El crecimiento del área de maíz de segunda se consolida en Uruguay

El cultivo levantó sus pisos de rendimiento y marca una nueva estrategia que impacta en el diseño de las rotaciones, sobre todo en el litoral-sur, según datos de Sofoval
Si comparamos con las ventas realizadas a igual período del año pasado, creemos confirmar un cambio en la estrategia del productor”, dijo a VERDE el ingeniero agrónomo Carlos Ramírez, integrante del departamento técnico de Sofoval. Agregó que luego de las lluvias de 100 milímetros (mm), que se registraron sobre mediados de setiembre, se arrancó con la implantación de maíz de primera y estimó que la superficie de ese cultivo de primera disminuirá en esta zafra.
Para el técnico, “eso puede estar influenciado por la amenaza de un evento Niña, aunque desde hace dos o tres años se observa una tendencia creciente hacia las siembras de maíz de segunda y/o tardío, apoyado en altos potenciales de rendimiento y menores costos. Ese movimiento en la fecha de siembra se va consolidando”.
Ramírez consideró que en la actualidad los rendimientos “se han emparejado mucho, teóricamente el mayor ciclo que tiene un maíz de primera tiene que premiarte con un rinde mayor, pero a eso hay que ponerle el déficit hídrico, los picos de temperaturas, entre otros factores”.
Por otro lado, a favor de las siembras de segunda, “juega la estabilidad que brinda el potencial genético de los materiales, la biotecnología y las mejores condiciones climáticas esperables durante el período crítico”.
En esa línea, indicó que “no es nada raro” encontrarse con maíces de segunda que rindan 6.000 u 8000 kilos por hectárea, o incluso más, cosechados en agosto o setiembre.
Eso motiva que, además de esa productividad, “aporten estabilidad y carbono a los sistemas, y haya una apuesta a su inclusión. Si bien se sabe que se sacrifican entre 1.000 y 2.000 kilos por hectárea de potencial de rendimiento, el cultivo no se ve sometido al estrés que puede tener un maíz de primera, con floraciones en diciembre”.
De todos modos, Ramírez resaltó que “año a año vemos que se van levantando los pisos de rendimiento. Hoy estamos en torno de los 4.000 kilos, cuando no hace mucho tiempo en un año difícil no había cosecha. Lo mismo ocurre con el maíz de segunda”.
Explicó que el crecimiento que vienen mostrando los maíces de segunda está impactando en el diseño de la rotación, porque se “ve alterada la siembra del invierno siguiente, pero el productor lo valora en función del plan productivo y comercial que haya definido. En la zona, una parte importante de esos maíces se van a silo, por lo cual el comportamiento es similar a un maíz temprano. Se libera la chacra para una siembra de invierno”.
En los cultivos de segunda cuya cosecha se realiza en agosto o setiembre, “se pasa a una soja de primera, con lo cual nos vamos a una rotación que se ubica entre 1,5 y 1,8 cultivos por año”, señaló.
Sobre la rotación dijo que “hay más opciones”. Planteó que la llegada de la colza “ha sido un puntal importante para la canasta de productos del sistema, desde el punto de vista comercial, sanitario, entre otros aspectos”.
Ramírez entiende que el girasol puede seguir creciendo, que “hoy ocupa una superficie incipiente, pero es un cultivo que se puede afianzar en el esquema productivo, en la medida que los aceites sigan valiendo y el productor se anime a incorporarlo. Es muy importante que se vea que se cosechó y no hubo problemas sanitarios ni con los pájaros. Hay más opciones que hace algunos años”.
A la vez, explicó que “la toma de decisiones del agricultor está dependiendo del movimiento de los costos”. En esa línea, indicó que “hay planes de siembra que se van a cerrar sobre la fecha en la que se comience a sembrar”, y que “hay cultivos que sufren más el movimiento de precios de los fertilizantes, donde el nitrógeno es insumo clave en el rinde”.
El aumento de los costos de producción implica un mayor riesgo por hectárea. Eso “lleva a que el productor realice un planteo de alta tecnología, para no perder productividad. Hay que producir kilos porque sino los costos de base te comen”, señaló.
Ramírez dijo que “los productores aún están en etapa de definiciones. La soja está mostrando márgenes más interesantes que años anteriores, aunque la volatilidad en los precios también es importante”. Y a todo esto se suma el incremento en el precio de los insumos. “El fósforo no ha subido tanto, pero el nitrógeno no ha parado de subir. Desde agosto y hasta mediados de octubre subió un 42%”, indicó.
El maíz “es altamente dependiente del nitrógeno. Además, la mayoría de la inversión en ese cultivo hay que realizarla al momento de la siembra, mientras que en soja se va arriesgando de forma más escalonada. Por esa situación, este año esos cultivos aún no han terminado de definir su área final en el plan de siembra del productor. El área de segunda tendrá un panorama más claro sobre fines de noviembre”, acotó.
El integrante del departamento técnico de Sofoval agregó que el área de invierno en la zona de influencia de la empresa creció. “Todos los cultivos tuvieron más superficie, y la colza fue la que más creció. Este año parece que va a tener mucha colza guacha; ya es un problema el rábano y también la cruza de rábano y colza. Habrá que hacer las cosas muy bien para no tener inconvenientes en esas chacras”, dijo.
Ramírez consideró que las malezas son la principal preocupación. “La inversión para su control es cada vez más importante y exige mayor profesionalización y planificación. Las malezas vienen apretando año a año y es la mayor problemática que enfrenta el sistema. Este año aparece la tecnología Enlist y se suma una alternativa interesante, pero hay que usarla a conciencia, para evitar inconvenientes más adelante”, advirtió.
El ingeniero agrónomo indicó que luego de cinco años con cultivos que presentaban números más justos, “se observa una evolución favorable en el manejo. Para el control de lagartas se busca utilizar productos con bajo impacto ambiental, para chinche no hay muchas opciones. Las fechas de siembra, fertilización y control de insectos no son un problema; esos son aspectos que el productor los tiene claros”.
Por último, destacó que “se está produciendo con mayor conciencia ambiental. Sabemos que es un requerimiento social y comercial. Se busca utilizar productos con menos impacto, se incrementa el uso de inhibidores de quitina, productos franja verde y crece la oferta y la demanda de biológicos. Han permeado las demandas que llegan desde la sociedad civil y el mercado”.
Nota de Revista Verde N°96





