Agricultura

INIA anunció la creación de una plataforma colectiva para enfrentar malezas resistentes en Uruguay

24 de septiembre de 2025

Se anunció la creación del Grupo de Trabajo en Resistencias, con el fin de dar respuesta al desafío más crítico de la agronomía, para diagnosticar y monitorear nuevos casos.

El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) anunció la creación del Grupo de Trabajo en Resistencias, una iniciativa que busca dar respuesta al desafío más crítico de la agronomía: el avance de las malezas resistentes.

El responsable del programa de investigación en manejo de malezas en sistemas agrícola-ganaderos de INIA Uruguay, ingeniero agrónomo Alejandro García, explicó que el objetivo central es mapear la problemática en el país mediante una plataforma digital —con sitio web y aplicación— que permitirá diagnosticar y monitorear en tiempo real dónde surgen nuevos casos de resistencia y cómo evolucionan en el espacio y en el tiempo, “para poder actuar más rápidamente”.

“Queremos construir una base de información sólida, que sirva tanto para la detección temprana como para el manejo de la resistencia. Será un centro de referencia que contendrá cursos de capacitación, publicaciones y recursos técnicos disponibles para productores y asesores”, señaló García, en el marco de la jornada anual de la empresa Proquimur, realizada en Mercedes (Soriano), el pasado jueves 21 de agosto, cuyo lema fue: Conectar para transformar – Uniendo la ciencia con la experiencia.

Allí el especialista subrayó que la resistencia de malezas “es el problema que manda en la agronomía, reconocido tanto a nivel nacional como internacional”, y destacó que esta iniciativa se basa en la colaboración de múltiples actores: gobierno, academia, asociaciones de productores, gremiales y técnicos.

“Está demostrado que la transferencia vertical ha fracasado en el manejo de la resistencia a nivel mundial. Por eso presentamos públicamente este grupo de trabajo, porque la única forma de avanzar es a través de una construcción colectiva, donde todos los actores estén embarcados desde el inicio”, afirmó.

El proceso ha requerido tiempo y coordinación para integrar a los distintos sectores, con el objetivo de que el grupo tenga desde el comienzo una base representativa, acotó.

INIA prevé que hacia fin de año se conforme la mesa representativa que canalice las distintas posiciones y la gobernanza del grupo. “No solo depende de INIA, estamos en contacto con las nuevas autoridades de ministerios y direcciones, este grupo debe integrar a todos los actores involucrados. Desde el comienzo lo tenemos que construir, manejar y usar entre todos”, indicó.

El responsable del programa de investigación en manejo de malezas en sistemas agrícola-ganaderos de INIA agregó que los sistemas de producción en Uruguay vienen replicando lo que ocurre en otros países respecto a la aparición de malezas resistentes, aunque a nivel local se cuenta con ventajas diferenciales.

“En Uruguay, la superficie es chica, los actores son bastante conocidos, nuestro paisaje agronómico cuenta con pendientes, quebradas y bajos, provocando que las extensiones no sean tan grandes como en Australia, Brasil o Argentina, donde la presión de los herbicidas se da en áreas muy importantes. Esas características debemos capitalizarlas para enfrentar de mejor forma esta problemática”, opinó García.

Evolución de malezas resistentes

El investigador de INIA La Estanzuela, especializado en biología y manejo de malezas, ingeniero agrónomo Tiago Kaspary, explicó que los problemas de resistencia a herbicidas en Uruguay comenzaron a registrarse en 2006-2007, con los primeros casos de raigrás resistente a graminicidas en la zona este del país, “especialmente en semilleros de pasturas leguminosas”.

En 2008, en zonas agrícolas del oeste, esa especie de maleza presentó los primeros indicios de resistencia a glifosato. Desde 2011 se sumaron nuevas especies: carnicera, rábano y yuyo colorado, “autóctonos e introducidos desde el exterior”. En 2019, surgen los primeros casos de  brassicas de difícil control, y más recientemente los capines.

Kaspary señaló que hoy existen muchas consultas y reclamos por malezas “supuestamente resistentes”, pero advirtió que en varios casos “se trata de confusión entre resistencia real y aplicaciones tardías de herbicidas”, sobre todo en gramíneas como echinochloa. “Para tener certezas es necesario comprobar cada sospecha con rigor técnico”, remarcó.

El investigador destacó que la resistencia evoluciona en Uruguay, pero a un ritmo “un poco más lento” que en otros países de la región, donde se han detectado biotipos con resistencia múltiple a herbicidas de distintos modos de acción.

“Esto ocurre probablemente debido a la naturaleza de los sistemas productivos uruguayos, que en muchos casos integran la agricultura con la ganadería”. Además, “las menores extensiones de un mismo cultivo reducen la presión de selección generada por el uso masivo de un único herbicida o de un número limitado de ellos”.

En el caso de las malezas de invierno, el raigrás continúa siendo el principal problema, aunque en los últimos años “cobraron relevancia” las brassicas, como la nabolza (Brassica spp.). En verano los casos más preocupantes corresponden a los yuyos colorados (Amaranthus hybridus, A. tuberculatus y A. palmeri), además de echinochloa y otros capines que han ganado importancia.

Un aspecto clave fue la introducción de especies resistentes “a través de maquinaria usada importada desde Estados Unidos”, que ingresó al país sin la limpieza adecuada. Así llegaron al Uruguay Amaranthus tuberculatus y Amaranthus palmeri, “ya con biotipos resistentes a glifosato, inhibidores de ALS, como diclosulam, clorimuron y imazetapir, entre otros herbicidas”.

Entre 2019 y 2023 se registró la entrada de otra maleza resistente, en este caso un híbrido entre canola y Brassica rapa, que dio origen a una nueva maleza: “la nabolza, resistente a glifosato, inhibidores de ALS y con resistencia confirmada a hormonales”.

En Uruguay están reportadas oficialmente en el portal Weed Science cinco especies resistentes, pero se estima que en los próximos años “se sumarán entre cinco y seis más, además de ampliarse los casos de resistencia múltiple” a otros herbicidas en las especies ya registradas.

Kaspary explicó que la confirmación de resistencia es un proceso largo, que puede demorar al menos dos años. “Se recibe la semilla del material sospechoso, se trabaja en invernáculo durante un ciclo, se seleccionan plantas y se dejan producir semilla para iniciar un nuevo ciclo donde es repetido el testeo. Solo si la resistencia se transmite a la siguiente generación se confirma el caso”. De lo contrario, “puede tratarse de un error de manejo y no de un fenómeno de resistencia propiamente dicho”, aclaró.

La participación de Alejandro García y Tiago Kaspary en la jornada anual Proquimur 2025 fue parte de un bloque donde se analizó el escenario de malezas en Uruguay. Allí también participaron las ingenieras Luciana Rey y Juana Villalba, de la Facultad de Agronomía.

Manejo de enfermedades foliares en soja

La investigadora de Embrapa Soja especializada en epidemiología y control de enfermedades, ingeniera agrónoma Claudia Godoy, participó por primera vez en Uruguay como conferencista en esta jornada anual de Proquimur. En su exposición destacó que el manejo de enfermedades foliares sigue siendo uno de los principales desafíos para la producción de soja en Brasil, el mayor productor mundial de esta oleaginosa.

La investigadora explicó que la clave para reducir el impacto de las enfermedades está en la combinación de distintas estrategias: el mejoramiento genético para contar con variedades resistentes, el manejo adecuado del suelo, la siembra temprana y el monitoreo de las condiciones climáticas. “La herramienta química es lo que tenemos cuando el resto no funcionó”, señaló.

Además, advirtió que la práctica común de sembrar soja en suelos que ya tuvieron soja en la campaña anterior es un problema serio. “No hacemos rotaciones, hacemos sucesión de cultivos, soja y luego maíz safrinha. En otros casos se incluye algodón”, pero ese cultivo sufre las mismas enfermedades que la soja, indicó.

“El manejo sanitario no viene mejorando en Brasil, al contrario, la falta de rotación de cultivos genera una mayor presión de enfermedades y aumenta la dependencia del control químico. Cada vez usamos más fungicidas, lo que termina en la generación de hongos resistentes. Hoy la resistencia es un tema importante”, sostuvo.

En la región del Cerrado brasileño la mancha anillada es el principal problema, seguida por cercospora. En tanto, en el sur de Brasil la roya es la enfermedad más relevante, ya que la soja se siembra más tarde en esa región del país vecino.

Godoy remarcó que existen pocos activos químicos con alta eficacia, lo que complica el control. En este contexto, el uso de fungicidas multisitio está aumentando, como estrategia frente a la resistencia creciente que muestran los hongos. “La rotación de activos y la inclusión de multisitios son fundamentales para lograr controles eficaces”, subrayó.

Las enfermedades tienen un fuerte impacto económico. Según la integrante de Embrapa, la roya puede provocar pérdidas de hasta 50% de la producción, mientras que otras enfermedades, como la mancha anillada o la cercospora, generan reducciones de entre 10% y 20% en los rendimientos.

En paralelo al manejo agronómico, todas las compañías semilleras trabajan en sus programas de mejoramiento genético para detectar variedades resistentes. Sin embargo, todavía no existen genes disponibles para todas las enfermedades. Actualmente se avanza en el desarrollo de resistencia a mancha ojo de rana, incorporando tecnologías de edición génica, una alternativa más económica que los transgénicos. Embrapa también participa activamente en este proceso, en el marco de su programa de mejoramiento para soja.

Nota de Revista Verde N° 123

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