Klaus Hartwich: de cortar césped en Young a contratista y agricultor

A los 12 o 13 años Klaus Hartwich ya mostraba un espíritu emprendedor. A esa edad les propuso a unos amigos hacer algo aparte de estudiar en el liceo, y formaron una empresa para cortar césped en Young, Río Negro. Además de brindar sus servicios en casas de varios vecinos, se encargaba del mantenimiento del césped de Salud Pública y a un gran aserradero de esa ciudad. “Fue muy buena experiencia, que me ayudó a pensar y a crecer”, comentó a VERDE. Su padre era productor agrícola, y unos años después que se jubiló, Klaus –que tenía apenas 20 años– tomó las riendas de la empresa, que venía muy golpeada por la crisis financiera de 2002.
“Mi padre era un productor medio de la zona, medianero, y de a poco nos fuimos reconvirtiendo de productores a contratistas”, señaló. Con el auge de la soja, en 2005, “nos reconvertimos en contratistas, porque se perdieron los campos, por las rentas que pagaban las empresas grandes, y eso nos ayudó a salir del agujero económico que nos había dejado la agricultura, renovar maquinaria y empezar a crecer de nuevo”, recordó.
Recordó que cuando llegaron las empresas argentinas, que necesitaban servicios, “teníamos un parque de maquinaria chico, con equipos viejos, comprometidos con el Banco República. De a poco nos fuimos reconvirtiendo en contratistas importantes en la zona. En general ofrecíamos servicios de siembra, cosecha, fumigación, laboreo de suelo, entre otros”.
Mientras tanto seguía sembrando en un área menor. “Si bien ganamos en la parte de servicios, perdimos los años buenos de agricultura”, porque en aquel entonces hubo “cuatro o cinco años muy buenos en precio y producción”, señaló. Pero valoró que “después nos fuimos reconvirtiendo de contratistas a productores de nuevo, desde 2012, cuando las empresas extranjeras se empezaron a retirar y fuimos tomando algunos campos que dejaban”.
Klaus empezó a cambiar métodos de producción y buscar de qué manera podía crecer. “De a poco fuimos obteniendo campos de nuevo, gracias a los dueños, a quienes considero socios y amigos”, comentó.
Actualmente la empresa siembra unas 5.000 hectáreas de verano y unas 2.000 hectáreas de invierno. Los cultivos de la rotación son: maíz, trigo, colza y soja, y desde 2019 “promoví el girasol, porque quería buscar otra alternativa, y desde ese año también sembramos algo de área de ese cultivo”, indicó.
Girasol
Describió que el área de girasol “ha sido poca, de 150 a 300 hectáreas, y el año pasado crecimos a 500 hectáreas”. Y consideró que “calza muy bien en la rotación, sobre todo en los campos que van a praderas, porque nos permite implantarlas temprano, y a los dueños de los campos eso les sirve mucho”.
Aparte de eso, comentó que “nos da el beneficio de no centralizar todas las labores en la misma fecha que la soja”. Y puntualizó que siempre siembra girasol de primera, porque “con el girasol de segunda no anduve bien, por los herbicidas, entre otros temas; y el girasol de primera calza mejor en la rotación”.
Sobre la productividad dijo que en 2019 “fue un éxito, fue prácticamente la única chacra del país”. Agregó que “después fuimos cayendo un poquito” y “el año de la seca golpeó bastante, para la soja llovió a tiempo y para el girasol llegó tarde”. Y en las últimas zafras “tuvimos rendimientos muy buenos, incluso superiores a la soja, cerramos en 2.700 kilos por hectárea, a un precio muy bueno”, destacó.
Productividad
Hartwich señaló que cuando las condiciones climáticas son favorables, la productividad de los cultivos crece. “Cada vez se apuesta más a la tecnología, como la siembra variable, la agricultura por ambiente y demás. Contamos con buena tecnología en Uruguay, y los materiales han evolucionado mucho también. En maíz estamos aprendiendo bastante, y veo que el techo está cada vez más arriba”, dijo.
Comentó que el año pasado la chicharrita “pegó bastante en la zona de Young”. Dijo que los campos que maneja le permiten sembrar maíz de primera, porque una parte del área “son bajos, chatos, y ahí calza la rotación de maíz de primera o soja primera; en esa parte se hace solo un cultivo” por año.
A propósito de la productividad en soja dijo que “no tenemos tanto aumento de rinde como en el maíz o en la colza”. Sobre este último cultivo dijo que “hemos aprendido a llevarlo, y estamos creciendo, lo mismo que en trigo”. Pero admitió que en soja “tenemos un techo y creo que todavía no podemos superarlo”.
El productor consideró que el agua “es fundamental para que despegue la productividad de la soja”. Señaló que, “cuando nos falta el agua en diciembre o enero no la ves crecer, pero si llegan las lluvias en febrero y marzo la planta se reactiva y alcanza buenos rendimientos”.
Consideró que en trigo “también hay materiales muy buenos, pero si bien aumentamos en producción, bajamos en calidad”. Sostuvo que “los parámetros son muy exigentes de acuerdo a las calidades de harina que se necesitan”, y “al aumentar en productividad caemos en calidad, y eso no es bueno para el cultivo”.
Sobre este punto, Hartwich no considera que la solución pueda estar en el ajuste de la aplicación de nitrógeno, porque el cultivo es “muy susceptible al agua, se lava muy rápido y pierde calidad por ahí”, analizó.
Sostuvo que el negocio agrícola “está muy fino, con momentos muy buenos y momentos malos”. Consideró que “estamos en un punto medio, hay que saber esperar y mantenerse hasta que vengan las épocas buenas”.
Seguro, riego y encalado
Hartwich confirmó que siempre contrata seguro. “Sería deshonesto de mi parte, cuando me está financiando la cooperativa o diferentes instituciones, no tener un seguro, un respaldo para poder mantenerme el próximo año. Este año la granizada nos pegó en 450 hectáreas de soja y 200 hectáreas de maíz, que si no hubiese tenido seguro sería un agujero más, del que sería muy difícil de salir”, reconoció.
En cuanto al riego, dijo que en su caso solamente un campo arrendado cuenta con esa tecnología. “Es muy buena opción, creo que el Uruguay tiene que seguir creciendo en esa dirección, porque es un doble piso para el área que tenemos. Sería un gran apoyo una política de Estado para poder crecer en campos arrendados, en conjunto con el dueño”, analizó.
Destacó que tiene “un muy buen relacionamiento con los dueños de los campos”. Dijo que “a veces los números cierran y a veces no tanto como quisiéramos”, pero afirmó que “de ambas partes sabemos, y vamos por el mismo rumbo, que hay que seguir creciendo en producción para tener un mejor resultado”.
Sobre el encalado, dijo que el tema “todavía no está instalado en la zona, pero sabemos que es algo que se va a venir y hay que ir viendo de qué manera lo vamos a encarar”.
Inversiones y ganadería
A propósito de la estrategia de inversiones de la empresa, Hartwich dijo que “se va invirtiendo de acuerdo al año, de cómo cierra el ejercicio”. “No soy muy proclive al endeudamiento, le tengo miedo, porque soy hijo de productor netamente agrícola, que pasó por épocas muy complicadas”, expresó.
Si bien reconoció que el apalancamiento financiero es una herramienta para que las empresas puedan crecer, “trabajo solo y creo que vengo bien así”, dijo. En su empresa trabajan directamente 18 personas, a las que “trato de darles trabajo todo el año”, comentó. “Siempre fue fundamental el apoyo de mis padres, hermanos y mi señora. Uno se tiene que rodear de gente positiva, eso es fundamental”, destacó.
Señaló que toda la maquinaria es propia y “bastante moderna”. Describió que “he tratado de ir actualizándolo cuando algo se pone viejo. Si el año que cierra es bueno trato de renovar de a poco. Es mucho capital en equipos y no lo podemos dejar que se venga abajo, porque después no podemos producir”.
La empresa también incorporó la producción ganadera, “para tener otro rubro, algo más estable”, comentó Hartwich. A propósito, comentó que primero hizo recría, y ahora “estamos tratando de hacer cría y recría, para venderle ese ganado a los corrales”.
Nota de Revista Verde N° 122





