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Agricultura

La siembra directa como sistema, herramienta para cuidar el suelo

12 de agosto de 2021

Luciano Dabalá repasó la evolución de la tecnología en el país, y los ajustes que se han realizado para responder a las problemáticas que se han planteado en los últimos años 

El primero y fundamental objetivo de la Asociación Uruguaya Pro Siembra Directa (AUSID) es cuidar el suelo. “En función de eso vino la siembra directa a Uruguay, y se fueron gestionando varias herramientas para cuidar mejor el suelo y los sistemas”, dijo a VERDE el licenciado Luciano Dabalá, quien está vinculado desde hace 14 años a AUSID.

Recordó que cuando se inició la siembra directa “veníamos de sistemas rotados de pasturas y agricultura, casi en su misma proporción, en tiempo y espacio. Después del año 2004, cuando arrancó el boom, la parte agrícola comenzó a pesar más y con eso se fue simplificando el sistema”. 

Agregó que “ahí entró la soja, cultivo que no tiene responsabilidad por sí mismo, porque un cultivo funciona cuando uno lo hace funcionar. Nos pasábamos más en soja que en otro tipo de cultivos, y allí falló una de las claves de la siembra directa que es la rotación de cultivos. Siempre fue así y lo seguirá siendo”.

Dabalá comentó que en las diferentes jornadas y capacitaciones de AUSID “queremos mostrar a la siembra directa no como una herramienta en sí, que lo es, sino que intentamos mirarla como un  sistema”.

Analizó que “nuestro sistema agrícola venía con una rotación relativamente baja. En invierno estaban los mismos sistemas radiculares, trigo y cebada. Pero ahora se está metiendo la canola, que aporta otro momento de siembra, otro momento para el control de malezas, otro tipo de raíz y crecimiento, que nos brinda muchas ventajas, más allá del cultivo en sí mismo”.

Con respecto al verano, Dabalá dijo que “se percibe un aumento del área de maíz, principalmente de segunda, pero que en definitiva le saca presión a los momentos para controlar malezas, fertilizar, sembrar y otros aspectos que terminan favoreciendo a todo el sistema”. 

Con el objetivo de mantener los niveles de materia orgánica en el horizonte A del suelo, Dabalá sostuvo que mover el suelo es una amenaza para el sistema. “El movimiento de suelo es un manotón de ahogado. Puede ser una solución para el próximo cultivo, solucionando el enmalezamiento y brindando una mejor implantación, pero para adelante no solucionará nada. Mirándolo como sistema no es positivo, ya que lo principal es la pérdida de materia orgánica en el corto plazo, como consecuencia  del movimiento” expresó.

“Hay que tratar de evitar hacer ese movimiento superficial, por mínimo que sea, ya que en realidad los problemas de la siembra directa hoy están entre los 15 y 20 centímetros del suelo, donde mayormente cualquier chacra tiene ciertos indicios de compactación. Por lo tanto, al mover arriba no va a solucionar mucho más de lo que estamos viendo”, comentó. 

Con respecto a los desafíos, puntualizó que se reciben algunos comentarios que señalan que la siembra directa no funciona. En ese sentido, consideró que “al analizar, nos encontramos con errores en el enfoque. No es la siembra directa la que está fallando. En función de eso es que hemos ido modelando nuestro trabajo en los últimos tiempos”.

“Hoy miramos cada chacra por sí misma y no en el conjunto del establecimiento, como se venía haciendo. Ese fue uno de los grandes errores” admitió. Agregó que “el problema de enmalezamiento es claramente un reflejo de falta de rotación, independientemente de que exista resistencia”.

Con respecto a la compactación del suelo, aseguró que “sabemos cómo manejarla, el tema es cómo adecuarlo y hacerlo. Una fase de pasturas entraría a solucionar muchos de los problemas, pero allí incide la tenencia de la tierra. Además, los costos inciden. Porque es difícil asumir arrendamientos agrícolas con pasturas y la producción de carne”.

Subrayó que el agregado de pasturas a la rotación aporta “sistemas radiculares que logran mejorar y establecerse más abajo que los cultivos agrícolas. En seis meses es casi imposible que los cultivos puedan hacerlo. En dos o tres años la pastura logra tener un sistema radicular con mucha mayor exploración. Una vez que se muere la pastura, y se empiezan a morir esas raíces, empiezan a descompactar. Es ahí donde está el efecto más grande”, argumentó.

Nota de Revista Verde N°94

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