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Ganadería

Duplicar la producción de carne aportaría US$ 4.900 millones al PBI

29 de diciembre de 2020

El efecto multiplicador es muy superior al de otros rubros y, de alcanzarse esa mayor productividad, se generarían 42.000 nuevos empleos, según un informe de Ceres

El relato de la historia de Uruguay suele estar ligado, entre otros hechos relevantes, a la entrada de las primeras cabezas de ganado por parte de Hernandarias en el siglo XVII. La ganadería es, tal vez, la más tradicional actividad productiva que sustentó el desarrollo de la economía uruguaya. Y podría llegar a tener un carácter aún más preponderante si tuviera un impulso, en cuanto a su capacidad de generación y distribución de la riqueza.

“La producción de carne no solo posee la magnitud necesaria como para impulsar el crecimiento económico, sino que tiene buenas perspectivas de demanda internacional”, sostiene en ese sentido el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) en un informe divulgado en octubre.

En la búsqueda de alternativas para sustentar una reactivación de la economía uruguaya, y hacer andar los motores de la actividad productiva, Ceres profundizó en un análisis sobre los derrames y el efecto de un incremento de la producción de carne en el país.

El impacto total ascendería a $ 503.419 millones (US$ 11.800 millones), en todos los casos. En términos de valor bruto de producción y el impacto total contribuiría con el Producto Bruto Interno (PBI) en un monto aproximado de $ 209.786 millones (US$ 4.900 millones), estimó Ceres.

El documento sostiene que eso representa que “el PBI asociado a la duplicación de carne sería 10%”.

Derrames

Al argumentar el análisis, Ceres señala que cuando se mide el impacto de la producción de un sector, es necesario considerar no solo su producción propiamente dicha, sino los derrames que genera en el resto de la economía.

Un aumento en la actividad de un sector determina que sea necesario utilizar más insumos de muchos otros para satisfacerlo en la producción. De esta forma, otros sectores también se verán afectados, y ellos mismos necesitarán ser provistos de más insumos para satisfacer las nuevas necesidades productivas.

Así, para aumentar la producción de carne bovina será necesario más alimento para el ganado y mayor uso de fertilizantes. Y al aumentar la actividad del sector, se demandarán más fertilizantes, lo que también requerirá más gasto en químicos, que son insumos para el sector fertilizantes.

Por lo tanto, para cada unidad adicional que se necesite producir en un sector, también serán muchos los subsectores que deberán aumentar su producción.

Las principales áreas de la economía impactadas por el aumento de la producción cárnica serían los criadores de ganado, servicios ganaderos y actividad de frigoríficos, según Ceres.

El estudio señala que “los sectores más afectados positivamente por el derrame que genera el aumento de la producción de carne son los mayores vendedores de insumos para esta actividad”.

“La producción de cultivos utilizados como praderas –y servicios agrícolas que estos implican– sería de las más beneficiadas del derrame. El aumento en utilización intermedia de este sector sería de una magnitud equivalente al 14,4% del crecimiento en la producción de carne”, según se calculó.

En el documento se considera que “algo similar sucede con las ventas de abonos y químicos. Si sumamos el impacto en estos sectores, el aumento en utilización intermedia sería 13,2% del impacto directo”.

Respecto a otros servicios empresariales, Ceres señala que “la intermediación aumentaría 7,2%, mientras que el sector empresarial compuesto por alquileres de maquinaria y servicios informáticos se incrementaría 5,2% del aumento en la producción de carne”.

“Cuando se suma al modelo (de medición), el comportamiento de los hogares, aumenta notoriamente la actividad de sectores de consumo final”, valora dicho estudio.

Y apunta, después de incluir este impacto, que “uno de los sectores más afectados es el de servicios de alojamiento y suministro de comidas y bebidas (hotelería y restaurantes), que registra un aumento de su actividad del 14,6% del impacto en la carne (US$ 390 millones)”.

Otros sectores “muy beneficiados”, según detalla el estudio, serían: “los servicios inmobiliarios (27,3% del impacto directo, que corresponde a US$ 730 millones), correo y telecomunicaciones (8,1%, US$ 215 millones), ventas de comercios minoristas (7,8%, US$ 208 millones) y elaboración de bebidas (7,1%, US$ 190 millones)”.

Atendiendo a esos resultados, Ceres destaca que “los impactos del aumento en la ganadería se extienden a toda la economía, especialmente cuando se consideran los impactos inducidos –los resultantes de un mayor ingreso de los hogares–”.

Multiplicador

Para cada sector hay un multiplicador específico para los derrames que se generan por la utilización intermedia de insumos, y un multiplicador total que incluye el efecto inducido en el consumo, explicó Ceres.

A propósito, se precisó que “el multiplicador del sector productor de carne, cuando se considera únicamente la utilización intermedia, es de 1,67”. Eso significa que, “un impacto directo de $100 en el sector de la carne, tiene un impacto indirecto de $167”.

“Ese valor se encuentra por encima del promedio del resto de los sectores (1,40), lo que significa que, en utilización intermedia, la carne arrastra más que el promedio de los sectores”, plantea el informe.

Y compara que “el efecto es superior al generado por la elaboración de productos lácteos (1,59), los cultivos de cereales y oleaginosos (1,54), la construcción (1,21), el sector de hotelería y restaurantes (1,03) o el correo y las telecomunicaciones (0,82)”, entre otros.

De lo anterior se desprende que “cuando se agrega el impacto inducido, el multiplicador aumenta 1,05 en promedio; es decir que el impacto inducido es 105% del impacto directo”.

“Para el sector exportador de carne, la diferencia en los multiplicadores es de 1,76”, indica el informe. Sostiene que “como los hábitos de consumo de los hogares son iguales, independientemente del sector en que se generó el ingreso”, se puede inferir que “la producción de carne genera más ingresos que el promedio de los sectores de la Matriz Insumo Producto”.

Entre algunos datos relevantes del complejo cárnico, figura que la producción ganadera emplea a alrededor de 83.000 trabajadores agropecuarios y cerca de 18.000 en frigoríficos, lo que resulta en la generación de unos 100.000 puestos de trabajo.

Ceres reconoce que “por falta de datos precisos disponibles”, asume, “con base en entrevistas con informantes calificados”, que “una duplicación de la producción de carne incrementaría 20% los puestos de trabajo en los establecimientos ganaderos, 30% en los servicios asociados y 50% en los frigoríficos”.

“La duplicación de la producción de carne generaría cerca de 30.000 nuevos empleos”, destaca el documento.

Del análisis de los encadenamientos productivos, Ceres estima que “los puestos de trabajo generados indirectamente ascenderían a 9.000 y los inducidos a 3.000”.

Al considerar entonces todos los efectos conjuntamente, “la duplicación de la producción de carne generaría cerca de 42.000 empleos” en Uruguay, concluye.

Ceres resalta que en 2019 la carne fue el principal rubro de exportación del país, luego de estar en el segundo lugar desde 2015, cuando el turismo ocupó el primer puesto.

“Si Uruguay lograra duplicar la producción de carne, el impacto total que eso tendría en la economía local sería un aumento acumulado de 10% del PBI”, enfatiza.

Justifica que “la producción de carne posee un gran potencial de crecimiento y de arrastre de otros sectores de la economía”.

“El efecto multiplicador que genera es de una magnitud muy significativa”, sostiene.

El centro de estudios “siguiendo la metodología tradicional de cálculo de impacto total”, llegó a obtener “un multiplicador indirecto de 1,67 que genera la producción de carne a lo largo de toda la cadena de valor, y un multiplicador extra de 1,76, inducido por el impacto que generarían las remuneraciones sobre la economía uruguaya”.

“Estos valores son individualmente muy superiores al promedio de otros sectores económicos”, y “si se toman ambos multiplicadores conjuntamente (3,43)”, el resultado es un “gran impacto” en la actividad, argumenta.

Ceres asegura que “vale la pena todo el esfuerzo que se pueda hacer para lograr el objetivo de aumentar sustancialmente la producción de carne en Uruguay”.

 

El “malla oro” de la economía

Considerando que desde 2014 no crece la economía uruguaya en forma sustantiva, Ceres pretendió con ese informe buscar “el malla oro” que pueda ayudar a encender los motores de la actividad económica, dijo el economista Ignacio Munyo, director ejecutivo de ese centro, al ser entrevistado por Punto de Equilibrio en Carve y revistaverde.uy.

Argumentó que al cierre de 2019 los datos de exportaciones uruguayas mostraron que en ingresos generados el sector número uno es la carne, segundo el turismo, tercero la celulosa, cuatro la soja y quinto los lácteos.

“El derrame del sector cárnico en el resto de la economía local, superando incluso al de la lechería y al de la celulosa” fue destacado por Munyo, quien valoró el impacto positivo de la ganadería y de la industria cárnica en la generación de empleo.

“La clave es mejorar las condiciones de ingreso a los mercados, principalmente a los de mayor poder adquisitivo, como Estados Unidos, Japón y Corea del sur”, advirtió.

Consideró que se perdió mucho tiempo y las exportaciones cárnicas enfrentan una mayor competencia de otros países en los aranaceles aduaneros a pagar.

De 2014 a 2019, antes del Covid-19, se perdieron unos 60.000 puestos de trabajo en Uruguay, y el sector de la carne tiene capacidad de generar unos 40.000 empleos en caso de duplicar su producción.

 

Reoptimizar el modelo de negocios

“Para poder materializar el potencial del sector también hay deberes internos por hacer”, advierte Ceres, y considera que “muchos productores deberían reoptimizar su modelo de negocios.

El ciclo ganadero incluye la cría, la recría y el engorde. “Y, para aumentar la producción, se deberían mejorar indicadores en todas sus etapas”, plantea, y las tecnologías necesarias para incrementar la producción están disponibles en el país, “algunas son de bajo costo y otras requieren de cierta inversión, pero en todos los casos es necesario generar las condiciones adecuadas, que incentiven al productor a asumir los riesgos asociados”, sostiene.

Otro de aspectos clave para alcanzar el objetivo de incentivar la producción de carne es la inserción internacional del producto uruguayo.

Hay un “enorme potencial para expandir significativamente las exportaciones de carne”, según Ceres. Indica que “las perspectivas del consumo de carne en Asia, que hoy representa el 50% de las importaciones de carne del mundo, muestran un crecimiento tendencial sostenido”. China tiene potencial para seguir creciendo como mercado, pero el sudeste asiático también es muy importante”.

“Mercados como Japón y Corea son muy relevantes para ampliar las exportaciones, en la medida en que se mejoren las condiciones de ingreso”, sostiene. Y advierte que “los aranceles son muy dañinos, cuando competidores directos, como Australia, no los pagan”.

También se considera que “el mundo árabe tiene gran potencial y Uruguay está en condiciones de ingresar con fuerza”.

Plantea que se deben mejorar las condiciones de ingreso a EEUU, ya que el 26% de arancel por fuera de cuota es “muy elevado”. Y con la Unión Europea “gran parte del partido está jugado en el acuerdo con el Mercosur; habrá que esperar”.


Revista VERDE Nº 89
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