Agricultura

Primer positivo de roya en soja; manchas foliares “pueden costar 350 kg/ha”

13 de febrero de 2026

La llegada de las lluvias marca un punto de inflexión para la soja, favoreciendo la recuperación de cultivos castigados por el déficit hídrico, pero también creando condiciones propicias para el avance de enfermedades. Así lo advirtió el director de la Clínica Vegetal, Carlos Pérez, durante una jornada técnica organizada por BASF, y en diálogo con el programa Punto de Equilibrio, en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.

Pérez explicó que el escenario actual combina dos efectos simultáneos: “las lluvias vienen espectaculares para la soja”, pero al mismo tiempo “le vienen espectaculares a las enfermedades”. En ese contexto, el técnico recomendó intensificar el monitoreo, especialmente de manchas foliares como septoria y cercospora, y comenzar a poner el foco en la roya, tras la confirmación del primer caso positivo en Uruguay, detectado en el noreste del país.

Detalló que cuando aparecen focos iniciales en esa región, con condiciones climáticas favorables suele transcurrir alrededor de una semana hasta que se registran casos en el litoral oeste y el centro del país. “Estamos entrando en un período con muchas nubes, eventos de lluvia y agua libre sobre la hoja”, lo que protege a las esporas de los rayos UV y aumenta la probabilidad de infección, advirtió Pérez, al señalar que el riesgo a corto plazo es hoy “mayor por roya que por manchas foliares”.

Respecto al manejo de la roya, el director de la Clínica Vegetal subrayó que la clave es la detección temprana. “Cuando la infección ya es evidente, es muy difícil lograr buena eficiencia de control”, afirmó. Por eso, Pérez recomendó concentrar el monitoreo en las zonas del lote con mayor biomasa, donde el rocío y el agua permanecen más tiempo. También planteó la importancia de apoyarse en laboratorios cuando el diagnóstico visual genera dudas.

“El objetivo es aplicar cuando recién empiezan las infecciones”, para sacarle el mayor provecho al fungicida, tanto en eficiencia como en persistencia, explicó. Aplicar “a ciegas” implica “perder días de protección” sin que el cultivo esté aún bajo ataque.

Recordó además que el inóculo de roya llega todos los años desde Brasil, ya que en Uruguay las heladas eliminan la soja guacha y generan un “reseteo” del hongo durante el invierno. Eso implica que las poblaciones del patógeno que ingresan al país ya vienen “filtradas” por los fungicidas utilizados en Brasil, por lo que es esperable encontrar comportamientos similares en cuanto a sensibilidad a los principios activos.

En ese marco, este técnico remarcó que si bien todos los fungicidas hoy aportan al control de roya, existen diferencias importantes de eficiencia entre productos. “Es clave consultar con las empresas para seleccionar la mejor herramienta según el escenario”, indicó. Agregó que, en situaciones de alta presión o infecciones tempranas, puede ser necesario recurrir a moléculas de mayor potencia, como carboxamidas, frente a combinaciones más tradicionales.

En cuanto a las manchas foliares, Pérez señaló que antes del período más severo de sequía ya se observaban chacras con septoria y cercospora. La falta prolongada de agua provocó caída de hojas enfermas, lo que retrasa la reinstalación del patógeno, ya que ahora la enfermedad debe volver a subir desde el rastrojo. “No es que porque llovió hoy mañana hay que salir a aplicar, pero sí empezar a monitorear”, aclaró.

Pérez presentó resultados de 38 ensayos realizados durante siete años en el litoral oeste, mayoritariamente con presencia de septoria y cercospora, que mostraron “respuestas promedio del orden de 350 kg/ha” al control químico en situaciones con niveles críticos de enfermedad.

“Eso confirma que las manchas foliares realmente afectan el rendimiento”, sostuvo, aunque aclaró que la respuesta depende de que exista presión efectiva del patógeno y de que el agua no vuelva a transformarse en el principal factor limitante.

En ese sentido, el director de Clínica Vegetal concluyó que el manejo debe ser dinámico y ajustado al día a día. “No tenemos la bola de cristal para saber si va a seguir lloviendo o no. La clave es monitorear y tratar de proteger el cultivo hasta donde podamos”, resumió.

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