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Agricultura

El camino es la diferenciación de los productos para sortear los desafíos

7 de marzo de 2021

Ismael Turbán destacó que Uruguay tiene ventajas ambientales que pueden formar parte de la estrategia para transformar las eventuales dificultades en oportunidades

El ingeniero agrónomo Ismael Turbán es reconocido en el agro uruguayo y de la región por su vínculo durante años con el grupo agrícola El Tejar, en el que forjó una carrera profesional, principalmente en Uruguay y luego en Brasil. Ahora, el profesional se dedica a trabajos de gestión y asesoría en la gestión vinculada producción agropecuaria, tras su retorno al país.

Con la mirada en el presente y el futuro del negocio agrícola, Turbán habló con VERDE sobre los desafíos, las oportunidades, las dificultades y algunas estrategias para el desarrollo del sector productivo en Uruguay.

Advirtió que “si no seguimos el camino de la diferenciación y los mostramos en los mercados demandantes, podremos llegar a tener dificultades”; e incluso opinó que esa diversificación puede significar “una gran oportunidad” para el desarrollo del sector agrícola.

Otro asunto que está en la agenda a nivel mundial es el creciente requerimiento de los consumidores sobre el respeto y la preservación del medio ambiente y la biodiversidad.

A propósito, Turbán indicó que “hay varias vías para trabajar”, y planteó que “en algunas se está avanzando muy bien, específicamente en temas medioambientales, y allí puede ingresar la rotación de pasturas con agricultura, algo que podría llegar a ser un diferencial de la producción uruguaya”.

Todo lo vinculado a la huella de carbono puede ser una gran oportunidad para Uruguay, considerando principalmente la importancia de la forestación en el campo uruguayo, debido a la expansión de los bosques en el paisaje rural. “Uruguay debe mostrar un balance positivo en carbono”, propuso el asesor, considerando “la importancia de la siembra directa, el doble cultivo y la rotación agrícola en la captura de dióxido de carbono”.

Otra alternativa de negocios, como se ha hecho con la colza y la carinata, es la posibilidad de encontrar “nichos de mercado para la soja no transgénica”, señaló.

En los últimos años, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y actores del sector agrícola iniciaron gestiones para la colocación de ese tipo de granos en la Unión Europea y en China, y algunas empresas y productores ya comenzaron planes de producción de soja no transgénica.

En ese sentido, el ingeniero agrónomo planteó la idea de “avanzar en la trazabilidad del proceso logístico” ya que, a diferencia de otros países, Uruguay tiene trayectos relativamente “cortos” y, por lo tanto, es “medible y trazable”. Además, “se pueden explorar algunas certificaciones y pensar el blockchain (trazabilidad ampliada; incluye la producción, industrialización y logística, entre otros)”.

Varios de esos asuntos son compartidos entre los empresarios y técnicos del sector privado y del gobierno, pero “muchas veces se pierde tiempo en otras discusiones”, a la espera de resoluciones de los políticos, consideró Turbán.

Al analizar este tema volvió a tomar como referencia a Brasil, y recordó las gestiones y la determinación que tuvo la cadena algodonera brasileña para intentar el acceso de su producción al mercado asiático.

“Sin esperar nada del gobierno, los productores instalaron una oficina comercial en Singapur, que está a cargo del exsecretario técnico de la Asociación de Productores de Soja” , mediante la cual entablaron las negociaciones y la difusión requerida sobre el proceso productivo del algodón, resaltó.

Dijo que, “si bien es un emprendimiento relativamente nuevo, parece ser el camino apropiado para alcanzar objetivos de posicionamiento” para la mejora de los negocios.

Sostuvo que, de la misma manera, “Uruguay también tiene mucho para mostrar y generar atractivo sobre la producción” de granos, principalmente porque puede cumplir con las exigencias de los consumidores, aseguró.

En ese aspecto, Turbán reconoció que “Uruguay tiene ventajas en las condiciones ambientales de su producción”, por lo que la estrategia pasa por “transformar eventuales desafíos en oportunidades”.

Pero también advirtió que “una dificultad importante que tiene Uruguay es el tamaño del país y el volumen de producción, lo que le resta peso a la hora de negociar con otros países para el acceso a los mercados”.

Ante esa situación, el asesor planteó la idea de apuntar a “nichos de mercado más chicos, donde pueda tener una participación, especialmente recurriendo a una especialización y diferenciación” de los productos.

Sobre los cambios registrados en el sector agrícola local y la gestión del productor en la chacra, Turbán destacó que “hubo una transformación muy importante en el agro uruguayo, con una profesionalización y una intensificación relevante, además de contar con gente especializada, aunque está en un camino al que le queda mucho por recorrer y hacer. Hay que invertir más en innovación y tecnología y mostrarle a la sociedad todo lo que se ha hecho”.

Debido a la incorporación de tecnología y ajustes en el manejo agronómico, entre otros factores, el rendimiento agrícola en kilos por hectárea (kg/ha) aumentó en la última década y media.

Al comparar el rinde de los cultivos en la campaña agrícola 2004/05 con los registrados en la de 2019/20, se observa que en ese período el maíz pasó de 4.141 a 6.536 kg/ha, en trigo subió de 2.970 a 3.269 kg/ha, en cebada cervecera aumentó de 2.976 a 3.679 kg/ha, en soja se incrementó de 1.720 a 2.171 kg/ha y en arroz trepó de 6.600 a 8.620 kg/ha, según datos de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA).

Cabe acotar que, en ese lapso, hubo algunos altibajos que en ciertos años significaron una diferencia aún mayor en la productividad. Incluso, en la última cosecha de cultivos de invierno hubo un doble récord de rendimientos: en trigo con 4.181 kg/ha y en cebada de 4.791 kg/ha, según DIEA.

El sector agrícola uruguayo debe “reforzar su característica de producir y tener mucho ojo en la logística poscosecha” y ver “cómo bajar los costos que existen tras levantar cada cosecha”, planteó Turbán.

El MOMENTO

Respecto a la coyuntura actual, con una suba en los valores de los commodities agrícolas, con la soja a un precio en el entorno de los US$ 500 por tonelada, el ingeniero agrónomo consideró que “Uruguay puede capitalizar esta situación de precios favorables”. Sin embargo, sugirió que es “más apropiado trabajar y proyectar los planes de producción pensando en un precio de la soja en torno de los US$ 400 por tonelada que de los US$ 500”.

“Este año habrá una corrección de los valores de los insumos, por la propia demanda, presionados por el negocio, lo que genera un incremento de costos”, analizó.

Al respecto, agregó que las señales positivas de precios, por lo general, terminan incidiendo en un alza de los insumos y servicios relacionados a una actividad. Entonces, con el precio de la soja en aumento, seguramente determinará el encarecimiento de los fertilizantes, agroquímicos y el arrendamiento de tierras.

Atendiendo a la diversificación productiva, “no pensaría en desarmar las otras actividades que tiene el productor en su establecimiento y solamente concentrarse en la producción agrícola”, recomendó.

Señaló que seguramente habrá pasturas que pasarán a la agricultura y también se sembrará algo más en las zonas más lejanas a los puertos de salida de los granos. “No creo que sea sano un corrimiento mayor a eso, solamente en función de los precios de los granos”, dijo.

Se refirió también a la ecuación económica del sector. “Uruguay es un país caro, no solamente para la agricultura si no para todas las actividades”, enfatizó.

En ese sentido, dijo que además hay un factor vinculado a la “variabilidad productiva”, lo que determina que el sector agrícola tenga “años buenos y otros malos”, por lo que hay que “solicitarle mayores retornos”.

LA COMPETITIVIDAD BRASILEÑA

Valiéndose de su experiencia de los años recientes en el mercado brasileño, Turbán puso como ejemplo lo que sucede en Brasil, país que “crece cada año productivamente, porque aplica más tecnología,  reduce costos, y aprovecha su mayor escala”.

Complementariamente, el país norteño tuvo un avance en el “desarrollo logístico, lo que también incide en el principal costo que allí tiene la producción agrícola”, comparó. Eso lleva a que “todos los otros costos se diluyan y puedan trabajar con márgenes diferentes” a los de la agricultura uruguaya.

Afirmó que Brasil tiene actualmente “políticas ambientales bastante estrictas” para el crecimiento del área agrícola, y que logró un “salto en productividad importante” en los últimos años.

Tiene, además, un “sostenido” aumento en su producción y los productores sojeros de Mato Grosso y otras regiones agroclimáticas similares “acortaron 30 días el ciclo productivo, eliminaron los problemas sanitarios de la roya de la soja y pudieron incorporar el maíz zafrinha (zafrita en portugués)”, valoró.

Acotó que la agricultura brasileña incorporó en esa misma superficie también el algodón al sistema productivo.

El resultado de esos cambios fue que la producción de soja brasileña pasó de 2.500 kg/ha a 3.000 kg/ha; y que en esa superficie también produce 7.000 kg/ha de maíz y 2.000 kg/ha de fibra de algodón, detalló.

Nota de Revista Verde N°91

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