Agricultura

Maíz: Una película que derriba los mitos sobre la producción del cultivo

29 de septiembre de 2021

En un autocine, Bayer y Agroterra proyectaron la película que muestra la evolución del cereal en Uruguay, con productores que dieron testimonio de sus experiencias

Bayer y Agroterra recurrieron al autocine para proyectar la película del maíz en Uruguay. “Tratamos de escapar a las limitantes que marcaba la pandemia sobre las actividades presenciales, utilizando una herramienta que fue creada en 1920 en Estados Unidos, pero en este caso nos calzó perfectamente para acercarnos lo más posible a los productores”, dijo a VERDE el ingeniero agrónomo Mateo Peluffo, integrante de Bayer Uruguay.

La compañía considera que el maíz “puede seguir creciendo y generando valor ambiental y económico al país”, señaló Peluffo. Sobre esa premisa, y analizando el crecimiento del cultivo, “se mostró una película realizada por los productores que siembran maíz desde hace mucho tiempo. Ellos son los protagonistas, los ‘Brad Pitt’, al decir de Guillermo Scremini, de Agroterra. Contaron la evolución del cultivo en el país y cómo fueron derribando mitos”. 

Diferentes agricultores, de distintas zonas de Uruguay, y que realizan planteos disímiles, resaltaron los principales elementos que aporta el cultivo en sus sistemas de producción y los resultados de cada empresa.

El integrante de Bayer Uruguay comentó que “se han creado muchos mitos”. Dijo, por ejemplo, que “se habla de que el maíz debe ir a los mejores campos, que su adaptabilidad es difícil, que no tiene buen rendimiento en los años difíciles, sobre la estabilidad del factor comercial”. 

Pero aseguró que el maíz “se puede sembrar en cualquier campo, con el manejo correspondiente”, que es un “cultivo noble y muy adaptable, y que no es únicamente una adopción para ambientes de alta productividad”.

Agregó que ha mejorado con la oferta biotecnológica, pero también “el avance genético ha sido muy importante y destacado. Eso se observa al analizar la evolución de los rindes y la estabilidad. Los productores adaptan el  manejo a cada ambiente; este es un factor muy destacado para el maíz”.

Peluffo sostuvo que la propuesta de valor de Dekalb cuenta con un portafolio de híbridos “muy amplio y para todos los ambientes. Hay desde propuestas para planteos bajo riego, medios, hasta zonas con restricciones, lo que también implica diferentes niveles de inversión”. 

Allí destacó “las fortalezas de la marca, rendimiento, tasa de secado (ciclo), estabilidad, sanidad, acompañada de la información generada en Uruguay y la región”.

Para esta zafra se está presentando el DK 7270 RVT3P para ambientes de alta productividad y el DK 7330 VT3P para ambientes de media, mientras se refuerza el lanzamiento del material DK 7227 VT3P, que se realizó el año pasado, “un híbrido para ambientes de media y alta productividad”, indicó.

MÁS OPORTUNIDADES

El consultor privado argentino e integrante de Crea Argentina, Rodrigo Bosch, que estuvo durante muchos años vinculado a la industria semillerista y al cultivo de maíz en diversas regiones de Argentina, Brasil y Uruguay, entre otros países, explicó que la estabilidad es uno de los principales mitos que tiene el maíz. 

“En los últimos años hemos visto que el cultivo tiene un comportamiento muy interesante frente al estrés hídrico y térmico al compararlo con otros cultivares. Eso está sustentado en el germoplasma, biotecnología y manejo que  aportan estabilidad y rendimiento. Hay margen para crecer, porque la media y el potencial del cultivo están distanciados, en Uruguay vemos situaciones de rindes muy altos, que nos marcan el camino”, comentó.

En un país que tiene una heterogeneidad intralote “muy fuerte”, el cultivo para explorar mejores resultados en esa situación “es el maíz”, sostuvo. En tal sentido, se refirió a la agricultura por ambientes, para buscar “la mayor eficiencia de los recursos, aumentando la productividad en las partes buenas y bajando la cantidad de insumos en las partes de menor potencial”.

Dijo que el productor va rompiendo esos mitos, va transgrediendo y adaptando el manejo de los cultivares a distintas regiones”. En el norte de la provincia de Córdoba, donde Bosch está radicado en la actualidad, el maíz representa el 50% de la rotación, porque “aparecieron las siembras tardías y se han transformado en un mecanismo de defensa frente a las variaciones climáticas”, señaló. 

Sobre lo que ocurre en Uruguay analizó que, “si bien avanzó, necesita mejorar la relación soja-maíz. La soja que viene luego de un maíz tiene más rinde. La literatura marca que puede haber hasta 25% de incremento, y ese porcentaje se nota más claramente en los años secos, ya que el maíz también ayuda a mejorar la performance de la soja en esas situaciones”.

Bosch consideró que Uruguay debe apuntar a tener una masa crítica que permita autoabastecerse para luego apuntar al canal internacional. “El mercado interno viene creciendo y puede  crecer más con la intensificación ganadera”, dijo. Además, consideró que la bioenergía puede jugar un rol clave, “en un país que tiene mejores condiciones para producir maíz que caña de azúcar”. 

El maíz brinda y puede generar más oportunidades, “por el impacto ambiental que aporta y su enorme capacidad industrial, que agrega mucho valor”. 

El aspecto comercial “es otro gran mito”, aseguró, ya que el maíz cuenta con una fuerte demanda interna y también a nivel internacional. “Tiene que seguir el ejemplo de la colza y construir su mercado. Tiene la capacidad instalada a nivel de campo, maquinaria y conocimiento para que Uruguay pueda dar el gran salto”, afirmó.

ARGENTINA Y ESTADOS UNIDOS

El productor e influencer José Álvarez (@Bumpercrop1), agricultor en la provincia de Buenos Aires (Argentina) y en el centro-este de Illinois (Estados Unidos), trabaja con suelos que en promedio tienen entre 60 y 70 centímetros de profundidad. 

“En los de un metro de profundidad y sin limitaciones, en secano se apunta a 80.000 plantas y una fertilización nitrogenada acorde para buscar rindes de 12.000 kilos o 14.000 kilos por hectárea. En los que tienen limitantes, apunto a una densidad de 45.000 plantas a cosecha, fertilización acorde y partiendo la aplicación de nitrógeno, para buscar rindes de 6.000 y 8.000 kilos por hectárea”, detalló.

Agregó que en Estados Unidos “llevo siete campañas produciendo y el promedio en secano llega a 16.250 kilos de maíz, pero no hay limitaciones. La zona es de alto contenido de materia orgánica, suelos planos, con algún inconveniente de drenaje cuando se va la nieve de la primavera. Allí se apunta a 18.000 kilos, algo que demanda un paquete (tecnológico) acorde, y entre 85.000 y 90.000 plantas a cosecha, con planteos que llegan a 100.000 plantas, con una alta carga de nitrógeno”.

A la hora de marcar diferencias entre los ambientes de Estados Unidos y Argentina, dijo que “los niveles de fósforo (P) en Estados Unidos promedian las 50 partes por millón (ppm). Para mantener esos niveles se aplica al voleo, para elevar la cantidad de P antes de la siembra; mientras que en Argentina, donde se ha fertilizado a conciencia en los últimos años, están en 20 ppm, pero hay muchos lotes con 6, 7 u 8 ppm”. Otro tema que se tiene en cuenta en Estados Unidos es el pH de los suelos y se encala.

Álvarez afirmó que “el maíz está en condiciones de ganarle a cualquier cultivo, porque tiene una oferta tecnológica y de híbridos con mucha capacidad de producción, que permite un retorno de la inversión. Hay eventos apilados que brindan múltiples tolerancias. La genética otorga la posibilidad de variar poblaciones, se puede ir de 20.000 plantas en el sudoeste argentino (cerca de Bahía Blanca) hasta las 100.000 en Illinois y, en ambos casos, se tiene un cultivo rentable. El mismo cultivo puede plantearse para 5.000 kilos o 18.000 kilos por hectárea”. 

Acotó que “el manejo es lo que hace que un cultivo sea rentable o no. En maíz es más difícil de hacer, pero generalmente es el que mejor retribuye el manejo y la inversión”.

“Se puede hacer un cultivo rentable en distintos ambientes, aun en años secos. En la zona más continental y menos profunda, en el sur de la provincia de Buenos Aires, este año tuvimos sojas con rindes de 1.200 a 2.000 kilos por hectárea, mientras que el maíz estuvo entre los 5.250 kilos y 7.000 kilos”, concluyó.

Nota de Revista Verde N°95

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