Agricultura

El riesgo de endeudamiento obliga a rediscutir la competitividad

10 de junio de 2024

“Las deudas se pagan produciendo, pero con una rentabilidad mínima garantizable, porque sino se va a agrandar el problema”, advirtió el analista Gonzalo Gutiérrez

Mauro Florentín
Redacción

El stock de créditos bancarios del sector agropecuario a enero de este año es de unos US$ 3.600 millones, cifra que representa el doble del stock de 2012 y unos US$ 1.200 millones más que el monto de 2022, según datos del Banco Central del Uruguay (BCU). En el período de 2015 a 2023 el stock de créditos al sector se mantiene “muy estable”, en el eje de US$ 2.500 millones, mientras que la morosidad del agro aumentó de forma sostenida entre 2012 y 2018 y luego, entre 2018 y 2023 se redujo a casi los mismos niveles de 2015. La morosidad es “muy” baja, del entorno al 1%, por lo que “no hay un compromiso en el repago de los créditos”.

Esos datos y valoraciones forman parte de una columna de opinión del ingeniero agrónomo Gonzalo Gutiérrez, titulada Despegue productivo o problemas en puerta, que se publicó en el suplemento Agro de Búsqueda (Nº 23, publicado el 21 de marzo).

“Todos dicen que a pesar del impacto de la sequía las cuentas se cobraron. La pregunta es: si se pagaron todas las cuentas, ¿qué significa este aumento del endeudamiento?”, planteó.

Sobre este tema de relevancia para el agro uruguayo, considerando los antecedentes del endeudamiento entre fines de los noventa y principio de la década del 2000, VERDE consultó a Gutiérrez, quien hizo hincapié en la importancia de analizarlo “en el largo plazo, para no cometer los mismos errores del pasado”.

“El aumento en el endeudamiento quiere decir dos cosas: o estás en un proceso de inversión fantástico en el agro, que te va a llevar a un segundo piso productivo que te permitirá ser más eficiente, aún en un entorno de precios bajos; o bien esconde una realidad un poco más preocupante, que es endeudarse para tratar de sobrevivir en esta coyuntura que fue una mezcla de un evento climático catastrófico, como la sequía y la caída estrepitosa de (los precios de) las materias primas agropecuarias. Por eso hay mucha gente que está empezando a endeudarse para tratar de sobrevivir”, comentó.

Advirtió que este asunto es un “secreto a voces” y que “nadie se anima a cuantificarlo”. Si bien en la columna divulgó algunos datos del BCU que abarcan el stock de créditos al agro, no incluye lo que comprende el financiamiento “no bancario”, que “debe ser igualmente importante o más”.

Esto “obliga a rediscutir la competitividad de los agronegocios en Uruguay, que es un país caro y con mucho margen de intermediación en los eslabones de la cadena, que al final del día termina restando competitividad, regulaciones por doquier que hacen la vida miserable del empresario y del emprendedor”, sostuvo.

El agrónomo repasó la combinación de factores que históricamente le jugaron en contra a la producción agropecuaria local y a la cadena agroexportadora, como los “costos altos”, los “márgenes bajos”, el “atraso cambiario”, los precios “deprimidos” de las materias primas, y que luego derivan en dificultades para honrar el pago de las deudas.

Se suele sostener que “las deudas se pagan produciendo, pero eso debe tener una rentabilidad mínima garantizable, sino se va a agrandar el problema”, enfatizó. Opinó que “eso es lo que no se está mirando”, y aludió a la tendencia histórica de precios en cuanto a los picos de valores a los que después le siguen por lo menos dos años de caídas.

“Es un tema para que la clase política que está muy poco acostumbrada a ver los temas de largo plazo y de coyuntura sectorial le dé una mirada con un poco más de cariño, para evitar problemas en los próximos años”, dijo.

En su columna Gutiérrez sugirió que “el empresario agropecuario tiene que ponerse a tiro muy rápidamente para enfrentar un mix de circunstancias que no son, en cierta medida, nuevas para él y que le exigen adaptarse”.

“El mitigar riesgos, en cualquier actividad, tiene costos que muchas veces se hacen pesados”, y “pesa también la asimetría al momento de elegir con quién se endeuda el productor. Muchas veces se terminan contratando instrumentos de cobertura como condición de acceso al crédito, que son extremadamente onerosos y que comprometen el margen del negocio, pero solo para el que toma el crédito, mientras que el que financia nunca pierde”, sostuvo.

Para el autor, “la lógica de que financiar la producción futura es la única forma de pagar las deudas, encubre una realidad preocupante, que fuerza al productor a producir a pérdida para acceder al crédito”. Afirmó que “más tarde o más temprano esa cantera se agota”, afirmó.

Proceso de salida

En diálogo con VERDE, Gutiérrez también se refirió al riesgo de una mayor concentración de los diferentes rubros del agro, debido a la salida de la actividad de pequeños y medianos productores por el impacto negativo de la pérdida de rentabilidad y la acumulación de endeudamiento.

“En la lechería hay un proceso más acentuado de salida de pequeños productores”, mientras que en la ganadería “se lo empezará a ver cuando vuelva un ciclo de baja rentabilidad”, avizoró el analista. 

Además, consideró que la ganadería extensiva tiene el “problema de flujo” de capital, como el productor del basalto, con 300 a 500 hectáreas, que al hacer la cuenta es una persona “rica”, porque “tiene US$ 700.000 en tierra”, pero no logra sacar la “rentabilidad necesaria” para pagar el gasoil, hacer mejoramientos en su campo y para su vida, entre otros aspectos.

Otro tema de especial relevancia para Gutiérrez es el peso de Brasil en los agronegocios y su impacto en el desempeño agropecuario de Uruguay. “Es una aplanadora que nos lleva puestos, y nos pone condiciones que sin ser explícitas modifican la estructura del mercado. Son cosas que nos empiezan a molestar y a doler. Uruguay no está leyendo bien hacia dónde va Brasil, ni lo que puede llegar a ser una Argentina macroeconómicamente ordenada”, advirtió Gutiérrez.

Nota de Revista Verde N°114

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