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Agricultura

Zafra 2021-22: Agricultores invertirán unos US$ 1.000 millones

4 de agosto de 2021

La consultora AZ Group proyectó la apuesta del sector para el ciclo que inicia; productores y asesores analizaron el escenario

Un estudio de la consultora AZ Group estima que durante el ciclo agrícola 2021/22 en Uruguay, los productores invertirán entre US$ 950 millones y US$ 1.150 millones. Así lo confirmó Nicolás Udaquiola, director de dicha consultora, en la conferencia virtual denominada ¿Por dónde pasan las oportunidades para capitalizar el escenario de precios?, organizada por revista VERDE y Punto de Equilibrio.

Udaquiola comentó que “venimos trabajando en un par de consultorías que buscan ver cómo van variando los precios de los insumos, porque en el actual contexto también significa más riesgo, y más inversión”. 

En dicho análisis se consideraron como un supuesto las expectativas de áreas que se irán consolidando este año en Uruguay, pero dijo que aún hay que ver qué ocurre con el clima en esta zafra de invierno. 

Explicó que no se consideró el pago de rentas, pero que “debería incorporarse al análisis, porque hay mucha superficie agrícola en Uruguay que se hace bajo alquiler, muchas veces fijos y no a producción variable. Pero sí contemplamos los costos directos por cultivo, y las perspectivas de cara a la campaña que viene, podríamos decir que el productor agrícola está invirtiendo entre US$ 950 millones y US$ 1.150 millones, que no es un número menor. Allí no está sumado el componente de rentas, ni los costos que no son inversión, porque se aplican después de tener la producción, que son todos los costos transaccionales”. 

El consultor subrayó que “la plata que pone en juego el productor es muy significativa. En esta primera instancia es un número aproximado, que considera las inversiones en las distintas zonas del país, con distintas tecnologías”. Por otra parte, explicó que  “los costos poscosecha no los contemplamos, porque ya lo consideramos como un descuento en el valor de venta”. 

Precios de los granos y la inflación

Udaquiola enfatizó que no solo hay que ver el valor nominal de los productos sino que hay que considerar también la inflación, sobre todo al comparar precios de un mismo producto en  distintos años. “Siempre vemos los valores nominales de los productos, pero la inflación no es ajena en el mundo, tiene una tendencia a incrementarse. Cuando corregimos los precios de los commodities, vemos que todavía no llegamos a los valores de 2008, y eso es efecto de la inflación”, señaló. 

Por eso, advirtió que “es fundamental mirar la campaña nueva con los números de la campaña nueva, entendiendo que vamos a arrancar de cero con la compra de insumos; que las perspectivas de rendimiento están en foja cero para grano grueso y recién se estará sembrando, y la variación de la estimación de rendimiento es muy grande”. 

Coberturas de precios

Sobre las coberturas de precios, Udaquiola dijo que “no hay una receta pero sí muchas alternativas”, y propuso diseñar el plan comercial para que esté asociado a los objetivos de cada empresa, con el fin de reducir el riesgo de la variabilidad de precios. 

“Se fueron desarrollando muchas herramientas de empresas privadas, que considero muy aceptables para esta instancia del mercado. Para arrancar una campaña con insumos en precios máximos en términos nominales, hay que tomar esas herramientas disponibles, aprovechar esta volatilidad para tomar las ventajas del mercado. Desde las que ofrece el mercado hasta las más tradicionales, como vender un forward, vender o comprar un put, hacer un piso o techo en Chicago, vender futuro de trigo y cubrirnos para la cebada”, comentó. 

A propósito, el director de la consultora AZ Group dijo que hay que “entenderlas y ver cómo incorporarlas para estar alineados con esa reducción riesgo-precios. Entendemos que es un buen momento desde el punto de vista del mercado y del negocio, donde nos parece importante ajustar la proporción de mercadería que voy a comprometer, en qué proporción me voy a cubrir en el mercado”.

Crecimiento del área agrícola

En este marco, distintas empresas agrícolas confirmaron que aumentarán el área de siembra durante el ciclo agrícola que inicia, aunque ese crecimiento en la mayoría de los casos será moderado. Así lo manifestaron en la conferencia virtual antes señalada, el asesor agrícola Santiago Arana; el productor Alexis Baranov; el responsable de operaciones de Agropecuaria del Litoral, Federico Frick; y el director de Agromotora Flores, Nicolás Martínez.

Frick informó que Agropecuaria del Litoral va a tener un crecimiento moderado respecto al año pasado, de algo menos del 10%, pero “no es producto de este aumento de precios, sino de la dinámica con la que veníamos”.

“Nos hubiera gustado incorporar superficie siempre y cuando se consiga algún negocio interesante, campo de calidad, zona, perfil de dueño para un arrendamiento, con intereses en común, y plazo. Hoy es más probable encontrarse con un campo que se ofrece por lo opuesto, que contar con algo de mediano plazo para una relación más sólida. Es difícil conseguirlo, así que es complicado el crecimiento”, explicó Frick.

Baranov, por su parte, dijo que su empresa no crecerá este año. “Nos gustaría, tenemos capacidad de crecer 10% o 20%, pero no hay oferta de tierras. Y más de eso tampoco queremos crecer, porque sino deberíamos endeudarnos y no podríamos atender bien cada hectárea y cada situación, como normalmente lo hacemos. Si nos pasamos de escala caeríamos en un error de trabajar solo para que nos vean. Algo de capacidad tenemos, pero la oferta de campo no existe”, afirmó.

Martínez señaló que Agromotora Flores crecerá alrededor del 15%, “no porque hayamos salido a buscar área por este valor de la soja, sino que hay campos mixtos que sus propietarios nos piden acelerar el paso de la fase de pasturas a la agricultura, para aprovechar la coyuntura”.

Agregó que “la idea no es crecer porque la soja valga US$ 500 (por tonelada), sino porque tenemos capacidad operativa, y podemos llegar a buenos acuerdos”. Sostuvo que “no hay que salir a correr los mercados de atrás, porque la volatilidad que ha mostrado la soja en los últimos tiempos nos llevaría a cometer un grandísimo error. Ocurrió lo mismo con la ganadería, cuando el novillo pasó de valer US$ 4,40 a US$ 3,10 (por kilo a la carne), y ahora volvió a más de US$ 4. Esta es una carrera de largo aliento, queremos capitalizar el momento. Nadie proyecta que el año que viene la soja vuelva a US$ 380 o US$ 400, pero no debemos perder la cautela”. 

Arana, por su parte, informó que el área de las empresas que asesora “crecerá muy poquito” en las zonas litoral y Sur. “En alguna zona como el Este un poco más, porque hay más disponibilidad de campos”, señaló. 

A propósito, comentó que “la mayoría de las empresas donde trabajo tienen los mismos campos desde hace muchísimos años. Si uno cumple y hace las cosas como debe hacerlas, los dueños de los campos valoran las relaciones de largo plazo. Esas relaciones son con productores de la zona, conocidos, con los que ya hay confianza”.

Por lo tanto, Arana afirmó que “en principio el crecimiento sería marginal, no porque no haya interés, sino porque no hay oportunidades atractivas y nadie va a hacer locuras. Si ocurre ese crecimiento, será de la mano de acelerar procesos en campos mixtos, aprovechando esta coyuntura para renovar pasturas que ya estaban degradadas; pero sería del 5% a 7%, no más que eso”.

Aprendizajes y perspectivas

Arana analizó que “el sector cambió mucho desde el primer ciclo de expansión, que comenzó a principios de la década del 2000 y que se extendió hasta el 2013 o 2014. Había una presencia muy fuerte de grandes empresas, sobre todo argentinas, deslocalizadas. Estas empresas aportaron mucho, desarrollando mucho el cultivo de soja, pero después demostraron que también tenían un montón de problemas, como en el ajuste productivo a las distintas zonas del país”.

Luego, “con la caída de los precios bajó el área, la agricultura salió de las zonas más marginales, volviendo a incorporar paulatinamente algo de rotaciones con pasturas. Las empresas aprendieron. Cambió el tipo de empresas, pasamos a tener empresas más locales, de tamaños no tan grandes, sino de tamaño medio, y que funcionan de forma mucho más prolija y eficiente, en relación a cómo y cuándo hacer cada una de las cosas”, detalló.

Agregó que, en la actualidad, las empresas agrícolas “están mucho más capacitadas para adaptarse a los cambios y a cada zona, para llegar a tiempo y en forma. La gestión termina siendo clave en este rubro”.

Frick, por su parte, reconoció que “los números proyectados este año, con los precios que se pueden capturar, son muy buenos, como hace mucho tiempo no teníamos”. Pero advirtió que “en este rubro los números reales cambian por diversos factores. Es muy difícil alinear las partes productivas, el riesgo climático y la captura real de los precios. Que todo eso se vea alineado es muy difícil. Pero a nivel proyectado, este parece ser un año como hace mucho no tenemos. Si uno puede capturar estos precios, si de alguna manera pudo sostener en niveles no tan altos los costos de producción, estamos en la víspera de un año que puede llegar a ser muy bueno”. 

El responsable de operaciones de Agropecuaria del Litoral admitió que “se necesitaba una perspectiva positiva, porque venimos de seis años con resultados acumulados casi tendientes al cero. Así que esta es una oportunidad para volver a apostar a lo productivo, y por qué no encarar alguna política contracíclica, que es necesaria cuando viene un ciclo que parece ser de dos o tres años buenos; veremos si eso ocurre”. Explicó que esos temas contracíclicos tienen que ver, básicamente, con el cuidado del campo, a través de la rotación de cultivos. 

Planteó que “al no estar tan ahogados y no tener que ir obligatoriamente por la alternativa más rentable, que es la única que permitiría que la empresa subsista, se puede aprovechar para tomar esas medidas de mediano plazo”.

Martínez también reconoció que los precios de los commodities “permiten proyectar un negocio muy interesante, y no hay dudas de que el área va a crecer. No habrá una expansión tan grande, porque tampoco había caído de forma importante el área en estas zonas. Las zonas del país donde el área bajó fueron el Noreste, Este y alguna más marginal. Pero en las zonas productivas, en el litoral y litoral-norte, va a pasar a la agricultura algo de lo que estaba con pasturas”. 

Señaló que “tanto el dueño del campo como el contratista están buscando tener más área, para capturar los buenos márgenes que está dando la ecuación agrícola, al menos con los resultados que estamos viendo hoy. Así que creo que el área va a crecer”.

Baranov opinó que “una de las claves para mantener al sector potente durante estos años fue cerrar la canilla de la inversión, que fue prácticamente nula. Se hizo lo necesario y justo para el mantenimiento de la herramienta, pero las inversiones extras se tuvieron que cortar, porque los márgenes eran muy chicos”. 

Recordó que “después se dejó mucha área marginal, al no tener precios tuvimos que sacar rindes sí o sí. Cuando las tierras sienten cualquier estrés, ya sea hídrico o de algún otro tipo, no se obtuvieron rindes altos y hubo que pasarlas a pasturas. Así achicamos el área”.

Aclaró que al referirse a limitar las inversiones, hablaba de las que iban más allá de los cultivos, “porque a los cultivos no le podemos machetear en nada. Donde dejás de fertilizar, curar o limpiar un campo, perdés productividad, kilos, y eso juega en contra”. 

A propósito, dijo que “si bien no se malgasta ni 1 kilo de fertilizante, ese costo tenemos que tenerlo sí o sí, también pensando que en algún momento los precios volverían a ser buenos, teníamos contratos de largo plazo y a los campos los teníamos que mantener”. 

Arana admitió que, “aún con márgenes bajos, la ecuación seguía siendo favorable para el doble cultivo. En un momento es la soja la que tironea de los precios, en otro el maíz y en otro el trigo. Para este año los márgenes proyectados muestran que el doble cultivo es una opción muy atractiva”. 

Destacó, además, que la incorporación de colza y carinata es fuerte en los sistemas productivos. Reconoció que “hubo una curva de aprendizaje para el productor, y evidentemente estos precios, las rentabilidades proyectadas, y los cultivos que uno ve en el campo del vecino y en la ruta, nos van animando”.

“Tenemos buenos negocios proyectados para cebada, trigo y canola. Eso aporta un montón a las empresas, es importante, y en maíz está pasando algo parecido. En los últimos años la tecnología de maíz tardío o de segunda está impactando fuerte en los sistemas productivos. La siembra más tardía permite mayor estabilidad y la incorporación del maíz en una proporción cada vez mayor”, señaló. 

El asesor agrícola consideró que “vamos en un camino de mejora de rentabilidad o de márgenes, como en la línea de un sistema productivo más sostenible, con más cultivos, opciones de mercado para vender y productos que van en distinta línea”. 

Valoró el hecho de “no estar jugados a la soja, como en el primer ciclo de la agricultura uruguaya. Si bien hoy la soja es claramente el cultivo más importante y el que más marca el resultado económico, ahora tiene más acompañantes, que hacen a un sistema más estable, sostenible y productivo”.

El nuevo contexto puede ofrecer grandes oportunidades de dar un salto tecnológico

El asesor agrícola Santiago Arana, consideró que el nuevo escenario de precios ofrece una buena oportunidad de recuperar inversiones que no se habían podido hacer. 

“Uno ve en distintas partes del país una reactivación muy fuerte del interés por proyectos de riego. Entre el aumento de los precios y las condiciones fiscales de la Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones) se estimula el replanteo de esa herramienta, que es muy interesante para la agricultura uruguaya, pero que requiere de un capital muy importante y de un contexto que permita amortizar esas inversiones en un período más corto”, comentó. 

Nicolás Martínez, director de Agromotora Flores, sostuvo que la posibilidad de incorporar el riego “depende mucho del tipo de campo. Es un desafío interesante, queda mucha tela por cortar y hay un potencial grande”. 

Destacó que, en cierta medida, “hay una política de Estado a favor del riego. Hay grandes beneficios fiscales de la Comap, con exoneraciones impositivas de casi 100% de la inversión. El Estado te está dando una exoneración impositiva. Al equipo y la represa los estás pagando con devolución de impuestos”. 

Agregó que en el caso de Agromotora Flores “no hemos incursionado, porque la mayor parte del área es sobre campos arrendados, y los campos propios no se ajustan a un proyecto de riego interesante. Pero es algo a explorar, y por parte del Estado hay un apoyo muy interesante”.

Sin embargo, el asesor agrícola Santiago Arana planteó que “hoy UTE no tiene potencia eléctrica en todos los puntos de Uruguay, de forma indiscriminada, para todo el que la pida”. 

Agregó que, si bien es cierto que desde hace tiempo hay impulsos desde el Estado tratando de promover el riego, esto no se trata de una política de Estado, sino únicamente de “beneficios fiscales que son excepcionales”. 

“Tengo varios proyectos de riego creados y en evaluación en campos arrendados, pero eso tiene un año y poco. Si bien siempre hubo una política de promoción, no sé si es una política de Estado”, insistió el ingeniero agrónomo. 

Planteó que “para ser política de Estado tendría que tener más cosas, y un acuerdo para tener una duración más larga, que involucre las cuestiones financieras, el acceso al agua, porque no todos los campos tienen lugares aptos para represar y tener un proyecto de riego viable; además de una política energética que acompañe eso”.

Santiago Arana dijo que “en el riego hay un paso para dar, en un país con una variabilidad climática tremenda, y que permitiría estabilizar sistemas de producción virtuosos en muchos lugares del país”. 

En relación a otros desafíos de la agricultura, señaló que hay dos puntos a tener claros: mantener las rotaciones y combatir las malezas. 

“Uno es la conservación de suelos, en la que se avanzó mucho. Hay consciencia, las prácticas productivas que se hacen hoy son mucho mejores que las de hace 10 años. La intensidad de rotación, uso de cultivo de cobertura, diversificación, incorporación de la rotación con pasturas, sobre todo en determinados tipos de suelos. Y las malezas, que requieren de un profesionalismo importante y la actualización técnica de parte de quienes manejan la agricultura”.

Precios de rentas en suba y posibilidades de expansión agrícola hacia el Noreste

Nicolás Martínez, director de Agromotora Flores, admitió que “hay algo de ajuste al alza“ en los  precios de los rentas, pero advirtió que las empresas agrícolas están saliendo de un año que no fue bueno, y que “no hay un margen grande para repartir”.

“En la zona centro venimos saliendo de uno de los peores veranos de los últimos 10 años, pegó fuerte la seca, y el productor no tiene ánimo de subir los precios de las rentas. Obviamente que el dueño del campo siempre tira un poquito más de la piola, pide un poco más”, comentó.

Por otra parte, señaló que “tampoco vemos una llegada masiva de interesados en arrendar campos. Son básicamente los productores locales los que van absorbiendo, las empresas que ya están instaladas”. 

Dijo que “los márgenes del verano fueron negativos”, y que “salvan la cuenta los cultivos de invierno”. Admitió que “esto inflacionará un poco las rentas, como pasó siempre que haubo más jugadores buscando campos”.

Martínez consideró que “estamos ante un nuevo paradigma, porque saldrán nuevos campos en arrendamiento, y no tanto en las zonas calientes, como Dolores, Mercedes, Young, parte de Flores y Durazno, sino en Tacuarembó y Cerro Largo, donde había un área importante de agricultura, que se dejó de hacer, que la desarrollaron los pooles de siembra, y con estos nuevos precios esas zonas pueden volver a entrar en la agricultura”. 

Planteó que “hay que ver en qué formato se entra ahí. Hay lugares muy interesantes, pero lo ideal para nosotros sería ir a algún formato asociativo con el dueño del campo, no una renta pura a kilos de soja, porque son zonas más marginales, y con mayor riesgo”. 

“Estamos evaluando esa posibilidad, porque es muy difícil el crecimiento en la zona centro. Aquí los campos que salen al mercado y se arriendan al instante. Y en Dolores, Mercedes o Young son fácilmente absorbibles, si pasan de pasturas más aún; así que creo que las rentas van a corregir al alza”, opinó.

Federico Frick, responsable de operaciones de Agropecuaria del Litoral coincidió en que “claramente va a haber un ajuste al alza de los precios de las rentas”, porque “la mayor proporción del área de rentas está en kilos de soja; aumentan los kilos y los precios, por lo que el precio en dólares se termina disparando muy fuerte”. 

Agregó que “ese es un factor que ajusta el margen casi instantáneamente. Una renta que estaba en 600 kilos de soja con un precio a US$ 350 por tonelada, pasa a estar en 800 kilos con un precio de US$ 480 por tonelada. Por lo tanto, el aumento en dólares es brutal”.

Y señaló que “después hay otros sistemas, como el de aparcerías, que también corrigen, para capitalizar el aumento del precio. Por lo tanto, creo que inevitablemente los precios de las rentas van a subir. Creo que no hay tantos actores nuevos pujando, no hay tantos campos que salgan al mercado, y los que salen se absorben muy rápidamente”. 

Dijo que en materia de arrendamientos quizás haya también un aprendizaje: “el hecho de no rotar al arrendatario con tanta frecuencia como se hacía antes”. 

Opinó que “el crecimiento en área se dará en campos que salen del sistema de pasturas para volver a la agricultura, y en las zonas donde antes había cierto empuje agrícola y hoy no hay agricultura. En esos casos la agricultura no empezó a ser hecha por los locales, como sí sucedió en otras zonas donde eso le dio solidez al sector“. 

El productor Alexis Baranov, por su parte, comentó que “en los años anteriores se volvió al sistema de porcentajes o aparcerías, porque en los sistemas se iba rotando con praderas. En muchos campos marginales entró ese sistema”. 

Pero confirmó que en el caso de su empresa, el 99% de los contratos son a renta fija en kilos de soja. “Los contratos venían con cautela, por la inestabilidad de los precios. El dueño del campo siempre quiere algo más, así que no nos podemos proyectar más allá de dos o tres años”, explicó.

Revista Verde N°94

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