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Agricultura

Agricultores asumen que necesitan muy buenos cultivos para sobrevivir

10 de agosto de 2021

El ingeniero agrónomo Carlos Marchesi, señaló que están dadas las condiciones y que hay buenas herramientas para lograr una agricultura más potente, racional e inteligente

El sistema de siembra directa con rotación de cultivos, aporte de rastrojo, fertilización y el manejo del agua en las zonas complicadas son elementos claves para tener una agricultura continua sostenible. En este último tiempo se han sumado cultivos como la colza o el maíz de segunda, “hay una apuesta a la diversificación del sistema, que apunta a tener más productividad, sabiendo que los agricultores precisamos buenos cultivos para sobrevivir”, dijo a VERDE el ingeniero agrónomo Carlos Marchesi, directivo de la Asociación Uruguaya Pro Siembra Directa (AUSID).

Marchesi entiende que “están dadas las condiciones para tener una agricultura muy diferente a la que se venía realizando, con más tecnología y diversidad de cultivos. Si a eso le sumamos la sistematización de las chacras, ponemos más atención en la nutrición, haciendo foco no solo en los macro sino también en los micro nutrientes, tenemos muchas herramientas para tener una agricultura potente, racional, y con inteligencia podremos cumplir los objetivos”.

Consideró que es muy distinto realizar una agricultura sobre la base de trigo-soja a una que hoy incluye: soja, maíz, sorgo, trigo, cebada, colza, maíz, avena y tal vez girasol. Desde el punto de vista empresarial “hay una dilución del riesgo, y además se puede llevar un manejo de malezas totalmente diferente”.

Recordó que la agricultura continua, “sin cumplir los requisitos del sistema de siembra directa –como la rotación de cultivos y aporte abundante de rastrojo, repitiendo los mismos sistemas radiculares– llevaron a que el suelo fuera perdiendo estructura, nutrientes como el potasio, zinc, entre otros. Eso aumentó la acidez, también la densidad aparente, los suelos infiltran muy poco, y esto provoca que las ventanas de siembra sean más cortas, porque los suelos se secan rápido; se compactan”.

Dicha situación se ha ido solucionando con capacidad de siembra, tecnología, más fertilización y mejor genética. “Todo eso ha tenido un avance fantástico, pero los rendimientos se mantienen estables, sobre todo en soja, porque se ha perdido calidad de suelo”, señaló.

Marchesi agregó que, desde planteos que incluyen una soja prácticamente continua a una rotación agrícola con pasturas (50%), hay una gama de situaciones que se refleja en los rindes, en la erosión, en el manejo de malezas, costos ocultos, entre otros factores.

Indicó que, a pesar de tener suelos con la estructura “cascoteada, los que están en agricultura continua pero con un buen sistema, sobre la base del doble cultivo, rotaciones intensas, alto aporte de rastrojo, muestran muy buenas condiciones para la actividad. Pero cuando nos vamos a sistemas con menos cultivos, predominancia de soja, poca cobertura, sin una fertilización acorde, entramos a una zona que genera complicaciones”.

Los sistemas que tienen una rotación de cultivos planificada y/o pasturas, altos rendimientos, no tienen grandes problemas con las malezas. En esos casos, “el raigrás resistente a glifosato no es un problema para la implantación de los cultivos y no es necesaria la utilización de graminicidas”, ejemplificó.

En esos planteos, el costo que tiene el control de malezas es más bajo. “Eso es algo en lo hacemos hincapié en AUSID: medir la reducción de herbicidas que genera un sistema de siembra directa bien manejado frente a los que tienen menos rotación de cultivos”, remarcó.

Marchesi resaltó que, con rotación de cultivos e importantes coberturas, la utilización de herbicidas se reduce hasta un 50%. “Un sistema que en la zafra de invierno incluye un 30% de colza, 30% de trigo, 30% cebada y 10% avena, lleva a que en colza se controlen totalmente las gramíneas y no haya raigrás, balango u otros. Al año siguiente ingresará un trigo o una cebada sin problemas de malezas”, explicó.

Agregó que “lo mismo ocurre en el área de trigo y cebada, con un buen control de carnicera. Al año siguiente ingresa una canola, se aplica glifosato con clopyralid previo a la siembra y luego no se precisan herbicidas porque hay cobertura. Y sumado a un buen manejo en los cultivos antecesores, no quedando malezas”.

“Hay sistemas donde las malezas no son un problema. El yuyo colorado este año se fue un poco de las manos, pero en los sistemas que brindan abundante rastrojo patina como los mejores”, comentó. Además, resaltó el lanzamiento de las sojas Enlist, que “si se usan bien, son una excelente herramienta; pero debemos ser inteligentes”.

Otro de los temas relevantes en la agricultura es el control de la erosión. Marchesi señaló que en agricultura continua, “por más que se lleve adelante una excelente rotación, las chacras tienen que estar sistematizadas con terrazas. Era anti terrazas, pero la realidad me demostró que son importantes, porque la erosión disminuye, se minimiza en la mayor parte de la chacra, y el problema queda en pequeñas zonas, donde hay antiguas erosiones o pequeños desagües”.

En los lugares donde se junta el agua y se reciben precipitaciones importantes, sobre todo en invierno, “no se puede dejar correr libremente el agua, por eso se debe ir hacia una sistematización de la chacra; eso es algo imprescindible para una agricultura que tiene ambición de ser continua”, indicó.

Explicó que existen planteos que aportan mucho rastrojo y por eso no se puede sembrar, “allí el problema más grande es la plaga del bicho bolita. En esos casos la erosión ya no es problema porque no se ve el suelo”. El bicho bolita es un gran problema en los sistemas de siembra directa, sobre todo bajo riego, “pero ahora, con la aplicación de un cebo insecticida especifico, se minimiza el problema”.

El agrónomo consideró que en los buenos suelos; con sistematización de chacras mediante terrazas que manejen el agua; con ambientación para separar suelos por calidad; con una rotación que incluya colza, cebada, trigo, avena, maíz, soja, sorgo y girasol; con reposición de nutrientes; y sembradoras que manejen bien el rastrojo, hay diversidad de herramientas y buenas condiciones para una agricultura continua y bastante razonable”.

 “En nuestro caso tenemos suelos que hace más de 30 años que no se laborean y no se van a laborear. Eso se sustenta en la rotación, la inclusión de pasturas, cultivos de coberturas, como por ejemplo lo que se hacen con raigrases tetraploides, con semilla etiquetada, para tener buenas coberturas y evitar la aparición de resistencia. Se hace con 25 kilos de semillas fertilizadas con urea y se define un pastoreo intenso para que el ganado pise y remueva la abundancia de rastrojo”, dijo.

Agregó que en suelos buenos “los sistemas que tienen un 50% de pasturas y un 50% de agricultura, no tienen malezas problema, hay altos niveles de materia orgánica, buena infiltración y generalmente no se pierden cultivos por exceso hídrico. Es otra cosa, es otro mundo”.

LA SIEMBRA DIRECTA EN PRIMERA PERSONA

La siembra directa arrancó hace 30 años y en un momento en que se hacía poca agricultura y mucha ganadería. Durante los primeros años se quemaban los rastrojos, porque las sembradoras que se usaban eran una transición de convencional a directa, tenían poca fuerza y eso limitaba la capacidad para ingresar al suelo, sostuvo Marchesi.

El costo de los herbicidas era muy alto y había pocas herramientas. “Aún no estaba aprobada la soja resistente a glifosato y había un desconocimiento importante sobre la fertilización. Veníamos con el laboreo y una rotación muy pastoril, cuando empezamos con la siembra directa tuvimos falta de nitrógeno”, recordó.

El despegue de la siembra directa ocurrió con la soja RR, un avance de la maquinaria, tanto en siembra como en pulverización, y el poder de control del glifosato, que “en ese momento controlaba todo”. Entonces, enseguida del año 2000 comenzó “el proceso de industrialización de la agricultura, porque se podía hacer a gran escala y había buenos precios frente a los costos”.

En ese momento “hubo problemas de insectos en el suelo, pero se fueron resolviendo, también se fue adecuando la maquinaria para tener una siembra más eficiente. El boom de la soja, un cultivo que era fácil de hacer, llevó a incrementar el doble cultivo, pero al repetirse en las mismas chacras la secuencia trigo–soja o soja-cebada, motivó problemas sanitarios. Si bien se podían controlar con fungicidas, el peaje en kilos fue muy grande”, señaló.

“No estaba el Plan de Uso de Suelos, ni el hábito de sembrar cultivos de cobertura y mantener los barbechos limpios. Entonces, la conyza empezó a ganar terreno, fue un problema que se llevó muchos kilos de soja. Allí comenzó la problemática de malezas, y se fueron sumando especies como el raigrás, yuyo colorado, entre otras”, repasó.

Marchesi también recordó que comenzaron las deficiencias de potasio, de azufre, se empezó a constatar la acidez de los suelos y las situaciones que afectaron la estructura del suelo. Eso motivó que en muchos casos se llegue a mover el suelo. 

“Si se mueve la tierra y llueven 100 milímetros, quizás haya un buen cultivo, pero el daño por erosión es enorme. Por los eventos de lluvias que se registran en Uruguay, las pendientes de los suelos y la baja infiltración, laborear no es una opción sensata. Vi recientemente que en una chacra de 100 hectáreas se movieron dos hectáreas para probar, llovió y esas dos hectáreas desaparecieron por erosión, mientras que en las 98 hectáreas restantes los cultivos se pudieron implantar bien”, señaló.

Para Marchesi “cuando alguien mueve tierra, es porque se le acabaron los argumentos que tenía para lograr un buen cultivo, y eso significa que llegó a una situación límite. Los agricultores para sobrevivir necesitamos buenos cultivos, y si eso no se logra, se buscan alternativas. Si el productor que mueve tierra piensa que esa es la solución, no lo juzgo. Espero que pueda lograr un buen cultivo, que pueda retomar la siembra directa y no mueva más”.

Nota de Revista Verde N°94

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