La mejora genética “se refleja claramente” en los rendimientos del maíz

El crecimiento sostenido del maíz en Uruguay está acompañado por una evolución constante de la genética, que permite ampliar el potencial de rendimiento y mejorar la adaptación del cultivo a diferentes ambientes productivos. En ese contexto, Nidera y Agrocentro presentaron un nuevo híbrido con foco en estabilidad, alto potencial de rinde y mejor comportamiento frente al achaparramiento. Así lo señaló el líder de Desarrollo de Producto de DLF, Orlando Pérez Bur, durante el lanzamiento de la zafra de maíz organizado por dichas empresas, en una entrevista con Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Pérez Bur explicó que la empresa viene incorporando nuevos materiales en forma continua durante los últimos años.
Recordó que hace dos campañas se lanzó el híbrido NS 7624, posteriormente se incorporó NS 7765 y, para la campaña 2026/27, la principal novedad es NS 7925, un material que combina alto potencial de rendimiento con estabilidad y un muy buen comportamiento frente al Spiroplasma, enfermedad asociada al achaparramiento del maíz.
“Es un híbrido con excelente potencial de rendimiento, muy estable y con muy buen comportamiento frente al Spiroplasma”, afirmó.
El técnico destacó que el objetivo del programa de mejoramiento es ofrecer híbridos adaptados a las distintas realidades productivas del país.
Explicó que el portafolio incluye materiales específicos para siembras tempranas y tardías, planteos de silo, ambientes de alta productividad y también zonas con mayores restricciones, permitiendo ajustar la elección del híbrido según el potencial de cada chacra.
“Tenemos materiales para las distintas fechas de siembra, ambientes y objetivos productivos”, sostuvo.
Entre los híbridos de mayor potencial mencionó a NS 7765, un material orientado a sistemas de alta tecnología donde se busca maximizar el rendimiento.
Indicó que estos planteos se desarrollan principalmente bajo riego, aunque también pueden expresar un excelente comportamiento en secano cuando el ambiente acompaña y el manejo agronómico es el adecuado.
“Para alcanzar esos techos de rendimiento es fundamental acompañar la genética con nutrición y manejo”, señaló.
Pérez Bur remarcó que el potencial de un híbrido depende de una correcta combinación de factores, entre ellos la densidad de plantas, la fertilización y el manejo durante todo el ciclo del cultivo.
A su entender, la genética constituye una herramienta fundamental, pero necesita ser acompañada por un planteo agronómico acorde para expresar todo su rendimiento.
También destacó la evolución genética alcanzada por los materiales de Nidera desde el inicio de la alianza comercial con DLF.
Según explicó, los programas de mejoramiento vienen logrando un incremento promedio cercano a 80 kilos por hectárea por año en potencial de rendimiento, una mejora que ya puede comprobarse en los resultados obtenidos a campo.
“La mejora genética se refleja claramente en los rendimientos que vemos campaña tras campaña”, afirmó.
Más allá de los materiales destinados a ambientes de alta productividad, el especialista subrayó la importancia de contar con híbridos estables.
Explicó que algunos materiales mantienen un comportamiento muy consistente en un amplio rango de condiciones, desde ambientes restrictivos hasta planteos con rendimientos superiores a 16.000 o 17.000 kilos por hectárea.
Entre ellos volvió a destacar al NS 7765, pero también al NS 7624, que mostró muy buenos resultados en estrategias más defensivas. “La estabilidad es una de las principales fortalezas de nuestros materiales”, sostuvo.
El crecimiento del cultivo también está llevando al maíz hacia zonas donde años atrás prácticamente no se sembraba. Pérez Bur comentó que esa expansión representa un nuevo desafío para el trabajo de investigación y desarrollo, obligando a generar información específica para ambientes con menor fertilidad o mayores limitantes productivas.
En ese sentido, destacó los resultados obtenidos en el centro y norte del país. “En ambientes más restrictivos hemos logrado respuestas muy buenas trabajando con densidades y manejos adaptados a cada situación”, indicó.
Explicó que esos planteos requieren estrategias más defensivas, con menores densidades de siembra y programas de fertilización ajustados al potencial de cada ambiente.
Aun así, consideró que la evolución genética está permitiendo ampliar el área agrícola y consolidar el crecimiento del maíz en regiones donde hace algunos años el cultivo tenía escasa participación. “Cada campaña aparecen nuevos desafíos, pero también nuevas oportunidades para seguir expandiendo el maíz en Uruguay”, concluyó.
Escuchá al líder de Desarrollo de Producto de DLF, Orlando Pérez Bur.




