolo en negativo son las decisiones de política monetaria que toman los bancos centrales de las principales potencias del mundo”.

En la medida que avance el desarme del programa de estímulos y suba la tasa de interés, “habrá demanda por dólares, se incrementa el precio, los especuladores comenzarán a retirarse de los commodities y los granos perderán esa ventaja”, acotó. 

Para De la Puente “esa es una variable negativa para los precios”, pero aclaró que “el dólar no define la tendencia del precio de los granos”; lo relevante siguen “siendo sus propios” fundamentos. “Si la soja enfrenta un problema climático en Sudamérica, los precios subirán porque estamos casi en un camino sin retorno. Aún con cosecha récord, los stocks no mejoran. Si hay un quiebre los precios racionarán la demanda”, ejemplificó. 

LA CRISIS ENERGÉTICA EN EUROPA

“Se trata de un aumento de la demanda de energía a medida que salimos de las restricciones impuestas por la pandemia, combinado con una reducción de la oferta de gas en el mercado mundial”, dijo Tim Gore, jefe del programa de Economía Circular y Baja en Carbono del Instituto de Política Ambiental Europea (IEEP), a Euronews.

“Luego hay otros factores que agravan el problema, sobre todo en Europa. Hemos conseguido sacar el carbón de la red, y eso coincide con un periodo reciente en el que la energía eólica ha sido menor a causa de la meteorología” acotó Gore.

Aunque la Unión Europea (UE) está reduciendo gradualmente su larga dependencia de los combustibles fósiles –las energías renovables se convirtieron en la principal fuente de electricidad del bloque por primera vez en 2020–, el cambio no ha sido lo suficientemente rápido y generalizado como para contener las consecuencias de la crisis.

Juntos, el gas natural y el carbón siguen suministrando más del 35% de la producción total de la UE, y el gas representa más de una quinta parte. A medida que el carbón se va eliminando progresivamente, muchos países recurren al gas natural como recurso de transición para que sirva de puente antes de que se implanten alternativas ecológicas, como las turbinas eólicas y los paneles solares.

Los problemas empezaron a gestarse en el invierno europeo, cuando unas temperaturas más frías de lo previsto provocaron una demanda de energía para calefacción superior a la habitual. Esto, a su vez, indujo una notable disminución de las reservas de gas. En primavera, a medida que la campaña de vacunación ganaba terreno en todo el continente, la actividad comercial comenzó a intensificarse rápidamente, según Euronews. 

La recuperación económica provocó una nueva oleada de demanda de energía, que aumentó aún más durante el verano, cuando las sofocantes temperaturas empujaron a la gente a utilizar el aire acondicionado y los sistemas de refrigeración. 

Los países del este de Asia se unieron entonces a Europa en la búsqueda de energía para poner en marcha sus economías devastadas por la Covid-19, pero la creciente demanda no se vio correspondida con una oferta creciente.

“Los suministros por gasoducto hacia Europa, que recibimos de países como Rusia, Noruega y Argelia, a pesar de este mayor precio, no han aumentado. Los proveedores han mantenido sus volúmenes habituales, y eso es un poco extraño, porque normalmente si el precio sube y eres un proveedor y tienes capacidad de sobra, podrías aprovechar esta oportunidad para vender más gas a un precio más alto. Eso no ha ocurrido todavía”, comentó a Euronews el jefe del departamento de gas de la Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER), Denis Hesseling.

En este contexto, Bruno Santos, de Stonex, señaló que es posible que la mayoría de los países europeos no tenga suficiente gas durante la temporada de invierno.

Dijo que Gazprom, una empresa rusa que suministra alrededor del 35% de todo el gas natural consumido en Europa, se vio sometida a una gran presión. Los políticos europeos afirman que la empresa tiene la capacidad de aumentar su producción para evitar un colapso en la cadena de suministro del producto en el continente europeo, a pesar de que ha cumplido con sus contratos de venta a largo plazo.

Según el primer ministro ruso, Alexander Novak, la certificación de Nord Stream 2, un gasoducto que une Rusia y Alemania, cuyas obras se completaron ese año, podría garantizar un mayor suministro del producto a los países europeos y, en consecuencia, una flexibilización de precios en la región.

Aun así, “hay expectativas de que los organismos reguladores demoren unos meses en certificar el gasoducto subterráneo, impidiendo su uso en el corto plazo”, señaló Santos.

Por su parte, el banco holandés ABN Amro advirtió que “es poco probable que los precios mayoristas europeos del gas natural vuelvan a niveles normales antes de 2023”.

LA CRISIS ENERGÉTICA EN CHINA

La crisis energética de China se profundiza y los precios del carbón alcanzan un máximo histórico a medida que el clima frío se apodera y los precios del gas se disparan. Esto llevó a las principales compañías energéticas a buscar acuerdos de largo plazo con proveedores estadounidenses, dijeron fuentes a Reuters.

La seguridad energética se ha disparado a la cima de las agendas gubernamentales en Asia y Europa, ya que la escasez de carbón y los disparados precios del gas han provocado cortes de energía y paralización de actividades en fábricas que suministran insumos a las principales marcas de distintos rubros, justo cuando la economía mundial se despierta de las restricciones del coronavirus.

Los costos de la producción industrial en China crecieron en setiembre a su mayor ritmo en 25 años, impactados por esa situación.

China, el principal exportador del mundo, se ha visto particularmente afectado, y las principales empresas de energía como Sinopec Corp y China National Offshore Oil Company (CNOOC) están en conversaciones avanzadas sobre contratos a largo plazo con exportadores estadounidenses de gas natural licuado (GNL), informó Reuters.

En un golpe a la lucha contra el calentamiento global, China y otros países se han volcado al carbón en el corto plazo. Pekín también tomó una serie de medidas para contener los aumentos de precios, incluido el aumento de la producción nacional de carbón y el recorte del suministro de energía a las industrias, lo que lleva a una menor producción de insumos y productos y también motiva problemas de abastecimiento en múltiples cadenas productivas, incrementando costos.

El contrato de futuros de carbón térmico de Zhengzhou, el viernes 15 de octubre, alcanzó un récord de US$ 259,42 por tonelada y muestra un aumento superior a 200% en lo que va del año.

China dijo a los consumidores que el suministro de energía estará asegurado para la temporada de calefacción invernal. Los compradores chinos están buscando envíos a corto plazo para cubrir esa demanda. Pero también buscan negocios de largo plazo, ya que la demanda de gas es considerada por Pekín como un puente clave antes de alcanzar su objetivo de carbono neutral para 2060, dijo Reuters.

EL PETRÓLEO

Para el petróleo la clave es lo que está ocurriendo con el gas natural, que también aumentó la tensión geopolítica, con Rusia recuperando un papel protagonista en el mundo y China acumulando reservas de esa y otras materias para prevenir los riesgos que afronta su industria. El precio del gas en Europa subió más de 400%, informó Bloomberg.

Agregó que dicha situación se está empezando a trasladar al precio del petróleo, porque recibe “más demanda como sustituto”. El Brent muestra un repunte de 65% desde los mínimos de la pandemia de coronavirus, en abril de 2020. 

El costo de la energía en conjunto (petróleo, sobre todo el gas, carbón, generación verde, hidroeléctrica o nuclear), en porcentaje sobre la actividad económica global, alcanza máximos de la Gran Crisis Financiera de 2008 –cerca del 9%– y apunta a máximos desde la crisis del petróleo de la década de los 70 –en el 10%, según calcula Citi en un informe reciente, al que accedió Bloomberg–.

A medida que la crisis mundial del gas natural golpea tanto a los proveedores como a los consumidores, las naciones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) advierten sobre el impacto en los mercados petroleros. La OPEP y sus socios todavía tienen muchos suministros de crudo cerrados desde el año pasado.

El director de la petrolera estatal de Nigeria, Mele Kyari, predijo que la demanda de petróleo podría aumentar en 1 millón de barriles por día, y los precios podrían aumentar US$ 10 por barril durante los próximos seis meses, reportó Bloomberg.

Goldman Sachs Group estima que si en el hemisferio norte llega un invierno más frío de lo normal, la capacidad del mercado petrolero para compensar el suministro de gas que falta resultaría en un aumento de precios con repercusiones para la economía. En ese contexto, Jeff Currie, director global de materias primas del banco, dijo que el barril de petróleo podría superar los US$ 90, mientras que otros analistas sostienen que puede llegar a los US$ 100.

POR SI FUERA POCO, SALTARON LOS CHIPS

Otro elemento que está impactando en la economía global es la escasez de microchips, presente en millones de productos electrónicos, incluidos electrodomésticos, teléfonos, computadoras, automóviles y maquinaria. Esa situación está atrasando la disponibilidad y entrega de dichos productos al mercado. 

La crisis por la escasez de semiconductores continúa, y el mundo depende del mayor fabricante del mundo: Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC). “Los chips de la compañía asiática están en todas partes, aunque la mayoría de los consumidores no lo saben”, señaló El Economista, de España. 

Según la publicación Time, la empresa de US$ 550.000 millones controla más de la mitad del mercado mundial de chips hechos a medida y tiene un dominio aún más estricto sobre los procesadores más avanzados, con más del 90% de la cuota de mercado, según algunas estimaciones.

Las ventas globales de chips fueron de US$ 440.000 millones en 2020 y se prevé que crezcan más del 5% anual. El presidente estadounidense Joe Biden los llama “productos críticos”, cuyas “interrupciones en la cadena de suministro pueden poner en riesgo la vida y el sustento de los estadounidenses”, mientras que los gobiernos de Japón y Corea del Sur comparan la importancia de los semiconductores con el “arroz”, resaltó Time.

Una escasez global de chips afecta a 169 industrias, desde acero y concreto premezclado hasta unidades de aire acondicionado y cervecerías. Mientras que los fabricantes de automóviles se vieron obligados a desacelerar e incluso detener la producción. Por ese hecho, en 2021 se producirán 3,9 millones de vehículos menos que en el año precedente, según un análisis de Goldman Sachs.

La escasez global ante la falta de capacidad de producción para atender la demanda de bienes que requieren chips, desatada luego de la pandemia, se agravó como consecuencia de la peor sequía en 50 años en Taiwán, el mayor productor de chips del mundo. Esto llevó al gobierno a restringir el uso del agua.

“En un chip hay muchos miles de millones de transistores y necesitamos muchas capas de metal para interconectar todas las señales”, dijo Jefferey Chiu, ingeniero eléctrico de la Universidad Nacional de Taiwán a CNN Business. “Tenemos que limpiar la superficie una y otra vez después que termina cada proceso”, agregó el ingeniero.

El impacto del costo de los fletes y las materias primas

“El incremento de los precios del transporte y de las materias primas está añadiendo 11 puntos porcentuales a la inflación anual de los precios de las importaciones de bienes de las economías del G-20, y alrededor de 1,5% a la inflación de precios al consumo”, señala el documento denominado Mantener la recuperación encaminada, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El fuerte repunte de la demanda mundial, las interrupciones de la oferta y el agotamiento de los stocks hicieron subir los costos de transporte en todo el mundo, en particular del marítimo.

El documento agrega que el promedio de las tarifas de fletes de carga contenerizada se dispararon este año, continuando con el incremento que empezó en 2020. A principios de 2021 las tarifas spot eran 200% y 300% superiores a las del año anterior, y en algunos casos esa cifras aún es superior. “Los buques están siendo utilizados casi a plena capacidad y los contenedores siguen siendo escasos. La congestión de los puertos y la menor productividad de las terminales han influido en esta situación”, explicó.

Para la OCDE es probable que está situación permanezca durante algún tiempo, ya que hasta 2023 no habría un incremento significativo de la capacidad de transporte marítimo. 

El trabajo señala que en julio y agosto los precios mundiales de las materias primas fueron 55% más altos que un año antes. Los precios del petróleo ya están en niveles prepandemia, los metales se han disparado por la demanda china y de las economías desarrolladas, y los precios mundiales de los alimentos han subido a su nivel más alto en una década

Nota de Revista Verde N°96

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