Tres años de dificultades financieras en la agricultura de EEUU evocan la crisis de 1980

Los productores agrícolas estadounidenses están atravesando un período que muchos describen como uno de los más difíciles de las últimas décadas. Tras dos años marcados por márgenes ajustados, caída de los precios de los commodities y un incremento persistente en los costos de producción, 2025 se perfila como el tercer año consecutivo de dificultades financieras, un escenario que inevitablemente ha despertado comparaciones con la crisis agrícola de la década de 1980, considerada la más grave en la historia reciente del agro de Estados Unidos.
Quienes vivieron aquel período señalan diferencias importantes, pero también advierten similitudes que vuelven a instalar una preocupación generalizada. Como apunta un artículo de Kim Chipman publicado el 30 de octubre en Successful Farming, cuanto más se prolonguen los precios deprimidos, los costos elevados y la debilidad del comercio mundial, mayor será el riesgo de caer en la peor situación económica para la agricultura estadounidense en 45 años.
Las señales de alerta son varias y cada una aporta una pieza del rompecabezas. Una de las más visibles es la caída en picada de las ventas de maquinaria agrícola, un indicador que históricamente refleja la pérdida de rentabilidad, la falta de liquidez y la dificultad de los productores para comprometerse con inversiones de largo plazo.
A esto se suma una reducción cercana al 90% en las exportaciones agrícolas y ganaderas a China en 10 estados clave del cinturón agrícola, un impacto directo del prolongado conflicto comercial entre Washington y Beijing. El problema se agravó por el cierre del gobierno estadounidense, consecuencia de disputas partidistas en el Congreso, que ha retrasado la implementación de un plan de ayuda de la administración Trump que prevé entre US$ 12.000 millones y US$ 13.000 millones en asistencia federal para los agricultores.
Las expectativas estaban puestas en la reunión entre los presidente de Estados Unidos y China, Donald Trump y Xi Jinping, que abria la puerta a una posible reanudación de compras chinas de soja, un flujo comercial fundamental para estados del Medio Oeste.
Jim Schultz, inversor y productor de Illinois, cuya familia lleva cinco generaciones dedicadas al maíz y la soja, advirtió que, si las tensiones comerciales continúan, Estados Unidos corre el riesgo real de perder a China como comprador estructural, algo que no tendría un sustituto real en el corto plazo.
Schultz señaló que los problemas derivados de la política comercial se han vuelto “mucho más agudos” y que, sin una solución rápida, las consecuencias podrían ser extremas. Aun así, sostiene que la situación actual no es una “catástrofe” como la de los años 80, aunque sí reconoce que los agricultores con balances más débiles serán los primeros en caer si no se toman medidas urgentes.
Las posibles salidas del negocio por parte de pequeños y medianos productores preocupan especialmente a las comunidades rurales, donde la agricultura sostiene a escuelas, comercios, iglesias y a una red de actividades que dependen del dinamismo del sector primario.
Esta preocupación coincide con otro paralelismo con los años 80: la tensión entre una oferta que crece impulsada por la tecnología y una demanda que no logra acompañar.
Ed Prosser, vicepresidente senior de Scoular, empresa de procesamiento de cultivos con 133 años de historia, destacó que la productividad continúa aumentando, pero la demanda no crece con la misma velocidad, un problema intensificado por la pérdida de clientes externos debido a los conflictos comerciales.
A pesar de estos puntos de coincidencia, Prosser aclara que existen diferencias fundamentales respecto a la década de 1980. Los balances de los agricultores son, en promedio, más sólidos, y las tasas de interés se encuentran muy lejos de los niveles que en aquella época provocaron una ola masiva de ejecuciones hipotecarias. Muchos productores recuerdan, como ejemplo, cómo préstamos agrícolas con tasas del 4% escalaron hasta 18% en meses, presionando fuertemente a familias que tenían deudas por millones de dólares.
Ese recuerdo sigue influyendo en las decisiones de inversión. Carla Schultz, productora de Michigan, cuenta que aunque su padre logró atravesar la crisis de los 80 y fue adquiriendo tierras de alto valor, desde hace un tiempo tiene una fuerte reticencia a comprar maquinaria nueva. La familia, que hoy opera un establecimiento diversificado, continúa incorporando ese aprendizaje como parte de su estrategia de manejo financiero. Después de aquella crisis, los esquemas crediticios cambiaron: los índices préstamo-valor se ajustaron de un máximo del 90% a una referencia cercana al 65%, limitando así el riesgo de endeudamiento excesivo.
Pero los problemas del presente tienen dinámica propia. Lee Strom, productor de Illinois y exdirector de la Administración de Crédito Agrícola durante las administraciones de George W. Bush y Barack Obama, señala que el costo por acre se ha multiplicado hasta cinco veces respecto a hace cuatro décadas, debido al aumento en fertilizantes, semillas y otros insumos esenciales. Este incremento, asegura, transforma por completo el perfil de riesgo de la inversión agrícola.
Strom también recuerda que durante la crisis financiera de 2008 el sector agrícola logró resistir mejor gracias al mandato nacional del etanol, que impulsó la demanda de maíz. Sin embargo, el panorama actual es más incierto: las políticas sobre combustibles renovables generan dudas y retrasan el desarrollo de nuevos mercados como el del combustible de aviación sostenible, cuya consolidación, incluso en el mejor escenario, llevará años.
Para Jim Schultz, la única salida estructural de la actual recesión es reactivar el comercio exterior estadounidense, especialmente con China. Propone incluso un acuerdo con metas de compras garantizadas durante una década, acompañado de sanciones automáticas en caso de incumplimiento. “Hay que usar zanahoria y palo”, dijo, “ahora solo se usa el palo”.
Mientras tanto, persiste el recuerdo de la última vez que el mercado encontró un equilibrio después de una crisis tan profunda: la devastadora sequía de 1988, que redujo la producción a la mitad y que coincidió con la expansión del Programa de Reserva de Conservación, que había sacado millones de acres de producción. Prosser advierte que la gravedad actual podría rivalizar con la de principios de los 80, aunque todavía no se han alcanzado las condiciones extremas de aquella época, cuando las tasas superaban el 15% y las existencias equivalían a la mitad del consumo.
Preocupación creciente para 2026
Los resultados del Estudio de Financiamiento Agrícola 2025 de la Asociación de Banqueros Estadounidenses (ABA) y Farmer Mac refuerzan estas señales. El informe muestra que solo el 52% de los productores será rentable este año, la proporción más baja desde antes de la pandemia. La caída de los precios internacionales, los costos elevados de los insumos y un endurecimiento del financiamiento explican este deterioro. Los sistemas de maíz, soja y algodón son los más afectados por la presión sobre los márgenes, mientras que la ganadería –favorecida por precios históricamente altos del ganado y una firme demanda doméstica– muestra un desempeño más estable.
La presión financiera también se refleja en el sistema bancario. El 93% de los bancos agrícolas espera un aumento del endeudamiento en los próximos 12 meses, un incremento respecto al 88% del año anterior. La liquidez se volvió una preocupación estructural y la mayor parte de los prestamistas anticipa menos rentabilidad en 2026, con menos de la mitad de los productores en números positivos.
El aumento de los costos familiares también incide. Según Pauline Van Nurden, del Centro de Gestión Financiera Agrícola de la Universidad de Minnesota, una familia rural de tres integrantes necesita aproximadamente US$ 110.000 anuales para cubrir gastos personales y compras básicas de capital. Ese aumento presiona aún más la liquidez en explotaciones que ya enfrentan márgenes ajustados.
El impacto social ya es visible. David Kohl, economista agrícola de Virginia Tech, advierte un aumento en las tensiones familiares, divorcios y ventas de tierras asociadas a la renegociación de créditos operativos. Ante este contexto, los productores recurren a compras colectivas de insumos, recortes selectivos en gastos y renegociaciones de deuda como estrategias de supervivencia financiera.
Aunque las encuestas anticipan un deterioro, los indicadores oficiales aún no reflejan plenamente la gravedad del escenario. Las quiebras agrícolas se duplicaron en el primer trimestre, pero siguen muy por debajo de los niveles de la década de 1980. Para Ed Elfman, vicepresidente sénior de la ABA, esto se debe a un rezago de entre tres y seis meses en los datos financieros. Sin embargo, las señales que llegan desde la Reserva Federal y desde los propios bancos apuntan a un ciclo agrícola que ingresa en una fase de estrés creciente, donde la rentabilidad limitada, los altos costos y la incertidumbre comercial configuran un panorama especialmente complejo para los próximos años.
Falta de ganado impacta en la industria
Tyson Foods cerrará una de sus principales plantas de carne vacuna en Estados Unidos debido a la fuerte caída en la disponibilidad de ganado, lo que confirma el escenario de escasez que enfrenta la industria y anticipa una presión adicional sobre los precios. La compañía anunció que la planta de Lexington, en Nebraska, que emplea a unas 3.200 personas, dejará de operar en enero, en un contexto donde las reservas de ganado del país se encuentran en su nivel más bajo en casi 75 años.
El cierre se produce en pleno corazón ganadero de Estados Unidos y refuerza la señal de que la oferta seguirá siendo limitada, obligando a los grandes empacadores a pagar valores elevados por la hacienda que luego se procesa en cortes y carne para hamburguesas. Además del cierre en Nebraska, Tyson reducirá a un solo turno las operaciones en su planta de Amarillo, Texas, decisión que afectará a unos 1.700 trabajadores, informó Reuters.
“Tyson Foods reconoce el impacto que estas decisiones tienen en los miembros de nuestro equipo y en las comunidades donde operamos”, señaló el comunicado oficial. La empresa espera que los ajustes se concreten hacia el 20 de enero y adelantó que compensará parte de la capacidad perdida, aumentando la producción en otras instalaciones.
El negocio de carne vacuna de Tyson atraviesa un período crítico. En los últimos 12 meses, la unidad registró pérdidas ajustadas por US$ 426 millones y una caída de US$ 291 millones respecto al ejercicio anterior. Para el año fiscal 2026, la compañía proyecta pérdidas de entre US$ 400 y US$ 600 millones, reflejando el fuerte deterioro de los márgenes en un mercado marcado por el encarecimiento del ganado y la menor disponibilidad de animales terminados, indicó Reuters.
La planta de Lexington, una de las más importantes del sistema, tenía capacidad para procesar cerca de 5.000 cabezas por día, equivalente a aproximadamente el 5% del sacrificio total de Estados Unidos. Sin embargo, ya venía operando por debajo de ese nivel, según explicó Matt Wiegand, corredor de FuturesOne en Nebraska. Su cierre afectará directamente a la ciudad de unos 10.000 habitantes y golpeará a los corrales de engorde de la región, que perderán un destino clave para su producción.
“La decisión de Tyson tendrá un impacto devastador”, advirtió la senadora Deb Fischer, de Nebraska. “Hace solo unos años, frigoríficos como Tyson obtenían ganancias extraordinarias, mientras el resto de la industria mantenía números rojos”, recordó, en referencia a los fuertes márgenes obtenidos en el período de menor faena impulsado por la pandemia.
En Amarillo, la planta de Tyson tiene capacidad para faenar cerca de 6.000 cabezas por día, según estimaciones de la industria, por lo que la reducción a un solo turno también recortará significativamente la oferta procesada. La empresa señaló que buscará redistribuir la producción para cumplir con la demanda de sus clientes, pero el sector espera que el ajuste contribuya a mantener un mercado firme para el ganado en el corto plazo, en un ciclo ganadero estadounidense marcado por la liquidación prolongada y la caída del stock nacional.
Nota de Revista Verde N° 125




