El arroz y la sostenibilidad, una mirada integrada a los sistemas productivos

La intensificación permitió aumentar el rendimiento y la eficiencia en uso de recursos, con menor huella de carbono y riesgo de contaminación por agroquímicos, resaltó INIA.
El arroz en Uruguay ocupa alrededor de 170.000 hectáreas bajo riego y constituye uno de los principales rubros agrícolas de exportación del país. Con una producción anual cercana a 1,4 millones de toneladas de arroz cáscara, de las cuales más del 90% se destina a mercados externos, Uruguay se ubica entre los 10 principales exportadores de arroz del mundo. El sector se caracteriza por un fuerte grado de articulación entre productores e industria, conformando una cadena de valor integrada, que ha permitido sostener altos estándares de calidad y acceder a nichos de exportación de alto valor, señala un artículo de Ignacio Macedo, Álvaro Roel, José Terra y Jesús Castillo, investigadores del Sistema Arroz-Ganadería del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), que fue la base de la presentación de Macedo en el séptimo Simposio de Agricultura, realizado en Paysandú.
Allí marcó que una de las particularidades del sistema arrocero uruguayo es su integración mayoritaria con la ganadería, a través de rotaciones con pasturas perennes. Este sistema de producción fue la base del crecimiento sostenido de la productividad y de la conservación de los recursos naturales durante décadas, con un bajo uso relativo de insumos en el cultivo. Si bien la rotación arroz-pasturas continúa predominando en gran parte del área arrocera, el artículo señala una tendencia a la intensificación de los sistemas, ya sea por el aumento en la frecuencia del cultivo de arroz, la inclusión de otros cultivos –principalmente soja– y/o la incorporación de pasturas de menor duración.
Productividad, potencial y brecha de rinde
La evolución de los rendimientos del arroz en Uruguay muestra un crecimiento sostenido a lo largo del tiempo, aunque no lineal. En la década de 1930 los rendimientos se ubicaban en torno a 3.000 kilos por hectárea (kg/ha), mientras que hacia fines de los años 80 alcanzaban aproximadamente 5.000 kg/ha. En las últimas décadas los rendimientos promedio nacionales superaron los 9.000 kg/ha, posicionando a Uruguay entre los países con mayor productividad arrocera a nivel mundial.
Este proceso estuvo marcado por hitos tecnológicos y varietales. El artículo destaca la introducción de la variedad Bluebelle, en la década de 1970, como uno de los primeros grandes saltos productivos.
Posteriormente, la investigación y desarrollo de cultivares nacionales por parte de INIA tuvo un rol central, con la liberación de El Paso L144 (en 1986), INIA Tacuarí (1992), INIA Olimar (2003) y, más recientemente, INIA Merín (2016), junto con avances en el manejo agronómico vinculados al control de malezas y enfermedades, riego, nutrición y diseño de sistemas de producción.
El análisis de una serie temporal, entre 1990 y 2020, mostró que hasta 2013 los rendimientos crecieron a una tasa promedio de 159 kg/ha/año, pero entre 2013 y 2020 se observó un estancamiento, con rendimientos promedio cercanos a 8.200 y 8.300 kg/ha.
En ese mismo estudio se estimó un rendimiento potencial (Yp) de 13.900 kg/ha, por lo que el promedio nacional representaba aproximadamente el 60% del potencial.
La brecha explotable de rendimiento –definida como la diferencia entre el 80% del Yp y el rendimiento promedio– se estimó en 2.800 kg/ha, confirmando que aún existe margen para incrementar la productividad.
A partir de registros de manejo y rendimiento a nivel de chacra, provenientes de productores vinculados a la empresa Saman, se observó que la brecha entre los productores de mayor desempeño (decil superior) y el promedio nacional se ubicó entre 16% y 22%. Entre los factores de mayor impacto para reducir esa brecha se identificaron la fecha de siembra y la fertilización nitrogenada, entre otros, lo que refuerza la importancia del manejo agronómico.
Fuentes de información y bases de datos
Los resultados del trabajo se basan en dos fuentes principales. Por un lado, un experimento de largo plazo de rotaciones arroceras, establecido en 2012 en la Estación Experimental del INIA Treinta y Tres, sobre un suelo clasificado como Argialbol típico, con parcelas de 1.200 metros cuadrados, bajo un diseño en bloques completos al azar, con tres repeticiones.
El experimento se implantó sobre un campo con más de tres décadas de rotación arroz-pastura y evalúa seis rotaciones que difieren en la frecuencia del cultivo de arroz, la inclusión de pasturas perennes y otros cultivos, con todas las fases presentes simultáneamente cada año.
La segunda fuente corresponde a una base de datos de productores de la empresa Saman, que abarca el período 2012-2021, e incluye información de entre 2.000 y 4.000 chacras por año, con más de 6.000 observaciones individuales, permitiendo analizar el desempeño productivo y la sostenibilidad en condiciones reales de producción.
Sostenibilidad y evaluación ex post
Utilizando datos de productores y promedios nacionales, se evaluaron indicadores de sostenibilidad entre 1993 y 2013, incluyendo huellas de energía, nitrógeno, agua y carbono, así como el riesgo de contaminación por agroquímicos. Durante ese período el rendimiento aumentó 38%, el rendimiento energético neto 50%, la productividad del agua 41% y la eficiencia en el uso de nitrógeno se mantuvo.
Al mismo tiempo, la huella de carbono por unidad de rendimiento se redujo 30% y el riesgo de contaminación por plaguicidas disminuyó, aunque las pérdidas potenciales de nitrógeno aumentaron 37%.
En el marco del proyecto titulado “Rompiendo el techo de rendimiento del cultivo de arroz”, se evaluaron alternativas de manejo orientadas a superar los rendimientos logrados por los productores de mayor desempeño. En este caso, los indicadores ambientales fueron evaluados de forma ex post.
Las encuestas mostraron que los productores de alto rendimiento obtuvieron 14% más de producción que el promedio regional, con riesgos de contaminación por agroquímicos entre 25% y 99% menores, y eficiencias en el uso de nitrógeno y huella de carbono similares. En ensayos de campo las prácticas que permitieron superar el rendimiento de los productores de punta incrementaron la producción en torno al 7%, pero evidenciaron una disminución de las eficiencias en el uso de recursos y un aumento de la huella de carbono.
Sinergias y análisis de rotación
A partir de aproximadamente 4.000 datos de chacras, se analizaron cinco indicadores de desempeño entre 2012 y 2017, abarcando cerca del 40% del área arrocera nacional. Los resultados mostraron que ningún productor se ubicó simultáneamente en el 10% superior en todos los indicadores, evidenciando la existencia de compromisos entre ellos.
Las mayores brechas entre el promedio y los productores de mejor desempeño se observaron en el riesgo de contaminación por agroquímicos (33%), mientras que las menores correspondieron al rendimiento (11%). Se identificaron sinergias entre rendimiento y eficiencia en el uso de recursos, aunque no con la huella de carbono ni con el riesgo de contaminación de agroquimicos.
El análisis a nivel de rotación mostró que el arroz antecedido por pasturas o soja alcanzó los mayores rendimientos, cercanos a 9.800 kg/ha, 14% mayor que sobre rastrojo de arroz.
El sistema arroz-pasturas compensó cerca del 50% de sus emisiones mediante el aumento del carbono orgánico del suelo, con menor variabilidad del margen bruto y menores costos.
En contraste, el arroz continuo presentó mayores ingresos, pero también los costos más altos y el menor margen bruto. El índice multicriterio fue mayor en el sistema arroz–soja, mientras que el arroz-pasturas mostró la mayor estabilidad de la sostenibilidad.
Mensajes del trabajo
Los autores señalan que la evolución de los rendimientos del arroz en Uruguay ha sido sostenida, alcanzando productividades cercanas a 9.000 kg/ha, aunque continuar cerrando brechas será cada vez más desafiante. Durante dos décadas, aumentó el rendimiento y, al mismo tiempo, la eficiencia en el uso de recursos, reduciendo la huella de carbono y el riesgo de contaminación por agroquímicos.
Si bien los productores de mayor desempeño lograron mejores resultados productivos y ambientales que el promedio, intentar superar esos niveles generó aumentos en algunos impactos ambientales. La intensificación de las rotaciones arroz-pastura con cultivos anuales mejoró ciertos indicadores productivos, pero redujo la estabilidad global de la sostenibilidad.
El desafío planteado es avanzar en sistemas productivos con mayores servicios ecosistémicos, fortaleciendo la integración agrícola-ganadera-arrocera mediante rotaciones diversificadas, apoyadas en indicadores y métricas alineadas con certificaciones globales y políticas públicas.
Nota de Revista Verde N° 126




