Ganadería

En el año 2021 coincidieron los altos precios con una oferta voluminosa

23 de enero de 2022

Los fundamentos de los buenos valores son mucho más sólidos que los de 2019, analizó el operador Fernando Indarte, quien destacó el papel dinamizador de los corrales.

El año 2021 “fue impensado” por sus características tan positivas, dijo a VERDE Fernando Indarte, director de Indarte & Cía. “Nunca nos imaginamos vivir lo que vivimos”, agregó y luego recordó que en el otoño “hablábamos sobre si el novillo podría llegar a valer US$ 3,50 o US$ 3,60 (por kilo a la carne), y terminó valiendo casi US$ 4,70”. 

Repasó que en el anterior auge de precios, a fines de 2019, “hubo una suba muy fuerte, desordenada, que después terminó en una bajada abrupta”. Sin embargo, “este año fue subiendo escalones. Los fundamentos que mueven los precios esta vez son mucho más sólidos, más claros”. 

Dijo que en otros momentos las cosas valen mucho porque hay poca oferta, pero destacó que esta fue la primera vez que coincidieron muy buenos precios y volumen récord de faena. “Ojalá el año que viene sea igual a este; ni siquiera podemos pedir más”, dijo Indarte.

Perspectivas

Consultado sobre las perspectivas del negocio ganadero, respondió que las ve “muy positivas”. Informó que “estamos cerrando algún negocio de corral, que es una producción más predecible. Negocios que se hicieron para febrero, ya se habían hecho alguno para entregar en enero, a valores muy interesantes”.

Agregó que “nada hace pensar que en los primeros meses del año que viene cambie el valor”. Pero planteó que tampoco hay que pretender que el novillo gordo valga US$ 4,80 o US$ 4,70. “Las cuentas hay que hacerlas con algo por encima de US$ 4”, consideró.

El consignatario recordó que sobre fines de 2021 el precio del ganado gordo bajó por la distorsión de los paros, cuando el precio del novillo llegó a US$ 4,10 y se hicieron pocos negocios; pero luego el volumen de faena recuperó las 60.000 reses semanales, “que es algo increíble, y los precios ya dieron un salto de US$ 0,20 o US$ 0,25”, destacó. 

Comentó que los primeros meses del año “siempre son iguales, el clima es impredecible, pero los mercados demandan cada vez más la carne que producimos”. 

Sobre los precios que se manejan por los negocios de corral, explicó que son muy variables, porque se consideran muchos factores, como el peso de carcasa, el tiempo de encierro, si es para cuota 481, la dentición y también hay castigos por no cumplir con alguno de estos parámetros acordados previamente. “Hay muchos requisitos para llegar a la punta de precios; se puede llegar a tener una muy buena bonificación o muy mala, por eso no es tan fácil hablar de precios”, explicó.

Señaló que se han hecho negocios con dos modalidades: por un lado el precio de la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG) más US$ 0,15 por kilo; y por otro estableciendo un techo y un piso de precios, para que de esa forma queden cubiertas las dos partes. 

Indarte sostuvo que la manera de aumentar la faena rápidamente es con el corral, “por un tema de ciclo biológico. Si te ponés a engordar animales a pasto tenés un ciclo larguísimo. Dentro de un corral, un novillo de 350 kilos es un animal pesado, que va a faena”. 

Comentó que en 2021 se dio una coyuntura que “hace muchísimo no se daba: la relación de compra fue muy beneficiosa para el corral, que consigue novillos grandes a precios inferiores a los del ganado gordo al kilo”. 

En ese sentido, señaló que el año pasado fue muy bueno para los corrales. “Como todo negocio tuvo años muy complicados, como cuando pasó lo contrario, el precio de la reposición era altísimo y se perdían US$ 0,30 por kilo de cada novillo que se compraba”.

Inversión

Indarte destacó que los productores reaccionan inmediatamente a los precios, a las ganancias, y consideró que en este contexto “los corrales se van a agrandar”. Aunque advirtió que “no es algo tan fácil empezar de cero o agrandar un sistema de repente. Es un arte como todos los demás rubros, como criar, plantar trigo o cualquier otra actividad”.

El empresario analizó que la base forrajera “se mantendrá baja”, porque los granos valen mucho y por eso sigue pasando mucha área de pasturas a agricultura, que este año “le sacaron 400.000 hectáreas de praderas”. 

Pero señaló que esto, por otro lado se compensa, porque el maíz que se planta en esa mayor área “termina yendo a los corrales. Por eso creo que la situación será parecida este año. No creo que esa mayor presión cambie mucho la relación, pero no es algo fácil de preveer, y se puede mover mucho más de lo que se imagina”. 

Consideró que el productor “está muy animado, este año está trabajando mucho más cómodo, y no me refiero solo a la parte económica, sino que se siente más apoyado, por el gobierno, trabaja de otra manera, y con estos precios los números cambian radicalmente”. 

Destacó que pudo volver a invertir en mantenimiento, que hace mucho no hacía, en pasturas, en genética, “en todo lo que necesita una producción ganadera para aumentar productividad y resultados. El productor reacciona inmediatamente si tiene precio”, afirmó. 

Contó que hace unos días un productor fue a comprar alambre y no había. “Eso da la pauta de lo que están haciendo los productores. El alambrado es algo caro, que en época de crisis no se puede mantener; pero cuando las cosas mejoran, lo primero que hace el productor es invertir, en comodidades físicas, en pasturas y demás”, sostuvo. 

Compraventa de campos

Sobre la compraventa de campos, Indarte confirmó que “este año se concretaron negocios que venían conversados desde hace mucho tiempo, a valores normales”. Explicó que “no hubo movimientos de precios al alza en el primer semestre”, y que “en el segundo semestre nos quedamos sin campos, tuvimos muchos más interesados que campos a la venta”. 

Agregó que los interesados “no están para convalidar precios muy altos, entonces tenemos un mercado trabajoso, no podemos juntar las puntas y hay mucha más demanda que oferta”. Y estimó que en el primer semestre de 2022 “el mercado seguirá igual”, considerando los altos precios de los granos y de la carne, y eso hace que no haya tanta necesidad de vender campos. 

Señaló que aparecen campos a venta, “por temas sucesorios, alguno que se retira del negocio, como pasó siempre. Pero no ocurre, como en otros momentos, que mucha gente tenga que vender su campo y, por lo tanto, seguiremos con mucha más demanda que oferta”.

Además, informó que en 2020 los protagonistas de la demanda de campos fueron los uruguayos. “Los campos que vendí en el segundo semestre, después de la pandemia, fue a uruguayos. Sobre todo a gente de fuera del sector. No hubo grandes grupos, ni argentinos ni compradores de otro origen”, comentó. 

Agregó que las fap también invierten, y ese dinero es de origen nacional. “Los campos están volviendo a manos de los uruguayos”, señaló el intermediario.

Sobre la inversión de argentinos, dijo que aquellos que ya están en el negocio, que tienen su estructura productiva armada en Uruguay, son los que quieren comprar, para agrandar su explotación, por las virtudes del país. “Si bien en estos años las ganancias no han sido nada del otro mundo, están mucho más tranquilos que en su país de origen”, comentó Indarte. 

Sin embargo, aquellos argentinos que no tienen campo en Uruguay, “que muchos pensábamos que se iban a venir en manada, y algún colega todavía espera que eso ocurra, ya no lo veo. No creo que convaliden los precios que piden los vendedores, como ocurrió en la década del 2000, cuando cada campo valía US$ 500 más que el anterior”. 

Nota de Revista Verde N°98

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