MV Asociados, empresa importadora de las marcas Krone, Bogballe y Bertini, viene operando en el mercado uruguayo con productos que brinden calidad y alta durabilidad. Fernando Calimaris director de MV Asociados señaló a VERDE que desde hace algunos años la empresa “está focalizada en la calidad de los equipos”, esa es “la norma y el espíritu de MV”. Explicó que se apunta a atender la demanda del productor que “quiere tener una marca y una representación que maximice sus productos”.
En esa línea, destacó que Krone es una marca líder a nivel mundial, cuya línea de trabajo “se sustenta en la calidad y durabilidad” de sus productos. “Es muy reconocida” por los productores uruguayos, dado que las enfardadoras “sobresalen fuera de las condiciones de confort” de cualquier máquina enfardadora, allí es “donde más se luce y donde mejor anda”.
El mundo Krone de enfardadoras se divide entre las máquinas de barra y las de correa. Las de barra “tienen prestaciones que generan una mayor adaptación a situaciones más complejas, ya sea para cola de cosecha en pleno verano, con altas temperaturas, o para cuando el forraje tiene más humedad”, explicó. En tanto, las de correa “son relativamente nuevas en Uruguay y cuentan con prestaciones excepcionales”, dijo. “Tenemos una máquina para cada tipo y necesidad del productor”, afirmó.
En cuanto a las segadoras de disco, sostuvo que trabajan con éxito con máquinas de 3 y 4 metros de ancho, de tres puntos y “creemos que el próximo paso para el mercado uruguayo es la máquina autopropulsada, el modelo Big M, que tiene hasta 10,50 metros de ancho de corte, con acondicionador y acumulador de hilera, con motor de 500 hp”. Destacó que “es un equipo con gran rendimiento en horas y cantidad de hectáreas”.
Adelantó que en los próximos dos años llegará la enfardadora Big Pack, “de fardo cuadrado gigante”, para “bajar el costo” del flete. “Los fardos son hechos a la medida de la caja del camión, maximizando el área de superficie de carga, abaratando el transporte, tanto del forraje húmedo como del seco”, señaló.
Sobre los servicios y repuestos, Calimaris resaltó que Krone es una marca “poca repuestera”, de todos modos “se cuenta con stock propio y dos veces al año se realizan preventas, lo que permite a los productores acceder a valores muy interesantes”.
El director de MV Asociados anunció que la empresa acordó con Krone desarrollar el mercado de usados. “Hicimos un acuerdo y Krone nos provee para el mercado uruguayo equipos con muy poco uso, de 1.000 a 2.000 fardos de uso, y la idea es no sobrepasar los 7.000 u 8.000 fardos de uso”.
Dijo que para una máquina Krone esa cifra “es muy baja”, ya que el recambio de un equipo usado bien mantenido por uno nuevo se suele realizar a los 70.000 fardos. “Esto nos permite colocar máquinas con muy poco uso a precios muy interesantes, con un tiempo de amortización larguísimo”, destacó.
FERTILIZACIÓN Y SIEMBRA
MV Asociados sigue trabajando con Bogballe, “una marca líder, que tiene la mejor calidad de distribución a nivel mundial”, resaltó. A la vez, se introdujeron marcas complementarias en fertilización de origen europeo, que cumplen especificaciones muy buenas, sobre todo en calidad de distribución y ancho de trabajo, pero que “también son más competitivas en precios que Bogballe”, acotó el empresario.
Calimaris dijo que en Uruguay también se está trabajando con Bredal, una marca de Dinamarca, asociada con Bogballe, que “nos aporta equipos de arrastre de 5 a 26 metros cúbicos, de mono eje a cuatro ruedas, totalmente automatizadas, que trabaja con mandos satelitales, que permite el encalado localizado por sinfín o a granel por disco”.
A su vez, este equipo permite el intercambio de disco para funcionar con urea o sólidos como fosfato de amonio, fósforo o productos microgranulados. “Hay un mercado muy interesante para productores que buscan calidad”, comentó.
Además, informó que está trabajando en “reintroducir fuertemente” la marca Bertini, que por razones de precios estaba siendo poco competitiva. “Se comenzaron a realizar algunos negocios. Es una marca muy buena y de mucha calidad de siembra”, subrayó.
Se está orientando al productor medio con los modelos 8000 y 10000, que van desde los 4 a 4,5 metros de ancho. A la vez, el nuevo modelo 40000 permite un ancho de trabajo que va desde 7 y hasta los 14 metros tándem. “Es una máquina que permite siembra de invierno y neumática en verano”, señaló.
Con el incremento del área de maíz se comercializaron “de muy buena forma los cabezales maiceros de origen argentino, marca Allochis, en aluminio y en acero”, comentó. Además, destacó las líneas satelitales de la marca Topcon, navegadores y pilotos, y la incorporación de una marca de origen china para ese segmento de mercado.
Los nematodos generan pérdidas de rendimiento y son un problema importante, al igual que la mala calidad de semilla que se puede llevar hasta un 35% de la producción.
Andreomar Kurek, director de Investigación de Soja para Brasil y Argentina en Stine Seed, fue uno de los protagonistas en la reciente edición del ADP Zone, encuentro anual organizado por la empresa ADP. Allí utilizó el concepto de “ladrones de rinde” para referirse a los factores que afectan la productividad del cultivo de soja. “Siempre buscamos el alto rinde, pero muchas veces se siembra una soja de baja calidad, ese es un ladrón de rinde. La calidad de semilla es parte de la cultura brasileña, por la dificultad que tienen los ambientes del país, que no permiten dar esas ventajas”, comentó.
Destacó que “Brasil tiene más del 80% de semilla legal, certificada”, y que eso se explica por la condición ambiental, que “no es buena”. Señaló que eso obliga a tener empresas “muy técnicas, desde la siembra y durante todo el proceso de producción de semillas. “La semilla tiene un costo más alto, por su contenido, calidad, por los tiempos de investigación que tienen, pero eso se traduce en rinde”, afirmó.
Recordó que “era común en Brasil hablar de soja con un 80% de germinación, no se hablaba de vigor, sí se consideraba el alto vigor en maíz, también alta germinación, muy próximo al 100%”. Pero “ahora eso pasa con la semilla de soja, que tiene que tener los mismos patrones de calidad del maíz, un nivel muy alto de germinación, estamos hablando de más del 95%, y vigor por encima de 90%, preferentemente arriba de 95%”, y eso “garantiza un rinde mayor por hectárea”.
Señaló estudios que indican que hasta 35% de pérdida de rinde por baja calidad en la semilla, “algo que para mí es poco, creo que una mala semilla puede ocasionar pérdidas aún mayores”, consideró.
Los nematodos son un problema importante en Brasil, del que en Uruguay casi no se habla. “En Brasil al principio no se hablaba, cuando la soja se sembraba en la región centro-sur, donde en general los suelos son mejores y hay buenas lluvias”, comentó Kurek.
Pero cuando se empezó a sembrar en la zona del Cerrado, al norte, en Mato Grosso, “percibimos esos ladrones de productividad y trabajamos cada vez más fuerte. Ahí estaban los nematodos”.
Destacó que la soja Stine “tiene resistencia a distintas especies de nematodos, y eso nos garantiza tener un mínimo de rendimiento, que otras variedades no van a alcanzar”.
Indicó que en un año de sequía es más visible la pérdida de rendimiento por nematodos. “Hace unos años un trabajo de Syngenta mostró que casi el 95% de las áreas tenían nematodos y muchos productores no sabían que lo tenían. Esas evaluaciones fueron desde Río Grande del Sur hasta el norte de Brasil, y el escenario es el mismo. Todas las zonas productoras de soja tienen presencia de nematodos”, señaló.
LA EVOLUCIÓN DE LA PRODUCTIVIDAD
El director de Investigación de Soja para Brasil y Argentina en Stine Seed repasó cuáles fueron los principales factores que permitieron aumentar la productividad de la soja en su país, donde el área crece de forma impactante año a año. Una de las claves mencionadas por Kurek fue el pasaje de sojas determinadas a indeterminadas, gracias a la investigación de empresas del rubro. “Se cambió una soja que estaba muy adaptada a la zona tropical, muy defensiva, que era la soja determinada, pero se necesitaba una soja de mayor rinde y que permitiera una siembra más temprana. Así se descubrió la soja indeterminada, que permitía tener una siembra más temprana, y hoy se siembra a principio de setiembre”, comentó.
Destacó que esto permite aprovechar mejor la luminosidad, la temperatura, la lluvia para el desarrollo de la soja en noviembre, diciembre y enero, y cosechar en enero y febrero, permitiendo la siembra de maíz.
“Esto también fue muy importante para el desarrollo de la cadena del maíz. En verano se sembraba la mayor cantidad de hectáreas de maíz en Brasil. Hoy el 20% se siembra en verano y 80% se hace en la segunda campaña, después de la cosecha de soja, en enero y febrero, para cosechar en mayo y junio. Con esto todo el sistema tiene mayores rindes por hectárea, tanto la soja como el maíz”, valoró.
Otros elementos se incorporaron a la producción agrícola brasileña, para incrementar y consolidar alta productividad con un crecimiento anual extraordinario de la superficie en los últimos 20 años. Según datos de la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab), en los últimos 40 años el área del cultivo en Brasil creció 322%. En la zafra 2024-2025 la producción de soja llegaría a 166,14 millones de toneladas, 12% más que en el ciclo anterior. El organismo agrega que la superficie creció 2,6% y llegó a 47,36 millones de hectáreas, y que la productividad crecería casi 10% para llegar a 3.500 kilos por hectárea.
Consultado sobre otros factores que permitieron impulsar los rendimientos de la oleaginosa, Kurek aclaró que en general los suelos brasileños “no tienen la calidad de los de Uruguay, Argentina y sobre todo de Estados Unidos”, ya que en Brasil “son suelos con más arena, de baja calidad”. Por eso, “el primer punto fue trabajar mucho con los suelos” y “al mismo tiempo con la siembra directa, cobertura con vegetal, incrementar la materia orgánica del suelo”.
Insistió en que hubo “mucha inversión en investigación, tanto pública como privada”, y que “todo eso permitió que creciera el área, pero mucho más el rendimiento, no solo de soja sino también de maíz”.
Stine
Stine es una empresa estadounidense, con presencia global, “pionera en breading de soja comercial”, destacó Kurek. La compañía está en Argentina desde 2016 y en Brasil desde 2018. “En Estados Unidos teníamos un germoplasma de muy alto rinde, pero en Brasil se necesitan grupos 7, 8 y 9. En seis años hicimos toda esta selección, trayendo la fortaleza de Stine, que es rinde y muchas otras características, como la resistencia a nematodos y otras enfermedades”, comentó.
En Brasil Stine ofrece ocho variedades de soja, con las tecnologías Conkesta y Enlist. “Estamos creciendo año a año, con rinde, con calidad de semilla, lo mismo que pasa en Argentina y en todos los ambientes donde está Stine”, afirmó.
Kurek sostuvo que el diferencial de Stine “es su genética única, desarrollada por Harry Stine y todo el equipo de la compañía, durante muchas décadas”. Destacó que “tenemos una base de soja convencional, que no hay en otra empresa. El principal objetivo de Stine siempre es el rendimiento, nuestro eslogan es: Stine tiene rinde. En esto trabajamos todos los días, enfocados siempre en la semilla”.
Agregó que en Argentina “tenemos muchos datos de los últimos años de la Recso (Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja), donde hay muchas variedades de Stine que están muy arriba de los promedios de los ensayos. Muchas veces 7% a 10% y más productividad”.
Comentó que Harry Stine, fundador de la compañía, es un productor y “ese es un punto muy importante”, porque “comprende muy bien lo que pasa con cada chacra, con cada productor, las dificultades que tienen”. Aseguró que “sus dificultades y lo que él busca es lo mismo que busca un productor en cualquier parte del mundo”.
Por eso, explicó que “queremos tener un relacionamiento con el productor, desde una empresa que está enfocada en el negocio, que va a traer la mejor variedad. Harry siempre nos comenta que más temprano o más tarde el productor va a sembrar Stine, y es así. La empresa tiene más del 70% de participación en el mercado de Estados Unidos y es líder en genética Enlist. Entonces, tarde o temprano los productores de Argentina, Uruguay y Brasil van a sembrar Stine”.
Preocupa el estancamiento en Uruguay
En la reciente edición de ADP Zone, el director de ADP, Marcos Guigou, realizó una presentación donde hizo un paralelismo de la soja en Uruguay con una escena de la película Apolo 13, donde los técnicos de la Nasa realizaban una conexión y explotó un tanque, y la misión que tenían prevista debió reprogramarse. “En la soja hay aumento de costos, pero sin productividad, me da la impresión que no hay explosión”, dijo a VERDE.
Para Guigou el tema no se está abordando con la importancia que tiene, sin embargo, “miras a los competidores, principalmente a Brasil y Estados Unidos, y tienen mayores productividades, estables, con áreas que crecen de forma increíble”, planteó.
Recordó que “el girasol tuvo ese problema, no lo vimos y después se perdió el cultivo”. Y también se refirió al trigo, “un jugador del equipo al que no se le ha dado mucha importancia, que tiene números muy justos y siempre hay que buscar potenciales muy altos para llegar al equilibrio”.
Sin embargo, destacó que “el trigo ha despegado y su productividad ha mejorado”. De todos modos, admitió que “si se mira el trigo que hacemos ahora y el que hacíamos hace 10 años, no tiene nada que ver”. “Es trigo, pero la ubicación en la rotación, la cantidad de cosas que tenemos en cuenta, como no repetir trigo sobre trigo. Es un desarrollo muy distinto, y hay que buscar cosas similares para la soja. La soja ya no se arregla como sea, no es un yuyo que produce igual, es la que nos está generando más problemas de caja y de resultados”, enfatizó.
Valoró que el trigo uruguayo está “muy por encima en productividad media, y con tendencia a seguir creciendo en rinde” respecto a los demás países productores del continente. “Algo hicimos distinto en ese cultivo en relación con la soja”, afirmó.
En tal sentido, Guigou planteó que “hay que trabajar mucho en tecnologías de procesos y bajar un poco las revoluciones en las tecnologías de insumos, porque evidentemente apilar insumos y subir los costos no han permitido que el cultivo aumente la productividad; con eso es difícil ser competitivos”.
Buscando resolver esta limitante, ADP explora tecnologías como el encalado, porque “en la medida que suba el pH, la soja va a rendir más”, y otras más disruptivas, como “los microgeles”, para retener parte del agua de lluvia que se escapa. Además de la genética por ambientes y ciclos más cortos, porque con ciclos largos se corre el riesgo de llegar al período crítico sin agua, planteó.
Dijo que “no está medido” el impacto de sembrar soja sobre soja, “como sí lo está en otros cultivos”. Además señaló que se generan más enfermedades vasculares, y esos ciclos tienen más tiempo para que las enfermedades quiten rendimiento. “Quizá el 30% de tu campo, el de más potencial, tiene 1 metro o 70 centímetros más de suelo, son 140 o 200 milímetros más, y eso hace la diferencia entre una soja de rendimiento mediocre a una de altísima productividad”, dijo.
Agregó que si se siembra ese 30% de mejor área del campo con genética de ciclo más corto, pero de más potencial, “quizás te da 900 kilos más por hectárea y eso son 300 kilos más por hectárea en el promedio; eso es todo ganancia”.
Con relación a las malezas, recordó que en su momento disfrutó de la utilidad de la soja RR y del glifosato. “Fue muy sencillo el trabajo”, pero antes se “convivía con las malezas y teníamos umbrales, porque era muy caro combatirlas o había menos herramientas”. Entonces, en “muchas situaciones se evaluaba si valía la pena aplicar, dado el costo del producto y el impacto en el rendimiento”.
“El problema es que esa información hoy no está. No sé si vale la pena generarla, pero sí vale la pena tratar de ser racionales, entender que las chacras no van a estar inmaculadas, pero hay que tratar de medir y de hacer más con menos”, planteó.
Guigou analizó que si Regadores Unidos del Uruguay puede producir 6.000 kilos de soja por hectárea “ese es el techo”, y “sacamos 2.200 kilos por hectárea el año pasado, aunque sé que hubo productores que sacaron 3.000 kilos o más, pero estamos muy lejos del techo”.
Analizó que “la nutrición y el rhizobium tal vez no dé para esos potenciales, se necesitaría bastante nitrógeno en el suelo. Lo ponés como fertilizante o lo venías poniendo antes con una vicia en cobertura”.
La demanda internacional de arvejas viene creciendo desde hace 12 años, a una tasa del 7% anual, mientras que la producción crece al 2% o 3% anual, y esto “ha permitido mantener un soporte de precios”, señaló a VERDE Adrián Polleti, director de la consultora argentina en cultivos especiales Polleti y Asociados. El consultor participó de la jornada sobre cultivos de invierno de la empresa Greising y Elizarzú, en Tarariras, Colonia.
En esa actividad se observaron las novedades en genética de la compañía francesa RAGT, que trabaja en Uruguay con Semillas y Cía y Greising y Elizarzú. Este año, además de focalizar en trigo, colza y cebada, apareció la arveja, un cultivo que va incorporando ensayos y comienza a llamar el interés de los agricultores en esa búsqueda cada vez más marcada de sumar diversificación.
Polleti hizo una descripción del escenario productivo y comercial para luego profundizar en temas de manejo y productividad. Al observar la “tira larga” de valores desde el año 2010, la base de precios “está casi al doble”, indicó. Este fenómeno se explica en gran medida por el “mayor consumo de China, el consumo creciente en India y al registrar más cantidad de usos como ingrediente, tanto para alimentación humana como para alimentación de mascotas y destino forrajero”.
El experto consideró que “las perspectivas son buenas”, particularmente en el sudeste asiático, una parte del mundo que “duplicará la demanda de proteínas durante los próximos 10 años”, siempre y cuando no se presenten “problemas geopolíticos complicados”. Por esa razón “las proteínas animales y vegetales jugarán un rol preponderante”. Dentro de este panorama, la producción de proteínas de alta calidad será crucial y allí aparece la arveja y luego el lupino.
Polleti informó que la arveja presenta “una proteína más eficiente” desde el punto de vista de la digestibilidad, lo que le amplia el uso en varias industrias alimenticias y se transforma en un ingrediente muy importante. Esta leguminosa, en comparación con el lupino, “tiene más calidad” y no presenta “factores antinutricionales” ni requiere procesos de calentamiento para alterar la proteína y hacerla asimilable. A la vez, contiene una «gran cantidad de albúmina”, algo que la convierte en un ingrediente “clave” como “ligante de pastas”, ejemplificó.
PAÍSES PRODUCTORES
Actualmente los principales productores son Rusia –que pasó a ser el principal exportador mundial–, Canadá, Francia, Australia y Estados Unidos. En la región comienza a sobresalir Argentina, que actualmente ocupa “el octavo lugar a nivel mundial” y es “el origen que más potencialidad tiene para crecer”, debido a “la cantidad de hectáreas que hay en barbecho químico, que se podría utilizar en la siembra de arvejas”.
Señaló que el primer objetivo para Argentina sería llegar a 500.000 hectáreas “sin demasiadas complicaciones”, dado que “el productor ya hace 500.000 hectáreas de vicia”. Consideró que “es posible lograr esa meta”, aunque “depende de articular comercialmente bien la oferta”.
Explicó que, con un volumen tan grande, en Argentina ya no solo participan compañías exportadoras pymes, sino también grandes cooperativas y exportadores medianos de trigo y cebada, que están ingresando al negocio de las arvejas debido a su infraestructura para carga a granel.
El rol de Uruguay
Polleti destacó que Uruguay “tiene una ventaja muy importante”, que es el concepto Uruguay Natural, que incluye “un sistema de rotaciones diverso” y el uso de “puentes verdes”, que lo diferencian para llegar a los mercados más exigentes. Según el especialista, a los europeos “les encanta eso”, y poder sumarle trazabilidad a ese sistema de producción “sería relevante”.
“Es algo que en Uruguay es mucho más fácil de hacer que en Argentina, y además puede avanzar ahora, desde cero, para agregarle valor al producto y generar una ventaja competitiva”, afirmó.
Consideró que la trazabilidad “es clave” para acceder al mercado europeo, y señaló que la forma de producción que tiene Uruguay “es muy valorada en Europa”. Aunque advirtió que “no te lo van a pagar mucho más de lo que vale”, pero sí le pueden dar prioridad o un premio adicional por demostrar la forma en que se produce.
Además planteó que Uruguay, aunque con superficies más contenidas, también “tiene un potencial importante para exportar productos como arveja verde” al mercado brasileño, y “arveja amarilla”, un producto que “los brasileños están empezando a consumir”.
Polleti también mencionó la creciente demanda en la región de África Atlántica, en países como Senegal y Angola, que están incrementando su consumo de alimentos. “Senegal es el tercer cliente de la Argentina”, junto con Venezuela y Brasil, y Europa sigue siendo un “destino clave”, afirmó.
LA PRODUCTIVIDAD
El potencial de rendimiento del cultivo de arveja en Uruguay en las variedades nuevas “debería estar muy cerca de poder mantener promedios firmes de 3.000 kilos” por hectárea, “con posibilidades de alcanzar rendimientos aún más altos”, estimó Polleti.
Informó que en el sur de la provincia de Buenos Aires, donde está la mejor zona con potencialidad productiva de Argentina, “los rendimientos pueden ubicarse entre 4.500 y 5.000 kilos (por hectárea), sin problema”.
Señaló que la zona costera de Uruguay “tiene situaciones parecidas a esa región argentina, sobre todo cuando se registra el llenado del grano”. Indicó que el ciclo de la arveja “no depende tanto del fotoperiodo”, sino de la “acumulación de grados día”. Por esa razón, si se presenta una temporada de crecimiento promedio a fría, “el ciclo del cultivo tiende a alargarse, alcanzando el ritmo de una cebada”. En contraste, en condiciones más cálidas o ligeramente superiores a lo normal, “el ciclo se anticipa unos 15 días” y la cosecha puede darse “entre el 10 y el 15 de noviembre”, explicó.
Respecto a Uruguay, el ingeniero indicó que en la zona de Young (Río Negro) el ciclo “salió 15 días antes que en Libertad” (San José), aunque la diferencia en la fecha de siembra entre ambas regiones fue de apenas “una semana”. Este avance en Young no solo se reflejó en el tiempo de maduración, sino también en el “mejor rendimiento” obtenido.
FECHA DE SIEMBRA
Explicó que las fechas de siembra varían según la zona y el tipo de cultivo. Para las primaverales, indicó que “depende de la zona”. En Young recomendó comenzar a sembrar entre el 10 y el 15 de junio. Por su parte, para las regiones más cercanas a la costa, como Colonia o San José, “la segunda quincena de junio” es el momento adecuado para las siembras primaverales.
Si se siembran invernales, Polleti recomendó adelantarse 30 días con respecto a las primaverales, o 15 días en el caso de Young, lo que implica la “primera quincena de mayo”.
Las siembras invernales son una “muy buena alternativa” para las zonas “propensas a heladas”. La arveja invernal resiste bajas temperaturas, sin embargo una primaveral no, por lo que recomendó utilizar variedades invernales en zonas con “alto riesgo de heladas consecutivas”. Sin embargo, en ambientes costeros, como la ruta 1 hacia el río Uruguay, donde la “incidencia de heladas no es alta, una primaveral de punta ofrece más potencial de rinde”.
Encuesta de INIA muestra que la tecnología Intacta se plantó en 27% de la superficie de primera y 25% de la de segunda, y Enlist se utilizó en 39% y 35%, respectivamente.
El 85% del área de soja está sembrada con variedades de los grupos de madurez 5.5 y 6.5, señaló el ingeniero agrónomo Sebastián Mazzilli, director de la Unidad Agrícola Ganadera del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), en el 13° Encuentro de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos (MTO).
Agregó que en la encuesta realizada por INIA para el Observatorio de los Oleaginosos, “el 90% de los productores declara tener del 80% a 90% de grupos madurez 6 y algo de grupo madurez 5”, lo que marca una concentración del período crítico en febrero, “un aspecto que podría discutirse si se busca cambiar el potencial del cultivo”.
Por otro lado, destacó la creciente adopción de nuevas tecnologías en la producción de soja. “El 50% del área sembrada tenía algún evento nuevo”, lo que surge del informe de Urupov. Al tiempo que, según el Observatorio de Oleaginosos para la zafra 2023-2024, “27% de la superficie de soja de primera y 25% de la de segunda usaron tecnología Intacta”. También señaló que “en 39% del área de primera y 35% de la soja de segunda se declaró usar sojas Enlist”, lo que significa la introducción de “un cambio significativo en el manejo de malezas y plantea nuevos desafíos en el uso de agroquímicos”, dijo Mazzilli.
La información de Urupov y la del Observatorio de Oleaginosos coinciden en que “40% de la semilla utilizada en la zafra 2023-2024 fue de uso propio”, tanto en soja de primera como de segunda.
Mazzilli explicó que, a pesar de los avances tecnológicos y los cambios en el costo de la semilla, “no se han registrado cambios importantes en la cantidad de semillas que se utilizan”, que se mantuvo estable desde 2019 en “67 kilos para siembras de primera y 72 kilos por hectárea (kg/ha)” para la siembra de segunda. La tecnología de la semilla y el uso de mejores máquinas “no han provocado todavía una reducción en la densidad de siembra, como algunos podrían haber anticipado”.
Agregó que desde 2018, al tener más maíz en los sistemas agrícolas, se reduce la participación de los cultivos de servicios como antecesor de la soja de primera, que hoy ocupan el 59%. A la vez, en un 25% del área quedan los rastrojos de maíz como antecesor de la soja de primera. En el caso de la soja de segunda la proporción de cultivos previos, como trigo, colza y cebada “se mantuvo sin grandes cambios” en comparación con años anteriores, siendo “trigo y colza los más comunes”, aunque anticipa que “habrá ligeras variaciones” en función del comportamiento del área de colza.
Sobre el cultivo antecesor en el verano anterior surge que en el 83% del área de soja de primera y en el 89% de la superficie de soja de segunda hubo soja. “Estamos repitiendo soja sobre soja en una proporción importante del área, algo diferente a lo que ocurre en invierno, que presenta más diversidad”, observó. Donde “no hubo soja, hubo maíz”, aunque la encuesta para el Observatorio de Oleaginosos no contempló el área del este del país, “donde aparecería el arroz como antecesor”.
Sobre la fertilización, Mazzilli señaló que no se registran grandes cambios respecto a las últimas zafras, y se aplican en torno a los 46 kg/ha de P2O5 (fósforo) para soja de primera y unos 35 kilos en soja de segunda. A la vez, se agregaron 69 kilos de K2O (potasio) por hectárea para soja de primera y 48 kilos en soja de segunda. También se fertilizó con 7 y 5 kilos de S (azufre) para primera y segunda respectivamente, y “eso ha estado estable a pesar de las variaciones en los rindes”.
Al analizar ese nivel de fertilización y el rendimiento promedio para soja de primera, el balance de nutrientes es positivo en fósforo (16,2 kg/ha) y negativo en potasio (-11,2 kg/ha), en tanto en soja de segunda también es positivo para fósforo (7,5 kg/ha) y negativo en potasio (-26 kg/ha).
Agregó que, en la encuesta, 50% de los participantes declaró que usa algún tipo de micronutrientes en soja de primera y 25% en soja de segunda. Y 9% de los productores aplicó alguna corrección de pH, pero “aún sigue siendo marginal” en términos de área, acotó.
LAS APLICACIONES
El investigador y director en INIA mostró que “no hubo cambios importantes” con un promedio de “2,2 aplicaciones en preemergencia de la soja de primera y una aplicación en soja de segunda. En posemergencia de la soja de primera hay 2,3 aplicaciones y lo mismo en soja de segunda. La cantidad de aplicaciones se ha mantenido, “lo que cambia es lo que está adentro del tanque”.
Indicó que “el 99% del área declara haber tenido aplicaciones preemergentes”, especialmente debido a problemas con malezas como el Amaranthus palmeri, Conyza spp y Echinocloa colona, donde se utilizan: S-Metolaclor más Flumioxacin, Sulfentrazone más Metribuzin, S-Metolaclor más Metribuzin, entre otros.
Añadió que “las actuales mezclas de herbicidas” son un tema a discutir, especialmente por su impacto en la “sostenibilidad de las secuencias de cultivos”, cuando se incluyen cultivos como colza, trigo o cebada.
La aplicación de herbicidas posemergentes en la zafra pasada se ubicó entre “1,8 y 1” por hectárea para soja de primera y de segunda respectivamente. Las aplicaciones de insecticidas por hectárea se mantienen en “2,4 y 2,2 aplicaciones por hectárea” en soja de primera y de segunda respectivamente. A la vez, en la última zafra hubo 1,5 aplicaciones de fungicidas en posemergencia de la soja de primera y una aplicación para soja de segunda. “Casi toda el área tuvo fungicida de forma preventiva, es un dato para tener en cuenta”, acotó.
En tanto, señaló que “65% de los productores declara el uso de fungicidas en semilla”, mientras que “solo 11%” declara el uso de insecticida en semilla para soja de primera y “7% para segunda”.
LA SIEMBRA
Mazzilli dijo que la siembra de soja en la zafra pasada inició “inusualmente temprano”. Señaló que esto se debió a que “había quedado sin sembrar bastante área de iniverno y que había mucha área de cultivo de servicio, además del anuncio de un año Niño”.
Según el relevamiento realizado, el 44% de la soja de primera “se arrancó a sembrar en la primera década de octubre”, entre el 21 y el 31 de ese mes se sembró el 7% del área. Continuando el resto “como normalmente se siembra, en noviembre, allí en los primeros 10 días de ese mes se arrancó a sembrar 35% del total, en el resto de noviembre se sembró otro 9% y 5% en diciembre, la mayoría en la segunda quincena”.
LA SOJA DE SEGUNDA
Para la soja de segunda el panorama fue diferente, debido a las condiciones climáticas y la lluvia. “Una proporción muy importante del área se empezó a sembrar bastante tarde”, con “el 80% recién después del 20 y 30 de noviembre”, indicó. Y en diciembre se sembó el 9% del área total.
Mazzilli señaló que en años anteriores “el inicio de siembra de soja segunda, muchas veces sobre colza, fue mucho más temprano”, lo que marcó una distribución de siembra más amplia que en otras campañas.
Sobre los modos y fechas de siembra, en base a las encuestas, “más del 90% declara siembra directa”, destacó el director. Agregó que, igualmente, según su consideración “existe bastante laboreo a nivel nacional”.
El cambio en las fechas de siembra afectó también las de cosecha. Mazzilli explicó que “una proporción grande del área empezó a cosecharse temprano, en abril”, coincidiendo con el área que se sembró muy temprano. Sin embargo, advirtió que “36% de las chacras” comenzaron la cosecha “recién en la primera década de mayo”. En soja de segunda, aunque hubo cosechas en abril, “la mayor parte inició en mayo”, es decir, tarde.
En este período, la cosecha fue “muy complicada”, consideró Mazzilli. Explicó que fue “largo”, con “13 semanas de reporte de cosecha de soja de primera y 11 de soja de segunda”.
Respecto al tipo de siembra, mencionó que “el 60%, tanto en primera como en segunda, declara usar una plantadora”. Esto representa un avance en términos de calidad de siembra, diferenciándola de la siembra de chorrillo, que se utiliza en el 40% restante. Este dato es favorable desde el punto de vista de la “implantación del cultivo”, comentó.
VARIABILIDAD DE RENDIMIENTOS EN SOJA
“Existe un incremento en la variabilidad de rendimientos de la última década” para el cultivo de soja en el Uruguay, sostuvo el investigador de la Unidad de Economía Aplicada del INIA, Enrique Fernández. Enfatizó que eso “es preocupante desde el punto de vista de la sostenibilidad a largo plazo”, ya que una mayor amplitud en los rendimientos puede tener efectos negativos sobre la estabilidad del sector.
El promedio de rendimiento de la zafra, según la encuesta, fue de 2.412 kilos por hectárea (kg/ha), frente a los 707 kg/ha de la zafra precedente. El investigador consideró que no fue malo, ya que se ubicó como “el quinto” más alto de los últimos 20 años. De todos modos, está “unos 500 kg/ha por debajo del rendimiento máximo, que se registró en el 2018-2019”.
Mencionó que se mantiene “una diferencia de unos 200 kg/ha entre la siembra de primera y la de segunda, que ha sido bastante constante en los últimos años”, con un rango de “2.300 kg/ha en soja de segunda a 2.500 kg/ha en soja de primera”.
La variabilidad interanual de los rendimientos se ha incrementado notoriamente en la última década. El análisis de la heterogeneidad de rendimientos por región mostró diferencias significativas. Fernández comentó que “en las sojas de primera el litoral norte (2.879 kg/ha) y el litoral centro sur (2.808 kg/ha) se diferenciaron del resto del país”. En contraste, el noreste se presentó como la zona con los rendimientos más bajos, al lograr un promedio de 1.866 kg/ha, mientras que en el centro se lograron 2.434 kg/ha, y en el este se llegó a 2.128 kg/ha.
En la soja de segunda el litoral-norte promedió 1.758 kg/ha, el litoral-centro y sur llegaron a 2.513 kg/ha, el centro del país logró 2.131 kg/ha y el este alcanzó un promedio de 1.965 kg/ha. La superficie fue de 1,34 millones de hectáreas, el 48% del área fue de primera y el 53% de segunda.
Respecto a la producción total de soja, destacó que “llegó a los mismos niveles que habíamos tenido en la zafra 2021-2022, de 3,3 millones de toneladas”.
PROBLEMAS EN POSCOSECHA Y CALIDAD
El investigador comentó que “el exceso de precipitaciones complicó la calidad del grano y la cosecha hacia fines de la zafra”. El retraso en la entrada del grano a acopio desplazó “el pico de entrada de mayo hacia junio”, debido a las condiciones climáticas. Como consecuencia del exceso hídrico, hacia fines del ciclo del cultivo la humedad promedio del grano se ubicó en 17% y el 75% del grano cosechado requirió secado.
En regiones como el centro y el litoral norte “casi el 90% de la cosecha requirió algún tipo de secado”, y el costo de este proceso fue el más alto de las últimas zafras, ubicándose “en US$ 12 por tonelada de grano secado”.
Fernández reportó que el grano dañado se ubicó en 4%, y la proteína promedio fue 32%, el menor valor de las cuatro zafras. El valor de materia grasa fue 20%. Y el 45% del grano cosechado fue a prelimpieza, con un incremento por materias extrañas, que llegó a 34%, y una menor prelimpieza por malezas cuarentenarias: 20%.
En la zafra pasada el costo de la soja de primera estuvo en US$ 747 por hectárea, incluyendo el costo del puente verde. A la vez, en el caso de la soja de segunda el costo llegó a “US$ 640 por hectárea”. El costo total de producción se mantuvo estable respecto a la zafra pasada, aunque hubo cambios en la composición, por una baja fuerte de los precios de los fertilizantes y fitosanitarios. Pero a la vez se registró un incremento en los costos relacionados con el rendimiento, como flete y secado.
Por otra parte, indicó que el precio de la soja al final de la zafra “cerró con un promedio de US$ 414 por tonelada”, se redujo 20% con relación a la zafra anterior, cuando fue de US$ 515 por tonelada.
Otra diferencia con respecto a la zafra 2022-2023 fue que en aquel momento se vendió mucha soja al principio, a precios más altos, y menos al final; mientras que en esta zafra no hubo variaciones de precios muy importantes.
Los márgenes de la soja de primera fueron “mejores” que los del año pasado, cuando el margen “fue negativo” por la sequía. Durante la última campaña la soja de primera llegó a US$ 302 por hectárea, antes de pagar arrendamientos, y la soja de segunda alcanzó US$ 310 por hectárea”.
Según la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), el costo promedio del arrendamiento de tierra fue de US$ 323 por hectárea al año. En Soriano y Colonia fue de US$ 400 por hectárea, en Río Negro US$ 368, en Flores US$ 298, en Canelones US$ 292, en San José US$ 285, en Paysandú US$ 263 y en Durazno y Florida US$ 248 por hectárea.
Al contemplar esta variable, la soja de primera generó “un margen negativo o cercano a cero”, indicó. Mientras que la soja de segunda, al asignarle “la mitad de esa renta, el margen se acerca a US$ 150 por hectárea”.
También detalló que el 76% de los arrendamientos está fijado en kilos de producto, el 13% en precio fijo y el 11% en medianería o aparecería.
Fernández también mencionó que las zonas del litoral y centro tuvieron buenos desempeños, mientras que el noreste “se vio bastante afectado” por motivos climáticos durante la cosecha. En cuanto al contrato de seguros, detalló que “72% contrató seguro de resiembra, 50% de granizo e incendio, de rendimiento y seguía 29%, por falta de piso 25% y viento 18%”. Y destacó que “todos los productores que contrataron seguros afirmaron que volverían a contratarlo”, lo que refleja “confianza” en esa herramienta.
En el lanzamiento, el especialista Alejandro Vera destacó el aprendizaje adquirido, la red de monitoreo y la aparición de nuevas herramientas para el manejo de Dalbulus maidis.
El maíz “es un elemento trascendente en la sustentabilidad” de sistemas agrícolas, por lo cual “el desafío consiste en aprender a convivir con la plaga y reducir su incidencia, sin comprometer el rol del maíz en la rotación”. La chicharrita (Dalbulus maidis) “vino a instalarse, tenemos que saber manejar bajas poblaciones y no habrá problemas” para producir maíz, dijo a VERDE el especialista en Zoología Agrícola e investigador de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres de la provincia de Tucumán, Argentina, Alejandro Vera, en el lanzamiento en Uruguay realizado por Syngenta y Grupo Macció.
Vera sostuvo que en Brasil y Paraguay, a los dos años de haber emergido la crisis de la chicharrita, avanzaron fuerte en el manejo. En Uruguay y en Argentina “se va por el mismo camino, dado que ya está la red de monitoreo, se sigue minuto a minuto la dinámica poblacional y se lanzan productos para el control”. La clave se encuentra en “contar con productos registrados”, dijo. Al tiempo que destacó que hasta hace menos de un año “no existía nada para controlar Dalbulus maidis”.
El especialista resaltó el papel de las condiciones climáticas, afirmando que “las heladas del invierno permitieron moderar la dinámica”, contribuyendo a una reducción significativa de la población de chicharritas y presentando un escenario “diametralmente opuesto al de la campaña pasada”.
Sobre el manejo de la plaga, Vera describió que es “multifactorial” y “lo que más aprendimos es que se trata de una mesa de cuatro patas, que busca evitar la propagación de un vector de enfermedades”. El primer paso crucial es la eliminación de los “maíces guachos”, evitando que el insecto encuentre alimento y refugio en épocas en que no debería haber presencia de maíz. En tanto, el “monitoreo continuo” se ha convertido en una práctica esencial en todo el Cono Sur, como parte del “manejo cultural”. Es importante seguir la cantidad de chicharritas y si están enfermas o no.
Otro aspecto clave para el especialista es la “selección de germoplasma”, el uso de materiales tolerantes permite que el maíz resista el período de latencia de la enfermedad. El manejo químico “no está para apagar incendios”, dijo, sino que “es un complemento efectivo en la medida que se cumpla el manejo cultural”.
El investigador indicó que el umbral de control de la chicharrita “es muy bajo”, por su condición de vector de enfermedades. “La presencia de una chicharrita es suficiente para actuar”, indicó. Para lograr un control eficaz, sugirió tomar decisiones de aplicación cuando “hay un promedio de 0,5 chicharritas en 10 plantas”. Recomendó realizar un monitoreo constante, “cada cinco o siete días”, con estaciones de muestreo y examen directo de las plantas, lo que permite actuar cuando la densidad poblacional aún es baja. También resaltó que es “esencial” que la semilla esté tratada para proteger al cultivo en las primeras etapas: V1 y V2.
Sobre Verdavis, dijo que combina lambdacialotrina con un nuevo modo de acción isociclo, el Plinazolin. Una de las principales virtudes del nuevo producto es su “alta persistencia”, resaltó. Según Vera, Verdavis tiene la capacidad de controlar un amplio espectro de plagas, incluyendo lepidópteros, homópteros y hemípteros, y está diseñado específicamente para los primeros estadios fenológicos. Y recomendó “hacer una sucesión de dos aplicaciones” para “dar protección en las hojas bajas”.
Dijo que “es necesario interrumpir el ciclo de la plaga para evitar su propagación y multiplicación”, algo que facilita el control en etapas posteriores. “Si cortamos el ciclo ya solo queda actuar contra los adultos”, explicó. En esa etapa “es posible aplicar un producto de contacto”, de acción rápida, para mantener un control efectivo, comentó Vera.
Los resultados obtenidos en Argentina con el manejo químico de la chicharrita son prometedores. Incluso con las “características particulares” de la última campaña, el uso temprano de productos como Verdavis “mostró una eficacia superior al 60%, son resultados notables considerando las dificultades de control de esta plaga”, acotó.
Consultado por la evolución genética, Vera señaló que el problema de la chicharrita es que el desarrollo de germoplasmas tolerantes requiere “al menos entre cinco y seis años” de breeding (mejoramiento genético). Comentó que muchos programas ya se encuentran “en más de la mitad” del proceso y que, aunque no se espera un germoplasma tolerante para la campaña 2024-2025, los materiales precomerciales podrían estar listos en las etapas experimentales finales “para la campaña 2025-2026”.
PRESENTACIÓN DE VERDAVIS
Syngenta lanzó un nuevo insecticida denominado Verdavis, para el control de la chicharrita en maíz y de otras plagas en soja. Se trata de un producto que no precisa receta profesional y que “viene con varias zafras” en Brasil y Paraguay, comentó a VERDE el gerente de ventas de Syngenta en Uruguay, José Inciarte.
Agregó que es un insecticida basado en la nueva molécula Plinazolin de Syngenta. Se trata del segundo producto en base a esa molécula y tiene un “alto” poder de volteo, que permite que la plaga “cese inmediatamente” de alimentarse de la planta, además de contar con una “larga” residualidad, detalló. Es “un aporte de Syngenta” al control químico de la chicharrita y suma alternativas al manejo de la plaga, sostuvo.
Para maíz se recomiendan dos aplicaciones de 200 centímetros cúbicos, la primera a partir de V2 (dos hojas expandidas) y cuando se detecte la presencia de la plaga; y la segunda se debe realizar a los siete días de la primera. Al igual que Vera, Inciarte remarcó que “no hay umbral”, y que ni bien se ve la chicharrita ya hay que hacer una aplicación y continuar monitoreando, ya que esto último “es clave”.
A la vez, informó que en soja, Verdavis tiene su foco principal en chinches, pero también “suma un excelente control de trips, arañuelas y varias lagartas”. La dosis recomendada es de 150 centímetros cúbicos, desde la aparición de chinches en R4 o R5, “destacándose el poder de volteo y la alta residualidad”, comentó. Para este cultivo la residualidad es de 25 días.
LA EXPERIENCIA PARAGUAYA
En Paraguay, el período de transición fue “importante”, debido a la resistencia inicial de algunos productores a implementar las medidas necesarias para el combate de esta enfermedad, señaló a VERDE el gerente de Desarrollo de Syngenta para Bolivia y Paraguay, el ingeniero agrónomo Eduardo Rodríguez.
La crisis de la chicharrita en Paraguay ocurrió en la zafra 2015-2016, y partir de ese momento se generaron cambios profundos en el uso de híbridos y en el control químico, “similar al proceso registrado en Brasil y al que se está realizando actualmente en Argentina y Uruguay”, indicó.
Señaló que al principio “faltaban herramientas y un programa de manejo”, se fue trabajando en eso y, a la vez, el cambio para los productores fue desafiante, porque se pasó de media aplicación a varias aplicaciones en intervalos de siete días. La incorporación de este ajuste, junto al manejo integrado “fue fundamental para mantener el área de siembra”, sostuvo. Detalló que este manejo incluye híbridos tolerantes y no tolerantes, la planificación precisa de las épocas de siembra y el monitoreo.
Consultado por los resultados de Verdavis en Paraguay, el gerente de Desarrollo de Syngenta explicó que el producto se inserta en un manejo integrado contra la chicharrita y “por sus características viene con resultados sobresalientes”.
“Vamos a estar sembrando desde abril, mayo y con la inclusión de camelina”, llegar a sembrar “hasta mediados de julio”, dijo Germán Bremermann, de Barraca Erro.
La producción agrícola de Uruguay parece entrar a una nueva fase, a partir de los desafíos de una mayor diversificación de cultivos en cuanto al manejo de un abanico de opciones de granos, apuntando a la demanda de biocombustibles. Productores, exportadores, técnicos y otros actores del sector coincidieron en redoblar la apuesta en ese sentido, y advirtieron una oportunidad de negocios y de mitigar riesgos.
Estos y otros aspectos fueron analizados en el 13° encuentro de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos, realizado el miércoles 9 de octubre, bajo el concepto de ir explorando oportunidades más allá de la soja, específicamente en los cultivos de colza, carinata y camelina.
En una instancia de diálogo, en esa ocasión, el gerente general de Cargill, Gabriel Di Giovannantonio, se refirió a los aportes de colza, carinata y camelina para la agricultura uruguaya. “Cualquier cultivo que podamos explorar en Uruguay, principalmente en invierno, que nos permita una diversificación productiva de logística y de mercados, es bienvenido”, dijo.
Planteó su posición respecto a “separar canola, un cultivo ya más establecido en Uruguay”, respecto a camelina y carinata. El 20% del aceite que se produce a nivel mundial hoy va para biocombustibles, y para seguir con “dos conceptos claros”, se empiezan a ver cada vez “más análisis que marcan que la población está llegando a un techo más abajo de lo que se pensaba y más temprano” también, señaló.
Comentó que para los países que producen granos, que son alimentos y energía, cada vez más hay que “atender este segundo mercado, que es el que crece, el de los biocombustibles”. Sugirió que “producir aceite en invierno es una muy buena diversificación”, y también se produce en verano, con la soja, pero esta tiene “más componente proteico en la harina que en el aceite”. Acotó que producir aceite es bienvenido, porque “es una fuente de energía y más si es en invierno”, cuando “estamos muy concentrados en cereales”.
Esa “tendencia mundial de crecimiento, principalmente en la demanda de aceite para biocombustibles, genera alternativas que aportan ventajas al Uruguay a través de la diversificación en mercados y en precios”, sostuvo.
Para este ejecutivo, los componentes de los otros dos cultivos de invierno, como trigo y cebada, “van muy atados”, porque el precio del trigo y de la cebada tiene la referencia de la bolsa de Chicago, entonces más allá de la parte productiva, el componente de precio estaba “muy poco diversificado”.
Destacó que la canola “es un cultivo fácilmente escalable”, y que Uruguay, “al ser libre de organismos genéticamente modificados (OGM), puede entrar al mercado más exigente”. Señaló que “el que mejor paga”, y “con mejor liquidez” es “Europa”, donde se pudo colocar “desde producciones chicas, de medio barco, hasta en año récord volúmenes realmente interesantes”. Y a la liquidez de precio “se le suma la desestacionalidad”, dijo.
Valoró que, “después de Australia, somos el segundo mayor productor y exportador de ese grano en el hemisferio sur, o sea que cuando todo el resto no está produciendo, nosotros teníamos una capacidad de venta”. Y enfatizó que “las ventajas de la canola a nivel operativo, comercial y logístico son varias”.
Además, planteó que los otros dos granos surgen como una “alternativa” en un mundo que requiere más aceite para producir biocombustibles. Agregó que los biocombustibles de “nueva generación, permiten a Uruguay particularmente aprovechar nichos, que para países como Argentina, Brasil o Paraguay son complicados por su dinámica, por su tamaño”, comparó.
Agregó que esto “permite descomoditizar parte” de la producción, agregándole valor y también operar “en toda la cadena que trabaja mucho en la confianza y en el conocimiento”.
Hay una “buena interacción” entre las instituciones, y eso sin dudas es más difícil en otros países”. Afirmó que “si cualquiera quiere venir y decir que pretende desarrollar este cultivo, y Uruguay es apto, es un buen piloto para hacerlo, y aparte nos potencia como país sustentable”.
Di Giovannantonio hizo hincapié en que la “mayoría de estos productos van a consumidores finales que quieren pagar más ese biocombustible”, porque “los biocombustibles salen más caros que los combustibles”, ya que “son más amigables con el medioambiente”.
Uruguay puede asegurar eso, ya que para la producción “no hace falta deforestar, es amigable con las políticas, con la sociedad” y demás, indicó.
Experiencia y evaluación
A su turno, el ejecutivo de Barraca Erro, Germán Bremermann, quien participó de este evento en representación de la Asociación de Comerciantes de Granos, habló de la “diversificación de riesgos”, que aporta tener más cultivos de invierno. Coincidió con el expositor anterior en cuanto a que “hay que ir separando algunos temas respecto a la colza”, que es el cultivo de estas características con el que “tenemos más información y experiencia”.
Dijo que hay “quizás 20 años trabajando en colza”, pero también señaló que cuando se la compara con los clásicos cultivos de invierno, como trigo y cebada –sobre todo en trigo– “tenemos más de 100 años”, por lo cual “hay una diferencia importante”.
Ahora en invierno, además de trigo y cebada, hay “tres oleaginosos”, entonces “se podrán tener cinco cultivos de invierno”, lo que “ayuda muchísimo”, considerando “la intensificación agrícola en la rotación” con el manejo de malezas y enfermedades. “Vamos a estar sembrando desde abril, mayo, y con la inclusión de camelina”, se llegará “hasta mediados de julio”, avizoró.
Ante la Mesa Tecnológica de Oleaginosos planteó “un tema no menor, que debería analizarse pensando en INIA: estamos viendo que hay un cierto efecto sobre las propiedades físicas del suelo”, principalmente en colzas de “alto rendimiento”, que “terminan rindiendo por encima de 2.000 kilos y 2.500 kilos” por hectárea. Indicó que, cuando se mide y se siembra una soja de segunda sobre esa colza, se ven “rendimientos bastante interesantes y superiores”, comparando con cebada y trigo.
Se refirió a algunos estudios sobre este asunto, realizados a nivel comercial y no de investigación, y el resultado “siempre juega a favor de colza”, dado que la “soja rinde más sobre el rastrojo de colza”, incluso “con rendimientos que pueden llegar a estar en 400, 500 o 600 kilos” por hectárea, “dependiendo del ambiente y de la situación”. Por lo cual “es necesario mirar con atención al sistema colza-soja”, afirmó.
Bremermann también mencionó el caso de las colzas invernales, que se cosechan más tarde, sobre principios de diciembre, en las que se advierte una “respuesta de rendimiento sobre el maíz de segunda respecto al rastrojo de trigo”. Y agregó que “en el siguiente cultivo de trigo o cebada también hay respuesta en el rinde por haber tenido colza”.
Alur y el productor
El gerente general de Alcoholes del Uruguay (ALUR), Álvaro Lorenzo, también resaltó la “gran oportunidad” en los biocombustibles, especialmente el combustible sostenible de aviación (SAF, por su sigla en inglés).
Se refirió a las “rutas tecnológicas” para satisfacer las necesidades es la ruta HEFA (aceites vegetales y grasas animales hidrotratados), donde surge el diésel renovable y se puede llegar también al SAF, pero “se estanca primero por falta de materias primas, por restricciones regulatorias de los mercados de destino, donde ya Europa sacó el aceite de palma, la soja va camino a irse” y “la canola pica por ahí”.
Entonces, las alternativas como camelina y carinata, que “no compiten con los alimentos”, son “muy relevantes” y también “estamos trabajando e investigando con colegas y con empresas que están desarrollando el cultivo, como Nuseed o Chacra Servicios, entre otras, que tienen genética”, dijo.
Comentó que Alur busca “otras alternativas que no son cultivos anuales, sino perennes, también como fuente de aceite vegetal oleaginoso”. Afirmó que “hay una oportunidad enorme y la está viendo todo el mundo”.
Y aludió a un reciente encuentro con técnicos brasileños, donde se indicó que Brasil tiene “180.000 hectáreas de canola”, que tendrá “300.000 hectáreas el año que viene” y en 2030 alcanzará “1 millón de hectáreas”. Mientras que en Argentina el cultivo está creciendo, y también en Paraguay, advirtió.
Sostuvo que “hay una oportunidad comercial más allá de las ventajas que tiene en todo el ciclo de cultivo y en el sistema”.
Desde la mirada del productor habló el empresario agrícola y presidente de la Asociación Agropecuaria de Dolores (AAD), Enrique Carlos Oyharzábal, quien se refirió a los “beneficios” del cultivo. En lo agronómico, “empezamos a ver que la canola venía a participar a un sistema que estaba muy sobrecargado de gramíneas en invierno; vimos una oportunidad para la rotación con un cultivo que tenía una dinámica” y un “comportamiento totalmente diferente”, describió.
Consideró que esto vino a “solucionar varios problemas” respecto a temas de enfermedades, porque “con una rotación en la cual la cabeza puede ser un maíz de primera o una soja de primera, acompañado en el primer invierno por una colza invernal o primaveral, ya se arranca con un sistema limpio”. Para “después incluir gramíneas de invierno, se pueden llegar a suceder hasta tres gramíneas invernales sin generar problemas ni conflictos de enfermedades entre sí”, sostuvo. Acotó que “sí de malezas, pero no de enfermedades”.
Destacó que esa es una “fortaleza muy grande”, porque “empezamos a manejar rastrojos más sanos y eso hace al sistema agrícola”. Señaló que “en un mundo que mira cada vez más la inocuidad eso es muy importante”.
Consideró que el sistema “estaba muy cargado de malezas gramíneas, con muchos rastrojos C4, que complicaban la siembra posterior, y la canola descomprimió esa situación, generando efectos positivos en la productividad poscanola”.
El presidente de la AAD valoró que desde el punto de vista empresarial, hacer un cultivo que “permite usar otros principios activos para controlar malezas” posibilita “usar menos fungicidas y, a la misma vez nos potencia los rendimientos de los cultivos de verano entre 10%, 15% y hasta 20% en algunos”, y destacó que ese efecto también “continúa en el invierno siguiente”.
Remarcó que “todo eso trae un plus de productividad, que impacta favorablemente en los números de las empresas”. Y consideró que esa mirada al sistema, más allá del cultivo, “marca el camino”.
El ránking de las mayores empresas exportadoras de bienes de 2024 es liderado una vez más por Conaprole, seguida de la granelera Cargill Uruguay y en tercer lugar figura UPM-Forestal Oriental, conforme con los resultados del reconocimiento al esfuerzo exportador, que realiza el Banco República (BROU) cada año.
En un acto realizado el miércoles 4 de diciembre y con la presencia del presidente Luis Lacalla Pou, este banco otorgó los premios correspondientes a las diferentes categorías.
Y entre las mayores empresas exportadoras de los 20 mayores rubros figuran en primer lugar el frigorífico Tacuarembó-Grupo Marfrig en carne, en segundo puesto UPM en celulosa, en el tercero Cargill en oleaginosos, en cuatro quedó Saman en arroz y en quinto está Conaprole en lácteos, según el comunicado divulgado por el BROU.
Indica que en el grupo de mayores empresas exportadoras desde zonas francas están: UPM, Montes del Plata, Pepsico Uruguay y Megalabs, en ese orden.
El podio de las empresas exportadoras de servicios es liderado por Tata Consultancy Services, seguida de Mercado Libre.
Como ya es tradicional, la participación del rubro agroindustrial predomina en la mayoría de las categorías del reconocimiento de la entidad bancaria pública.