Agricultura

Girasol: genética, manejo y precios impulsan el crecimiento de la superficie de cara a la zafra 2025/26

24 de septiembre de 2025

El año anterior tuvo resultados productivos sólidos, mejoras de manejo y diversificación de riesgos; se proyecta que el cultivo superará las 20.000 hectáreas en este verano.

El cultivo de girasol afirma las señales de retorno al campo uruguayo, tras varias zafras en las que el agricultor decidió dejar de sembrarlo. Mientras empresas del sector agrícola avizoran un incremento en el área de siembra para la próxima campaña, y destacan ciertos números del negocio, resulta oportuno analizar algunas sugerencias técnicas y agronómicas.

Respecto a las cuestiones agronómicas y tecnológicas, la “variable número uno es la elección de los híbridos, es lo más importante que podemos hacer”, comentó a VERDE el asesor técnico argentino Pablo Calviño, en el marco de una serie de jornadas técnicas que realizó la empresa Yalfín, representante de los híbridos de maíz y girasol de NK Semillas.

Dijo que en este cultivo, “al revés de los otros”, hay que mirarlo a mediano plazo, porque en Uruguay “está el cuco” de la enfermedad phomopsis, que fue la causante de que el girasol desapareciera por más de 10 años, y “lo ideal es mantener libre de inóculo al país”.

En función de eso, “si se detecta que en determinado año hubo un foco, lo recomendable es que ahí no se haga más girasol, por lo menos por tres o cuatro años”, explicó. Y agregó que es importante adoptar esa medida, “no solo en esa chacra, sino alrededor”.

Sobre la distancia recomendada para tomar esta precaución, Calviño comentó que esto “no está muy medido, porque depende del viento de cada año, pero hay que calcular que las ascosporas pueden trasladarse entre 10 y 20 kilómetros”.

Destacó que “la genética ha mejorado para enfrentar esta situación”, que “cambió muchísimo”, y si bien “no hay híbridos resistentes, sí hay híbridos tolerantes” a esa enfermedad. “Cuando un híbrido susceptible, los comunes, tiene 70% de plantas afectadas, estos híbridos tolerantes tienen un 7% a 8% o nada de afectación” por la phomopsis, explicó.

Consultado sobre la importancia de la rotación de los cultivos en este tema en particular, el asesor argentino dijo que “el cultivo de girasol, por la época que se cosecha, es el mejor antecesor de todos los cultivos de invierno, ya sea de colza o de trigo o de cebada”.

Puntualizó que en el caso de la colza “hay algo de riesgo de enfermedades, pero si el cultivo estuvo sano no hay ningún tipo de inconvenientes”.

En cuanto a malezas, el cultivo de girasol tiene “una paleta bastante completa como para que no haya problemas”, pero “si a vos se te escapa”, por ejemplo, el yuyo colorado en soja, se pueden utilizar muchas alternativas, y en el girasol “si se te escapa eso no es posible”. Por lo cual, es necesario que el control de malezas “se haga con prevención y una buena diagramación, asociada a los herbicidas y las malezas objetivo”, consideró.

Calviño resaltó que siempre se precisa “entrar al campo con el cultivo puesto en cero”, porque el lote tiene que estar bien limpio. Y a partir de ahí, la sugerencia es “trabajar con herbicidas preemergentes, que controlen fundamentalmente el yuyo colorado, porque las gramíneas y el resto de las malezas se pueden controlar en el cultivo, pero el cuco es el yuyo colorado”, afirmó.

Sobre la fertilización del girasol, el asesor técnico planteó que este cultivo “necesita nutrientes, pero tiene poca respuesta”, ya que “se las rebusca por su forma de explorar el suelo, porque acompaña las temperaturas con la mineralización y es muy eficiente en obtener los nutrientes del suelo”. En muchos ensayos, en diferentes partes del mundo, la conclusión muestra que “responde a cantidades bajas” de nutrientes.

El nitrógeno “ingresa por flujo masal, va diluido con agua”, y el girasol “es una bomba extractora”, porque “puede tomar donde otros no toman”, detalló Calviño. Y eso impacta en una respuesta a valores más bajos de nitrógeno, a pesar de que tiene alta extracción, según la información de varios investigadores, acotó.

“La respuesta, a deficiencia de fósforo, es baja en girasol”, dijo. Si bien “igual siempre conviene hacer una fertilización de base con fósforo, porque ayuda al crecimiento inicial del cultivo, para que crezca más rápido”, recomendó.

También comentó que, “en la medida que el cultivo crece más rápido, le da menos posibilidad de ataque de plagas”, y “lo más importante” es que “hace un sombreado más rápido”, y ese sombreado “es el que hace que después no vengan las malezas”.

El asesor técnico argentino indicó que el micronutriente más común, que tiene deficiencias para el girasol, es el boro, y la deficiencia de boro se da fundamentalmente en suelos con baja materia orgánica, y suelos arenosos.

“Hoy en Uruguay hay varios de esos suelos que han tenido mucha extracción, son suelos arenosos, donde es probable que haya deficiencia de boro”, comentó. También señaló que “hay que mirar con ojos bien abiertos lo que ocurre con el potasio”. Aconsejó que, en todos los casos, los productores consulten a un técnico local.

Calviño mostró información de Argentina, donde la media de los productores “tiene una pérdida de 30% entre semillas sembradas y plantas logradas, al tiempo que los productores prolijos tienen una pérdida menor al 5%”. Por lo cual, cada productor tiene que lograr “su coeficiente de pérdidas para poder diagramar la densidad en función de eso”, indicó.

Sobre los ataques de pájaros, indicó que, “en los lugares donde el cultivo está volviendo, responde entre otras cosas al cambio en la posición de capítulo generado por el mejoramiento genético”. Se busca que desde la madurez fisiológica en adelante, la planta “quede mirando para abajo”, y de esa manera “la paloma tiene barrera física”, detalló.

Agregó que, “cuando queda de costado o mirando a la planta de al lado, la paloma se hace un picnic comiendo la mitad del capítulo”. Por lo tanto, resaltó que “lo primero es genética, que el capítulo mire para abajo, no totalmente, porque si no acumula agua”, y lo otro “es la aplicación de desecantes para adelantar la cosecha”.

El avance y los datos

Cuando el girasol regresó a la agricultura uruguaya, “entre 2020 y 2021 básicamente iba todo a primera, pero luego empezó a crecer el área de segunda”, dijo a VERDE el responsable del área de desarrollo de Yalfín, Pablo Leiva.

El año pasado se sembraron unas “11.500 hectáreas”, y “en los últimos cuatro a cinco años estuvo entre 6.500 y 19.000 hectáreas”, y este año se prevé un “aumento para llegar a unas 20.000 hectáreas”, avizoró.

Leiva dijo que en la zafra 2024-2025 desde Yalfín se relevaron 42 casos, que abarcaron un total de 7.006 hectáreas, lo que representa el 61% del área sembrada con girasol. La siembra se concentró mayoritariamente en fechas tempranas, “el 70% del área fue de siembra de primera, realizada entre el 30 de setiembre y el 10 de noviembre, mientras que el 30% restante correspondió a siembras de segunda, concretadas entre el 25 de noviembre y el 23 de diciembre”, indicó.

Las chacras evaluadas se ubicaron principalmente en suelos de menor potencial productivo, arenosos y del grupo 5.02b. La distribución geográfica mostró que el 47% del área estuvo en la zona de Río Negro, el 43,7% en el sur y el 9,3% en el norte, acotó.

Según el relevamiento, el rendimiento promedio físico fue de 2.189 kilos por hectárea (kg/ha), con un máximo de 3.100 kg/ha. El contenido de aceite promedió 56%, lo que permitió alcanzar un rendimiento bonificado de 2.801 kg/ha.

Leiva informó que el girasol de primera tuvo un promedio de aceite de 52% a 58%, y en segunda estuvo entre 50% y 56%. El análisis de los datos mostró que, a medida que la fecha de siembra se atrasa, baja el porcentaje de aceite.

En todas las chacras relevadas se obtuvieron niveles de aceite que permitieron acceder a bonificaciones superiores al 16%, considerando que por cada punto de aceite por encima del 42% la industria bonifica dos por uno. El promedio de bonificación alcanzó el 28%, acotó.

Leiva informó que el porcentaje de aceite se mantuvo estable entre años, y está fuertemente determinado por la genética de los híbridos utilizados, que en su mayoría fueron de NK.

Mercado

“Venimos acompañando el resurgimiento del girasol”, que comenzó hace unos cinco años, con un grupo de productores de Río Negro, recordó a VERDE el integrante del departamento comercial de Cousa, Alejandro Young.

En este contexto de impulso a la producción de girasol, la empresa presentó en su momento un esquema de precios vinculado a la soja, y luego pasó a una fórmula de precios directamente influenciada por el girasol, que se compone por la “referencia del mercado regional, que surge de la Bolsa de Comercio de Rosario, Argentina”, con 34% de aceite, 58% de harina y una prima de US$ 62 por tonelada para asumir el costo del proceso industrial. Después “eso se bonifica en función de la materia grasa, una base de 42%”, detalló.

En la zafra anterior el precio del girasol fue de unos US$ 420 por tonelada que, con una bonificación cercana al 30%, terminó por encima de US$ 500 por tonelada. “El margen para el productor estuvo”, destacó.

Además, señaló que el valor de referencia del girasol en Uruguay ha oscilado en torno a US$ 510 por tonelada, por lo cual se considera un negocio atractivo para el productor.

Esta propuesta comercial está vinculada con la necesidad de satisfacer la demanda del mercado uruguayo. Si bien hay mercados de exportación, tanto de aceite, harina y grano, “lo complejo del girasol, a diferencia de la soja, es que hay pocos lugares y momentos donde arbitrarse; pero hay que empezar a construir negocios de exportación”, opinó Young.

Nota de Revista Verde N° 123

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