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¿Hacia dónde va la economía? Cambios globales y desafíos locales

3 de abril de 2026

El dólar pierde centralidad, el oro gana protagonismo y Asia redefine el mapa; Uruguay ante el desafío de la competitividad estructural y orientar su agro al valor agregado.

Economía: ¿hacia dónde vamos?, ese fue el título de la conferencia del decano de UCU Business School, Marcos Soto, quien analizó el escenario internacional marcado por la pérdida de confianza en el dólar, el auge del oro como activo de reserva, el ascenso de Asia y los desafíos estructurales que enfrenta Uruguay –y particularmente el agro– para sostener competitividad y crecimiento en un mundo en transición.

“Vivimos en un mundo convulso, raro, particular”, comentó Soto al abrir su conferencia en Agro en Punta. El contador advirtió que la pregunta no es sencilla, ni admite respuestas cerradas en 40 minutos, porque lo que está en discusión no es un simple ciclo económico, sino un posible cambio de orden global.

El decano de la Universidad Católica del Uruguay (UCU) explicó que la economía del siglo XXI crea valor de manera diferente a la del pasado. “La economía actual crea valor en la producción de bienes intangibles”, sostuvo. El valor ya no está únicamente en el bien físico, sino en los atributos que lo diferencian, como el conocimiento, la marca, la reputación, la tecnología y la trazabilidad.

Economía del conocimiento

Soto puso un ejemplo sencillo, pero ilustrativo: una prenda de vestir producida por las mismas manos puede valer radicalmente distinto si lleva una marca reconocida. “La esencia del bien no cambia, lo que cambia es lo que proyecta”, dijo.

Trasladado al agro, el razonamiento es directo. “La carne podría concebirse como un commodity”, explicó el especialista. Sin embargo, cuando se le incorporan atributos como trazabilidad individual, controles sanitarios rigurosos, genética mejorada o certificaciones ambientales, “seguramente logremos crear valor al producto original”.

El decano de UCU Business School agregó que el agronegocio moderno ya no puede pensarse solo como producción primaria. “Hoy la producción agropecuaria precisa investigación, desarrollo, servicios profesionales y tecnología”, afirmó. El diferencial competitivo se construye en la intersección entre campo y conocimiento.

Regreso del oro y desconfianza en el dólar

Uno de los ejes más fuertes de la exposición fue la evolución del oro como activo de reserva. Soto recordó que hace cinco años ya advertía sobre una “fiebre del oro” que comenzaba a manifestarse.

Hoy el fenómeno es evidente. “El oro ya es el segundo activo de reserva más importante de los países”, explicó el especialista. En poco más de un año su precio prácticamente se duplicó. “La pregunta no es ¿qué pasó?, sino ¿por qué pasó?”, subrayó.

Y la respuesta está vinculada con la confianza. El sistema monetario moderno se sostiene sobre la credibilidad en las monedas fiduciarias. Cuando esa confianza se debilita, los agentes buscan refugio en activos tangibles.

Estados Unidos enfrenta una deuda pública que supera en 125% su producto interno bruto (PIB), y déficits fiscales persistentes por encima del 6%. “En economías como la nuestra, niveles así serían intolerables”, comentó Soto. A eso se suma una fuerte expansión monetaria: se imprimió una proporción significativa de los dólares que hoy están en circulación, en un período muy corto.

Cuando aumenta la oferta de una moneda y algunos grandes actores –como China, India o Brasil– reducen su demanda por deuda estadounidense, el resultado es presión bajista sobre el dólar y fortalecimiento del oro.

“El dinero vale porque creemos que vale”, dijo el especialista, recordando que el dólar dejó de estar respaldado por oro desde 1971. Si la confianza se erosiona, se modifican las preferencias de reserva.

Ciclos imperiales y transición de poder

Soto citó el análisis del inversor Ray Dalio para explicar que las potencias atraviesan ciclos: ascenso, consolidación, endeudamiento y eventual declive. En la fase final suelen aparecer síntomas como deuda elevada, conflictos internos y pérdida de confianza en la moneda.

“Es posible que estemos atravesando un cambio en el orden mundial”, comentó el decano. Estados Unidos muestra señales de tensión: creciente desigualdad interna, déficit comercial estructural y desafíos institucionales.

Mientras tanto, Asia lidera el crecimiento global. China explica una cuarta parte del crecimiento mundial proyectado y continúa invirtiendo fuerte en innovación y tecnología. India, que es el país más poblado del mundo, aporta cerca del 20% del crecimiento global.

El presidente chino, Xi Jinping, ha sido explícito en su intención de que el yuan gane peso como moneda de aceptación internacional. Aunque el dólar sigue siendo dominante, el equilibrio podría modificarse gradualmente.

En América del Sur, China ya desplazó a Estados Unidos como principal socio comercial de la mayoría de los países, y las inversiones chinas en infraestructura consolidan su influencia regional.

América Latina y el riesgo relativo

En este contexto global convulso, América Latina aparece –paradójicamente– como una región de riesgo relativo moderado. Los indicadores de riesgo país muestran niveles más bajos que en otros momentos históricos, con la mayoría de las economías de la región por debajo de los 600 puntos básicos, y Uruguay ubicado entre las más confiables, tanto a nivel regional como en el escenario internacional.

El decano de UCU Business School explicó que el riesgo país no es otra cosa que la diferencia entre lo que paga un país por endeudarse y lo que paga una economía considerada libre de riesgo, como Estados Unidos. “Es la brecha que nos separa de las economías centrales”, comentó. En ese marco, Uruguay mantiene uno de los spreads más bajos de América Latina, consolidando su reputación de estabilidad institucional y financiera.

Sin embargo, Soto advirtió que esta mejora relativa admite más de una lectura. “Puede pasar que efectivamente la región haya mejorado, pero también que el riesgo en otros lugares esté aumentando”, señaló. Es decir, parte de la caída del riesgo país puede obedecer no solo a fundamentos más sólidos en América Latina, sino también al deterioro fiscal y financiero de economías avanzadas.

El especialista agregó que, si se observan los niveles de deuda pública, varias economías de la región presentan ratios inferiores a los de Estados Unidos y Europa. “En comparación con países que hoy superan el 100% de deuda sobre su PIB, algunos países latinoamericanos lucen más ordenados”, sostuvo.

En ese escenario Uruguay se beneficia de su estabilidad macroeconómica, reglas claras y cumplimiento de compromisos. Pero Soto fue prudente: la buena posición relativa no debe generar complacencia. “El hecho de que otros estén peor no significa que nosotros estemos bien del todo”, agregó.

Para el decano, el desafío regional pasa por consolidar fundamentos, reducir vulnerabilidades fiscales y aprovechar el reordenamiento global para atraer inversión y fortalecer la inserción internacional. América Latina puede ganar espacio en un mundo que redistribuye riesgos, pero solo si avanza en reformas estructurales y mejora su competitividad.

Estabilidad con crecimiento insuficiente

Al aterrizar en la realidad local, Soto destacó que Uruguay se ubica en este escenario internacional incierto con algunas fortalezas claras. El especialista subrayó dos datos que consideró relevantes: inflación históricamente baja y un mercado laboral sólido.

“Posiblemente tengamos la inflación más baja de los últimos 35 años”, comentó el decano de la UCU, señalando que la estabilidad de precios es un activo importante en un país que históricamente convivió con registros inflacionarios más elevados. Para Soto, esta baja inflación genera previsibilidad, ancla expectativas y contribuye a la estabilidad macroeconómica.

Sin embargo, agregó que también plantea desafíos. “Cuando la inflación es muy baja y los ajustes nominales están pactados en determinados niveles, los aumentos reales pueden ser más altos de lo previsto”, explicó. Es decir, la corrección de precios mejora el poder adquisitivo, pero también puede impactar en los costos empresariales.

En paralelo, el mercado laboral mostró dinamismo. Uruguay registró niveles récord de ocupación y de cotizantes en el Banco de Previsión Social (BPS). El contador señaló que esto es clave, porque el empleo es el principal sostén del consumo. “Vivimos en sociedades de consumo, y para que haya consumo tiene que haber empleo”, sostuvo.

No obstante, advirtió que hacia el último tramo del año se observó cierta desaceleración en la creación de puestos de trabajo. “Hay que mirar con atención si el enlentecimiento del empleo no está anticipando un enlentecimiento de la actividad”, planteó.

El principal desafío, consideró, está en la tasa de crecimiento. “Uruguay precisa crecer más”, afirmó con énfasis. Con un crecimiento en torno al 2% el país se mantiene en terreno positivo, pero lejos de lo necesario para sostener demandas crecientes en materia social, infraestructura y desarrollo productivo.

A esto se suma una restricción relevante en las cuentas públicas. Con un déficit fiscal superior al 4% del PIB el margen para expandir el gasto es acotado. “El gobierno no puede ser el motor del crecimiento”, explicó Soto. Por tanto, los impulsores deben ser la inversión privada y las exportaciones.

El especialista detalló que, al analizar el PIB desde la demanda, se identifican cuatro componentes: consumo de los hogares, gasto público, inversión y exportaciones netas. En el contexto actual, la clave está en activar las “turbinas” de la inversión y las ventas externas.

Para el agro esto tiene implicancias directas. Con limitaciones fiscales y un tipo de cambio real tensionado, el crecimiento dependerá cada vez más de productividad, innovación y apertura de mercados. La estabilidad macro es un punto de partida, pero no sustituye la necesidad de dinamismo.

“Tenemos bases sólidas, pero necesitamos más velocidad”, resumió el decano de UCU Business School, dejando planteado el desafío central de la economía uruguaya en esta nueva etapa global.

Rentabilidad y competitividad

Las exportaciones crecieron, pero el problema radica en la rentabilidad. “Está bien vender, pero nos tiene que dar”, comentó. En tal sentido, agregó que el tipo de cambio real muestra un deterioro frente a varios socios comerciales. Uruguay aparece caro en dólares, lo que afecta a la competitividad. Indicadores como el Índice Big Mac reflejan una sobrevaluación relativa del peso.

Para el agro esto implica desafíos concretos. En 2025 Estados Unidos desplazó a China como principal destino de la carne uruguaya. El especialista advirtió sobre el riesgo de concentración y la necesidad de mantener una diversificación.

En lácteos la experiencia con Brasil y el surgimiento de Argelia como mercado clave demuestran la importancia de adaptarse a nuevos destinos. África, con fuerte crecimiento demográfico, representa una oportunidad relevante. “Cuando crece la población hay que alimentarla”, dijo Soto.

El agro en la economía global

En este escenario el agro uruguayo debe profundizar su estrategia de diferenciación. Carne premium, genética avanzada, certificaciones ambientales y productos lácteos con mayor valor agregado son parte de esa agenda.

El especialista insistió en que la competitividad no se resolverá únicamente por la vía cambiaria. “La competitividad que precisamos no la vamos a conseguir a través del dólar”, afirmó. Por tanto, Uruguay necesita avanzar en reformas estructurales: simplificación de trámites, reducción de costos regulatorios, mejora de infraestructura y estímulo a la inversión.

Un mundo en redefinición

El Foro Económico Mundial identifica la desigualdad como uno de los principales riesgos globales para los próximos años, junto con posibles tensiones económicas. En ese contexto, la estabilidad institucional de Uruguay es un activo valioso. Pero, como remarcó Soto, la estabilidad no es suficiente. El país necesita dinamismo, productividad y apertura estratégica. “Tenemos que hacer los deberes para sostener nuestro contrato social”, concluyó.

Nota de Revista Ver de N° 127

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