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Agricultura

“Sudamérica debe ver en la agroindustria y en la producción el agregado de valor”, dijo Aracre de Syngenta

21 de enero de 2021

Antonio Aracre, director de Syngenta para Latinoamérica Sur, señaló que la producción de alimentos ha demostrado ser una de las actividades mejor preparadas para enfrentar una situación de pandemia como la actual

Antonio Aracre, director de Syngenta para Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia, señaló en una entrevista con VERDE, vía Zoom, que lo ocurrido con la compañía es reflejo del “constante devenir de las empresas, que evolucionan y se adaptan a la realidad del mercado y del mundo. Es todo muy promisorio”.

Syngenta tiene su origen en Suiza, y fue adquirida por ChemChina en 2017, por US$ 43.000 millones. En enero de 2020 se anunció la creación del Grupo Syngenta, luego de la fusión de la división agro de las compañías estatales chinas Sinochem y ChemChina.

En su página web señala que el Grupo Syngenta, ahora de capitales chinos, tiene sede en Suiza, y cuenta con cuatro unidades de negocios: Syngenta Crop Protection, con sede en Suiza; Syngenta Seeds, con sede en Estados Unidos; ADAMA, con sede en Israel; y Syngenta Group China, con sede en China.

Las ventas de Grupo Syngenta durante los primeros nueve meses del año 2020 llegaron a US$ 17.400 millones, mostrando un aumento de 3% frente al mismo periodo del año precedente. En 2019 había tenido ventas por US$ 23.216 millones. En la actualidad es unas las principales compañías del agronegocio a nivel global.

Aracre indicó que “cuando ves que las cosas se empiezan a concretar, te entusiasman e inspiran, porque pasan del orden aspiracional a convertirse en objetivos concretos, y resulta muy motivante para todas las partes involucradas”.

Describió el proceso de inversiones de la compañía a nivel regional que se focaliza en el área de semillas y, a la vez, destacó el trabajo en investigación y desarrollo (I+D), que se realiza en la región, tanto en semillas como agroquímicos, que demandan una inversión anual que supera los US$ 30 millones.

En otro de los puntos destacados de esta entrevista, Aracre sostuvo que en Sudamérica “hemos sido bendecidos con tantos recursos naturales, de todo tipo, que a veces nos conformamos, y no hacemos un esfuerzo adicional para imprimirle otro costado de desarrollo a estos recursos”.

¿Cómo está la compañía después de los cambios concretados en los últimos años y la creación del Grupo Syngenta?

Fue un proceso de cambio evolutivo, que se viene dando desde los últimos tres o cuatro años, desde la adquisición de Syngenta por parte de ChemChina. En ese constante devenir, propio de las empresas que evolucionan, y se adaptan a la realidad del mercado y del mundo. Es todo muy promisorio. Cuando ocurrió esto de la compra hace cuatro años, decíamos que sería estupendo contar con un portafolio más amplio, con una producción sumamente eficiente de las plantas, probablemente de las más eficaces del mundo en lograr costos competitivos en China, y a la vez poder conectar el mundo de los grandes compradores de granos con los grandes vendedores de commodities en la región. Pero lo veíamos más como algo aspiracional, o sea que podría significar una sinergia. Sin embargo, cuando ves que las cosas se empiezan a concretar, te entusiasman e inspiran, porque pasan del orden aspiracional a convertirse en objetivos concretos, y resulta muy motivante para todas las partes que están involucradas.

¿Eso qué implicó para la compañía?

Permitió tener una producción eficiente, en grandes plantas distribuidas en el mundo, pero fundamentalmente en China e India. Son muchos ingredientes activos que se producen de manera muy eficiente y competitiva, a los que tenemos acceso inmediato. Por otro lado, los contactos con los compradores de granos, que nos permiten actuar como enlace entre nuestros clientes, que son los productores, y evitar esa intermediación, que genera costos para ambas puntas. Con lo cual ahora los productores podrán tener acceso a números más competitivos en las operaciones de canje, de insumos por granos.

¿Cómo vienen evolucionando las cifras de la compañía?

Todavía no tenemos las cifras globales del año 2020, porque se conocerán sobre febrero, pero en Argentina esperamos un crecimiento significativo en ventas, cercano al 30%.

¿Cuál es el objetivo de las inversiones que vienen realizando?

Una de las cosas que comentaba cuando realizamos el acto en nuestra planta de semillas de Venado Tuerto (Santa Fé, Argentina), cuando fue el presidente (argentino Alberto Fernández), es que a veces hay una sobrevaloración de las inversiones en activos fijos. Anunciamos la inversión de US$ 25 millones en la remodelación de las dos plantas que tenemos, para aumentar la capacidad de producción de híbridos de maíz y girasol. Pero quizás haya una subvaloración de las inversiones que realizamos todos los años en I+D, en innovación, que son más de US$ 30 millones. Eso no se ve en una obra, pero sí en los técnicos, en los científicos, en los agrónomos que realizan actividades a campo, que descubren nuevas moléculas, verifican procesos nuevos para estar más cerca del cliente, ven qué productos funcionan mejor frente a una plaga u otra, en una localidad o en otra. A eso los contadores lo llaman gastos de I+D en lugar de inversión, y creo que es un gran error verlo de esa manera.

¿Cuánto juega todo eso en la agricultura de hoy, teniendo en cuenta las demandas existentes?

Mucho, porque la tecnología es la respuesta a la demanda creciente de una producción más sustentable. Imagino en un futuro, no muy lejano, que sobre los campos volarán drones, que en función de las imágenes satelitales recorrerán aquellas plantas que ameriten un tratamiento y una dosis específica de algún producto, para poder seguir desarrollándose adecuadamente. En vez de las clásicas avionetas realizando las aplicaciones masivas, como conocemos hoy. Todo eso por la investigación, la innovación y la tecnología.

¿Cómo se adapta Syngenta a todo esto?

Creo que estas cosas son posibles de concretarse en el mediano plazo. Buscamos estar muy cerca del cliente, para entender sus necesidades. Ese es siempre nuestro móvil, escuchar al cliente y brindar permanentemente soluciones que mejoren su productividad. La otra es estar cerca de la sociedad y escucharla mucho, porque también tiene sus demandas, dudas y cuestionamientos. Sobre todo los más jóvenes, que nos interpelan, y nos hacen buscar permanentemente procesos más seguros, sustentables, tecnologías más limpias. Me gusta la palabra sustentable, porque la sustentabilidad es un concepto más holístico y abarcativo, que mira el cuidado del medio ambiente, la huella de carbono, las personas, el trabajo, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Entonces, si miramos una sola parte de la ecuación, nos puede quedar desenganchada la otra parte.

¿Cómo enfrentan los cuestionamientos que van creciendo en parte de la sociedad?

En primer lugar está el debate constructivo, porque hay mucho relato y mito, cuando se construyen cosas en el imaginario popular, que no son correctas. Tradicionalmente nuestra industria ha estado lejos de esos debates constructivos, se ha manifestado más dentro del terreno de la ciencia o en el mismo campo, en un conversatorio endogámico, que no trasciende ni permea al resto de la sociedad. Hay que sentarse a dialogar, escuchar y construir un nuevo concepto, para que todo el mundo sepa que los productos que vendemos pasan por muchísimos años de estudio de distintos entes regulatorios, que los estudian profundamente y, cuando los aprueban, es porque saben exactamente lo que están haciendo. La segunda cosa es invertir mucho en tecnologías nuevas, que permitan lograr los mismos o mejores resultados de productividad. Porque el mundo va a comer cada vez más, hay más gente que se incorpora a una dieta proteica todos los años y hay crecimiento demográfico. Entonces, ese incremento productivo debe hacerse de una manera sustentable, para que el planeta no sufra.

¿Cómo cree que el sector debe comunicar todo esto?

Hay una cuestión evitativa, que no comprendo ni comparto. A todos nos han educado para ser muy eficientes, para mirar los aspectos económicos, para entender la eficiencia en los procesos de producción, y por ahí no nos sentimos tan cómodos en el debate, en el intercambio de ideas, frente a personas que tienen una manera de pensar distinta, y que en muchos casos nos interpelan, con cuestionamientos que en muchos casos son válidos. Me parece que no hay que tenerle miedo a eso, y hay que hacerlo bien, con respeto y humildad. En ese contexto se pueden construir acuerdos de consensos valiosos; no así en un contexto de agresión, donde la gente no se sienta a escuchar al otro sino a rebatir los argumentos, así se construye poco.

¿Cómo es el relacionamiento del sector privado con quienes toman decisiones políticas?

No hay muchos secretos. Es tratar de golpear puertas, ir con la voluntad de escuchar a la otra parte, prepararse bien para expresar cuáles son las oportunidades y las amenazas. Generalmente los altos funcionarios tienen poco tiempo, y uno tiene que aprovechar esas ventanitas de oportunidad para poder transmitir un mensaje que los inspire a seguir escuchando. Es un ejercicio que me parece valioso, que vale la pena y que hay que esforzarse para hacerlo.

¿Qué oportunidades ve para la agricultura de esta región?

Todas. Sudamérica, con Brasil a la cabeza, pero también con Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile y Bolivia, debe ver en la agroindustria y en la producción el agregado de valor. Como las carnes de alto valor, donde Uruguay tiene una trayectoria enorme. Para suministrar al mundo, no solo granos sino también productos con valor agregado, a partir de esos granos que sabemos producir de una manera muy eficiente y competitiva. Si no vemos ahí un futuro de desarrollo sostenible, no sé dónde lo veríamos. Hay otras oportunidades, como los servicios financieros, el turismo, las industrias del conocimiento. Pero también en las industrias del conocimiento pesan cosas que tienen mucho que ver con el campo, como la biotecnología, la edición génica, la agricultura de precisión. ¿Cómo no nos vamos a entusiasmar en Sudamérica con el campo si hemos sido bendecidos con la naturaleza? Lo único que tenemos que hacer es agregarle cabeza para poder sacar lo mejor de eso.

¿Y cuál es la principal limitante para capturar esa oportunidad con mayor velocidad?

Cuando Dios te bendice con un don, que es bastante autosuficiente en tu supervivencia, tenés que hacer mucho trabajo consciente para ver las oportunidades que además estás dejando de lado. Y en Sudamérica hemos sido bendecidos con tantos recursos naturales, de todo tipo, que a veces nos conformamos, y no hacemos un esfuerzo adicional para imprimirle otro costado de desarrollo a todos estos recursos. En cambio, otros países, como Japón, que no han sido tan bendecidos por la naturaleza, han tenido que realizar esfuerzos mucho más notables para desarrollar posibilidades de trabajo. Quizás les ha costado más trabajo pero les ha valido la pena, y quizás fue el estímulo que necesitaban para hacerlo.

¿Cuánto incidió la pandemia en la compañía a nivel global?

Creo que lo hemos podido manejar muy bien. En todos los países del mundo hemos sido una actividad esencial durante esta pandemia, y eso nos ha permitido seguir trabajando en los procesos que requerían de esa presencialidad, como la producción, la logística y algunas actividades de investigación. La producción de alimentos es de las pocas actividades que estuvo a la altura de las circunstancias. Quedó demostrado que es de las actividades mejor preparadas para enfrentar una situación de esta magnitud. En nuestro caso, y en líneas generales, no tuvimos falta de disponibilidad de productos y de materia prima en ninguna parte del mundo. Indudablemente hubo cuestiones que nos pusieron muchos desafíos, circunstancias de brotes en algunas plantas que quedaban inhabilitadas y teníamos que buscar alternativas, pero no pasó nada que no hayamos podido salvar y solucionar. Vimos que las personas se quedaron más en sus casas. La gente cocinó más, comió más, y eso hace que se vea una demanda sólida de alimentos en el mundo; por eso los precios de los principales commodities están muy bien, han crecido significativamente.

¿Qué tendencias tiene la producción de fitosanitarios? ¿Qué pasa con los productos biológicos?

Es una tendencia que vino para quedarse, los productos biológicos seguirán creciendo, en la medida que los frutos de la I+D demuestren su eficacia. El productor está dispuesto a abrazar las mejores tecnologías para producir, pero hay un tema de eficacia que es importante, y hay una curva de aprendizaje en eso, todavía no estamos en la madurez. Seguramente ocuparán un espacio mucho más significativo que el que tienen hoy, en los próximos 10 o 20 años, pero los fitosanitarios seguirán contribuyendo al proceso de desarrollo de la agroindustria en la región.

¿Cuánto invierte Syngenta a nivel global en rubros como la investigación y el desarrollo de productos?

Invierte entre 7% y 10% de las ventas, y se apunta a la innovación tanto en semillas como en agroquímicos.

¿Qué está proyectando la compañía pensando en su actividad de los próximos años?

Creo que la agricultura va a cambiar mucho, producto de la digitalización y de la precisión, que nos permitirán una verdadera revolución en la manera en que producimos en el campo, no tanto en lo que se produce sino cómo se produce. Se trabaja mucho para que esa revolución sea sustentable desde todo punto de vista, no solo en el cuidado del medio ambiente, sino también en la generación de nuevos trabajos, para que los jóvenes puedan inspirarse en el futuro del sector.

¿Vale la pena quedarse en el sector?

Sin dudas.

¿En qué consiste el acuerdo Syngenta-Sinograin?

Es un convenio para Argentina, Uruguay y Brasil, por el cual se comprometen a comprar una cantidad muy importante de soja en 2021, que irá evolucionando en los próximos años, para darle cabida a otros granos, que nos permita incluso seguir creciendo en ese proceso de desarrollo conjunto con China.

¿Hacia dónde apunta el negocio de semillas de la compañía con sus diferentes marcas?

Hacia los cultivos más relevantes en cada país y con fuerte trabajo en I+D. En Argentina el maíz es el cultivo más desarrollado desde el punto de vista tecnológico para las empresas de semillas, pero por supuesto que también son importantes la soja, el girasol y el trigo. En Brasil la soja es también muy importante. Hay un reconocimiento de la propiedad intelectual, que hace que el mercado tenga mucho más valor que en Argentina, donde el tema de la propiedad intelectual sigue siendo una asignatura pendiente. En Uruguay, maíz, soja, trigo y esperemos que se concrete con fuerza el retorno del girasol.

TARJETA PERSONAL

Antonio Aracre tiene 51 años, es argentino, contador público egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En la actualidad es director general de Syngenta para Latinoamérica Sur. Anteriormente en la compañía se desempeñó como director regional de Semillas para Latinoamérica, y antes fue gerente de Semillas en Argentina. En 2012 obtuvo el premio a la trayectoria profesional de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.


Revista VERDE Nº 90
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