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Agricultura

La economía de una empresa no resiste solo con el cultivo de soja

7 de marzo de 2021

La afirmación corresponde al empresario Ramón Erro, quien analizó el actual contexto de precios altos para los granos y el posicionamiento de los agricultores uruguayos

La economía de una empresa “no es capaz de resistir únicamente sembrando soja”, dijo en una nota con Punto de Equilibrio –de radio Carve y revistaverde.uy– el empresario Ramón Erro, director de Barraca Erro, Corporación de Maquinaria y Villa Trigo. Recalcó que “por eso no me gusta hablar solo de soja o del productor sojero, porque eso no existe”. Agregó que desde hace varios años “cuando vamos a analizar al sector debemos hablar de la empresa agropecuaria, que entre otras actividades tiene a la soja como su principal cultivo”.

Erro analizó la actualidad del negocio agrícola y la reciente suba de precios de sus productos, y consideró que es clave “el aprendizaje de lo vivido para capitalizar el buen momento y proyectar un mejor futuro”.

Recordó que cuando el sector debió enfrentar una serie de adversidades, como la baja de precios, costos altos y sequía, “no alcanzaba solamente con ser buen productor, sino que además se debía ser buen empresario”. Y enfatizó que ese concepto “está más vigente que nunca”, porque el empresario apunta a la diversificación de rubros y a la alta productividad, así como al manejo del riesgo, planificación por objetivos y su cumplimiento.

Enfatizó que “una empresa agropecuaria incluye diversos rubros: agricultura, pasturas, ganadería, servicios, entre otros”. Por eso, remarcó que “el sector agrícola no es solamente soja”, porque en la agricultura uruguaya “hay más cultivos”.

Cultivos de invierno

En línea con el razonamiento anterior, Erro señaló que “los precios y la productividad de la zafra de invierno le vienen muy bien al negocio”, algo que se notará “en los otros sectores de la economía del país y en los pueblos del interior”.

Destacó que la zafra de invierno dejó un “muy buen resultado”, que fue “ayudado por el buen clima” y también porque los agricultores realizaron “todo lo que debe hacerse para tener un buen cultivo y bajar el riesgo”.

Recordó que el año pasado, “cuando se tomó la decisión de sembrar los cultivos de invierno, era otro el escenario de precios y tampoco se pensaba en un resultado productivo como el que finalmente se logró”. Por eso, destacó que “se hizo todo muy bien” al “elegir los campos, sumar más cultivos como la colza y consolidar a los más tradicionales, como cebada, trigo, avena, raigrás”.

En ese sentido, resaltó que tener un esquema con varios cultivos es “una definición estratégica muy interesante y “necesaria para sobrellevar los años complejos, como los que  tuvimos desde fines de 2014 a la fecha”.

Recordó que en ese periodo la agricultura no tuvo márgenes interesantes pero, sin embargo, el sector se fue acomodando y desarrollando. Incluso tuvo que enfrentar la sequía de 2018, que si bien “generó problemas que se arrastran hasta hoy, el trabajo del sector y la diversificación del productor permitió que no se cortara la cadena productiva”, enfatizó.

Evolución de la agricultura en Uruguay

Ramón Erro recordó que en los años 1999 y 2000 “hubo una sequía terminal que hizo quebrar la agricultura de secano del país, a lo que se le sumó la fiebre aftosa en 2001. A partir de ese momento se comenzó a sembrar soja en Uruguay, porque era el único rubro rentable en el agro nacional, porque tenía un margen de US$ 50 por hectárea. Una renta agrícola estaba en US$ 40 y cualquier otra actividad agropecuaria dejaba números negativos”.

Agregó que en 2001 “tuvimos las primeras 14.000 toneladas de soja exportadas por Uruguay”, y desde ese momento la soja “comenzó a desarrollarse hasta que en 2004 y 2005, con otros precios y una demanda de China muy fuerte, empezaron a aparecer los grandes grupos de inversiones, con capitales que no tenían nada que ver con la agricultura”.

“Eso motivó la llegada de la agricultura industrial, los costos para sembrar eran muy bajos, y los grandes grupos e inversores de fuera del sector entraron a un negocio que generaba oportunidades. Durante muchos años esa dinámica agrícola anduvo bastante bien”, repasó.

Sostuvo que “a esos capitales, que fueron bienvenidos, era muy difícil competirles”, ya que toman sus decisiones basados en variables diferentes a las que maneja un productor. Muchos capitales extranjeros tomaron la decisión de venir a Uruguay a invertir en agricultura, “incluso llevó a que muchos productores locales tuvieran que competir con esos grandes capitales para no ser desplazados”, sostuvo.

Luego, “esos capitales volvieron a su origen, a partir de 2014, cuando se retiraron de un negocio que no les resultaba atractivo, debido a la expectativa generada. Y nos quedamos los autóctonos, que tuvimos que fijar metas a mediano plazo y llevar el período de baja de precios de la mejor manera, esperando otro momento de bonanza”.

En 2014 los precios de la soja registraron una caída muy importante y los grupos de inversión extranjeros, así como los inversores de fuera del sector, “emprendieron la retirada de manera general; y los que no se fueron a tiempo perdieron lo ganado”, afirmó.

Consideró que “esa fue una enseñanza”, porque “estamos en un sector que sabemos que tiene años malos, por clima, precios, costos, momentos en que se disparan las relaciones insumo-producto y se debe agudizar el ingenio para sobrellevarlo de la mejor forma posible”.

La lógica del productor o de una empresa agropecuaria  “es muy diferente a la de un fondo inversor que llega en busca de determinada rentabilidad, y cuando la logra o se presentan dificultades, se retira”.

Por eso, entiende que “en los buenos momentos hay que tratar de no inflacionar el negocio, y buscar salir fortalecidos, porque seguramente vendrá algún año complicado y la mejor forma enfrentarlo es estar preparados”.

Los productores a los que denominó autóctonos –donde incluyó a los agricultores uruguayos, así como a los extranjeros con inversiones establecidas en el país–, “cambiaron el esquema”, sostuvo Erro. Resaltó que “se volvió a un modelo uruguayo con más rotación de cultivos y pasturas, y todo esto ha motivado un combo interesante que juega a favor de la economía de la empresa”.

El escenario de precios

Erro recordó que “en el período anterior de suba de precios, cuando la soja llegó a US$ 500 por tonelada, el trigo no acompañó esa suba”. Sin embargo, ahora el movimiento de precios se dio también en el trigo, en la cebada, en colza, maíz y soja”, algo que calificó como “muy bueno para la diversificación”.

Para Ramón Erro el escenario actual de precios “fortalece a la agricultura de Uruguay, y también a la ganadería”, ya que “ninguna de las empresas agropecuarias que están desde hace muchos años establecidas y produciendo realizará un cambio brusco en su sistema”.

Subrayó que en los últimos años el gran cambio de escenario de la agricultura fue que el millón de hectáreas de soja que tiene Uruguay es sembrada por “los productores autóctonos”. Considera que ese perfil de productor tiene una misma visión sobre el negocio: “hay una mirada de largo plazo, que incluye a varios cultivos o rubros”.

Por eso, entiende que no habrá un cambio violento hacia la siembra de soja. Si el productor “tiene un determinado porcentaje del área destinado a praderas no lo pasará todo a soja, porque el novillo valga menos”.

Sobre el concepto de empresa agropecuaria, Erro señaló también el caso de los productores de arroz, que cuando ese cultivo pasó por momentos complejos, “incorporaron la siembra de soja en camellones, y ya no son solo arroceros”. Agregó que lo mismo ocurre en los tambos, empresas que descubrieron en la soja o el maíz  “una excelente rotación y un buen negocio”.

Remarcó que en el actual escenario de precios buenos “salen fortalecidos los sistemas de producción diversos, al igual que en las crisis, porque un rubro puede responder más rápido que otro”.

Pero marcó que si la agricultura se mantiene por mucho tiempo con una rentabilidad más alta que la ganadería, “habrá que ayudarla como en algún momento ayudamos a la soja o al trigo”. Insistió en mantener “una visión de mediano y largo plazo y no cambiar los planes sobre la marcha”. Sostuvo que “se debe monitorear muy bien la relación insumo-producto y el manejo de los suelos”. A propósito, argumentó que si bien los precios subieron y pueden impactar favorablemente en la ecuación, porque en esta zafra se sembró con otros costos, para el ciclo 2021/22 vemos que los precios de los insumos también están subiendo”.

Estimó que “si se mantienen los precios, la soja puede crecer hacia algún campo más marginal y algunas praderas complicadas por el clima. Si eso ocurre es posible que para el ciclo 2021/22 la superficie de soja pueda crecer entre 10% o 20%”.

Sin embargo, dijo que “no imagino un boom, y considero que esa palabra no debe usarse, pero sí es cierto que es un buen momento y el sector tiene que aprovecharlo, porque viene de años muy complicados y aún restan solucionar algunos parches. Eso es muy importante para poder salir fortalecidos y proyectar mejor. Cuando hablamos con los productores vemos que todos estamos alineados”.

El próximo invierno

Consultado sobre cómo imagina el área de invierno en la próxima zafra, respondió “en crecimiento”. Explicó que “seguramente los cultivos de invierno le sacarán área a las coberturas y tal vez se incorpore algún campo marginal”, porque con el escenario actual el trigo no demanda sacar 5.000 kilos por hectárea para lograr el equilibrio, algo que sí pasaba hace unos años, y es un rendimiento que no se logra en cualquier campo”.

Por eso, enfatizó en que el área de invierno puede llegar a 600.000 hectáreas, de la mano de un crecimiento del área de trigo, al tiempo que estimó que el área de colza “al menos se mantendrá”, mientras que la cebada cervecera tiene un techo por la demanda de las malterías. “El agricultor es una empresa agropecuaria que tiene como cultivo principal a la soja, pero siembra maíz, trigo, colza, pasturas, ganadería, hay una secuencia productiva que hace que un cultivo lleve al otro, y un rubro al otro. Esto es muy importante”, sostuvo.

También consideró que “puede haber interés de extranjeros por comprar tierras en Uruguay, pero no veo un crecimiento del área agrícola motivada por grandes grupos de siembra. El interés viene por el lado de la estabilidad del país”. A propósito, agregó que Uruguay “es un país caro, pero tiene una estabilidad jurídica que para muchos es muy importante”.

Nota de Revista Verde N°91

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