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La Universidad de Texas y su sistema de extensión cercana a productores

25 de mayo de 2026

Ruben Silvera
Amarillo, Texas, Estados Unidos

En la región de Dalhart, en el norte de Texas, la Universidad de Texas (Texas A&M University) desarrolla un sistema de extensión agropecuaria que mantiene un vínculo muy cercano con los productores. Laura Taylor, jefa de Extensión para esa zona, explicó que el modelo se basa en la presencia territorial de especialistas en distintas áreas productivas, que trabajan directamente con el sector para transferir conocimiento, apoyar la toma de decisiones y acompañar los procesos de innovación.

Este esquema forma parte de una estructura de gran escala. El estado de Texas cuenta con 254 condados y unas 250 oficinas de extensión, lo que refleja el alcance territorial del sistema. En la región del Panhandle, uno de los referentes es Jason Smith, extensionista especializado en ganado de carne, quien trabaja en un área que abarca 77 condados. Su labor está vinculada con toda la cadena productiva, desde la cría y la recría hasta los feedlots, además de coordinar aspectos relacionados con la calidad de carne.

El enfoque del sistema productivo se sustenta en tres objetivos centrales: producir carne segura, alcanzar altos estándares de calidad y ofrecer una experiencia de consumo satisfactoria. “El objetivo es que los consumidores quieran comer carne”, explicó Smith durante la gira de productores y técnicos que realizaron Nutex y Teknal Argentina.

En Estados Unidos apenas alrededor del 1% de la población está directamente vinculada con la producción de carne, lo que obliga a la cadena a trabajar con altos niveles de eficiencia y calidad para mantener la preferencia de los consumidores.

La zona del Panhandle de Texas es uno de los núcleos ganaderos más importantes del país. En un radio de unos 380 kilómetros de Amarillo se concentra la mayor cantidad de ganado bovino de Estados Unidos, entre un cuarto y un tercio del total nacional. Allí hay más de 6 millones de cabezas, distribuidas en aproximadamente 100 feedlots.

Sin embargo, la caída del stock bovino es una de las principales preocupaciones de la cadena. A esto se suma que alrededor de 1 millón de cabezas no está ingresando a los corrales debido a problemas sanitarios, lo que reduce la disponibilidad de animales para engorde. Como consecuencia, los feedlots están operando con niveles de ocupación que oscilan entre 65% y 85%, mientras que la industria frigorífica enfrenta una menor disponibilidad de ganado terminado.

Según Smith, es poco probable que el rodeo bovino estadounidense vuelva a los niveles que tuvo el pasado. No obstante, consideró que el sector podría estar comenzando un nuevo proceso de retención de vientres. Históricamente los ciclos ganaderos en Estados Unidos tenían una duración cercana a los 10 años, con cinco años de liquidación y cinco de retención. En el escenario actual esos ciclos podrían extenderse más allá de los 12 años. De hecho, el stock bovino viene disminuyendo de forma gradual desde hace décadas, pero la situación actual es considerada una de las más ajustadas de la historia reciente.

En este contexto, la industria frigorífica paga la hacienda en función del peso de carcasa y de una grilla de calidad, lo que refuerza la importancia de la genética, la nutrición y el manejo en los sistemas de producción.

La región donde se desarrolla esta actividad tiene, además, una fuerte base agrícola, que complementa la ganadería intensiva. Entre los principales rubros productivos se encuentran el ganado bovino de carne, la lechería, el maíz, el trigo, el sorgo, el algodón, los cerdos, además de cultivos como zapallos, melones y cáñamo.

A pesar de contar con apenas 13.000 habitantes, los dos condados de esta zona generan aproximadamente el 20% del Producto Bruto Agropecuario del estado de Texas. Se trata de territorios de gran dimensión: la superficie conjunta de ambos es mayor que la de los dos estados más pequeños de Estados Unidos.

En materia agrícola, la productividad bajo riego alcanza niveles elevados. El maíz puede rendir entre 12.500 y 15.700 kilos por hectárea (kg/ha), mientras que el sorgo puede producir en torno a 40 y 50 toneladas de materia verde por hectárea, un cultivo que ha ganado relevancia en los últimos años debido a su menor demanda de agua.

La disponibilidad de agua aparece como uno de los temas más sensibles para el futuro de la región. Los productores dependen en gran medida del acuífero Ogallala y la reducción en los niveles disponibles ha llevado a ajustar los sistemas productivos. En muchos casos se redujo el área de maíz –un cultivo de alta demanda hídrica– y se incrementó el uso de sorgo, que requiere aproximadamente la mitad del agua. Este cultivo también se utiliza para la elaboración de silaje en tambos, lo que permite sostener la alimentación del rodeo lechero con menor presión sobre el recurso hídrico.

La lechería ha mostrado un crecimiento significativo en la región desde 2008. Se estima que existen alrededor de 1,3 millones de vacas en ordeñe, con establecimientos de gran escala, que suelen manejar rodeos de entre 3.000 y 5.000 animales.

Otro componente importante del sistema de extensión es el programa 4-H, una iniciativa dirigida a jóvenes de entre 8 y 18 años, que busca formar nuevas generaciones vinculadas al agro. Cada año participan unos 200 jóvenes, que reciben formación en liderazgo, servicios comunitarios y actividades relacionadas con la producción agropecuaria. El programa también incluye capacitación en habilidades sociales y de organización, como la participación en reuniones y la interacción en ámbitos profesionales. Estos programas reflejan el enfoque de largo plazo del sistema de extensión estadounidense, donde la formación de capital humano se considera tan relevante como la transferencia de tecnología productiva.

Nota de Revista Verde N° 128

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