Agricultura

El agronegocio se vuelve más diversificado y exigente en logística

20 de marzo de 2024

Con más cultivos y salidas comerciales, la agricultura desestacionalizó sus ingresos; avanzar en seguros, riego y encalado es clave para mejorar la competitividad 

La agricultura se diversificó, ha desestacionalizado los ingresos y se ha vuelto cada vez más un negocio logístico. Avanzar en seguros, riego y encalado es clave para mejorar la competitividad de las empresas. El ingeniero agrónomo Juan Manuel Erro, gerente de Villa de Trigo, resaltó a VERDE que la producción agrícola uruguaya tiene cinco cultivos principales, tres de invierno (trigo, colza y cebada) y dos de verano (soja y maíz, en sus variantes de primera y de segunda). 

“En varios de estos cultivos hemos diversificado mercados. Por ejemplo con la cebada, que ya no solo tiene como destino exclusivo el malteo sino que hay otras alternativas, como la exportación si hay problemas de calidad, algo que le da más liquidez al negocio”, señaló. 

Agregó que esos cinco cultivos tienen siete momentos de siembra y siete momentos de cosecha. “Al negocio y al sector eso le brinda una desestacionalización a los ingresos, aporta diversificación productiva y comercial, que se traduce en una disminución de riesgos para el sistema”, comentó. 

También consideró que “hay una consolidación de las rotaciones que las empresas llevan adelante, más allá del negocio en sí de cada cultivo. Si bien las últimas definiciones de cara al invierno se darán de mediados a fines de marzo, cuando estén todas las propuestas comerciales para la zafra, las rotaciones en su gran medida están definidas a mediano plazo y eso es lo más sano para los sistemas”.

Para Erro esas “son fortalezas” que tiene el sector agrícola, y afirmó que la soja “tiene un lugar muy importante” en el sistema, pero “ya no somos soja dependientes”. Sostuvo que la empresa agropecuaria “hoy está muy fortalecida y con un riesgo bastante más acotado frente a lo que sucedía hace un tiempo atrás”. 

Indicó que esos siete momentos que demandan los cultivos “implican un desafío” en cuanto a la logística. “Las tecnologías para producir cultivos de alto potencial están, obviamente que después dependemos del factor climático para que se expresen. No solo es importante la fertilización o la siembra de tal variedad, sino hacerlo en el momento correcto. Nuestro negocio es cada vez es más exigente desde lo logístico, tanto para los productores como para el resto de la cadena. El productor se está preparando cada vez más para afrontar esas ventanas de cosecha, fumigación o siembra”, valoró.  

Erro también señaló que el clima en muchos momentos “se pone desafiante”, por lo que las ventanas son cortas e intensas. “Todos estamos tomando conciencia de que hay que estar preparado para hacer las cosas en tiempo y forma, ya que se juegan muchos kilos por hectárea en esa precisión de los tiempos”, dijo. 

Teniendo en cuenta que no se vislumbra un escenario de precios más altos, recalcó que “no hay otro camino que la productividad”. Y sostuvo que “no se puede pensar en hacer un cultivo más, con menos tecnología, menos inversión, ya que en definitiva impacta en el producto, encareciendo la tonelada producida”. 

“Creo que justamente en estos momentos es cuando hay que ser más fino en la producción, invertir donde realmente hay retorno. No veo que el camino sea hacer un cultivo con menos tecnología”, acotó. Y remarcó que en momentos de precios bajos “la clave está en ser competitivos desde ese punto vista; hay que invertir bien para tener un producto con el costo de tonelada producida lo más barato posible”.

CON OTROS RUBROS

El gerente de Villa Trigo consideró que para las empresas agrícolas es muy importante la interacción con la ganadería, “ya sea como parte de la empresa o en sinergia con una empresa vecina, que genere un ganar-ganar en el consumo de los granos forrajeros”.  

Afirmó que la ganadería es muy importante dentro de la estabilidad del negocio. “Los corrales son fuertes traccionadores de granos forrajeros, como ocurrió cuando se dio el problema de calidad en cebada, o puede pasar ahora con el maíz. Igualmente los números mandan y a veces sirve pasar ese grano a carne o exportarlo. En este caso nuevamente la diversificación de productos y de destinos comerciales brinda seguridad y liquidez al negocio, y por ende hace más fuerte el sistema”, enfatizó. 

Agregó que el cultivo de maíz “es una realidad consolidada en la rotación actual, y ha tenido un fuerte crecimiento. Por eso es importante tener alternativas comerciales que permitan darle colocación”. 

Para Erro la ganadería asociada con la agricultura “ya está trabajando con altos estándares” de eficiencia. “Es indudable que las rotaciones con pasturas potencian el sistema agrícola, pero también es sano que cuando pasan a esa fase pastoril se monte un negocio de altas cargas de pastoreo, que generan recrías altamente eficientes”, planteó.

Aclaró que “el costo de oportunidad de esa tierra agrícola que está coyunturalmente en ganadería lleva a una intensificación para que esa decisión se justifique desde el punto de vista económico”; a la vez, los corrales también “han mejorado mucho”, permitiendo una ganadería más eficiente. 

Juan Manuel Erro consideró que “es muy bueno el camino que se ha recorrido en la ganadería a nivel país, con aumento de productividad en todas las fases. Eso es fiel reflejo de inversión en genética y manejo, lo que permite ir subiendo escalones productivos”. Agregó que “ya es una realidad el procesamiento de datos para identificar caminos de mejora, seguimiento de tropas, dietas y eso creo que le ha dado mucha velocidad al cambio tecnológico”.

Afirmó que la cuota 481 “dejó una gran enseñanza”, que fue “trabajar los corrales con cierta previsibilidad” de precio. “Hoy en la ganadería hay convenios que lo permiten, a través de pisos de precio, precios fijos o bandas de precios”, algo que consideró “importante por la salud del negocio”. El manejo del riesgo en el negocio del corral “es muy importante, y desde mi punto de vista es uno de los temas fundamentales”, dijo. 

EL EJERCICIO 2024-2025

Tras una zafra de verano en 2023 “muy compleja”, en la que se perdieron más de dos tercios de la cosecha, el sector agrícola mostró “una impresionante rebeldía y sembró un área de cultivos de invierno muy importante”, que “tuvo rendimientos récord en el caso de trigo, dejando márgenes muy buenos”, destacó Erro.

Por su parte, la cebada “presentó ciertos problemas de calidad, pero se lograron buenos rendimientos”, mientras que la colza “sufrió un poco más”, por las condiciones que se dieron durante todo el ciclo y la productividad “no logró despegar”. Con esos ingredientes, la campaña de invierno” cerró de buena manera”, al tiempo que la zafra de verano “se ha ido acomodando” desde lo climático y se espera que sea “aceptablemente buena”.

Se empieza a proyectar un año Niña y para Juan Manuel Erro, si bien falta, los cultivos de invierno “podrían ser los protagonistas”. Dijo que hay que “salir a buscar la rentabilidad” del negocio en la primera parte del ejercicio 2024-2025. “Tratamos de cuidar las rotaciones y no cambiar tanto por los pronósticos, porque muchas veces pueden no cumplirse”, comentó.

“En la medida que se pueda”, y “analizando que cultivo se hace”, la zafra de invierno “podría ser una oportunidad para crecer”, consideró. Más teniendo en cuenta que en el sector influye “la memoria reciente y seguramente se opte por hacer más superficie con trigo”. Analizó que “es lógico que aumente” el área de trigo, ya que “por manejo y genética se están logrando altos niveles de productividad”. 

Por otra parte, opinó que la cebada “es otra opción interesante, por la diversificación comercial y productiva. Hoy el destino puede estar en la industria, en la exportación para malteo en otros países o forraje”. Además, “teniendo en cuenta la rotación, el tándem cebada-soja de segunda ya está consolidado”, destacó.

En el caso de la colza, sostuvo que puede quedar “algo más relegada”, pero “es indudable que en la rotación suma mucho”, ya sea para diversificación de herbicidas, como de caja y de momentos de cosecha. Además, “no caben dudas que a priori y en este momento (6 de marzo), cuando se miran los presupuestos, los otros cultivos de invierno parecen ser más rentables”, dijo. De todos modos, considerando los precios bajos de la soja, si comparamos el número de colza-soja versus soja de primera, es donde se vuelve más tentador”, indicó.

Erro analizó que “la colza se mueve por una pizarra europea, con otros drivers, lo que significa tener otro mercado”. Y además puntualizó que “la defiende su liquidez y la diversificación productiva”. Comentó que la baja de precios hace que sea “desafiante tener una productividad que aporte un buen margen, por lo cual en este ejercicio no habría que compararla contra trigo o cebada, sino que debe analizarse como complemento de la soja de segunda y compararla contra los números que tiene una soja de primera”. 

Recalcó la importancia de los sistemas y ver qué cultivo calza en cada empresa para proyectarse. Y en esa línea, la colza aporta en los sistemas porque “suma en kilos a las sojas de segunda y al cereal del invierno siguiente”, por lo que “se ha transformado en una opción interesante”. 

SEGUROS, RIEGO Y PRODUCTIVIDAD

La diversificación que se generó en la agricultura “puede ser una oportunidad para pensar en seguros más amplios”, que contemplen más cultivos, permitiendo diversificar riesgos al  productor, las aseguradoras y reaseguradoras, planteó Erro. 

“Después de un golpe como el del año pasado hubo empresas que se retiraron del negocio, porque se quedaron sin reaseguro. Por ende, hay que trabajar en algo que sea atractivo, para que vuelvan a ingresar. Hoy como sector podemos brindar un sistema con cinco cultivos, pero con siete momentos diferentes de siembra, cosecha e incluso los periodos críticos. Capaz que es el momento de pensar a más a largo plazo, en un seguro de más de un año, de más de un cultivo, de asegurar la empresa agropecuaria, y eso podría ser atractivo para las reaseguradoras”, propuso. 

El ingeniero agrónomo entiende que “es lógico que las reaseguradoras se hayan retirado del mercado, pero no podemos seguir jugando al gato y el ratón, un año están y otro no. Lo mismo que los productores que un año aseguramos y otro no”. Por lo cual enfatizó en la importancia de “mirar el sistema”, pensando a mediano plazo para que “independientemente del pronóstico estés dispuesto a asegurar si esa es la línea que marca cada productor o empresa agropecuaria”. Sintetizó que “quizás lo atractivo puede ser el plazo y la cantidad de cultivos que se le puedan ofrecer”.

Recordó que “hace cinco años que venimos con inviernos muy buenos, si podemos meter los cultivos de invierno en los seguros, baja el riesgo para las aseguradoras. Lo mismo ocurre con el maíz de segunda, que se ha transformado en un cultivo muy estable. En un país agropecuario, tener una buena política de seguros le daría una gran fortaleza al sector, que demanda herramientas que cumplan con las expectativas de los productores”. 

“Esto no quiere decir que el seguro debe ser obligatorio, al contrario, eso debe seguir siendo una decisión empresarial de cada productor, que decide qué riesgo quiere o puede correr”, afirmó Erro.

A su vez, remarcó sobre la importancia de continuar trabajando en el riego a través de la Comap (Comisión Administradora de Aplicación de la Ley de Inversiones). “Hay aspectos para mejorar, como los plazos de la infraestructura energética, entre otros, pero hay mucha disposición del sector para que el riego siga creciendo”, afirmó.

Consideró que el productor adopta esta tecnología por los beneficios fiscales existentes, pero “también por un convencimiento de que ya no solo se riega el cultivo de verano, sino que regar un cultivo de invierno que atraviese dificultades durante la primavera genera un impacto muy importante en el rendimiento y en la calidad”. 

Agregó que “el riego ya no se piensa en amortizar en el verano sino que entra a jugar en todos los cultivos, y evidencia la importancia de los sistemas. Ya no se piensa una inversión para el cultivo de verano, se hace para el sistema de producción que está en marcha”.

Al analizar la evolución de la productividad, Erro explicó que los resultados productivos en trigo y cebada “no son casualidad, responden a una historia de 200 años de producción, y en los últimos años se han dado saltos importantes en manejo y genética”. 

Mientras que en colza, “hemos ido sorteando muchas limitantes que teníamos, como las implantaciones con la incorporación de siembra con barrerastrojos y pérdidas en cosecha, los modelos de fertilización o la incorporación de híbridos. Todavía se sigue transitando la curva de aprendizaje normal de un cultivo que es relativamente nuevo”, dijo. 

En los cultivos de verano “sucede lo mismo”, analizó. “No son casualidad los rendimientos que se sacan en soja o maíz. Hay mucho de genética, de manejo, de fertilización, también hay aspectos para seguir corrigiendo”, comentó. A propósito señaló el proyecto de encalado de la Asociación Agropecuaria de Dolores (AAD), que “está mostrando resultados promisorios”, que confirman lo que se da en otros lugares del mundo, como Brasil, Paraguay o Estados Unidos. 

“El encalado no solo tiene beneficios en productividad”, sino que además “mejora la disponibilidad de nutrientes, repercutiendo en un ahorro económico y  generando un impacto ambiental positivo”, dijo Erro. 

Sobre ese punto, reclamó “una política de promoción, para que este tipo de actividades avancen rápidamente”. Aunque reconoció que con el sistema de tenencia de tierras existente en Uruguay, con arrendamientos cortos, “se hace más complejo planificar una inversión a largo plazo”.

En tal sentido, destacó el trabajo que se está haciendo en la AAD para ver el impacto del encalado en los distintos suelos, cuánto dura el efecto y cuánto ahorro de fertilizante se logra, generando información sólida para calibrar el modelo a Uruguay.

Remarcó que esto permitiría crecer en productividad, y más teniendo en cuenta que hay muchos campos con problemas. “La solución está, pero se tiene que pensar en ciertos incentivos a través de la Comap, por ejemplo, para una adopción más rápida de la tecnología”, planteó. Dijo que en muchos campos no se afronta este problema por un tema de costos. “Estamos hablando de una inversión de US$ 300 a US$ 400 por hectárea. Obviamente hay que pensarlo como una inversión y no como un costo de un cultivo”, remarcó.

Nota de Revista Verde N°113

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