El sector forestal de Paraguay ganó mayor dinamismo en la última década, dejando atrás un período en el que no creció y estuvo falto de una institucionalidad para impulsar su desarrollo, entre otras cuestiones.
Concretamente, fue a partir de 2008 cuando se empezaron a ordenar las cosas y la forestación paraguaya tomó otro rumbo, principalmente por algunos ajustes normativos que derivaron en un rápido aumento de las exportaciones y la expansión de plantaciones de eucaliptos.
En ese contexto, los empresarios del sector forestal proyectan un nuevo impulso para los próximos años, atendiendo a las inversiones planificadas.
Este panorama y estos asuntos fueron tratados en el foro “Paraguay, Dónde invertir hoy”, organizado por la firma Everdem el 4 de febrero, en el marco del evento denominado Agro en Punta.
Pausa ecológica
En los años 90 “no teníamos la cantidad suficiente de industrias”, y además las industrias o los aserraderos estaban “acostumbrados a trabajar con madera nativa”, lo que es “totalmente diferente al eucalipto”, dijo la presidente del Instituto Forestal Nacional (Infona), Cristina Goralewski.
Advirtió: “en teoría, pensábamos que no se nos iba a terminar el monte y no habían industrias que aprovechen en ese entonces el eucalipto”.
“Si bien existieron pioneros, que siguen hasta hoy y son bastante exitosos, como Pomera y otras empresas”, el sector forestal “no creció en gran magnitud”, dijo.
Y recordó que también estaba “prohibida la exportación de madera en rollo, pero siempre con la mirada de proteger el bosque nativo, y no pensando en que íbamos a tener plantaciones forestales”.
Luego, en 2004, sucedió lo que en Paraguay se conoce como la “pausa ecológica” o la “ley de deforestación cero” para la región Oriental del país, que prohibían el cambio de uso de la tierra de bosque a agricultura, ganadería o asentamientos humanos”, afirmó.
Señaló que el mensaje para el sector productivo de Paraguay era de “tener que echar el monte o te saco la propiedad, a no eches el monte porque te mando a la cárcel”, lo cual fue un “cambio muy fuerte”. Esto representó uno de los “puntos de inflexión muy importantes para todo el sector productivo” paraguayo, destacó.
Siguiendo con el repaso de los hechos clave para la forestación, Goralewski indicó que “en 2008, buscando crear esa institucionalidad que tuvo Uruguay en la década del 90 y que hizo que el país crezca en el sector forestal”, en Paraguay se creó el Instituto Forestal Nacional (Infona), que anteriormente era el Servicio Forestal, que dependía del Ministerio de Agricultura y Ganadería.
El Infona funciona como una “autarquía”, que depende “políticamente” de ese ministerio, pero su titular es designado por el presidente de la República, vía decreto presidencial, puntualizó.
Otros puntos resaltados se remontan al período entre 2010 y 2014, cuando comenzó un “mayor fomento” a las plantaciones forestales, con base en la Ley de Derecho Real de Superficie Forestal, conocida como la ley de “vuelo forestal”, porque permite separar la propiedad de los árboles de la propiedad de la tierra.
Esta norma legal, de 2013, brinda una “seguridad jurídica para alquilar campos y para hacer plantaciones forestales”, porque “la persona que tiene el contrato es dueña del bosque”, y con esto se evita que “la tierra entre en litigio”, consideró.
Planteó que “aunque muera el dueño de la tierra y se tenga que dividir, el dueño de la parte forestal mantiene su proyecto mientras dure”.
A partir de esto, “vinieron las primeras inversiones en la zona del sur del país, especialmente en el departamento del Alto Paraná, también se comenzaron a hacer varias plantaciones en la zona central de Paraguay, en el departamento de Caazapá”, precisó.
Tiempo de expansión
Complementariamente, según Goralewski, entre 2015 y 2020 comenzó la industrialización del eucalipto, las industrias madereras fueron adaptándose y surgieron las primeras laminadoras.
En aquel momento se planteó la disyuntiva en el sector respecto a qué es más conveniente, si primero plantar los montes o que se instalen las industrias.
“Nadie se atrevía a plantar más de 10.000 o 15.000 hectáreas, porque no había la suficiente cantidad de industrias para poder procesar esa materia prima; y por el otro lado, ningún industrial se iba a instalar donde no había suficiente materia prima”, argumentó.
Por este motivo, en el Congreso se promulgó la ley que permite la exportación de rollos provenientes de plantaciones forestales, lo que provocó un “vuelco demasiado importante” al sector forestal paraguayo, valoró.
Y dijo que “empezaron a venir muchísimos inversores extranjeros a plantar en Paraguay, y decían que si dentro de 10 años o 15 años no tenían a la industria, sacaban esta madera en rollo, cosa que antes no se podía”.
Entre 2021 y 2025 empezó una “expansión tremenda” en Paraguay, en cuanto a plantaciones forestales, considerando que en la actualidad crece “a un ritmo de 70.000 hectáreas por año”, resaltó.
Sostuvo que “eso en algún momento va a disminuir y se va a estabilizar, pero empezamos a pasar de tener 50.000 hectáreas a tener casi 400.000 hectáreas en cinco años”.
El año pasado “superamos la barrera de los US$ 100 millones en exportaciones forestales” en Paraguay, que “venía de exportaciones de US$ 10 millones a US$ 30 millones en el sector forestal”, señaló.
Acotó que en 2025 ya “se superó la barrera de las 400.000 hectáreas plantadas”. “En dos años tuvimos un crecimiento de más del 66% en el área de plantaciones forestales” de Paraguay, destacó.
El total de industrias forestales de Paraguay es de 554, con 388 aserraderos, 67 chipeadoras, 34 carpinterías, 24 laminadoras, 16 carbonerías, entre otros emprendimientos.
Los cinco principales mercados para el sector forestal paraguayo, que son Reino Unido, Estados Unidos, Chile, Uruguay y Bolivia, representaron algo más del 70% del volumen exportado de eucaliptos en la última década.
Esta jerarca dijo que se desarrolló “mucha tecnología” en la producción de láminas de madera, para poder exportar al Reino Unido, lo cual requiere de certificaciones de “altos estándares” de calidad y de sostenibilidad.
Paraguay tiene algo más de “8 millones de hectáreas de potencial forestal alto y muy alto”, lo que representa un “tremendo desafío” para el desarrollo del país, dijo.
Para dar una mirada del sector privado forestal maderero guaraní, en Agro en Punta expuso el ejecutivo Ricardo Kiriluk, que es el gerente general de la empresa Pomera Maderas, perteneciente al grupo Insud, de accionistas argentinos, con un emprendimiento forestal en Paraguay.
Destacó la certificación de sus procesos y productos, específicamente del sello FSC (Forest Stewardship Council) para garantizar que realizan un manejo responsable, sostenible y socialmente beneficioso.
Además, este ejecutivo detalló algunos aspectos del programa de mejoramiento genético clonal de eucaliptos, en el cual esta empresa es pionera en el mercado guaraní. Desde 2022 “estamos plantando ya el cuarto ciclo en Paraguay, todo para producción de madera sólida”, dijo el gerente general de Pomera Maderas.
Kiriluk comentó que el primer ciclo fue un turno variable, pero un turno promedio es de 11 años de edad y los siguientes turnos se están cortando en siete años de edad. “No somos una compañía gigante, pero creo que en lo que es mejoramiento hacemos bastante bien las cosas”, enfatizó.
El programa de mejoramiento incluía poblaciones bases de eucaliptos grandis, urophylla, y también se trajo una población base de eucaliptos pellita, que “en su momento nos parecía que era muy lejano poder utilizarla, pero desde hace dos años estamos empezando a obtener los primeros clones híbridos con grandis, urophylla y pellita, y es muy importante en nuestro caso esa hibridación”, valoró.
Mirada ganadera
En este foro también hubo espacio para la exposición de empresarios del sector ganadero paraguayo. El directivo de la Asociación Rural de Paraguay (ARP) y de la Asociación Paraguaya de Exportadores y Productores de Carne, Ramiro Maluff, destacó varios temas, entre los cuales figuraron la cuota de carne vacuna comprendida en el acuerdo Mercosur-Unión Europea y la implementación de un sistema de trazabilidad del ganado.
Respecto al potencial de negocios ganaderos y nuevos proyectos en el Chaco y el norte de la región Oriental, considerando que “la ganadería en la región Oriental se va arrinconando”, porque aparecen otras alternativas de producción que resultan más atractivas, como la soja en el departamento de San Pedro y la forestación, planteó.
Avizoró que el negocio ganadero va a tener que crecer en suelos chaqueños en los próximos años.
Por su parte, el directivo de la ARP y de la Asociación Paraguaya de Criadores de Brangus, Daniel Franco, hizo especial hincapié en los “estímulos” generados por los “cambios en los mercados” para la exportación de carne, que es el rubro más destacado de los últimos 10 años por los ingresos de divisas.
Esto impulsó transformaciones “increíbles” en los establecimientos agropecuarios, por el empuje de la agricultura y de los mercados, para concretar cambios en el uso del suelo y en la incorporación de tecnología, señaló.
Destacó el incremento en productividad logrado en el establecimiento para el que trabaja en la zona del Chaco, específicamente en carne, que pasó “de 250 kilos por hectárea a casi 1.100 kilos por hectárea”, lo cual se alcanzó por la alianza entre ganadería y agricultura. Estos son “números sumamente competitivos con la soja”, consolidándose como una “máquina cosechadora de pasto” para producir carne, advirtió.
Las tierras en Brasil registran una valorización anual del 20% en promedio, destacó el operador inmobiliario Rogerio Pinto, gerente general de la empresa 7Rural, dedicada a la compraventa de campos en ese país. El ejecutivo participó de la reciente edición de Agro en Punta, donde explicó a VERDE que factores como los biomas, la logística y el régimen de precipitaciones definen la productividad y –en consecuencia– el valor de los campos en el gigante sudamericano.
Según un estudio elaborado por la consultora internacional Deloite, la tierra en Brasil, dependiendo de las regiones –siendo convertidas de pasto, o tierra degradada, a chacra– se valorizan entre 14% y 20% al año.
El operador inmobiliario señaló que, cuando asumió el actual gobierno, presidido por Luiz Inácio Lula da Silva, el precio de la bolsa de soja en Brasil cayó cerca de 70 reales (unos US$ 13,50 al tipo de cambio actual), pero eso no afectó el precio de la tierra.
La inmobiliaria 7Rural es especialista en ventas de tierras agrícolas en todo Brasil. “Atendemos a un público que está siempre invirtiendo en tierras degradadas, buscando comprar esas tierras a un precio un poco más atractivo en el mercado, para después valorizarlas desde el punto de vista inmobiliario y ganar productividad. Establecimientos ganaderos y agrícolas que se buscan convertir en tierras altamente productivas, con una rentabilidad inmobiliaria maravillosa”, expresó.
Pinto explicó que la tendencia en Brasil es que las tierras, ya sean agrícolas degradadas o de pasto, se empiecen a cotizar en dólares, porque los productores compran la tierra en bolsas de soja, y el precio de ese producto se cotiza en moneda estadounidense.
El operador puntualizó que esta valorización no ocurre solamente en tierras degradadas, sino también en las que están en ganadería o lechería y pasan a la producción agrícola, para la siembra de cultivos como soja, maíz y algodón, entre otros.
Detalló que el precio de una hectárea de tierra en Brasil depende mucho de los biomas, de la logística, del tipo de suelo y de las precipitaciones, ya que esos factores son los que realmente permiten producir y que cierren las cuentas de las empresas.
El estado de Mato Grosso es el mayor productor de soja de Brasil, donde para esta zafra se estimó un área de más de 13 millones de hectáreas de la oleaginosa. Allí hay tres biomas definidos: Pantanal, Cerrado y Amazónico.
Pinto explicó que en la región del Cerrado el precio de una hectárea de tierra se ubica entre 7.000 y 8.000 reales (entre US$ 1.350 y US$ 1.500 al tipo de cambio actual).
Las tierras de floresta cerrada están entre 8.000 y 10.000 reales (US$ 1.500 y US$ 1.923) por hectárea. Sobre esas tierras explicó que “tienen potencial de apertura –desmonte– o se usan como reservas de las tierras que fueron abiertas anteriormente, para donarlas al Estado y poder explotar legalmente otra área”.
Detalló que en esa zona, cuando se compran 10.000 hectáreas, solo se puede explotar el 20%, y hay que tomar las medidas de seguridad para prevenir incendios o para que no entren terceros a robar madera y causen daños ambientales. “Esta es una injusticia muy grande para los productores rurales, es mucha responsabilidad para el productor esa reserva. Por eso no tiene un precio tan elevado la tierra en esa área, porque es mucha la responsabilidad y no se puede producir tanto”, describió.
Por otra parte, informó que las áreas de pasto degradado valen entre 25.000 y 45.000 reales (de US$ 4.800 a US$ 8.600), mientras que las de pasturas sembradas cotizan entre US$ 8.600 y US$ 9.600.
Las tierras agrícolas donde solo se puede hacer una zafra de soja y ganadería valen entre US$ 10.000 y US$ 12.000 por hectárea. Pinto explicó que allí solo se puede hacer una zafra, porque es una zona donde llueve menos, entre 1.400 y 1.500 milímetros al año. En el estado de Mato Grosso hay diferentes microclimas.
Y en las áreas donde se producen dos zafras, soja y maíz de segunda, los precios se ubican entre 70.000 y 120.000 reales (de US$ 13.500 a US$ 23.000) por hectárea. “Estamos hablando de campos sobre la ruta BR 163, en los municipios de Nova Mutum, Lucas do Rio Verde, Sorriso, Sinop; y hacia el oeste de Mato Grosso, en Diamantino, Campo Novo do Parecis, Sapezal, Campos de Julio”, describió.
Agregó que allí hay una gran meseta en la sierra, que es “uno de las mayores del mundo, con una altitud muy buena para producir soja, maíz, algodón y semillas de girasol”. Destacó que esa es una de las regiones de mayor producción de maíz para la elaboración de pop.
Más adelante, sostuvo que las tierras de mayor valor en Mato Grosso son donde se planta soja en la primera zafra y algodón en la segunda. “Son tierras que permiten pagar las cuentas, porque el costo productivo que tiene hoy el productor en Brasil no se puede pagar con soja y maíz. Por eso, las tierras que tienen más de 30% de arcilla están teniendo que migrar al algodón”, detalló. E informó que esas tierras valen unos US$ 23.000 por hectárea.
Demanda
El operador informó que quienes compran más tierras en Brasil son fondos de inversión, “fundamentalmente estructurados en la Faria Lima –principal avenida financiera de San Pablo–, son sociedades familiares, que están invirtiendo en tierras por ser un activo seguro”.
Agregó que esos fondos de inversión “están muy agresivos en el mercado” y compran no solo tierras abiertas o para posibles aperturas, sino también les están comprando campos a familias con dificultades financieras, debido al actual momento del país.
Estos fondos son mixtos, tienen participación de extranjeros e inversores locales, detalló. Pinto explicó que en Brasil hay un decreto vigente que prohíbe la adquisición de tierras por parte de extranjeros, arriba de ciertos módulos fiscales por municipio. Sin embargo, comentó que se creó una estrategia para que fondos extranjeros se asocien con fondos brasileños, a través de un sistema llamado Fiagro, donde el inversor extranjero puede tener 49% de participación y el inversor local se queda con 51% de la operación.
Y opinó que “para cualquier inversor extranjero lo mejor es tener un socio local”, porque “le aporta estabilidad, domina la operación, sabe cuáles son las estrategias agronómicas, las ventanas de siembra, de cosecha, y se ahorra el costo de aprendizaje para poder operar en ese lugar”.
A modo de ejemplo, indicó que “hace pocas semanas atendí a un fondo internacional que quiere comprar el 49% del activo y que el propietario de la tierra se quede como socio, operando el negocio”.
De todos modos, aclaró que no solo fondos de inversión están comprando tierras. “Tenemos grandes grupos con una gestión muy buena, muy calificada, en la operación agrícola y ganadera, y que están muy estables en Brasil. Hacen bien las cuentas, y logran un buen control de sus operaciones. Estas personas también están comprando mucha tierra. Y considerando algunos factores tributarios, en vez de colocar su dinero en otro rubro de actividad, continúan comprando más tierras para pagar menos impuestos”, comentó.
Cabe señalar sobre este punto que en Brasil existe el impuesto al gran capital.
Pinto enfatizó que las tierras de Brasil “son altamente productivas” y que la región nordeste del país –principalmente los estados de Tocantins, Piauí, Bahía y Maranhao– se volvió “referencia” en los últimos 15 años para los inversores. En esa región del Arco Norte mejoró la logística, y generó grandes ahorros que se reflejan en mejores precios.
Las tierras de mayor valor
Las tierras de mayor valor en Brasil están en el estado de Paraná, donde el precio de una hectárea se ubica en unos US$ 60.000, el segundo es San Pablo y el tercero Mato Grosso. “Estoy hablando de regiones como Maringá, Londrina, Apucarana, donde se planta caña. Allí hay otro tipo de cultivos que exige mejores tierras”, detalló.
Mientras que en San Pablo el precio de la hectárea ronda los US$ 30.000. Allí se realiza principalmente la producción de caña de azúcar, soja y ganado.
El dólar pierde centralidad, el oro gana protagonismo y Asia redefine el mapa; Uruguay ante el desafío de la competitividad estructural y orientar su agro al valor agregado.
Economía: ¿hacia dónde vamos?, ese fue el título de la conferencia del decano de UCU Business School, Marcos Soto, quien analizó el escenario internacional marcado por la pérdida de confianza en el dólar, el auge del oro como activo de reserva, el ascenso de Asia y los desafíos estructurales que enfrenta Uruguay –y particularmente el agro– para sostener competitividad y crecimiento en un mundo en transición.
“Vivimos en un mundo convulso, raro, particular”, comentó Soto al abrir su conferencia en Agro en Punta. El contador advirtió que la pregunta no es sencilla, ni admite respuestas cerradas en 40 minutos, porque lo que está en discusión no es un simple ciclo económico, sino un posible cambio de orden global.
El decano de la Universidad Católica del Uruguay (UCU) explicó que la economía del siglo XXI crea valor de manera diferente a la del pasado. “La economía actual crea valor en la producción de bienes intangibles”, sostuvo. El valor ya no está únicamente en el bien físico, sino en los atributos que lo diferencian, como el conocimiento, la marca, la reputación, la tecnología y la trazabilidad.
Economía del conocimiento
Soto puso un ejemplo sencillo, pero ilustrativo: una prenda de vestir producida por las mismas manos puede valer radicalmente distinto si lleva una marca reconocida. “La esencia del bien no cambia, lo que cambia es lo que proyecta”, dijo.
Trasladado al agro, el razonamiento es directo. “La carne podría concebirse como un commodity”, explicó el especialista. Sin embargo, cuando se le incorporan atributos como trazabilidad individual, controles sanitarios rigurosos, genética mejorada o certificaciones ambientales, “seguramente logremos crear valor al producto original”.
El decano de UCU Business School agregó que el agronegocio moderno ya no puede pensarse solo como producción primaria. “Hoy la producción agropecuaria precisa investigación, desarrollo, servicios profesionales y tecnología”, afirmó. El diferencial competitivo se construye en la intersección entre campo y conocimiento.
Regreso del oro y desconfianza en el dólar
Uno de los ejes más fuertes de la exposición fue la evolución del oro como activo de reserva. Soto recordó que hace cinco años ya advertía sobre una “fiebre del oro” que comenzaba a manifestarse.
Hoy el fenómeno es evidente. “El oro ya es el segundo activo de reserva más importante de los países”, explicó el especialista. En poco más de un año su precio prácticamente se duplicó. “La pregunta no es ¿qué pasó?, sino ¿por qué pasó?”, subrayó.
Y la respuesta está vinculada con la confianza. El sistema monetario moderno se sostiene sobre la credibilidad en las monedas fiduciarias. Cuando esa confianza se debilita, los agentes buscan refugio en activos tangibles.
Estados Unidos enfrenta una deuda pública que supera en 125% su producto interno bruto (PIB), y déficits fiscales persistentes por encima del 6%. “En economías como la nuestra, niveles así serían intolerables”, comentó Soto. A eso se suma una fuerte expansión monetaria: se imprimió una proporción significativa de los dólares que hoy están en circulación, en un período muy corto.
Cuando aumenta la oferta de una moneda y algunos grandes actores –como China, India o Brasil– reducen su demanda por deuda estadounidense, el resultado es presión bajista sobre el dólar y fortalecimiento del oro.
“El dinero vale porque creemos que vale”, dijo el especialista, recordando que el dólar dejó de estar respaldado por oro desde 1971. Si la confianza se erosiona, se modifican las preferencias de reserva.
Ciclos imperiales y transición de poder
Soto citó el análisis del inversor Ray Dalio para explicar que las potencias atraviesan ciclos: ascenso, consolidación, endeudamiento y eventual declive. En la fase final suelen aparecer síntomas como deuda elevada, conflictos internos y pérdida de confianza en la moneda.
“Es posible que estemos atravesando un cambio en el orden mundial”, comentó el decano. Estados Unidos muestra señales de tensión: creciente desigualdad interna, déficit comercial estructural y desafíos institucionales.
Mientras tanto, Asia lidera el crecimiento global. China explica una cuarta parte del crecimiento mundial proyectado y continúa invirtiendo fuerte en innovación y tecnología. India, que es el país más poblado del mundo, aporta cerca del 20% del crecimiento global.
El presidente chino, Xi Jinping, ha sido explícito en su intención de que el yuan gane peso como moneda de aceptación internacional. Aunque el dólar sigue siendo dominante, el equilibrio podría modificarse gradualmente.
En América del Sur, China ya desplazó a Estados Unidos como principal socio comercial de la mayoría de los países, y las inversiones chinas en infraestructura consolidan su influencia regional.
América Latina y el riesgo relativo
En este contexto global convulso, América Latina aparece –paradójicamente– como una región de riesgo relativo moderado. Los indicadores de riesgo país muestran niveles más bajos que en otros momentos históricos, con la mayoría de las economías de la región por debajo de los 600 puntos básicos, y Uruguay ubicado entre las más confiables, tanto a nivel regional como en el escenario internacional.
El decano de UCU Business School explicó que el riesgo país no es otra cosa que la diferencia entre lo que paga un país por endeudarse y lo que paga una economía considerada libre de riesgo, como Estados Unidos. “Es la brecha que nos separa de las economías centrales”, comentó. En ese marco, Uruguay mantiene uno de los spreads más bajos de América Latina, consolidando su reputación de estabilidad institucional y financiera.
Sin embargo, Soto advirtió que esta mejora relativa admite más de una lectura. “Puede pasar que efectivamente la región haya mejorado, pero también que el riesgo en otros lugares esté aumentando”, señaló. Es decir, parte de la caída del riesgo país puede obedecer no solo a fundamentos más sólidos en América Latina, sino también al deterioro fiscal y financiero de economías avanzadas.
El especialista agregó que, si se observan los niveles de deuda pública, varias economías de la región presentan ratios inferiores a los de Estados Unidos y Europa. “En comparación con países que hoy superan el 100% de deuda sobre su PIB, algunos países latinoamericanos lucen más ordenados”, sostuvo.
En ese escenario Uruguay se beneficia de su estabilidad macroeconómica, reglas claras y cumplimiento de compromisos. Pero Soto fue prudente: la buena posición relativa no debe generar complacencia. “El hecho de que otros estén peor no significa que nosotros estemos bien del todo”, agregó.
Para el decano, el desafío regional pasa por consolidar fundamentos, reducir vulnerabilidades fiscales y aprovechar el reordenamiento global para atraer inversión y fortalecer la inserción internacional. América Latina puede ganar espacio en un mundo que redistribuye riesgos, pero solo si avanza en reformas estructurales y mejora su competitividad.
Estabilidad con crecimiento insuficiente
Al aterrizar en la realidad local, Soto destacó que Uruguay se ubica en este escenario internacional incierto con algunas fortalezas claras. El especialista subrayó dos datos que consideró relevantes: inflación históricamente baja y un mercado laboral sólido.
“Posiblemente tengamos la inflación más baja de los últimos 35 años”, comentó el decano de la UCU, señalando que la estabilidad de precios es un activo importante en un país que históricamente convivió con registros inflacionarios más elevados. Para Soto, esta baja inflación genera previsibilidad, ancla expectativas y contribuye a la estabilidad macroeconómica.
Sin embargo, agregó que también plantea desafíos. “Cuando la inflación es muy baja y los ajustes nominales están pactados en determinados niveles, los aumentos reales pueden ser más altos de lo previsto”, explicó. Es decir, la corrección de precios mejora el poder adquisitivo, pero también puede impactar en los costos empresariales.
En paralelo, el mercado laboral mostró dinamismo. Uruguay registró niveles récord de ocupación y de cotizantes en el Banco de Previsión Social (BPS). El contador señaló que esto es clave, porque el empleo es el principal sostén del consumo. “Vivimos en sociedades de consumo, y para que haya consumo tiene que haber empleo”, sostuvo.
No obstante, advirtió que hacia el último tramo del año se observó cierta desaceleración en la creación de puestos de trabajo. “Hay que mirar con atención si el enlentecimiento del empleo no está anticipando un enlentecimiento de la actividad”, planteó.
El principal desafío, consideró, está en la tasa de crecimiento. “Uruguay precisa crecer más”, afirmó con énfasis. Con un crecimiento en torno al 2% el país se mantiene en terreno positivo, pero lejos de lo necesario para sostener demandas crecientes en materia social, infraestructura y desarrollo productivo.
A esto se suma una restricción relevante en las cuentas públicas. Con un déficit fiscal superior al 4% del PIB el margen para expandir el gasto es acotado. “El gobierno no puede ser el motor del crecimiento”, explicó Soto. Por tanto, los impulsores deben ser la inversión privada y las exportaciones.
El especialista detalló que, al analizar el PIB desde la demanda, se identifican cuatro componentes: consumo de los hogares, gasto público, inversión y exportaciones netas. En el contexto actual, la clave está en activar las “turbinas” de la inversión y las ventas externas.
Para el agro esto tiene implicancias directas. Con limitaciones fiscales y un tipo de cambio real tensionado, el crecimiento dependerá cada vez más de productividad, innovación y apertura de mercados. La estabilidad macro es un punto de partida, pero no sustituye la necesidad de dinamismo.
“Tenemos bases sólidas, pero necesitamos más velocidad”, resumió el decano de UCU Business School, dejando planteado el desafío central de la economía uruguaya en esta nueva etapa global.
Rentabilidad y competitividad
Las exportaciones crecieron, pero el problema radica en la rentabilidad. “Está bien vender, pero nos tiene que dar”, comentó. En tal sentido, agregó que el tipo de cambio real muestra un deterioro frente a varios socios comerciales. Uruguay aparece caro en dólares, lo que afecta a la competitividad. Indicadores como el Índice Big Mac reflejan una sobrevaluación relativa del peso.
Para el agro esto implica desafíos concretos. En 2025 Estados Unidos desplazó a China como principal destino de la carne uruguaya. El especialista advirtió sobre el riesgo de concentración y la necesidad de mantener una diversificación.
En lácteos la experiencia con Brasil y el surgimiento de Argelia como mercado clave demuestran la importancia de adaptarse a nuevos destinos. África, con fuerte crecimiento demográfico, representa una oportunidad relevante. “Cuando crece la población hay que alimentarla”, dijo Soto.
El agro en la economía global
En este escenario el agro uruguayo debe profundizar su estrategia de diferenciación. Carne premium, genética avanzada, certificaciones ambientales y productos lácteos con mayor valor agregado son parte de esa agenda.
El especialista insistió en que la competitividad no se resolverá únicamente por la vía cambiaria. “La competitividad que precisamos no la vamos a conseguir a través del dólar”, afirmó. Por tanto, Uruguay necesita avanzar en reformas estructurales: simplificación de trámites, reducción de costos regulatorios, mejora de infraestructura y estímulo a la inversión.
Un mundo en redefinición
El Foro Económico Mundial identifica la desigualdad como uno de los principales riesgos globales para los próximos años, junto con posibles tensiones económicas. En ese contexto, la estabilidad institucional de Uruguay es un activo valioso. Pero, como remarcó Soto, la estabilidad no es suficiente. El país necesita dinamismo, productividad y apertura estratégica. “Tenemos que hacer los deberes para sostener nuestro contrato social”, concluyó.
En el marco de la Inauguración de la Cosecha de Verano, Edición Girasol, organizada por Copagran en Young, Río Negro, el director de Agrofuturo, Diego Andregnette, destacó a VERDE el “momento” que atraviesa el cultivo en el país. La empresa es distribuidora exclusiva en Uruguay de la genética de girasol de Advanta, una compañía que en los últimos años realizó un fuerte recambio de su portafolio de híbridos. Un proceso que Advanta denomina “la nueva era del girasol”, con materiales que buscan elevar su potencial productivo.
“Advanta ha tenido un cambio muy importante en los últimos años y ha renovado prácticamente todo su portafolio”, indicó. Los híbridos actualmente disponibles en el mercado combinan tres atributos clave para el productor: rendimiento, comportamiento sanitario y alto contenido de aceite.
Andregnette señaló que actualmente la empresa trabaja con dos híbridos en Uruguay y prevé incorporar un nuevo material en la próxima campaña.
El cultivo se está posicionando principalmente para siembras de primera, dentro de las rotaciones agrícolas de verano.
El director de Agrofuturo explicó que el girasol encuentra un lugar natural dentro del calendario agrícola, entre el maíz y la soja. “Dentro del menú de cultivos de verano entra en un momento muy interesante”, indicó.
Y agregó que esta ubicación dentro del sistema productivo también permite ordenar mejor las labores agrícolas y diversificar el riesgo productivo.
Además, el calendario de cosecha permite distribuir la actividad en el campo, ya que el girasol se recolecta antes que otros cultivos estivales.
Transferencia tecnológica
Uno de los desafíos que enfrenta el cultivo es el recambio generacional que se produjo en la agricultura uruguaya. Muchos de los productores y técnicos que hoy están al frente de los sistemas productivos no vivieron la etapa de mayor expansión del girasol en el país.Andregnette explicó que, frente a ese escenario, el trabajo técnico y la transferencia de conocimiento son aspectos centrales para el desarrollo del cultivo.
La empresa se apoya en el equipo técnico de Advanta en Argentina, donde el girasol mantiene una superficie mucho mayor y existe una larga trayectoria en su manejo agronómico. “Nos apoyamos mucho en los técnicos argentinos para las recomendaciones de manejo y paquetes tecnológicos”, señaló.
Sin embargo, Andregnette aclaró que ese conocimiento debe adaptarse a las condiciones productivas locales. “No se trata de tomar la tecnología tal cual viene, sino de ajustarla a la realidad de Uruguay”, explicó.
Ese proceso incluye la evaluación de híbridos en campo y la adaptación de las recomendaciones de manejo a los distintos ambientes productivos del país.
Perspectivas de crecimiento
El girasol comienza a mostrar señales de crecimiento dentro de los sistemas agrícolas. El director de Agrofuturo indicó que en algunas zonas los rendimientos estuvieron por debajo de lo esperado, pero –de todos modos– “la ecuación económica del cultivo sigue siendo positiva”. En ese contexto, varios productores ya están evaluando aumentar el área del cultivo en la próxima zafra.
El crecimiento del área de girasol también dependerá de factores comerciales, particularmente de la evolución del mercado de aceites y de las alternativas para la comercialización del grano. Más allá del crecimiento potencial del área, Andregnette considera que el girasol debe consolidarse como una herramienta de diversificación dentro de los sistemas agrícolas.
El objetivo no es reemplazar otros cultivos, sino sumar una alternativa productiva que contribuya a mejorar la estabilidad económica y agronómica de las rotaciones. “Esto no significa que todo vaya a pasar a girasol, porque el sistema necesita diversificación”, indicó.
Forrajeras
Andregnette sostuvo que actualmente Agrofuturo cuenta con una oferta “completa”, con variedades en “todas las especies” y una diversidad genética adaptada a “distintos sistemas”.
Agregó que el trabajo incluye una evaluación “permanente” de nuevos materiales, la búsqueda de genética en el exterior –con foco en regiones como Australia– y la selección en función de las condiciones locales. “Podemos visitar cualquier situación y recomendar”, señaló, y agregó que el criterio no es solo qué hacer, sino también “saber qué cosas son las que no hay que hacer”.
Agregó que “habrá demanda de todas las especies, en un escenario donde los cultivos de invierno aparecen como menos atractivos –salvo la colza– y muchos productores evalúan verdeos”. A la vez, se suma la necesidad de reponer o “emparchar” pasturas degradadas por las secas previas.
Desde el punto de vista económico remarcó que, medida en “kilos de carne”, la inversión en pasturas podría ubicarse entre “las más baratas de los últimos años”, lo que refuerza el interés por sembrar forrajeras.
Por estos días de temperaturas bajo cero en la ciudad de Hamburgo, en las oficinas de la Asociación Empresarial para América Latina de Alemania (LAV, por su sigla en alemán) los teléfonos empezaron a sonar con más frecuencia de lo habitual.
La firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), en enero de este año, despertó el interés de los empresarios germanos, pese a la decisión del Parlamento Europeo de remitir el texto de este tratado al Tribunal de Justicia, lo que trancó la implementación del tratado.
Igualmente, la señal política de los gobernantes de ambos bloques parecería que empujó al empresariado alemán a volver a poner la mira en Sudamérica, con el propósito de explorar eventuales proyectos de inversión y de exportación de productos y tecnologías.
Pero esto es recién el comienzo de un largo camino por andar, debido a la necesidad de ajustar una serie de temas, como los vinculados con las normas técnicas de los países del Mercosur, para que no se conviertan en obstáculos en los negocios.
Sobre los puntos de mayor interés en comercio y en inversiones de los empresarios europeos en el Mercosur, el director general de la Asociación Empresarial para América Latina de Alemania, Orlando Baquero, señaló a VERDE que por lo general “todo empieza con el comercio, porque si no hay mercado entonces no se invierte”.
“Cuando los aranceles aduaneros son altos” el empresario analiza “si vale la pena instalar una planta industrial o se sigue exportando un producto”, dijo.
El ejecutivo afirmó que la inversión en el Mercosur, especialmente “en Brasil y en Argentina, no es sencilla, a diferencia de lo que ocurre en Uruguay y Paraguay, donde parece ser menos compleja”.
“Si se facilita el comercio intrarregional, eso permite avanzar en el análisis de inversiones”, sostuvo Baquero.
Y valoró que el Mercosur está trabajando en varios frentes hacia el exterior en cuanto a acuerdos, con Singapur, con Emiratos Árabes y otras alternativas. La implementación de esos acuerdos hace que las reglas internas se hagan “más sencillas”, argumentó.
Ese ejecutivo comentó que “Brasil tiene costos altos para invertir, y Argentina es un país que requiere conocerlo muy bien, porque tiene altibajos”, con “diferencias en seguridad económica”, y “el empresario le tiene miedo a poner demasiado capital dentro del mercado argentino”.
“Entonces una empresa se puede instalar en Paraguay o en Uruguay, y desde ahí exportar”, algo que se está analizando, dijo.
Comparó que “Uruguay es el país más estable, pero es el más costoso del Mercosur”, por eso “se debe evaluar si la estabilidad y el capital humano uruguayo, que es bueno, compensa el costo adicional de invertir” en el mercado uruguayo.
Mientras que “Paraguay es lo contrario, tiene costos bastante bajos, tiene estabilidad fiscal muy buena, pero tiene otros inconvenientes de carácter logístico”, al no tener costa al mar, y “otras complejidades”, advirtió el director general de la LAV.
También resaltó que “en Paraguay la energía es barata y de taxonomía verde” por la sostenibilidad ambiental.
Complementariedad fuerte
Por lo general, las inversiones alemanas se vinculan con la industria automotriz y mecánica, a tecnologías e infraestructura.
Ante el escenario que se abre con el acuerdo entre el Mercosur y la UE, ¿ese perfil podría variar en cuanto a inversiones en producción de alimentos y tecnologías asociadas?
Al respecto, Baquero planteó que “hay una complementariedad fuerte entre el Mercosur y Alemania en temas agrícolas”. “El industrial agrícola alemán es reacio a irse a América en general”, dijo. Graficó que “cruzar aguas no les gusta, como se suele decir: no les gusta mojarse los pies”.
Y por lo tanto, durante algunos años los ejecutivos germanos prefirieron invertir en Polonia, en Ucrania y hasta en Rusia, aunque “ahora, por la guerra, ya no invierten ahí”, sostuvo.
Enfatizó que “si el productor agrícola latinoamericano es conservador y tradicionalista, el alemán lo es mucho más”.
“En América Latina, a excepción de inversiones en bosques, no se desarrollaron tantos proyectos” para invertir, señaló Baquero, en alusión a colocación de capitales en el agro uruguayo y en el de otros países de la región.
Si bien hay inversionistas particulares que adquirieron tierras en la región en las últimas décadas, principalmente a influjo del boom de precios de algunos commodities agrícolas, sumado al interés en la forestación.
Al ser consultado sobre algunas ventajas potenciales del país europeo a la hora de estudiar nuevas inversiones en el Mercosur, el director de la LAV puntualizó que “Alemania tiene una mano de obra altamente calificada”, con “tecnificación”, y tiene cosechadoras, sembradoras y otras maquinarias “altamente” sofisticadas, “pero para espacios no tan grandes”.
“Acá una finca de 100 hectáreas se considera grande”, comparó respecto a las dimensiones de las explotaciones agrícolas del Mercosur.
En Sudamérica se apostó al manejo de grandes áreas productivas, por lo que “el intercambio de alta tecnología, de manejo de drones y sensores, con el manejo de costos, de análisis de productividad, de inteligencia agrícola, se complementan muy bien” entre ambos, razonó el ejecutivo.
Para Baquero, el productor del Mercosur tiende a ser “más arriesgado y a probar nuevas tecnologías”, más aún cuando debe ajustar los costos internos, como sucede en Uruguay.
Además, el productor regional tiene más campo para experimentar en sus establecimientos, a diferencia del europeo, que tiene un espacio reducido y normas estrictas, por las subvenciones europeas, que limitan ciertas prácticas productivas.
Otro aspecto a considerar, según el director de la LAV, es que por el cambio climático también es necesario ir ajustando los manejos de los productos, la eficiencia y la productividad.
Y “una ventaja que tiene Alemania es su maquinaria agrícola, en comparación con los competidores norteamericanos o chinos, en el manejo de datos”, dijo.
Comentó que en Alemania si se utiliza una cosechadora con sensores, “la base de datos guarda la información que pertenece al productor, que es el propietario de la máquina”.
Mientras que cuando se utiliza una maquinaria agrícola china “la información recogida va a una base de datos en la casa matriz, que termina perteneciendo al Estado” chino, y lo mismo pasa con la maquinaria estadounidense, porque “los datos pasan a la base de datos de la empresa que vende la máquina”.
“Y si el productor quiere la información que generó la cosechadora que operó en su campo, entonces tiene que comprársela a la compañía que le proveyó la maquinaria agrícola”, advirtió.
Por lo menos “así lo era en los últimos años, tal vez eso pudo haber cambiado”, reconoció, sin dejar de destacar la importancia de esta diferencia en el manejo y la privacidad de los datos de los productores y empresarios agropecuarios.
Lo cierto es que el escenario potencial de negocios, provocado por el nuevo tratado entre el bloque europeo y el sudamericano, abre una nueva faceta de competencia en los mercados, como es el referido por Baquero en el caso de la tecnología agrícola.
Apoyo a las pymes
El acuerdo Mercosur-UE siempre ha tenido un “mensaje claro de intención política”, en cuanto a que “la Unión Europea apoya al empresario del bloque a irse a invertir a otros países”, dijo el director de la LAV.
Señaló que las grandes compañías alemanas, como Bayer, Basf o Siemens, si tienen planes de inversión en otras regiones del mundo, solamente lo hacen, y no precisan de este tipo de señal política.
“Pero las pequeñas y medianas empresas (pymes) precisan de un respaldo” institucional, para “abrirle los ojos y que vean oportunidades” de negocios, acotó.
Y comparó que en el Mercosur, los empresarios brasileños no son de salir de su país a hacer inversiones, salvo en el caso de los grandes frigoríficos” y otros. Por lo que “pensar en que vendrán en grandes masas a instalarse en Europa no lo veo, más allá de que el acuerdo les abre muchas puertas” para hacer negocios, sostuvo.
En ese contexto, y mientras se espera que sean despejadas algunas dudas, en la sede de la Asociación Empresarial para América Latina de Alemania el interés por el acuerdo UE-Mercosur “ha crecido” en los últimos días. Por lo general, “estoy muy presente en reuniones con ejecutivos en Berlín, y me llaman de Bruselas, los empresarios llaman a preguntar sobre posibilidades” de negocios, dijo Baquero, al aludir a la expectativa que el tratado genera.
Comentó que actualmente a los empresarios les interesa saber de las “facilidades” que plantea ese acuerdo, qué significa, cómo están los acuerdos con los demás países, cómo funciona y qué opciones hay para avanzar en posibles negocios.
Entre los diferentes factores a evaluar para la toma de decisiones, los empresarios alemanes advierten también que hubo una serie de movidas en el espectro geopolítico y en el vínculo de la UE con otras regiones del mundo.
“Con la guerra al lado, eso genera miedo, y hay que ser cauteloso”, además, otros socios tradicionales un “día van para un lado, otro día para otro, entonces también influye”, argumentó.
Baquero hizo especial hincapié, además, en que “China también ha cambiado”, porque hace 10 años en esa nación asiática “era bienvenida cualquier inversión que fuera, pero hoy ya no es así”. “Entonces también nos cambiaron (el escenario) y es nuestro principal mercado”, por lo que “la única manera es hacia el Mercosur en este momento, o hacia Sudamérica”, acotó.
El panorama para el empresariado alemán y europeo se presenta como un tablero de ajedrez, en el que el camino hacia el jaque mate para cerrar negocios e inversiones está cada vez más estrecho y riesgoso.
Porque en un costado de la UE está Rusia, con su conflicto bélico con Ucrania, del otro lado del océano Atlántico en el norte está Estados Unidos, con el liderazgo de su presidente, Donald Trump, en una ofensiva en varios frentes mundiales, sumado a las restricciones del gobierno chino a la radicación de inversiones, entre otros cambios más recientes.
Los europeos ven en América Latina y en India las mayores alternativas de generar nuevas alianzas, que puedan significar una solución a las complejidades que enfrentan en estas otras zonas del mundo.
Pero hay algunas situaciones que tampoco favorecen un impulso más dinámico de negocios en el Mercosur, porque ya no hay tantas facilidades para acceder a financiamiento en Europa. Específicamente en Alemania, las empresas encuentran más obstáculos para obtener préstamos, según el director de la LAV.
“Estamos en un momento complicado interno”, y “las empresas están golpeadas”, advirtió el ejecutivo.
Es por eso que será necesario primero recuperar la economía interna, para después sí, de alguna manera, solventar los nuevos proyectos que puedan desarrollarse en el exterior, como es el caso de Sudamérica y todo lo que implica el acuerdo UE-Mercosur.
Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina producen entre 70% y 80% de sus áreas agrícolas con ese concepto tecnológico, mientras que el resto del mundo apenas llega al 10%.
Socio fundador de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), y referente internacional en esa tecnología, Roberto Peiretti propone mirar la agricultura con perspectiva histórica, desde una escala global y de largo plazo. Y en ese ejercicio, sostiene, “las cifras son contundentes”. “Si uno se aleja un poco, y mira el mundo, en los últimos años han ocurrido cosas enormes”, afirmó en una charla con VERDE, en el marco de Agro en Punta.
El período que va desde la década del 60 hasta la actualidad –apenas un instante dentro de los 10.000 años de historia agrícola– concentró una transformación estructural sin precedentes. En ese lapso, y utilizando a la producción y el consumo global de cereales como un indicador representativo de la evolución de la agricultura global, se pasó de producir 1.000 millones de toneladas (Mt) anuales a 3.000 Mt.
Pero el dato clave no es solo el volumen, sino cómo se logró ese salto. “El principal mecanismo que permitió lograrlo fue el aumento de rinde en un 80%. Eso se logró por aumento de rinde, y no por aumento de área”, enfatizó.
El rendimiento promedio global pasó de aproximadamente 1 tonelada por hectárea a 2,5 toneladas por hectárea. En paralelo, la población mundial creció de unos 3.000 millones de personas en los años 60 a más de 8.000 millones en la actualidad. “Para que haya un mínimo equilibrio, lo que ocurrió fue que mayormente el rinde explicó el tremendo aumento del volumen de producción conseguido”, sintetizó.
Y añadió otro dato estructural que ayuda a dimensionar el desafío: la disponibilidad de tierra productiva por habitante se redujo drásticamente en las últimas décadas, y seguirá cayendo hacia 2050. Es decir, cada vez hay menos hectáreas disponibles por persona y, sin embargo, la demanda alimentaria crece.
Ciencia, tecnología y cambio de paradigma
Para Peiretti, esa transformación no fue casual ni automática. Responde a un proceso profundo de incorporación de ciencia, tecnología y capacidad de articulación.
“La ciencia y las tecnologías derivadas de ella, más la creatividad humana y la necesidad de articular todo eso y llevarlo a la realidad, fue lo que permitió que esto ocurriera”, sostuvo. En resumen, “aumentó la utilización del insumo más importante que pueda aplicarse al proceso agroproductivo, metafóricamente hablando me refiero a los gramos de materia gris –ciencia y conocimiento– por hectárea cultivada”, afirmó.
Pero el cambio no fue solamente técnico, fue conceptual. “Se migró de un concepto de explotación de los recursos hacia una nueva mirada mucho más adecuada a la realidad global actual, que tiene que ver con una producción sustentable, eficiente, con una utilización sustentable y aún mejoradora de los recursos involucrados en el proceso”, sostuvo.
Para dimensionar la magnitud de ese giro, Peiretti invita a mirar la historia larga de la agricultura. Durante 10.000 años el modelo dominante fue el de labrar, remover y extraer. La agricultura estuvo asociada culturalmente al arado, al “labriego”, a la intervención intensiva sobre el suelo.
“La zona de confort fue durante 10.000 años la labranza. Agricultura era igual a arado”, explicó. Salir de esa lógica implicó “un quiebre cultural profundo”, no solo técnico, señaló. “Nadie está cómodo saliendo de su zona de confort. Para hacerlo tiene que haber una razón más que válida”, afirmó el especialista. Esa razón fue doble: ambiental y económica.
Siembra directa como sistema integrador
Peiretti ubicó al sistema de siembra directa como el marco que permitió materializar este cambio de paradigma. Pero insiste en que no se trata simplemente de “no labrar”, sino que es mucho más que eso, es un verdadero sistema más que una tecnología puntual.
“Después de 40 años de haber implementado la siembra directa como sistema, esto ya es algo tangible. No solo podemos parar el deterioro del recurso suelo, sino empezar un camino de mejora”, afirmó.
La clave está en entenderlo como sistema, no como técnica o tecnología aislada o “empaquetada”. En ese marco convergen: genética mejorada, manejo integrado de plagas, rotaciones diversificadas, fertilización estratégica, agricultura de precisión y más recientemente herramientas digitales, entre otras.
“El sistema cambia la forma de manejar el recurso suelo como recurso madre del proceso agroproductivo”, explicó. Y fue más allá: “Es inédito en la historia del mundo que podamos hablar de mejorar el recurso que sostiene todo el proceso. No solo usarlo, sino mejorarlo”.
En su visión, el sistema de siembra directa permitió pasar de una lógica extractiva a una lógica de procesos biológicos balanceados. La cobertura permanente, la menor perturbación del suelo y la intensificación de rotaciones generan un funcionamiento distinto del sistema suelo-planta-ambiente.
El liderazgo del Cono Sur
Uno de los aspectos más contundentes del análisis del socio fundador de Aapresid tiene que ver con el rol de la región del Cono Sur en esta transformación.
“Entre Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina tenemos entre el 70% y 80% de las áreas bajo agricultura desarrollada dentro de este nuevo concepto”, de la siembra directa, lo que representa “una verdadera nueva manera de entender y llevar a cabo el proceso agroproductivo”, sostuvo.
Ese nivel de adopción contrasta con el promedio mundial, que no supera el 10%. “Es el 80% contra el 10%. Por eso podemos decir con toda entidad que lideramos esta indudable y verdadera mejora de la agricultura a nivel global”, afirmó.
Peiretti aclaró que no se trata de una postura voluntarista, ni de orgullo regional, sino de datos verificables. La región, impulsada por condiciones económicas más exigentes y por una fuerte articulación técnica entre productores, técnicos e instituciones, avanzó más rápido que otras geografías.
En su trayectoria Roberto Peiretti fue invitado a 40 países en más de 80 oportunidades para exponer sobre el modelo desarrollado en América, en general, y con toda potencia en el Cono Sur, en particular.
“Eso me permitió consolidar estos conceptos, de que es el camino, por lo menos hasta que aparezca otra cosa mejor. Y hoy por hoy, otra no está a la vista”, expresó el referente internacional en siembra directa.
Rentabilidad como condición estructural
Más allá del discurso ambiental, Peiretti es categórico en un punto: sin rentabilidad no hay sustentabilidad posible. “Si no hay rentabilidad, no se adopta”, afirmó.
A diferencia de Europa o Estados Unidos, donde existen subsidios importantes, en el Cono Sur, frente a la ausencia de esas ayudas gubernamentales, el sistema debe sostenerse y expresar sus ventajas con prioridad desde lo económico, como primera condición, para poder sostenerse y retroalimentarse. “Aquí no tenemos subsidios. Si algo no es rentable, el productor vuelve atrás o sencillamente no lo adopta”, explicó.
Y marcó un contraste ilustrativo: “En algunos lugares, por el solo hecho de sembrar, se reciben 600 euros por hectárea. En ese contexto, la necesidad de cambiar no es la misma”.
En Sudamérica, en cambio, la adopción fue impulsada por la necesidad de mejorar márgenes, reducir costos operativos y estabilizar y hacer crecer los rendimientos. “Si se adoptó en el 80% del área reemplazando lo anterior, es la prueba más contundente de que es más favorable que la alternativa que veníamos utilizando”, sostuvo.
Incluso en contextos de márgenes ajustados, advirtió que retroceder no mejora la ecuación. “Si volvemos para atrás, no vamos a conseguir más rentabilidad”, afirmó.
Un camino abierto hacia adelante
Peiretti insistió en que no se trata de un punto de llegada, sino que “entramos en un camino diferente, pero hay mucho por recorrer”, señaló. En los paneles técnicos actuales –indicó– ya se vislumbran nuevas tecnologías derivadas de la ciencia, que integradas al modelo de producción basado en el sistema de siembra directa permitirán seguir mejorando productividad, eficiencia y sustentabilidad de manera simultánea.
“Hay tantísima más tecnología derivada de la ciencia que es necesaria para seguir mejorando la productividad, la rentabilidad y la sustentabilidad”, sostuvo.
El desafío no es elegir entre producir o cuidar recursos. Es integrar ambas dimensiones. “La base está, pero no es una meta, es un camino”, afirmó.
Y el socio fundador de Aapresid concluyó con una síntesis de su visión estratégica de la agricultura del siglo XXI: “Podemos producir más, ser más rentables y al mismo tiempo mejorar el recurso madre que sostiene todo el proceso agroproductivo”.
Las recorridas a campo forman parte del ADN de Nidera en Uruguay. Mostrar los materiales en pleno desarrollo, generar discusión técnica y escuchar al productor son ejes centrales de una estrategia que la compañía viene profundizando en los últimos años, dijo a VERDE, el responsable comercial de Nidera en Uruguay, Andrés Nogueira.
El foco de la propuesta de verano está puesto principalmente en híbridos, con especial énfasis en maíz, soja, y sin dejar de lado al girasol, como piezas relevantes dentro del sistema agrícola.
En maíz, Nogueira dijo que Nidera “mantiene un posicionamiento fuerte” en el mercado, y continúa renovando su oferta. Este año uno de los materiales destacados es el NS 7765 Viptera 3, definido por la empresa como un híbrido “muy estable, adaptable a todo el gradiente ambiental”, y recomendado para las dos fechas típicas de siembra.
“Somos una empresa que todos los años trae novedades. Venimos con un portafolio muy competitivo y completo, que mantiene los tres pilares fundamentales: rendimiento, estabilidad y tecnología”, señaló Nogueira.
Además, Nidera prepara el lanzamiento del NS 7925 Viptera 3 para la zafra 2026-2027, un híbrido templado que incorpora un “muy buen comportamiento frente a spiroplasma”, indicó. La experiencia reciente con la chicharrita y el impacto sanitario en la región marcó un punto de inflexión en la selección de materiales.
“Después de la epidemia de spiroplasma y la chicharrita necesitamos tener un híbrido que no desentone en rendimiento y agronomía, pero que sea muy fuerte en tolerancia a la enfermedad. Por suerte, en poco tiempo lo logramos”, destacó. A la vez, “suma un color llamativo, un anaranjado fuerte”, indicó.
En sistemas bajo riego, donde el productor invierte más en agua, fertilización y tecnología asociada, “la exigencia es aún mayor”. Desde Nidera, el NS 7626 ha sido históricamente el “caballito de batalla” en estos planteos, y ahora el NS 7765 Viptera 3 también se posiciona en los ensayos de Regadores Unidos del Uruguay, “manteniendo alta productividad y mejorando aspectos sanitarios, especialmente frente a tizón”, señaló.
“Siempre intentamos tener un híbrido top para esas situaciones donde el productor invierte mucho. Necesitamos ofrecer un material que responda a ese nivel de planteo”, resaltó.
En soja la estrategia va más allá de la coyuntura climática de una campaña puntual. “Esto es una foto. Los semilleros están pensando cinco o 10 años para adelante”, sostuvo.
Destacó que Nidera viene “apostando fuerte a la tecnología Conkesta Enlist” en los grupos de mayor demanda en el país, especialmente en los grupos 6. El año pasado lanzó la 6223 y este año incorpora la 6726, dentro de la plataforma Conkesta Enlist, buscando complementar el portafolio con genética actualizada.
“El productor hoy busca tecnologías de vanguardia y el paquete completo. Control de malezas de la mano de Enlist y tolerancia a lepidópteros dentro de una propuesta integral”, remarcó el responsable comercial.
Nogueira informó que la base genética continúa siendo mayoritariamente argentina, aunque la empresa mantiene relación directa con Brasil y sigue atenta a la evolución de nuevas plataformas tecnológicas que puedan incorporarse en el corto y mediano plazo.
La alternativa del girasol
En girasol Nidera decidió avanzar con fuerza en 1113 CL, un híbrido que ya tiene trayectoria en Argentina y que la empresa busca consolidar en Uruguay. Para Nogueira el cultivo tiene fundamentos sólidos dentro del sistema agrícola. “Ojalá haya venido para quedarse. Es una alternativa más, ayuda a diversificar, a rotar cultivos y también a rotar principios activos en el control de malezas”, señaló.
Agregó que el girasol “encaja” estratégicamente en la ventana “entre un maíz temprano y una soja de primera”, con la opción de planteos de segunda. Además, se trata de un cultivo que requiere menor nivel de fertilización y que puede aportar estabilidad dentro del esquema de verano. “Si al productor le va bien y las condiciones comerciales se mantienen, creo que el área puede seguir creciendo”, sostuvo.
Más allá de cada híbrido o variedad puntual, Nogueira dijo que “el mensaje que Nidera busca transmitir es consistente: sostener rendimiento con estabilidad, incorporando tecnología que permita enfrentar escenarios sanitarios y productivos cada vez más exigentes”, concluyó.