CIF advierte que paros en el puerto comprometen contratos y la reputación de Uruguay

Las reiteradas interrupciones en el puerto de Montevideo, debido a medidas sindicales, están generando un impacto “creciente” sobre la industria frigorífica, obligando a reprogramar embarques, rediseñar operaciones logísticas y asumir “mayores” costos para cumplir con los clientes internacionales. La principal preocupación no pasa únicamente por la demora puntual de un contenedor, sino por la “pérdida” de previsibilidad y el “riesgo” de afectar la reputación comercial del país.
Así lo señaló el director ejecutivo de la Cámara de la Industria Frigorífica (CIF), Alejandro Puchiele, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy. Recordó que la gremial emitió recientemente un comunicado conjunto con la Asociación de la Industria Frigorífica del Uruguay (Adifu) para advertir sobre la situación que atraviesa el sector.
Indicó que durante 2026 ya se registraron 25 interrupciones en la operativa portuaria, frente a 36 en todo 2025, lo que refleja la magnitud del problema cuando todavía resta buena parte del año. “Ya superamos ampliamente la mitad de las interrupciones que se registraron durante todo el año pasado”, afirmó.
El ejecutivo explicó que una paralización de pocas horas no implica solamente que un camión permanezca detenido o que un contenedor deba regresar a la planta. Detrás de cada interrupción hay una reorganización completa de la operativa, que incluye la reprogramación de cargas, la coordinación con navieras, puertos, transportistas y clientes, además de los mayores costos financieros que genera la demora. “Una interrupción de cuatro horas desencadena una reorganización logística mucho más amplia”, dijo.
Uno de los principales riesgos está asociado a la vida útil de la carne refrigerada. Puchiele advirtió que los importadores exigen recibir la mercadería con al menos dos tercios de su vida útil disponible, mientras que el primer tercio se consume entre la producción, el traslado y la logística de exportación. Cuando se acumulan demoras, ese margen se reduce y obliga a buscar alternativas más costosas para preservar el cumplimiento de los contratos. “Cada interrupción pone en juego una parte de la vida útil que el cliente exige recibir”, indicó.
Según comentó, algunas empresas incluso manifestaron haber perdido “beneficios” arancelarios como consecuencia de las demoras. Ese tipo de situaciones adquiere especial relevancia en un momento en el que Uruguay procura ampliar mercados y avanzar en acuerdos comerciales, como el Mercosur-Unión Europea o el CPTPP.
A su entender, no alcanza con generar nuevas oportunidades comerciales si luego el país enfrenta dificultades en su principal punto de salida. “Estamos trabajando para abrir mercados, pero la puerta de salida nos está generando problemas”, afirmó.
En términos económicos, Puchiele recordó que el sector generó aproximadamente US$ 3.300 millones durante el último año. Dividido entre unas 50 semanas operativas, representa entre US$ 67 millones y US$ 80 millones por semana vinculados a mercadería que depende del correcto funcionamiento del puerto. Agregó que entre 10% y 12% de ese valor corresponde a salarios, por lo que el impacto trasciende a las empresas exportadoras y se extiende al empleo y a la economía nacional.
“No estamos hablando solamente del negocio de una empresa, sino de ingresos relevantes para todo el país”, sostuvo. El director ejecutivo de la CIF explicó que una de las consecuencias más complejas ocurre cuando un buque omite su escala en Montevideo. En esos casos, las empresas deben buscar alternativas para cumplir con los clientes, incluyendo salidas terrestres por otros países e incluso embarques aéreos.
Ese tipo de soluciones permite evitar la pérdida de calidad, pero incrementa de forma significativa los costos logísticos y financieros. “La calidad se preserva, pero a costa de una reconfiguración logística mucho más cara”, señaló Puchiele. Y destacó la capacidad operativa de la industria frigorífica para encontrar soluciones y mantener el cumplimiento de los contratos.
Sin embargo, el director ejecutivo de la CIF advirtió que esa respuesta empresarial no puede sustituir indefinidamente la necesidad de contar con una infraestructura portuaria confiable. A su entender, el principal reclamo de los importadores es la previsibilidad: conocer cuándo saldrá la mercadería y cuándo llegará a destino. “Lo que el mercado internacional nos pide es previsibilidad”, afirmó.
La CIF mantiene una agenda abierta con el Poder Ejecutivo y distintos ministerios para plantear estas dificultades. Según explicó, el sector solicitó que, aun cuando existan conflictos sindicales, se establezcan guardias que permitan recibir, conectar y cargar contenedores con productos perecederos.
El planteo incluye tanto a la carne como a otros rubros exportadores sensibles a las demoras, entre ellos los cítricos. “Pedimos que los productos perecederos puedan ingresar, conectarse y cargarse cuando el barco esté en puerto”, sostuvo.
No obstante, Puchiele señaló que hasta el momento el sector no recibió garantías suficientes de que las interrupciones dejarán de repetirse durante el segundo semestre. Por esa razón, la industria decidió hacer pública su preocupación y reclamar una solución que proteja la continuidad del comercio exterior. “Todavía no tenemos garantías y necesitamos que la situación empiece a manejarse de otra manera”, dijo.
Remarcó que la carne vacuna constituye una de las principales cartas de presentación de Uruguay en el mundo y que el puerto forma parte de esa imagen. A su entender, el país debe proteger no solo el valor económico de sus exportaciones, sino también la confianza construida durante años con compradores internacionales. “La reputación exportadora de Uruguay también se juega en el funcionamiento del puerto”, sostuvo.
Escuchá al director ejecutivo de la Cámara de la Industria Frigorífica, Alejandro Puchiele.



