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Agricultura

Arroz, soja y ganadería bajo riego con pivot con números alentadores

17 de junio de 2021

En cereal rindió 9.900 kg/ha, incluyendo importantes premios por calidad; además la oleaginosa promedió 4.700 kg/ha; y las pasturas produjeron 250 kg de carne/ha

La segunda zafra del sistema arroz-soja- ganadería con riego por pivot en Uruguay tuvo resultados muy alentadores, confirmó a VERDE el ingeniero agrónomo Gonzalo Zorrilla, investigador a cargo de esta experiencia que llevan adelante varias instituciones y empresas con la financiación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII).   

El proyecto de validación se lleva adelante en el establecimiento El Arroyito, de Ramiro y Martín Gigena, en la zona de Vergara, Treinta y Tres. Es liderado por la empresa GND-BR, representante de los equipos de riego Krebs en Uruguay, en alianza con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), la empresa de maquinarias y equipos Aramis SRL y el apoyo técnico de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria (EMBRAPA). 

Zorrilla recordó que la zona donde se desarrolla esta experiencia es de lomadas, cercana a la zona arrocera clásica de la empresa de Ramiro y Martín Gigena. Allí no se sembraba arroz justamente por esa topografía del suelo. “Con un pivot de 20 hectáreas se hicieron alternadamente soja y arroz en cada mitad del círculo, permitiendo obtener coeficientes técnicos de una rotación arroz-pasturas invernales-soja o soja-pasturas invernales-arroz”, señaló. 

Sobre los resultados de la experiencia, destacó que “si miramos la línea de tiempo de  dos años del proyecto, obtuvimos en promedio 9.000 kilos de arroz por hectárea, 250 kilos de carne, 4.000 kilos de soja y, a pesar de que el proyecto culmina ahora, debiéramos incluir el segundo invierno con otros 250 kilos de carne. Es muchísima producción y utilizando precios moderados, no con los máximos de este momento, son U$S 2.450 de ingreso bruto por hectárea por año. Eso reafirma lo que muchos dicen, que el riego le pone un segundo piso al campo”. 

El investigador sostuvo que, con estos valores y volúmenes de producción, y sabiendo más o menos los costos del año pasado, “uno estima que la recuperación de la inversión está bastante asegurada, porque la productividad es muy alta. Da mucha flexibilidad en caso de que los rendimientos o los precios no sean tan buenos”.

Zorrilla anunció que se realizarán informes técnicos y publicaciones de divulgación, que saldrán en los reportes anuales de arroz de INIA, además de alguna otra publicación para que quede bien documentado.

Pero advirtió que “estos sistemas no son para cualquiera y requieren de un productor propietario de la tierra o con estabilidad de largo plazo, tener la fuente de agua y la capacidad de invertir. Es interesante analizar en estos casos los excelentes incentivos fiscales que hay en este momento a través de la COMAP”. 

Agregó que la mejora en la eficiencia del uso del agua es otro valor importante. “Una cuenta sencilla da que, con el volumen necesario para una hectárea de arroz inundado, se podría plantar una hectárea de arroz y otra de soja bajo riego por aspersión. Además, la disponibilidad del riego en cualquier momento, permite utilizarlo para la pastura invernal, asegurando una producción ganadera de alta rentabilidad. Ya hablamos de 250 kilos de carne, en un verdeo que solo tuvo el costo de la semilla, una urea y poco más”, detalló.

Rendimientos

Un componente clave de este proyecto es la productividad, y este año “se cumplió con creces. El año pasado habíamos obtenido muy buenos rendimientos en arroz y apenas aceptables en soja (para un sistema de riego). Fueron 9.300 kilos de la variedad INIA Merín en arroz y 7.500 en la variedad INIA Olimar; y habíamos llegado a 3.050 kilos en soja”. 

El ingeniero agrónomo destacó que en esta zafra los rendimientos “mejoraron sustancialmente. Usamos solo la variedad INIA Merín, porque en la zafra 2019/20 se confirmó la información que nos brindaba EMBRAPA: que necesitábamos un ciclo largo para aprovechar a pleno este sistema de riego. El rendimiento final de arroz seco y limpio fue de 9.200 kg/ha, que en función de los premios por calidad aumentó un 7,4%, llegando a los 9.900 kilos por hectárea de arroz sano, seco y limpio”. 

Y en la soja dijo que “tuvimos el salto cualitativo más grande, porque el año pasado habíamos tenido problemas, y ahora se obtuvieron 4.700 kilos de soja por hectárea”.

Sobre los problemas de la zafra anterior, Zorrilla recordó que fueron climáticos y de manejo, y no estuvieron asociados al sistema.

“Con el arroz este año tuvimos más confianza en el manejo, que resulta muy sencillo, con siembra directa, sin laboreo ni taipas, y sembrado sobre el rastrojo de la soja del año anterior. Tal vez el componente más novedoso de esta zafra es que se pudo aplicar a pleno la tecnología disponible de fertirriego y quemirriego, que tiene el pivot del proyecto. Casi toda la fertilización nitrogenada y alguna aplicación de bioinsumos se hizo a través del agua del riego y, por lo tanto, no hubo costos más allá de los productos”, detalló.

El investigador resaltó que “lo más importante es la contundencia del resultado físico, que confirma que se pueden obtener muy buenos rendimientos con este sistema. Pienso que los costos van a estar muy acotados y pueden ser incluso menores que el año pasado. La calidad de grano fue excepcional, al igual que en la zafra 2019/20. A priori, uno podría pensar que este riego sin inundación podría ser riesgoso para mantener la calidad del arroz, pero eso no ocurrió, y fue lo opuesto”.

Comentó que las muestras de los granos se llevarán al Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), para el análisis de presencia de arsénico, ya que una de las hipótesis del proyecto es que con este sistema de riego no debería haber presencia de este elemento en el grano. “El resultado del año pasado fue prácticamente cero, y ahora debería ser igual”, dijo. 

También recordó que el año pasado, a fines de diciembre, la soja tuvo problemas de enfermedades del tallo. “Quizás estábamos excedidos en el riego, estábamos aprendiendo, y además tuvimos problemas de control de chinches. Sacamos 3.070 kilos, y la cuenta nos daba U$S 900 de costo. Con los precios de la soja del año pasado, casi estábamos empatando”, comentó. 

En el inicio del proyecto la meta era obtener al menos 3.500 o 4.000 kilos por hectárea, y en esta zafra eso se logró con creces. “A pesar de los problemas de manejo iniciales, tuvimos fitotoxicidad por un problema de herbicida en el tanque de la fumigadora, el cultivo se recuperó y tuvimos un rendimiento que superó mis expectativas”, destacó. 

Manejo del arroz 

El manejo fue similar al del año pasado, con un eficiente control de malezas y sin uso de fungicidas “Todavía no tengo los costos, pero estimo que fueron iguales o menores a los del año pasado, porque se hicieron cinco aplicaciones de urea y, salvo la del macollaje, que se hizo por tierra, las demás fueron a través del fertirriego”, indicó.

Zorrilla aseguró que el manejo en sí no tuvo inconvenientes, y destacó que “el riego se mantuvo hasta tres días antes de la cosecha. Suponemos que esa fue la razón por la que dio unos indicadores de calidad de grano excepcionales. Tuvo 7,4% de premio. De arroz seco y limpio salieron unos 9.200 kilos, pero de arroz a pagar al productor fue 9.900 kilos. Ese es otro componente muy valioso”.

Entre los aspectos claves, detalló el tratamiento de las semillas para la siembra, con fungicida e insecticida y, además, con el protector Protex, de Tafirel, que protege a la plántula de aplicaciones altas del herbicida clomazone. 

“Un manejo clave para la eficiencia del control de las malezas en este sistema, es una aplicación en preemergencia, lo más cerca de la salida del coleóptilo a la superficie (punto de aguja) con altas dosis de clomazone y glifosato. Esto brinda un control inmediato de malezas pequeñas y una protección prolongada por la residualidad del clomazone. Luego se completa el control con una aplicación de herbicidas posemergentes económicos, que evitan mayores inconvenientes de malezas”, señaló.

El ingeniero agrónomo también se refirió al uso de los inoculantes de Lage, Graminosoil y EndoRice, con capacidad de fijación de nitrógeno (N) atmosférico. “El primero, a base de Azospirillum, se aplicó como tratamiento de semillas; y el segundo, a base de Herbaspirillum, fue aplicado al macollaje mediante el fertirriego”, detalló.

A propósito, agregó que “tratamos de ponerle todos los respaldos posibles a la planta, y el conjunto respondió muy bien”, aunque admitió que solo con esta prueba “no somos capaces de decir cuánto aportó cada uno”. 

En relación a la fertilización basal, Zorrilla dijo que “las dosis son bastante mayores a las que se utilizan en arroz inundado. Utilizamos las recomendaciones de EMBRAPA, que nos orientaron al respecto, ya que no tenemos recomendaciones nacionales para este sistema de cultivo. Al no tener saturación del suelo, está claro que el cultivo no tiene la disponibilidad de una cantidad de nutrientes que sí la tiene el arroz inundado”. 

La fertilización basal se completó con 16 unidades de nitrógeno, 78 unidades de fósforo y 120 unidades de potasio. “Es una fertilización basal bien potente. En nitrógeno prácticamente no hay diferencias respecto al arroz inundado. Pero hoy el sector arrocero en general está usando bastante menos fósforo, no más de 40 unidades; y el potasio depende de la chacra, pero en general no se usa un volumen tan grande, como en este caso”, explicó. 

Manejo de la soja

Sobre el manejo en soja, dijo que “fue bastante clásico. Lo que sí hicimos, a consecuencia del problema que tuvimos de fitotoxicidad con un herbicida para arroz, fue un tratamiento de salvataje, y aplicamos un fertilizante foliar (Naturamin, de Agrofuturo). Y, a recomendación de Lage, aplicamos una dosis nueva de inoculante de soja, todo a través del fertirriego. Los resultados fueron excelentes, pero fue algo que se hizo solo por oportunidad ante este problema imprevisto”.

Se hizo una fertilización inicial muy fuerte, de 115 unidades de fósforo y 138 de potasio, en función del análisis de suelo y recomendación de EMBRAPA. “Los herbicidas fueron los de siempre, y el paquete de fungicidas, fertilizantes foliares e insecticidas hacia el final del ciclo en función del manejo clásico”, describió.

El agua

Zorrilla comentó que otro componente fundamental de este proyecto de validación es el uso del agua de riego. Saber qué volúmenes se necesitan, cuánto cuesta y cuál es la eficiencia de uso. “Los trabajos de varios años en Brasil hablan de 600 a 700 milímetros de riego para el arroz. El año pasado, con la variedad INIA Merín, llegamos a utilizar más de 900 milímetros, pero fue un año extremadamente seco, hubo que regar prácticamente todo el verano, casi todos los días. Este año bajó bastante, fueron 830 milímetros, en un año muy seco hasta mediados de enero y muy lluvioso de ahí en adelante. Pero siguen siendo niveles superiores a los de Brasil, aunque tampoco es algo que ajustamos mucho. Lo único que hicimos fue regar cuando no llovía. Quizás es un aspecto de manejo a optimizar. La soja se regó con casi 200 milímetros, lo cual está dentro de los parámetros esperables”, informó. 

El investigador comentó que “están pendientes los cálculos de costos y de eficiencia del uso del agua para cada cultivo, lo cual brindará información valiosa para la presupuestación de productores que puedan interesarse por desarrollos de este tipo. Más adelante, en el año, dispondremos del análisis completo de la zafra 2020-21 y del análisis conjunto de las dos zafras e informes finales del proyecto”. 

“Me adelanto a indicar que cumplió con creces la intención de validar un sistema intensivo de este tipo. En buena medida se debe al trabajo interinstitucional, en conjunto con los productores que llevaron adelante los cultivos”, concluyó.

Nota de Revista Verde N°93

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