Agricultura

El invierno acomoda sus fichas en el ciclo 2023/24

21 de julio de 2023

Hubo ajustes en el área de siembra de los distintos cultivos, menores costos de insumos y recomendaciones para fijar precios

RUBEN SILVERA
ruben@infoagro.com.uy

El sector agrícola encaró el ciclo 2023/24 con ajustes en la superficie de invierno. Según la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), la superficie invernal relevada en junio llega a 645.000 hectáreas, de las cuales 301.000 hectáreas corresponden a trigo, 185.000 hectáreas a cebada y la colza llega a 150.000 hectáreas. 

DIEA aclaró en su informe que en primavera realizará una actualización para marcar qué superficie se sembró finalmente. En los datos de junio se relevó que el año pasado se sembraron 756.522 hectáreas y en la actualización ese número se ubicó en 861.000 hectáreas, 33% por encima de la siembra del invierno 2021/22.

Desde el sector privado se estima que la siembra de trigo se acercará a 350.000 hectáreas, la cebada a 220.000 hectáreas y la colza a 200.000 hectáreas. Por lo tanto, el área invernal se reduciría en unas 100.000 hectáreas frente al invierno pasado, cuando se sembraron 861.000 hectáreas.

El año pasado la siembra de trigo alcanzó 300.000 hectáreas y el rendimiento fue de 4.251 kilos por hectárea; la cebada cervecera ocupó 211.000 hectáreas y el rinde promedio estuvo en 4.252 kilos por hectárea; y la colza llegó a 348.145 hectáreas, con una productividad de 1.687 kilos por hectárea, según datos oficiales.

Por el clima, los resultados de la zafra anterior y los precios, la colza tuvo una gran caída en la superficie sembrada. Pablo Uteda, director de IPB Semillas, sostuvo que hubo una reducción del área pero “no se habrían sembrado menos de 200.000 hectáreas”. Para justificar esa apreciación, señaló que “la venta de semillas fue de unas 600 toneladas y el uso propio de los productores representa entre 30% y 40% del total utilizado en la siembra”. En julio del año pasado DIEA estimó una superficie de 250.000 hectáreas, y después coincidió con el dato de casi 350.000 que había manejado Urupov, recordó Uteda.

Prohibición de insecticidas en colza

Con respecto a la prohibición del uso de insecticidas sistémicos para el tratamiento de semillas, el empresario semillerista reconoció que está “muy preocupado”. Hubo un daño “importante” por ataques de bicho bolita y de hormigas y “lo peor es que en muchos casos se terminaron haciendo tratamientos de semillas en establecimientos, con dosis no controladas, doble dosis en algunos casos, y también resiembras”, advirtió.

Afirmó que se “está desconociendo el esfuerzo” de las empresas semilleristas en “avanzar en conocimientos” y equipamientos para el tratamiento profesional de semillas. 

Además, señaló que en los últimos años hubo un progreso en las combinaciones de fungicidas, en la aplicación de microelementos, hormonas y otros promotores radiculares, además de la utilización de insecticidas de acción sistémica en dosis controladas, con muy buenos resultados en la instalación de los cultivos y minimizando los efectos sobre el medio ambiente.

En IPB consideran que el productor se queda sin la posibilidad de prevenir el ataque de insectos del suelo u hormigas, algo que ya se vivió con los cultivos de girasol en los años 90. Este año “la empresa tuvo múltiples consultas de clientes por ataques de hormigas, necesidad de resembrar, y sabemos que en muchos casos los tratamientos con insecticidas curasemillas los terminaron haciendo los productores sin una dosificación ajustada, o se terminaron haciendo aplicaciones sobre la totalidad de la chacra, con un resultado que va a ser peor que lo anterior”, acotó.

Uteda dijo que la decisión de no habilitar el uso de este tipo de insecticidas en los tratamientos de semillas fue tomada por las autoridades, por una presunta defensa de la producción apícola, pero con perjuicios importantes para los productores de canola. Y agregó que ese tipo de medidas “deberían estar sustentadas por trabajos de investigación que respalden” estas resoluciones.

Área de Trigo

El área de trigo registra un incremento en comparación a la zafra anterior, lo que demuestra el “optimismo” del productor uruguayo pese a haber tenido una “muy mala” zafra de verano, dijo la gerente comercial de Agronegocios del Plata (ADP), Sofía Guigou.

Agregó que los agricultores, en la medida que las condiciones del clima lo permitían, “empezaron con siembras muy tempranas” y “en nuestro caso los trigos de ciclos largos e intermedios”, como Maitén, Jacarandá o Curupay “se agotaron muy rápido”. Dentro de los ciclos intermedios-largos la variedad Guayabo “creció mucho en ventas”, por los resultados que tuvo en la zafra pasada, señaló.

A partir de la segunda quincena de junio la demanda se focalizó en materiales más cortos, como Álamo y Olivo, que “tuvieron su lugar en la paleta”, por “muy buen comportamiento”. “Muchos productores” tomaron la decisión de qué variedad sembrar a medida que se iban liberando los campos. La demanda por los diferentes materiales de ADP “fue pareja”, pero “sobresale el crecimiento de Guayabo”, agregó. Por las condiciones climáticas los productores “fueron pasándose” de colza a la siembra de trigo o incluso cebada, explicó.

Guigou dijo que en el caso de ADP la venta de semillas de trigo creció 20%, cuando a nivel general “se habla de un crecimiento de superficie de entre 10% y 15%”. 

LOS INSUMOS

La zafra de invierno inició con una baja sensible de los precios de los fertilizantes y agroquímicos, particularmente de la urea y el glifosato, que cayeron casi 50%; aunque al comienzo del segundo semestre del año se empezaron a observar leves subas.

Santiago Raffo, responsable del área de Insumos de MegaAgro, indicó que la urea y el glifosato venían en un nivel “muy bajo”, luego del “importante ajuste” registrado sobre fines del 2022 y en el primer semestre de 2023. “Tocaron un piso y ahora estan un escalón arriba”, expresó.

En el caso de las semillas, los precios de referencia para los cultivos de invierno muestran un “aumento de entre 7% y 9% en general” y “de 20% en trigo”, respecto al año pasado, con valores de “US$ 800 por tonelada” en el caso de ese cereal, dijo el gerente de la Asociación Nacional de Productores de Semillas (Anaprose), Rodolfo Fonseca.

Comentó que entre los principales factores que incidieron en ese incremento de la semilla de trigo está la evolución del precio en 2022, que tuvo un valor alto, y a la mayor intención de siembra de este año. También mencionó que existe una alta variación entre los distintos materiales de trigo.

El precio de referencia para la semilla de cebada, tanto maltera como forrajera, es de US$ 720 por tonelada, lo que significa un aumento de 7%; mientras que en el caso de la colza los valores promedios son de US$ 19 por kilo en los híbridos y de US$ 7,75 por kilo en las variedades, lo que implica aumentos de 8% en comparación a 2022. 

“No hubo problemas disponibilidad de semillas para los diferentes cultivos de invierno en esta zafra, considerando la información que manejan los integrantes de esa institución”, sostuvo Fonseca.

LOS PRECIOS 

El asesor de mercados, Pablo Della Mea, aseguró que “no debemos encandilarnos con las noticias como la sequía en India o la guerra entre Rusia y Ucrania, porque son factores que agregan volatilidad al precio del trigo, pero no terminan siendo alcistas”, en un contexto donde la oferta de trigo a nivel mundial es importante.

Della Mea recordó que el trigo viene de valores muy altos, impulsados por situaciones “atípicas”, y puntualizó que “lo importante es el momento de fijación de precios”. A su entender, “no podemos acercarnos a nuestra cosecha para fijar precio”. En tal sentido, consideró que “del 15 de noviembre en adelante sería tarde”, y que después de esa fecha “se debería esperar a enero o febrero para ver cómo opera el mercado”. 

El analista dijo que “no se puede pensar en precios superiores a US$ 300 por tonelada, como hubo el año pasado cuando los valores estuvieron influenciados por situaciones específicas”. Ahora “el objetivo para cerrar negocios debería estar entre US$ 250 y US$ 270 por tonelada, que son valores muy buenos”. 

El acuerdo de Maltería Oriental

Maltería Oriental SA (MOSA) llegó a un Acuerdo Privado de Reorganización (APR) con el sistema financiero local y dos bancos internacionales, con el objetivo de dar una señal de tranquilidad a la cadena productiva de la cebada en Uruguay, según informó el jueves 13 de julio el suplemento Agro de Búsqueda, que recogió declaraciones de ejecutivos de dicha empresa.

Desde que en marzo de 2023 se declaró el proceso de recuperación judicial del grupo Petrópolis, de Brasil (propietario de MOSA), esa industria ha mantenido una actividad “completamente normal”, dijo el director financiero de la firma, Roberto Urroz. Y aclaró que MOSA “no está pidiendo” ningún tipo de reestructura, y continuará el plan de negocios 2023 y 2024, “cumpliendo con todos sus compromisos, como lo viene haciendo”.

En el acuerdo en cuestión la empresa “toma el compromiso de cumplir con todo el flujo de exportaciones, tanto de malta como de cebada”, mientras que los bancos “toman el compromiso de esperar a que MOSA vaya convirtiendo su flujo de caja y disminuyendo la deuda de capital de trabajo hacia diciembre”, explicó.

El plan de negocios “es totalmente cumplible, porque se trata de la operativa habitual de MOSA”, a la vez que los bancos “nos aportan el financiamiento, como sucede todos los años”, y “está el compromiso de financiamiento de la zafra de cebada 2023/24, lo que asegura el capital para la compra de cebada y el pago de servicios”.

En el artículo publicado por Agro de Búsqueda también se incluyen declaraciones del director industrial de MOSA, Martín Uhlig, sobre la producción y las exportaciones previstas, así como del gerente agronómico, Bruno Maneiro, en relación a la siembra de cebada, entre otros aspectos.

LO QUE DEJÓ EL VERANO

En la anterior zafra de verano, según las cifras oficiales, se sembró 1 millón de hectáreas de soja y 188.000 hectáreas de maíz, pero como consecuencia del déficit hídrico un 25% del área de soja y casi un 50% de la superficie de maíz no se pudo cosechar, y tuvieron como destino el pastoreo o la reserva de forraje para el ganado.

Según datos DIEA, el rendimiento estimado para la soja fue de 641 kilos por hectárea, el registro más bajo para el cultivo desde 1998. La producción de soja se estimó en 647.800 toneladas, un volumen equivalente a la cuarta parte de lo cosechado en la zafra anterior.

En cuanto al maíz, el rendimiento promedio fue 1.415 kilos por hectárea, y la superficie perdida del cereal alcanzó el 47%, la que también se utilizó para pastoreo y/o reserva de forraje.

La estimación del sector privado en relación a la superficie sembrada difiere con la registrada por DIEA. Para la soja el sector semillerista considera que se sembraron casi 1,25 millones de hectáreas. En el caso del maíz no aparecen grandes diferencias, ya que ambos sitúan la estimación en unas 180.000 hectáreas.

Nota de Revista Verde N°108

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