Agricultura

El negocio se ve con una expectativa muy distinta a la que había previo a la siembra de verano, dijo Gonzalo Torres Negreira

28 de abril de 2021

El productor Gonzalo Torres Negreira, de la zona de Young, destacó la suba de precios y las buenas perspectivas de cierre de ejercicio, tras una buena zafra de invierno

Al negocio “lo estamos viendo con otra expectativa”, dijo a VERDE Gonzalo Torres Negreira, productor agrícola-ganadero de la zona de Young (Río Negro). Recordó que “cuando arrancamos a sembrar o a preparar la siembra (de soja), en octubre, no vislumbrábamos un futuro así. El mejor escenario de precios era de US$ 350 o US$ 370 por tonelada para la soja, y hoy los precios son muy interesantes”.

Consultado sobre su estrategia de venta de la producción de esta zafra, el agricultor respondió que “por la experiencia de otros años, la idea era no vender nada. Después, entre una cosa y otra fuimos vendiendo, en la medida que el precio fue subiendo. No escapo a la realidad de muchos de haber vendido a US$ 340. También tengo soja vendida a US$ 380, a más de US$ 400 y a US$ 500 por tonelada. Tengo vendidos unos 1.200 kilos por hectárea”.

Sobre la evolución de esta zafra, comentó que hubo varios momentos claves. “En la siembra parecía que no llegaríamos ni a sembrar, después hubo algunas lluvias en diciembre que nos permitieron sembrar, la soja nació muy bien, vino un enero duro, pero como el cultivo estaba chico llegamos bien a las lluvias de fines de enero. Ahí parecía que teníamos la carrera casi ganada, pero en febrero se complicó. Después, en nuestra zona cayeron algunas lluvias”, relató.

En cuanto al promedio histórico de producción de soja en sus chacras, dijo que, “sin considerar el año 2018, que fue un año seco, cosechamos en promedio unos 2.600 o 2.700 kilos por hectárea, entre primera (30%) y segunda (70%)”. Y planteó que, “este año esperamos estar cerca de ese promedio, pero sería una burbuja, en la zona de Young. Porque hay zonas donde no llovió en los momentos donde se precisaba el agua. Las lluvias fueron muy irregulares incluso en predios cercanos”.

La empresa

Torres Negreira explicó que su empresa es agrícola-ganadera, y aunque “siempre quisimos ser más ganaderos que agricultores, pero en esta zona crecer en ganadería no es sencillo. Para crecer en superficie hay que tener un perfil más agrícola”, admitió.

Comentó que en la actualidad siembra unas 2.000 hectáreas físicas de agricultura. “Son 1.600 en soja, y unas 500 entre maíz de primera y de segunda. Después, en el área ganadera, son unas 720 hectáreas más, donde hago principalmente recría. El 40% del área es familiar, y el otro 60% es arrendado”, explicó.

En relación al rubro ganadería, dijo que compra principalmente ganados preñados, con el fin de recriar los terneros hasta que lleguen a 300 kilos, y las vacas se invernan cuando se destetan los terneros, para luego embarcarlas a frigorífico. Los terneros son vendidos a los corrales de engorde de la zona.

Recordó que “el año pasado no fue un buen negocio, porque los corrales estaban sin precio y no podían tomar una posición. No fue un buen año para hacer recría, comparado, por ejemplo, con el anterior. El 2019 creo que fue el mejor año de la década para el negocio de recría”.

Sobre la estrategia del negocio cuando los precios bajaron, dijo que “trataba de recomprar barato si vendía barato. Vendía y reponía. En la medida que mantenés las cabezas, cuando viene el repunte de precios volvés a recuperarte”.

Rotaciones agrícolas

En cuanto al sistema de rotaciones agrícolas, Torres Negreira explicó que “la mayoría de la soja es de segunda, vienen después de un cultivo de invierno. En estos años la soja tenía un número muy acotado, el precio era de US$ 290 o US$ 300 (por tonelada), la alternativa era hacer otro cultivo antes, que permitiera disminuir el costo de la renta, entre otros y sumar al sistema. Pero siempre fui de sembrar mucho cultivo de invierno, al menos 60%, desde que empecé en agricultura hace 16 años”.

Planteó que “la agricultura de por sí es riesgosa, y jugarse todo a un solo cultivo, sea a soja o maíz, y no hacer un cultivo de invierno, es algo muy arriesgado. Es importante plantear una diversificación, para tener los huevos en distintas canastas”.

Agregó que en el resto del área de invierno (40%), donde no se hacen cultivos, se hacen puentes verdes, fertilizados, refertilizados y pastoreados. “Son coberturas pensadas para el pastoreo, y tratando de que eso también deje un residual de fertilización”, comentó.

Planteo productivo

En cuanto al paquete tecnológico, dijo que “tratamos de ir ajustándolo todo lo posible, porque el recurso tierra es escaso, hay que ganar kilos por hectárea, porque los kilos son los que te mantienen en el negocio. Hoy vemos una mejora en los rindes. Fertilizamos lo más posible, con la mayor cantidad de nutrientes, no solo con fósforo y potasio, sino también con azufre, zinc y micronutrientes”.

Señaló que ese paquete considera, además, que son chacras que tienen una historia agrícola larga. Y que “tenemos que sacar más kilos en campos cada vez más usados”.

Puso el ejemplo del maíz de secano. “El año pasado sacamos en torno de 9.500 kilos (secos), y parte de eso se debió al planteo de fertilización que todos los años fuimos ajustando, agregando buenos niveles de nitrógeno y azufre, entre otras medidas. Todos los años le damos una vueltita a la perilla, y cuando las lluvias acompañan todo ese potencial se expresa”, aseguró.

Agregó que “en soja pasa lo mismo. Hace 10 años estaba en 2.100 o 2.200 kilos, pero cuando incorporé el potasio y el azufre tuve un salto importante. Después está la variabilidad por el clima, por más que uno haga un manejo fantástico de fertilización, si las lluvias no acompañan tendremos malos rendimientos”.

Recordó que en el año 2018, que fue seco, cosechó 1.600 kilos por hectárea. “Al año siguiente se registraron muy buenas lluvias y logramos 3.100 kilos de promedio, con 40% del área de primera y 60% de segunda”, señaló.

El productor dijo que también trata de ajustar la calidad de siembra. Comentó que la siembra de maíz es toda neumática, porque “no hay algo más preciso que eso, ya que la fertilización a veces se hace desfasada; y la soja se siembra en parte de forma neumática y algo a chorrillo, pero me parece que en ese cultivo no hay una gran variación. De igual forma, sería bueno lograr hacer todo neumático”.

Torres Negreira comentó que hace 12 años que siembra maíz, y que hace unos siete años que no hace sorgo. “Entiendo que la investigación en el mundo se dedica más al maíz que al sorgo. Se nota que el maíz ha progresado mucho, demuestra una rusticidad muy importante frente al estrés, y captura mucho potencial cuando el clima viene mejor y acompaña”, destacó.

Las virtudes del negocio de la cebada

“Los cultivos de invierno que hago son cebada y trigo, pero en los últimos cuatro años tenemos más preferencia por la cebada”, dijo a VERDE el productor Gonzalo Torres Negreira, de la zona de Young.

Explicó que, si bien los potenciales productivos de ambos cultivos son similares, la cebada vale un poco más y, además, la referencia de entrega es Young, mientras que la del trigo es Nueva Palmira. “De Young estamos a 10 o 20 kilómetros, y de Nueva Palmira a 180 o 200 kilómetros. Eso significa U$S 35 o U$S 40 por tonelada, es mucho dinero; en un año complicado podría llegar a ser el margen”, enfatizó.

Comentó que este invierno sembrará algo de trigo, pero comentó que “en la mayoría de los años, para hacer un negocio decente, hay que embolsarlo y aguantarlo. Pero eso tiene un costo financiero”.

Sin embargo, la cebada tiene la virtud de la fijación de precio. “La otra es que después de la fecha que entregaste hay un cronograma de pagos que se cumple estrictamente, y que le da certezas al negocio”, destacó.

“En general vengo muy conforme con la productividad de la cebada. El año pasado, las que se sembraron antes del 15 de junio, hicieron el llenado de grano temprano, antes de que se instale la sequía. Esas promediaron entre 5.000 kilos y 5.500 kilos por hectárea. Y la que se sembró en julio, porque hubo 15 o 20 días en los que no se pudo trabajar (por lluvias), agarraron la sequía, y esas dieron 3.000 kilos por hectárea”, recordó.

Comentó que, en su caso, la media productiva en cebada está entre 4.000 y 4.500 kilos por hectárea. Admitió que, en líneas generales, el cultivo de invierno es bastante costoso. “Lo hacemos con buena fertilización basal y le estamos agregando 300 kilos de urea. Si sacas 4.500 por hectárea y el precio se ubica alrededor de los US$ 200 por tonelada, queda un margen. Por eso se apunta a planteos que otorguen rinde y calidad”, acotó el productor.

También señaló que la producción invernal dependiendo del año y las condiciones climáticas, puede encontrarse con algún problema de calidad, como fusarium, por ejemplo, y “la cuenta se puede hacer un poco más justa”. Aunque, indicó que “el fusarium ataca más al trigo, que a la cebada. Pero si la calidad de la cebada viene bien, es un negocio muy interesante”.

También recordó que, en cebada, “hace unos años apareció con fuerza la ramularia, una enfermedad que generó inconvenientes, pero luego con el avance de los fungicidas el problema tiene solución. Esas herramientas tienen que estar presupuestadas”.

Torres Negreira destacó que otra ventaja de la cebada es que libera la chacra 15 o 20 días antes, para la siembra de soja.

“El tándem cebada-soja o cebada-maíz es de las cosas más atractivas para hacer un cultivo de invierno. Porque va financiando parte de la renta, del costo de la tierra, y si el cultivo de verano deja un rendimiento razonable, entre los dos se puede sacar un rendimiento interesante”, afirmó.

En la zona de Young, y puntualmente en su caso, porque en zonas cercanas llovió menos, el productor consideró que “si el cultivo de soja se acerca a los rendimientos promedios que ha tenido la empresa en los últimos años, y se suma a la cebada que rindió 4.500 kilos por hectárea, el tándem cebada-soja dejaría un resultado muy interesante”. Y destacó que, de concretarse, “sería la mejor ecuación de los últimos siete años”.

Nota de Revista Verde N°92

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