“Cada cultivo tiene su lugar dentro del sistema productivo”, dijo Richard Brehm

La próxima campaña de verano presenta un escenario climático favorable para la producción, pero el éxito dependerá de la capacidad de ejecutar cada labor en el momento adecuado. Un evento Niño aumenta las probabilidades de buenos rendimientos, aunque también reduce las ventanas operativas por la mayor frecuencia de lluvias, por lo que la planificación y la logística volverán a ser determinantes. Así lo señaló el integrante del Departamento Técnico de Copagran Río Negro, Richard Brehm, durante el ciclo de jornadas organizado por la cooperativa, en una entrevista con Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Brehm explicó que la mayor parte de los cultivos de invierno ya se encuentra implantada y que el foco ahora comienza a trasladarse hacia la planificación de la campaña estival.
En ese contexto, sostuvo que el principal mensaje de Copagran es aprovechar al máximo las ventanas óptimas de siembra y evitar retrasos que puedan comprometer el potencial productivo. “Hay que priorizar las oportunidades en ventanas cortas de siembra y hacer cada labor en tiempo y forma”, afirmó.
El técnico señaló que la planificación debe contemplar alternativas cuando las condiciones impiden cumplir con el calendario previsto.
Como ejemplo, indicó que si una chacra pierde la ventana para un maíz de primera, puede resultar más conveniente evaluar un girasol de octubre antes que concentrar toda la actividad en noviembre, cuando coinciden la siembra de soja de primera, la soja de segunda y la cosecha de los cultivos de invierno.
A su entender, distribuir mejor las labores también facilita el manejo de malezas y la aplicación de herbicidas. “Descomprimir las labores permite aprovechar mejor cada oportunidad que ofrece el clima”, sostuvo.
Consultado sobre el efecto del fenómeno Niño, Brehm aclaró que un año lluvioso no garantiza automáticamente una gran cosecha. El aumento de las precipitaciones mejora el potencial de los cultivos, pero los resultados dependerán de la capacidad de capturar ese potencial mediante un manejo agronómico adecuado.
“Un año Niño no asegura el éxito; hay que hacer bien todas las cosas para aprovechar ese potencial”, indicó.
En el caso del maíz, señaló que la información analizada por Copagran muestra que los rendimientos nacionales suelen ubicarse aproximadamente 20% por encima de un año normal cuando la implantación se realiza dentro de la fecha óptima.
En contraste, durante los años Niña los rendimientos pueden caer alrededor de 40%, reflejando la fuerte influencia que tiene la disponibilidad de agua sobre el cultivo. “El maíz responde muy bien en años Niño, siempre que se siembre en tiempo y forma”, afirmó.
Para la soja, el comportamiento presenta algunas diferencias. Brehm sostuvo que los mayores rendimientos históricos corresponden a los años neutros, debido a que las mejores condiciones operativas permiten realizar con mayor precisión las aplicaciones, los controles de malezas y otras tareas de manejo.
En los años Niño, las lluvias frecuentes suelen dificultar esas labores y, por ese motivo, el rendimiento promedio puede ubicarse alrededor de 10% por debajo de un año neutro, aunque sigue siendo claramente superior al observado durante una Niña. “En soja también influye mucho la posibilidad de hacer las labores en el momento indicado”, sostuvo.
El técnico remarcó que la logística será uno de los factores más importantes de la próxima campaña.
Desde la disponibilidad de maquinaria hasta la organización de las aplicaciones y la cosecha de invierno, todos los procesos deberán coordinarse para aprovechar al máximo las ventanas de trabajo que permita el clima. “Más vale adelantarse un poco que terminar corriendo de atrás durante la campaña”, afirmó.
Durante la jornada también se presentó un análisis económico de los principales cultivos de verano.
Para una soja de primera, con una referencia de precio cercana a US$ 380 por tonelada, aunque hoy esos valores están por arriba de los US$ 400, el rendimiento de equilibrio se ubica en torno a 1.950 kilos por hectárea, sin considerar el costo de la renta. En soja de segunda, ese rendimiento baja aproximadamente a 1.600 kilos por hectárea, sin renta.
“Los rendimientos de equilibrio no son bajos, por lo que habrá que hacer las cosas muy bien para alcanzar buenos resultados”, señaló.
Para Brehm la estrategia pasa por ubicar cada especie en el ambiente y la fecha de siembra que mejor se adapte a sus características, buscando sistemas diversificados y eficientes. “Cada cultivo tiene su lugar dentro del sistema productivo”, concluyó.
Escuchá al integrante del Departamento Técnico de Copagran Río Negro, Richard Brehm.




