fbpx
Ganadería

Ganadería y agricultura, equilibrios en las nuevas relaciones de precios

28 de abril de 2021

Diego Varalla, director de Apeo, analizó en detalle los números de cada rubro, así como las oportunidades de negocios y las amenazas que se plantean en el actual contexto

Ganadería y agricultura en las nuevas relaciones de precios. ¿Cuál es el nuevo equilibrio? Este fue el título de la conferencia organizada por VERDE Plus y la consultora APEO, donde se analizaron los números de los sistemas ganaderos y agrícolas, considerando los actuales valores de ambos rubros, así como las oportunidades y amenazas que se plantean.

La presentación estuvo a cargo del ingeniero agrónomo Diego Varalla, socio de Apeo, quien luego de hacer una detallada presentación sobre los números de cada rubro, planteó que “si analizamos a nivel de margen bruto, deberíamos obtener 2.000 kilos de soja por hectárea para tener el mismo margen que las pasturas. Si nos guiamos por el margen bruto, todas las charcas que estén por encima de 2.000 kilos en su potencial de producción para el año que viene podrían pasar a la soja”.

Pero agregó que si se analiza el margen bruto sobre el capital de giro, el equilibrio está en 1.600 kilos de soja por hectárea. Explicó que si un productor quiere saber exactamente el dinero que tiene que poner en un negocio y en el otro, y cómo le renta ese dinero, todas las chacras que tienen potencial de producción de 1.600 kilos por hectárea deberían pasar a agricultura.

También planteó el negocio completo, considerando el valor de la tierra, donde la soja debería rendir 1.900 kilos por hectárea para que iguale la rentabilidad total de las pasturas.

Varalla sostuvo que son rendimientos de equilibrio de soja relativamente bajos considerando el promedio histórico. Esto quiere decir que la presión de la tendencia económica para pasar de pasturas a soja está sobre la mesa. Esto implica que hay un mayor porcentaje de chacras en Uruguay que tienen la posibilidad de entrar en el negocio agrícola.

Pero agregó que la agricultura no es solo soja, y que el margen puede mejorar con el doble cultivo. Por lo tanto, los rendimientos de equilibrio pueden llegar a ser aún más bajos si se analiza un sistema agrícola completo contra una hectárea de pasturas.

Indicó que en la medida que mejoran los ambientes, mejora también el resultado de la soja respecto a la ganadería, pero planteó que “el tema es con qué ganadería nos comparamos, porque cada vez más estamos viendo la inserción de agua en la parcela y subdivisiones. Así, pasturas que producían 380 kilos pueden llegar a producir más de 500 kilos de carne por hectárea, y eso nos marca una mejora del 30% en la producción de esta pastura. Además de subdividir las praderas se pueden dividir los potreros de campo natural y no utilizarlos como depósito de ganado donde solo están y toman agua”.

Brecha tecnológica

Varalla también señaló que hay tecnologías en la ganadería para empezar a monitorear procesos, que pueden elevar el resultado económico de esas pasturas. “Tenemos que ver si en la agricultura y en las pasturas estamos en el tope tecnológico, y cuál es la brecha. Mi sospecha es que en la ganadería la brecha tecnológica es más grande que en la agricultura. Si bien siempre hay para crecer, me parece que en la ganadería hay más espacio para crecer”, afirmó el director de APEO.

Detalló que en Uruguay se sigue marcando poco más del 60%, se siguen entorando vaquillonas de 3 años, todavía hay un porcentaje importante de animales que se faenan con edad avanzada, hay potreros grandes y una mala utilización del forraje.

Consideró que sería muy bueno el impacto que podría tener Uruguay, en su conjunto, la adopción de medidas tecnológicas como las que se plantean en los grupos Crea y desde el Instituto Plan Agropecuario.

A propósito, señaló un trabajo presentado en la jornada de la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC), de Facultad de Agronomía, en 2017. Allí se planteó que si Uruguay pasa a entorar todas las vaquillonas a los 2 años, tendría una mejora de 3% en la producción; si se mejorara la marcación al 72%, tendría un impacto adicional del 8%; si logra bajar la faena a novillos de 2 años, 2 años y medio y 3 años como máximo, mejoraría otro 3%; y si incrementara 5% la utilización del forraje del campo natural –aunque hay estudios que demuestran que ese incremento puede ser bastante superior–, se podría generar otro 8%. En total, todo ese paquete de medidas, permitiría pasar de 88 kilos de carne por hectárea a 108 kilos de carne por hectárea, con un impacto de 22%.

Situación actual

El ingeniero agrónomo insistió en aprender de lo que ya sucedió luego del anterior auge de precios agrícolas. “Considerando el precio y el estado actual de las pasturas, ¿estamos dispuestos a desarmar nuestros sistemas de producción?”, se preguntó.

Recordó que desde el año 2005 hasta el 2013 “tuvimos un proceso de conversión fuerte hacia la agricultura, impulsado por el alto precio de la soja. En 2008/09 la sequía, con una incidencia de langosta que fue brutal, liquidó muchas pasturas, y ese fue el empujón a los indecisos para hacer más agricultura, y la base forrajera se desarmó. Y luego, en el año 2013, cuando cayó el precio de la soja, costó recomponer los sistemas de producción”.

Por lo tanto, dijo que “hay que ver si alguien que tenga una rotación armada está dispuesto a desarmarla. Si las pasturas antes duraban cuatro o cinco años, ahora capaz que duran tres años, y la que esté en un estado no tan bueno probablemente pasará a agricultura. Esos balances hay que tomarlos, porque el tren pasa y tampoco hay que ser necios”.

Pero insistió en que “también hay que recordar cuánto costó rearmar la rotación después que bajó el precio de la soja”.

Por otra parte, señaló que, con la soja a US$ 300 por tonelada, se pensaba mucho en la sustentabilidad de los suelos. “Hablábamos mucho de la inserción de las pasturas en nuestros sistemas de producción, y que eran necesarias para mejorar la porosidad del suelo. Pasamos por épocas de puentes verdes que después se quemaban, después pasamos a poner ganados en esos puentes verdes, a poner pasturas y hablamos de la sustentabilidad”, repasó.

Pero enfatizó que “el desafío es mantener esa sustentabilidad con un precio de la soja a US$ 450 por tonelada. Por eso, decimos que hay que tener memoria”.

Liquidez

Señaló que pasar una hectárea de pastura a agricultura, a priori, generaría liquidez, porque se precisan US$ 450 para hacer una hectárea de soja y el productor suele tener inmovilizado US$ 700 u US$ 800 en ganado arriba de una pradera. Por lo tanto, “vas a tener más plata de la que vas a gastar, y eso le puede generar a las empresas cierta liquidez. Pero, ¿para qué vamos a usar esa liquidez? ¿Para agrandar la empresa? ¿Para arrendar campos ganaderos? ¿Y cómo volvemos cuando el precio de la soja baje?”, planteó.

El consultor recordó que en los años anteriores de precios altos en la agricultura, muchas empresas trataron de cuidar su ganado, haciendo agricultura en sus mejores suelos y arrendando campos ganaderos a precios altos, llevando al negocio ganadero a margen cero, con el fin de cuidar el activo.

Pero, “eso ya lo vivimos, y tiene implicancias”, advirtió. Dijo que “mientras el precio del ganado va en suba vamos en coche, porque tendremos la valorización del activo, pero si el precio de la soja baja nos acordamos de las pasturas, de la sustentabilidad, las volvemos a incorporar, dejamos los campos que estábamos arrendando y volvemos con los ganados. Por lo tanto, seguramente vuelvas porque ese activo (ganado) bajó de precio”.

Explicó que, generalmente, cuando el precio de la soja baja, el precio de la tonelada de carne exportada también baja, porque “van de la mano”. Y agregó que el precio de la tonelada de carne exportada determina el precio del novillo gordo, y el del novillo gordo determina el valor del ternero. Y, por lo tanto, cuando uno de esos precios baja, todos los demás también.

Pero si no se arriendan campos ganaderos y se vende el ganado, “¿qué hago con esa plata? Mucha gente vendió ganado en su momento y nunca más recuperó la plata, y no pudo volver al negocio”, advirtió.

Planteó que, “para tomar las decisiones hay que ver con qué ganadería nos comparamos. ¿Cuál es mi productividad en ganadería y agricultura? ¿Cuáles son mis limitantes?”.

Por último, afirmó que “hoy notamos que las empresas están mucho más maduras, con más aprendizajes. Creo que no hay una vocación, como en aquellos tiempos, de que todas las pasturas vayan a pasar a agricultura, o un porcentaje elevado. Sí van a pasar las de cuarto o quinto año, y aquellas que estén deterioradas. Pero no vemos una vocación por desestabilizar fuertemente las rotaciones, que tanto tiempo nos costaron armar y estabilizar”.

Nota de Revista Verde N°92

Anuncios
7 - 01:27