Agricultura

La rotación: arroz, soja y pasturas, le abre la puerta al sorgo y el maíz

4 de enero de 2024

A la soja de suelos arroceros se la considera “marginal” desde el punto de vista agrícola, incluso para las empresas aseguradoras, pero “hoy está al nivel del litoral”

La diversificación en la producción arrocera viene ganando espacio. Además de la tradicional rotación con pasturas, en los últimos años se fue incorporando el cultivo de soja. En Brasil ya es tradicional la rotación arroz-soja, donde es conocida como ping-pong. En Uruguay la rotación también suma a la producción de carne y de a poco comienzan a meterse el sorgo y el maíz.

Hace 11 años que el establecimiento La Miní, ubicado en Rincón de Ramírez, en Treinta y Tres, comenzó a incluir la soja en los campos arroceros, con resultados “muy favorables”, destacó su administrador, Eduardo Apolinario. 

El ingeniero agrónomo agregó que el productor arrocero “es muy profesional” y “fue entendiendo a la soja como un cultivo primario tan importante como el arroz”, al que “le fue dando la misma importancia” que al cereal y “se preparó para sembrar en la fecha óptima”, indicó el responsable del establecimiento de la familia Manini Ríos. 

Apolinario recordó que al principio “existía preocupación” por el comportamiento de la soja en los suelos chatos del arroz, porque “es una especie que no está adaptada a la inundación”, sabiendo que “se podían tener incidentes de excesos de agua”. En ese momento “no había mucha tecnología disponible para mejor drenaje en los suelos bajos” y se apelaba a drenajes realizados “a ojo”. Hasta que comenzaron a utilizarse las herramientas de geonivelación y la tecnología RTK (navegación cinética satelital en tiempo real, por sus siglas en inglés), que cambiaron la forma de sacar el agua acumulada en las chacras.

Para Apolinario esas tecnologías por sí solas “no resuelven todo”, sino que “se debe tener en cuenta un conjunto de cosas”. Hay que empezar “de afuera de la chacra hacia adentro”, porque existen desagües primarios, secundarios y terciarios. Es necesario “tener una buena limpieza en los desagües, las cañadas y haber dimensionado la cañería de desagües, para luego poner el foco en los drenajes internos de la chacra definidos con geonivelación. “Con eso aceitado y con lluvias normales se logra sacar el agua en un día y medio; eso es lo ideal”, remarcó.

Aseguró que la evolución de la productividad de la soja en esas situaciones “ha sido muy favorable”. A pesar de que a la soja en suelos arroceros se la considera “marginal” desde el punto de vista agrícola, incluso para las empresas aseguradoras, pero “hoy sin lugar a dudas está al nivel del litoral”, afirmó. 

El ingeniero agrónomo consideró que el productor se perfeccionó en aspectos como fecha de siembra, fertilización, drenaje y calidad de siembra, lo que permite alcanzar niveles de rendimiento muy buenos. También se suman las técnicas de riego, ya sea por camellones, taipas, pivot o cañón.  

En el establecimiento La Miní están manejando riego por camellones, apuntando a altos rendimientos en casi 40% del área de soja. “Construimos estructuras parecidas a canteros, denominadas camellones, que tienen 1,30 metros de ancho y unos 15 centímetros de altura. Por esos surcos circula el agua y va humedeciendo al camellón”, detalló. 

Sobre la inversión, señaló que la construcción del camellón demanda unos US$ 7 por hectárea, y a eso hay que sumarle el costo del agua que ya está instalado para el arroz. Por tanto, “el costo adicional se sitúa en unos US$ 100 por hectárea”, indicó. Con este sistema “apuntamos a un piso de 3.000 kilos por hectárea (kg/ha), con un techo que si bien depende de la fertilización, variedades y otras medidas de manejo, puede rondar de 4.500 a 4.600 kg/ha”. 

Al tiempo que para el resto del área de soja se utilizan taipas como las del arroz, pero “más bajas y separadas para no dificultar posteriormente la cosecha”. Allí se utiliza la estructura creada para drenar las chacras y las taipas se construyen inmediatamente después de la siembra para que la soja nazca allí; esas taipas quedan con los desagües abiertos. 

En caso de haber falta de lluvias, “se tapan esos desagües, el baño de agua en esa chacra de soja se hace lo más rápido posible y se abren los desagües”, detalló. Es una “técnica de salvataje, que no apunta a altos rendimientos sino a asegurar pisos en torno de los 2.000 a 2.200 kg/ha”, explicó. Y en el caso de que las lluvias sean normales, el rendimiento es mayor. “En caso de sequías más extremas se pueden aplicar más baños para apuntar a esos rindes”, puntualizó el administrador de La Mini. 

Sobre los cambios que trajo la soja al cultivo de arroz, Apolinario aseguró que los laboreos de verano que se hacían antes “están casi en extinción”. Esos suelos “se laboreaban en enero o febrero y permanecían sin producción hasta la próxima siembra” de arroz. En la actualidad “la mayoría del arroz se siembra sobre soja, abaratando mucho los costos del laboreo, ya que solo se hacen para la soja”. 

Agregó que “el arroz se siembra en una chacra que ya está pronta, a lo sumo se le hacen las taipas, pero el costo de pasar rastras y otros equipos, que es de entre US$ 130 y US$ 150 por hectárea, se lo adjudica a la soja”. 

A su vez, el cereal “va a entrar en un ambiente con menos carga de malezas, abaratando el uso de herbicidas y dilatando la aparición de resistencia, porque se manejan distintos activos”, destacó. También se suma la mejora química, física y biológica del suelo. “Esto redunda en que el arroz que se siembra después de soja tenga un rendimiento de 6% a 10% superior”, subrayó. La productividad arrocera de La Miní se ubica entre 9.500 y 10.000 kg/ha. 

En el establecimiento de la familia Manini, además de agricultura también se rota con pasturas. “Tratamos de hacer una rotación intercalando arroz-soja durante cuatro o cinco años, para luego ingresar a praderas por cuatro años”, detalló. En el invierno, en tanto, como el establecimiento también realiza recría e invernada, siembran raigrás que se utiliza fundamentalmente para los terneros. 

Indicó que se lleva adelante “un sistema bastante intensivo de producción de carne y agricultura. Hacemos mucha suplementación sobre praderas y verdeos por lo que entendíamos que, al ser agricultores, teníamos que sembrar también un cereal que nos permitiera abaratar la ración”. Por esta razón se comenzó a sembrar sorgo, que “es un cultivo más rústico para suelos anegados”, comentó. En los últimos dos años “ha tenido muy buenos resultados, con buenos aportes al sistema”. 

Apolinario dijo que el sorgo se utiliza para consumo propio, pero este año, como hubo un excedente, “se vendió a Cofco, para la primera exportación de sorgo” a China. 

La productividad del sorgo en esos suelos arroceros se ubica entre 4.500 y 5.000 kg/ha. “Es incluso más rústico que la soja para el exceso hídrico”, dijo, recordando que en la zafra 2021-2022 se registraron fuertes episodios de lluvias y el cultivo “se comportó de muy buena forma”, concluyó.

Nota de Revista Verde N°111

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