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Los productores uruguayos están en condiciones de competir por la tierra

11 de marzo de 2022

El escribano Juan Ángel de la Fuente describió que la situación actual es muy distinta a la de los años 2002 o 2003, cuando hubo un auge de inversión extranjera en el país

Hay muchos productores uruguayos que “están en condiciones de competir de igual a igual con la inversión extranjera en el mercado de compraventa de tierras”, destacó a VERDE el escribano Juan Ángel de la Fuente, director de Escribanía de la Fuente.

El profesional sostuvo que el productor uruguayo “hoy está relativamente bien, comparado con períodos anteriores, tiene acceso al crédito y está en carrera”. 

Recordó que en los años 2002 y 2003 hubo un auge de inversión extranjera –argentinos en el litoral, brasileños en el norte y fondos– en el mercado de tierras, “que encontraban a un sector agropecuario que no podía competir y eso generaba oportunidades para quienes venían de fuera del sector y del país. El sector venía golpeado por factores climáticos adversos, crisis financieras y fiebre aftosa. La carrera era despareja con los inversores extranjeros”. 

Sin embargo, ahora las empresas agropecuarias locales “están fortalecidas y tienen el acompañamiento del sector financiero”. A propósito, valoró que “hoy tenemos unas tasas que realmente hacen muy atractivo el endeudamiento. El Banco República tiene una atención personalizada, ágil y está muy comprometido con la atención al sector agropecuario, algo que es importante destacar”. 

Y sobre la banca privada dijo que “también está haciendo un esfuerzo muy importante para atender al sector. Hay una firme vocación de financiar al agro en activos inmobiliarios”. 

Apuntó a las bajas tasas de interés internacionales, “que hacen que la banca pública y privada puedan prestar dinero con tasas históricamente bajas”. 

A diferencia de lo que ocurrió a principios de este siglo, hoy el inversor extranjero que desembarca en Uruguay “lo hace generalmente para adquirir grandes extensiones”. Dijo que en la zona del litoral hay una altísima demanda por campos de hasta 300 o 400 hectáreas, que generalmente corresponde a productores nacionales. 

Además, destacó que los campos de ese volumen y menores, “son una buena estrategia, ya que si después hay que volver a venderlos, son muy demandados. Las fracciones pequeñas tienen más interesados y ese ticket bajo le da liquidez y profundidad al mercado de tierras”.

Por otra parte, en el extremo opuesto, están aquellas inversiones que requieren de un volumen de negocio más grande por su extensión o por su elevado precio. Son inversiones que tienen como potenciales compradores a los fondos de inversión, tanto públicos como privados, family-office, los fideicomisos de oferta pública, compañías  de capitales extranjeros o algunos grupos nacionales consolidados.

“Como contracara, si mañana hay que desinvertir, no son muchos con la capacidad de comprar esos campos, ya que implican un esfuerzo económico y operativo importante”, analizó De la Fuente. 

El clima de negocios

El escribano confirmó que “desde mediados del año pasado hay una corriente de negocios de mucha demanda por la compra de inmuebles agropecuarios y estructuración de negocios en la producción”, que son los rubros con los que su escribanía más trabaja. 

Agregó que “hay gran demanda de negocios, con una oferta moderada, por lo que a los inversores les es complejo conseguir inmuebles. Los actuales propietarios de inmuebles agropecuarios están cómodos con la inversión que hicieron y salvo una oferta tentadora, en principio no son vendedores”. 

Describió que, generalmente, cuando comienzan las negociaciones, la brecha entre lo ofrecido y el precio pretendido por el propietario es amplia. Pero cuando se nivelan los intereses se cierran negocios. Eso ha sucedido en los últimos meses, siempre con una tendencia al alza en los valores. Y, en general, la parte que fija el ritmo del negocio es más el vendedor que el comprador”. 

Reconoció que “el clima de negocios es muy bueno”, porque “Uruguay está dando un buen mensaje, de seguridad jurídica y operacional, de un país coherente en el tratamiento tributario, bajos o nulos niveles de corrupción. Por el manejo de la pandemia, que fue muy prudente y transparente, además de un conjunto de atributos que hacen que invertir en Uruguay esté de moda. Esas son cosas que les importa a quienes van a invertir en tierras, inversores que tienen una perspectiva de mediano a largo plazo. Aún quedan muchas cosas para mejorar, sobre todo en costos y algunos procesos que agilizar, pero hoy el inversor encuentra en Uruguay un sector agropecuario serio, maduro y consolidado”. 

También valoró “la conducta del empresariado uruguayo, el cumplimiento, el compromiso y la seguridad”. Sostuvo que “el país agropecuario no solo se hace con leyes y políticas públicas, también es fundamental la conducta empresarial de los ciudadanos, donde la actitud, los buenos modos, la cultura, la hospitalidad y la cortesía uruguaya, suman mucho a la hora de elegir al sector y el país como destino de las inversiones. Al final del día, los valores de calidez humana hoy son también apreciados, tanto como los jurídicos, financieros, productivos, entre otros”. 

En definitiva, planteó que “estamos en un entorno de muy buen clima de negocios, aunque la concreción es un poco lenta, por las limitantes de la pandemia y por encontrar o no un punto de equilibrio entre el precio que se pide por los inmuebles y lo que pretenden pagar los interesados”.

De la Fuente consideró que “el futuro es promisorio”. Agregó que “la lluvia también ayuda a concretar negocios”, porque “los campos explotan de verde”. Y planteó que estos son momentos en los que “hay que hacer las cosas muy bien, porque es intrínseco en este negocio que vendrán de los otros momentos también, y no se sufran consecuencias muy adversas”.

La confianza 

El escribano destacó la confianza que hay actualmente en Uruguay, no solo por parte del inversor extranjero sino también del local; y no solo de los inversores del sector, sino también de muchos que no son del rubro. 

Planteó que “el complejo productivo nacional algo bueno debe de haber hecho para recibir fondos. Cuando un sector recibe inversiones es porque las empresas han cumplido un rol de alta performance, que hace atractiva la inversión. Eso habla de un empresariado uruguayo muy sólido, confiable y maduro para recibir inversiones”.

Señaló las fortalezas del modelo agroexportador uruguayo cuenta con un sistema de cuidado del medio ambiente, que es muy transparente, trazabilidad, instituciones centenarias sólidas, entre otras regulaciones. 

Gritar los goles

El expresidente de la Asociación Agro-Pecuaria de Dolores subrayó que “es un buen momento del agro y cuando uno mete los goles hay que gritarlos. No hay que tener miedo, ni vergüenza en decir que estamos pasando por un buen momento. Eso legitima a decir con franqueza cuando las cosas no van bien. Después, las ecuaciones son cambiantes y quienes participan de este negocio saben que es así y lo aceptan como las reglas de juego de la producción agraria”. 

Insistió en que “el sector agropecuario ha trabajado para ser merecedor de estas inversiones nacionales y extranjeras, tanto del sector financiero como del no financiero”. 

Señaló que las inversiones realizadas por las AFAP (Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional) también son muy importantes y juegan un rol trascendente, ya que son inversiones nacionales de un volumen importante, propiedad de los uruguayos y que retroalimentan la producción nacional, convirtiéndolo en un círculo virtuoso. 

La solidez del empresariado y las cadenas

De la Fuente valoró la solidez del empresariado local, así como el flujo de exportaciones, tanto en el sector cárnico como en el de los granos. “Quienes llegan al sector ven productores con técnicas muy sofisticadas, empresas que cumplen sus roles, cuidando el medio ambiente, reglas claras, seguridad jurídica contractual, calidad humana, conocimiento del negocio, cadenas agroexportadoras consolidadas, que generan flujos genuinos de divisas y un complejo agropecuario que funciona muy bien”, valoró. 

Consideró que “en 2022 nos imaginamos que todo esto continuará y esa previsibilidad, al menos en el corto plazo, hace que se genere un ambiente estable, donde las empresas puedan consolidarse y crecer, para soportar con fortaleza cuando las cosas no vayan bien”. 

En el mismo sentido, destacó que el empresariado “está apostando mucho a la tecnología, a la transparencia y a los datos. La mayoría de las empresas uruguayas están auditadas, controladas y tienen sus balances al día. No hay sorpresas. Además, la gestión pública acompaña ese crecimiento, pese a la pandemia”. 

Además se refirió a los inversores que “ya no se pueden llamar extranjeros, porque hace 25 o 30 años que están en Uruguay. Durante estos años pagaron impuestos, dieron mano de obra a todo el complejo agropecuario, compraron insumos, contrataron servicios y las demás colateralidades que genera este sector, con una capacidad multiplicadora tremenda”.

Señaló que “esas empresas también están creciendo, no solo en la compra de tierras, sino invirtiendo en otras compañías o dentro de sus propias empresas”. 

Beneficios fiscales para la inversión

El escribano también destacó los beneficios fiscales, que motivan a invertir en mejoras de corrales, infraestructura en general o en incorporar equipos de riego. 

Destacó que “el crecimiento del riego es impresionante. Toda esa infraestructura que está en los campos hace que la variabilidad y los riesgos del sector se puedan acotar. Y cuando bajan los riesgos el empresariado está más cómodo, en una situación que puede manejar, y ahí aparecen los créditos y los seguros”.

Agregó que “este tipo de cosas también hace que el empresariado nacional esté en competencia con el extranjero, con los fondos de inversión y fondos previsionales”. 

Valoró que “así crece el sector agropecuario y todos los que están involucrados de forma directa o indirecta. Creo que desaparece la dicotomía campo-ciudad en este país, porque hay más uruguayos que están dentro de esa gran red que genera el sistema agropecuario nacional”. 

A propósito, planteó que “la situación que vive el agro en este país hace muy difícil que alguien pueda sentirse fuera del complejo agropecuario. Desde un funcionario público, pasando por el transporte, los servicios y los profesionales, todos somos un gran equipo que ha cooperado para convertir al país en un gran productor de alimentos de alta calidad. Debemos valorar, entender y cuidar esta situación, porque costó mucho llegar hasta acá”. 

El perfil de los inversores

“En la escribanía venimos generando una infraestructura profesional y tecnológica, para atender a inversores nacionales y extranjeros, que son cada vez más exigentes con la estructuración de los negocios y eso requiere de una cultura organizacional adecuada”, explicó.

Señaló que “hay una evolución profunda en el concepto de propiedad de las tierras agrícolas y en la forma que tienen los inversores al participar en el negocio”. Recordó que “hace 25 años quien quería invertir en el sector compraba un inmueble y lo poblaba con vacas o adquiría maquinarias y sembraba”. Pero “hoy hay mucho inversor en el sector agropecuario que no tiene campos, ni vacas, ni maquinaria. Invierte a través de instrumentos de inversión que están a disposición en la legislación uruguaya. Invierte por la seguridad, transparencia y madurez del sector”. 

Señaló que “hay muchos fideicomisos, sociedades anónimas, SRL, SAS o sociedades agrarias. Otras cuyos accionistas necesitan previa autorización de la Ley 18.092, dado que sus accionistas no son personas físicas. Esto implica un trabajo en equipo, con más profesionales en temas jurídicos, financieros, fiscales, agronómicos, marketing, entre otros”.

Planteó que “importa mucho el inversor, que enciende la maquinaria productiva, pero para que todo ande necesitamos del Estado, con su regulación y los funcionarios públicos, las empresas privadas que proveen bienes y servicios, los dependientes de las empresas, la institucionalidad agropecuaria sólida, los profesionales, los periodistas como formadores de opinión, que a la postre se traducen en acciones, y demás ciudadanos uruguayos. Todos integran este sector”.

Nota de Revista Verde N°99

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