Ganadería

EEUU presionado: bajo Stock ganadero y altos costos de producción

30 de marzo de 2026

Feedlots operan con 65% al 85% de ocupación; frigoríficos pierden hasta US$ 300 por cabeza; analizan importar ganado de Oceanía.

Amarillo, en el panhandle de Texas, se ubica en el centro de uno de los complejos ganaderos más grandes del mundo. En un radio de unos 380 kilómetros alrededor de esta ciudad se concentra la mayor densidad de ganado bovino de Estados Unidos, con más de 6 millones de cabezas distribuidas en cerca de cien feedlots, lo que equivale aproximadamente a entre un cuarto y un tercio de la faena. En esa misma región se articula –además– una de las mayores capacidades de procesamiento frigorífico del país, con plantas de gran escala, universidades, centros de investigación y empresas ligadas a la genética, la sanidad y la nutrición animal.

Ese entramado productivo fue uno de los focos de la gira técnica organizada por Nutex Uruguay y Teknal Argentina. El recorrido permitió observar de cerca cómo funciona uno de los sistemas ganaderos más intensivos y desarrollados del mundo, pero también confirmó que la industria estadounidense atraviesa una etapa especialmente desafiante.

La caída del stock bovino aparece hoy como una de las mayores preocupaciones de la cadena. A eso se suma que cerca de 2 millones de cabezas provenientes de México no está ingresando a los corrales texanos por problemas sanitarios, lo que reduce todavía más la disponibilidad de animales para engorde.

Como consecuencia, los feedlots vienen operando con ocupaciones de entre 65% y 85%, mientras que la industria frigorífica enfrenta una oferta cada vez más limitada de ganado terminado, lo que genera una mayor competencia para hacerse de la hacienda.

La presión sobre la oferta de ganado se da en una región donde el agua se transformó en uno de los factores más sensibles para el futuro productivo. La dependencia del acuífero Ogallala, que viene bajando los niveles, ha obligado a ajustar planteos agrícolas y ganaderos. En muchos casos el maíz ha perdido superficie frente al sorgo, un cultivo que demanda aproximadamente la mitad de agua, y que además cumple un papel importante en la elaboración de silaje para tambos.

La relación entre agricultura, lechería y carne es muy estrecha en esta parte de Texas, y esa integración ayuda a entender varios de los cambios que hoy atraviesan al negocio.

Uno de los rasgos más visibles del modelo estadounidense en esa región es la escala. USA Feedyard, en Gruver, es una muestra clara de ello. Se trata de un establecimiento con capacidad para unas 75.000 cabezas, donde una porción importante de los animales responde a programas Beef on Dairy, es decir, cruzamientos entre vacas lecheras Holando y toros de razas carniceras, principalmente Angus.

En estos sistemas los vacunos permanecen unos 300 días en el corral, y reciben un esquema de implantes hormonales, que incluye una primera aplicación a los 100 días y una segunda entre 90 y 100 días después. Los animales luego se comercializan a frigoríficos, a través de distintos esquemas, que pueden ir desde la venta en pie hasta grillas de pago por calidad de carcasa.

Jeff Purvines, propietario de ese feedlot, explicó que en el momento actual del ciclo la mayor parte del poder de negociación se desplazó hacia el productor. Mientras los criadores y algunos ganaderos atraviesan uno de los mejores momentos del negocio, los frigoríficos se mueven en un escenario mucho más exigente, por la escasez de hacienda. “Hoy el negocio está del lado del productor”, afirmó. Aun así, considera que la industria frigorífica seguirá encontrando la forma de adaptarse. “Son siempre los mismos jugadores y van a sobrevivir”, resumió.

La distribución de la rentabilidad dentro de la cadena refleja con claridad ese cambio de poder. En términos generales, se estima que alrededor de 70% del resultado del negocio está hoy en la cría, 20% en la recría y apenas cerca de 10% en la fase final, donde se ubican el feedlot y la industria.

Esa relación, por supuesto, puede variar, según la eficiencia de cada empresa y el momento del mercado, pero ilustra con claridad hacia dónde se volcó el beneficio en esta fase del ciclo.

Incluso en el caso del Beef on Dairy se registraron retornos muy elevados en lotes puntuales, con resultados cercanos a US$ 1.000 por cabeza, impulsados por la combinación de precios históricamente altos para el ganado terminado, escasez de oferta y una demanda firme de carne vacuna. A la vez, en los sistemas de engorde, donde pueden participar inversores, se han logrado retornos cercanos al 100% sobre el capital invertido.

La explicación de fondo la aportó Pablo Loza, ingeniero agrónomo, asesor privado e investigador. Durante la gira técnica organizada por Nutex y Teknal, señaló a VERDE que el rodeo bovino de Estados Unidos se ubica actualmente en torno a 87 millones de cabezas, cuando en otros momentos históricos se manejaban niveles significativamente más altos, de entre 100 millones y 120 millones.

Explicó que durante mucho tiempo los ciclos ganaderos en Estados Unidos se movían dentro de una lógica relativamente previsible, con unos 10 años de duración, repartidos entre cinco años de liquidación y cinco años de retención. Sin embargo, las condiciones actuales parecen haber alterado esa dinámica. Hoy ya se habla de ciclos de entre 12 y 14 años, lo que da la pauta de la profundidad de la liquidación reciente y de la lentitud con que puede darse la recomposición del rodeo.

Frente a la menor disponibilidad de animales, la respuesta del sistema fue poner más kilos sobre cada cabeza. Se alargaron los períodos de recría y también los de terminación en feedlot. Hace 15 años, recordó Loza, los animales se terminaban con 550 o 600 kilos, mientras que hoy es habitual ver novillos de 700 o incluso 750 kilos. Esa estrategia permitió compensar parcialmente la caída en el número de cabezas.

La demanda por carne vacuna sigue siendo muy firme, incluso cuando su precio en góndola está muy por encima del de otras proteínas. Loza remarcó que el consumidor sigue dispuesto a pagar más por carne vacuna, aun cuando las carnes de pollo y cerdo están considerablemente más baratas.

En ese marco, el costo de producir una libra de carne se ubica entre US$ 1 y US$ 1,20, mientras que el precio de venta ronda US$ 3 por libra. Al mismo tiempo, el novillo terminado se mueve en niveles históricamente elevados, con valores en torno a US$ 3,5 por libra, equivalentes aproximadamente a US$ 8 por kilo.

Toda esta situación explica, en gran parte, el precio que recibe Uruguay por la tonelada de carne de exportación. Al cierre de la séptima semana de 2026 el precio promedio de la tonelada de carne bovina era US$ 5.444, 15,3% superior al de igual período del año anterior.

Al cierre de 2025, y en lo que va de este año, Estados Unidos representó casi 33% de la facturación de Uruguay en ventas de carne al exterior. En 2025 se concretaron negocios al país norteamericano por un total de US$ 970.977, siendo el principal cliente de la carne uruguaya, superando a China, según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC).

Beef on Dairy

Dentro de esa transformación productiva, el Beef on Dairy se convirtió en uno de los cambios estructurales más notorios del negocio ganadero estadounidense. Loza lo definió como un desarrollo relativamente reciente, de unos cinco años, pero con un impacto “muy fuerte” sobre el sistema. El crecimiento de este modelo fue posible gracias al avance del semen sexado en los tambos.

Hoy el segmento superior de las vacas se insemina con genética lechera, para reposición, mientras que el resto se cruza con toros de carne, en la mayoría de los casos Angus. Esa raza aporta mejor conformación del ojo de bife, buena eficiencia de conversión y, además, permite acceder a programas de carne Angus certificada, informó.

El cambio también se percibe en el valor económico de los terneros. Un macho de tambo que hace pocos años “valía alrededor de US$ 200 al nacer”, hoy “puede venderse a cerca de US$ 1.500”. Actualmente, de los 24 millones de animales que se faenan al año en Estados Unidos, entre 2 millones y 2,5 millones provienen de este sistema, lo que representa cerca de 10% de la faena total.

Asociación de corrales

Desde la Texas Cattle Feeders Association (TCFA) señalan que el Beef on Dairy ya explica aproximadamente 35% de los ingresos de animales a los corrales de la región.

La TCFA, con más de 60 años de trayectoria, representa a los sistemas de engorde de Texas, Oklahoma y Nuevo México. Los feedlots vinculados con la entidad explican aproximadamente 25% del volumen total de ganado que se faena en Estados Unidos. Sus establecimientos tienen en promedio una capacidad para 30.000 cabezas por corral, y una capacidad instantánea cercana a 3,2 millones de animales. Además, la actividad de estos sistemas genera un impacto económico anual estimado en US$ 16.500 millones.

Esa asociación remarca que el funcionamiento del mercado se rige por la lógica de oferta y demanda. Ese escenario trasladó el poder de negociación hacia los productores, mientras que la industria perdió margen para fijar condiciones.

Al mismo tiempo, existe presión política para moderar el precio de la carne al consumidor. En ese marco se discute la posibilidad de ampliar las importaciones desde Sudamérica. Sin embargo, desde la TCFA relativizan el impacto potencial de esa medida. “Las 80.000 toneladas adicionales otorgadas a Argentina equivalen a apenas tres días de faena en Estados Unidos”, explicaron.

También recordaron que, si la carne vacuna escasea o sube demasiado, el consumidor puede sustituirla por pollo o por cerdo, y “eso es lo que buscamos impedir”, en un escenario donde Estados Unidos importa y exporta un volumen similar de carne vacuna.

Otro elemento relevante dentro del sistema es el origen de los animales. El ganado mexicano representaba cerca de 20% de los ingresos a los feedlots del sur de Estados Unidos, pero hoy esas importaciones están prohibidas, lo que recorta todavía más la oferta de animales para engorde.

Frente a ese escenario, también se estudian alternativas más lejanas, como la posibilidad de importar terneros desde Australia y Nueva Zelanda por vía aérea. Según se explicó durante la gira, vuelos de ese tipo podrían transportar unos 2.800 terneros por operación, “aunque esa posibilidad todavía está distante, porque primero deben resolverse protocolos sanitarios” vinculados con enfermedades como “brucelosis y tuberculosis”, un proceso que podría demandar entre tres y cuatro años.

Investigación académica

En medio de todo este entramado productivo e industrial, West Texas A&M University cumple un papel singular. Su laboratorio de Meat Science funciona como un verdadero frigorífico en miniatura, al servicio de la formación, la investigación aplicada y la industria cárnica. La instalación fue diseñada para que los estudiantes trabajen con herramientas, equipos y procedimientos idénticos a los que se usan en plantas comerciales, lo que permite una formación alineada con las exigencias reales del negocio.

Muchos de sus egresados terminan desarrollando su carrera profesional en frigoríficos, y el laboratorio está habilitado e inspeccionado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), por lo que trabaja bajo los mismos estándares sanitarios que la industria.

La universidad trabaja con frigoríficos, feedlots y compañías farmacéuticas, y dispone de investigadores capaces de desarrollar proyectos sobre prácticamente cualquier tema, siempre que exista financiamiento privado.

Hoy, por ejemplo, lleva adelante estudios vinculados con el proceso de aprobación de nuevos principios activos veterinarios. Desde el punto de vista de la calidad de carne, uno de los grandes objetivos del sistema estadounidense es alcanzar la categoría Choice, asociada al marmoleo, mientras que en los últimos años también creció con fuerza la proporción de animales que llegan a Prime, la categoría superior. Ese avance responde a la combinación de mejor genética, dietas más precisas, más días de terminación y premios de precio para los animales que alcanzan esas calidades.

Todo esto ocurre en un contexto donde, según se explicó durante la visita, los frigoríficos están perdiendo entre US$ 200 y US$ 300 por cabeza. Es la contracara de un sistema en el que el stock cayó a niveles históricamente bajos y el poder de negociación se desplazó hacia los productores.

El escenario actual marca uno de los puntos más bajos del ciclo ganadero en Estados Unidos. Los precios elevados del ganado y la escasez de hacienda retrasan la fase de retención de vientres, aunque si mejoraran las condiciones climáticas y apareciera más pasto, “la reconstrucción del rodeo podría comenzar en el corto plazo”, se informó.

En materia de gestión de riesgos, se indicó que alrededor de 70% de la hacienda en esta región cuenta con herramientas de cobertura de precios, un porcentaje sensiblemente mayor al de otras zonas del país, donde ese nivel se ubica cerca del 40%.

Nota de Revista Verde N° 127

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