López Mayorga: el ingeniero que generó procesos en el agro con perspectiva industrial

Ricardo López Mayorga es ingeniero en electrónica y electricidad y cuenta con una sólida trayectoria en empresas vinculadas con el agronegocio. Fue el CEO global de grupo Nidera y dirigió el proyecto lechero de Olam en Uruguay. “Mi aporte a todo el sector agrícola, tanto en Nidera como en Olam, ha sido tener una base sólida industrial. Es decir, aproximar a todos los procesos de producción y de fabricación, desde una perspectiva industrial”, comentó a VERDE.
López Mayorga trabajó 28 años en la siderurgia Singer, una empresa muy importante de ese rubro. Luego estuvo 12 años en Nidera, donde comenzó su trayectoria en el agronegocio, hasta que la empresa fue vendida a Cofco.
A Olam ingresó en 2015, como responsable de mejorar la operación de producción de leche en Uruguay. “Mi tarea fundamental fue trabajar con una perspectiva industrial, buscando mejorar fundamentalmente la productividad y los costos”, señaló.
La experiencia de Olam
El ingeniero explicó que se desarrolló una operación “muy cuidadosa, no solamente desde el punto de vista de la producción y del costo, sino también en el tema de medio ambiente, en el cuidado del suelo, el tratamiento de efluentes y disposición de residuos”.
Agregó que “probablemente en empresas de otras dimensiones” las autoridades no son tan severos en esos aspectos, pero en una operación como la de Olam, que era muy grande, sí se les prestaba mucha atención.
“No solo teníamos que tener buena productividad, sino un respeto significativo con el ambiente. Una enorme dedicación también a la preparación de la gente, a la seguridad industrial; tuvimos unos registros de accidentes muy bajos”, valoró.
Recordó que “nos tocaron años muy difíciles, porque tuvimos precios de la leche bajísimos; hubo un año en que el precio estuvo por debajo de US$ 0,20 por litro”.
Comentó que la lechería tiene, en gran medida, el precio fijado por Nueva Zelanda, que es el productor con mayor volumen de exportación en el mundo, y además tiene la alimentación más eficiente, ya que prácticamente el 95% de la producción de leche se hace con alimentación de las vacas a pasto.
Uruguay, además, exporta el 70% de su producción, por lo cual está muy expuesto a la volatilidad de los precios internacionales. “La demanda de productividad y de costos es muy grande, y uno tiene que utilizar todos los métodos disponibles para controlar la productividad y el costo. Ese fue el trabajo significativo que se hizo en Olam en Uruguay”, indicó.
Estandarización y capacitación
Explicó que cuando la cantidad de tambos y de animales es muy elevada, es necesario asegurar métodos de producción estándar para todos, y “evitar de que cada uno opere con su librito”. Si esto último ocurre, la producción “no será estable, y los niveles de calidad no serán repetitivos”, sostuvo. Por lo tanto, gran parte de su tarea consistió en estandarizar los procesos, indicó.
López Mayorga sostuvo que una de las cuestiones paralelas al esfuerzo de estandarización es la capacitación de los recursos humanos. “Invertimos en una enorme cantidad de gente, con resultados muy satisfactorios, para prepararla en trabajar con estándares de producción y costos estables, repetitivos, que se podrían conseguir en el tiempo”, detalló.
Afirmó que “es fundamental tener procesos bien controlados, con gente bien preparada, que sabe perfectamente qué tiene que hacer”.
“Lo más interesante fue que la gente con la que trabajamos en Uruguay fue totalmente receptiva al proceso de capacitaciones. Les interesaba hacer las cosas bien, de acuerdo con un método y un proceso bien definido”, dijo.
Incluso comentó que se desarrolló un sistema de certificación, donde cada persona que hacía un trabajo tenía que demostrar que era capaz de hacer las cosas de forma repetitiva y consistente. “Buscamos simular la operación a la de un proceso industrial y capacitar a la gente, esas fueron las dos grandes claves para conseguir resultados”, sintetizó.
Transparencia de los resultados
López Mayorga también valora la transparencia de los resultados. “Trabajábamos a libro abierto con todo el personal. Ellos sabían exactamente cuáles habían sido los resultados, los costos y las productividades. Hacíamos sistemáticamente todos los meses una presentación de cómo era la performance de cada lugar”, comentó.
Y también destacó que para los responsables de cada tambo se estableció un sistema de premio al desempeño. “Teníamos un sistema muy demandante en cuanto a los resultados que se deseaban obtener, pero con premios significativos, que a la gente le hacía la diferencia, y tuvimos resultados excelentes”, resaltó.
Afirmó que el premio al desempeño “es muy importante”, porque “la gente que trabaja mejor cuando se diferencia el desempeño”. Pero advirtió que “no se puede poner un premio al desempeño si no hay un plan bien identificado y gente bien preparada”.
“Si los procesos están bien identificados, si las variables están bien medidas y si la gente está preparada, entonces uno puede poner arriba de eso un sistema de premio al desempeño”, dijo. Pero “poner un sistema de premio al desempeño sin haber pasado por las dos etapas de procesos industriales y gente preparada es un error”. Incluso advirtió que “es muy peligroso”, porque el sistema de premio de desempeño “requiere de una cantidad de variables muy bien medidas y definidas”.
También aclaró que lograr todo esto “nos llevó varios años”. “Esto no se consigue un día para otro. Preparar a la gente y estandarizar los procesos lleva tiempo, y al final el premio está en que realmente uno consigue márgenes estables”, afirmó.
No hay fórmula mágica
Consultado sobre cómo lograr un sistema con números positivos en agricultura, sobre todo en momentos de precios bajos, respondió que “no hay una fórmula mágica”, y que “todas las operaciones tienen un límite”.
Señaló que hay determinados niveles de precios “donde, por más efectivo que uno sea, la operación se convierte en marginal, o tiene un margen negativo”. Pero aseguró que “una preparación industrial, con costos y productividad controlada, siempre lo va a posicionar al productor en la mejor condición”. “En una seca, si usted es efectivo y eficiente, va a estar en las mejores condiciones. Y en un periodo de lluvias demasiado grande pasa exactamente lo mismo”, indicó.
Sostuvo que la solidez en la preparación en términos de cómo se manejan los procesos, y cómo los recursos humanos están preparados, “es muy importante para enfrentar los periodos de precios difíciles”.
Riesgo climático
Otro aspecto considerado por López Mayorga fue el riesgo climático, y mencionó la posibilidad de mitigarlo con la instalación de sistemas de riego, para estabilizar la producción.
Enfatizó que en la lechería “los litros de leche hay que conseguirlos todos los días, porque el día que se pierde 1 litro de leche, se hace muy difícil recuperarlo”. “Uno tiene que trabajar para asegurarse por la vía de los procesos bien realizados, y la gente bien preparada, que el día anterior puso todas las condiciones, las comidas, la distribución en los distintos potreros, para tener al día siguiente la leche que calculó que tendría”, planteó. Y sostuvo que “ese es el beneficio de trabajar por procesos”.
La agricultura en la región
López Mayorga analizó que el Mercosur tiene condiciones naturales “extraordinarias” y puede producir granos de forma “muy competitiva”. Y agregó que cada país “tiene sus connotaciones particulares”.
Describió que Argentina “tiene un problema de larga data: las retenciones o derechos de exportación”. “Hoy hay un camino aparentemente positivo, y probablemente en algún momento se va a hacer algo para bajarlas. Se ha hecho algo en trigo y en maíz”, comentó.
En cuanto a Brasil, dijo que “tiene buenas condiciones”, aunque no cuenta con el grado de fertilidad de Argentina. Señaló que el obstáculo, “no menor”, son las distancias a puerto desde la zona de gran producción, que es el estado de Mato Grosso.
También indicó que a veces hay problemas en los puertos, con esperas de los buques para poder cargar. Pero destacó que “tiene la ventaja enorme de no tener ningún derecho de exportación, e inclusive tiene una producción que está favorecida por todos lados, desde el punto de vista gubernamental”.
En cuanto a Uruguay, dijo que está en una posición intermedia. “Tiene la ventaja enorme de que las distancias son más cortas, no tiene grandes problemas de flete, no tiene el problema de los derechos de exportación, aunque tiene tierras de menor fertilidad”, analizó.
Además, señaló que en los últimos 10 o 12 años la tecnología y la forma de trabajar “han mejorado enormemente”, y eso permitió que el país obtenga rendimientos “más que satisfactorios”.
“La situación en general de Sudamérica para la producción de granos es óptima, tiene buena tierra, buena gente, buena tecnología. Y hay años mejores y peores por el tema del riesgo climático o las guerras”, sintetizó.
El ingeniero fue el responsable de desarrollar todo el negocio de exportación de granos de Nidera en Brasil, en 2008, cuando la empresa todavía no estaba en ese país. Brasil “siempre es un país atractivo para todo”, porque “tiene recursos naturales importantes y una población significativa”, destacó.
También señaló que el desarrollo de semillas resistentes a determinados sistemas de protección de cultivos, como a insectos, permitió que Brasil se convirtiera en un productor enorme de maíz, cuando no lo era. “El crecimiento de la producción de granos de Brasil ha sido extraordinario, desde 2005 a la fecha, tuvo un crecimiento enorme”, remarcó.
Exigencias de los mercados
López Mayorga analizó que el mercado “hace muchos años que se ha vuelto más exigente”, en aspectos como la deforestación y la producción sostenible. Valoró que la agricultura “ha progresado enormemente en esos aspectos”, y dijo que no ve “ninguna limitación por ese lado”.
También señaló que la demanda de alimentos es creciente. “La población del mundo aumenta entre 50 millones y 80 millones de personas por año. Es una cifra enorme, y es un gran desafío poder abastecer a toda esa población”, planteó.
Además, señaló que la producción de granos “es la base de todo”, porque se destinan a la producción de carne, de pan, y de muchos otros alimentos y bebidas. Enfatizó que, a diferencia de otros sectores, la demanda de granos “siempre es creciente”.
También se refirió a los biocombustibles, que “han sido un impulso enorme a la producción de cereales”, porque la aparición del biodiésel y del etanol “significó una demanda adicional de granos, que no existía”. “La demanda está siempre. Puertas adentro uno tiene que ser muy efectivo para obtener productividad”, dijo.
Además, valoró que la tecnología “también va produciendo soluciones todos los días, en todas las industrias”.
La escala
Consultado a propósito de las ventajas y desventajas de tener una mayor escala para producir, López Mayorga respondió que “aumentar la escala sin procesos y preparación de la gente puede ser un peligro”, y que los resultados “pueden no ser los esperados”.
Sin embargo, reconoció que la escala tiene ventajas, como por ejemplo: “si uno está comprando granos para la alimentación, no es lo mismo comprar 10 toneladas que 150 toneladas, por la capacidad negociadora”.
Pero el ejecutivo de amplia experiencia y trayectoria insistió en que, “así como la escala tiene ventajas, tiene un enorme peligro”, y crecer si uno no está preparado es casi una garantía de fracaso”.
Nota de Revista Verde N° 122





