Actualidad

Sojas de grupos cortos ganan más espacio en los planteos bajo riego

13 de enero de 2026

Regadores Unidos del Uruguay realizó una recorrida técnica por establecimientos de Soriano, donde se focalizó en el manejo para incrementar el rendimiento de los cultivos.

En el establecimiento La Pradera, ubicado en el paraje El Tala, departamento de Soriano, la adopción de soja de grupos cortos bajo riego forma parte de una estrategia productiva que combina “intensificación, ajuste fino del manejo y aprendizaje acumulado” a partir de la experiencia, indicó a VERDE el ingeniero agrónomo Martín Da Costa, asesor de la empresa, en una de las paradas de la Jornada de Regadores Unidos del Uruguay (RUU).

Recordó que La Pradera comenzó a trabajar con soja de grupos cortos y fechas de siembra más tempranas hace cuatro años, aunque esa primera experiencia “no fue exitosa”. El cultivo enfrentó problemas sanitarios asociados a un patógeno de suelo, phytophthora, lo que llevó a la empresa a abandonar ese planteo. Luego de identificar alternativas de manejo y materiales, este año se volvió a implementar ese esquema.

Da Costa señaló que la soja de grupo corto “es un muy buen antecesor” de los cultivos de invierno y que, además, permite “una adecuada implantación” de coberturas como vicia, dándoles más tiempo para aportar nitrógeno al sistema. Sin embargo, remarcó que “para que la soja sea competitiva frente al maíz bajo riego, definido como el cultivo de élite en términos de margen, es imprescindible apuntar a rendimientos elevados”. En ese sentido, “el objetivo productivo se ubica claramente por encima de los 5.000 kilos por hectárea (kg/ha)”, indicó.

El planteo técnico que sustenta esos rendimientos viene siendo trabajado y estudiado desde hace varios años por RUU. Explicó que el esquema “se apoya en el cumplimiento” de una serie de premisas bien definidas: “uso de semilla de muy buena calidad, elección de grupos IV medios, fechas de siembra a partir del 1º de octubre, siempre que las condiciones lo permitan y poblaciones superiores a las habituales en secano”.

“El objetivo se fijó este año en 430.000 plantas por hectárea”, con la referencia de trabajar siempre por encima de las 400.000 plantas, “buscando lograr una rápida cobertura del suelo en los estadios R1 y R2”, detalló.

En cuanto a la fertilización, el asesor indicó que “el enfoque es similar al de cualquier cultivo de alto rendimiento”, trabajando por balance de nutrientes.

En materia de manejo sanitario, resaltó que “el establecimiento presta especial atención a las enfermedades de suelo”, dada la experiencia previa, y que en el control de malezas se trabaja con tecnología Enlist, combinando el uso de herbicidas preemergentes con un paquete de control más amplio.

Respecto a las enfermedades foliares, explicó que el cuidado debe ser mayor que en una soja de secano, ya que el período de llenado de grano es más corto y resulta clave preservar el área foliar para asegurar un buen peso de 1.000 granos. Además, al tratarse de un cultivo bajo riego, “el canopeo presenta mayores niveles de humedad”, e incrementa la presión sanitaria.

Detalló que la etapa crítica comienza en plena floración, desde R2 en adelante, momento a partir del cual el cultivo “no puede sufrir restricciones hídricas”. En ese período la soja de grupos cortos presenta exigencias similares a las del maíz en floración. El requerimiento “se ubica en torno a los 300 milímetros, aunque puede variar, según el tipo de suelo y las condiciones de cada campaña”, explicó.

Desde el punto de vista económico, indicó que, considerando los valores actuales de la soja y contemplando todos los costos, incluidas depreciaciones, costo del milímetro de riego, maquinaria, tierra y demás, “el cultivo presenta un rendimiento de equilibrio en torno a los 4.000 kg/ha”. En ese contexto “el objetivo productivo se fija con un piso de 5.000 kg/ha”, aunque existen antecedentes de chacras comerciales que han alcanzado rindes cercanos a los 6.000 kg/ha. Para el establecimiento, “la aspiración se ubica en torno a los 5.500 kg/ha”. Si bien esos resultados quedan por debajo de un maíz de alta productividad bajo riego, Da Costa subrayó que “la soja compite y aporta valor a la rotación”.

La rotación en La Pradera no es estrictamente fija, pero responde a un esquema que integra maíz, coberturas, soja y cultivos de invierno. Un ejemplo típico puede comenzar con maíz, seguido por una cobertura de vicia o avena, luego soja, un cultivo de invierno, un cultivo de segunda y, finalmente, el regreso al maíz.

Actualmente el establecimiento riega 473 hectáreas, aproximadamente un tercio del área agrícola total. En la presente campaña, “de los nueve pivotes en funcionamiento, cuatro están destinados a soja temprana de grupos cortos, tres a maíz, uno a un semillero de raigrás próximo a cosecha y otro a un cultivo de cobertura”.

MAÍZ BAJO RIEGO: SUBIR LOS TECHOS

Por su parte, el ingeniero agrónomo Gastón Sebben, coordinador técnico de RUU, se refirió a lo observado en el establecimiento La Favorita, donde el foco estuvo puesto en los planteos de maíz de alta productividad bajo riego. Allí destacó la importancia de evaluar las tecnologías y los manejos directamente en los sitios donde se realizan los ensayos, ya que es a partir de esos resultados que se toman decisiones productivas año tras año.

El maíz observado correspondía a una siembra de primera, realizada a fines de setiembre, representativa de una parte importante del maíz bajo riego del país en esa ventana. Allí se instaló un ensayo que se replica en varias localidades, y que evalúa tres factores clave: genética, población y fertilización nitrogenada. “El cultivo muestra un excelente desarrollo y un potencial muy elevado, lo que permitirá generar información de alto valor”, acotó Sebben.

El coordinador técnico explicó que la definición de los ensayos surge de la demanda de los propios productores del grupo. En los primeros años “el foco estuvo puesto en mejorar los rendimientos” a través del ajuste del manejo del riego. Una vez alcanzado ese objetivo, las prioridades se desplazaron hacia otros factores.

En ese contexto “la población pasó a ser una variable clave, con efectos que no dependen únicamente de la condición hídrica, sino también del genotipo y del suelo, mientras que la fertilización nitrogenada adquiere un rol central para alcanzar altos rendimientos. Los ensayos se realizan en campos con muy alto potencial, ya que el desafío es seguir mejorando rendimientos que ya son elevados”, indicó.

En cuanto a los niveles productivos que se buscan explorar, Sebben señaló a VERDE que el objetivo es acercarse a rendimientos del orden de los 18.000 kg/ha, con picos que podrían alcanzar los 20.000 kg/ha, valores que se ubican en el percentil superior de la base de datos de RUU. En la zafra pasada el rendimiento promedio del maíz bajo riego dentro del grupo fue de 13.500 kg/ha, con máximos de 18.000 kg/ha. El objetivo es avanzar campaña tras campaña, no solo en productividad, sino también en un manejo sostenible.

Sebben se refirió a la relación entre el índice Coneat y los altos rendimientos de maíz bajo riego. Allí indicó que “si bien la calidad del suelo tiene impacto, la correlación entre Coneat y rendimiento bajo riego es baja”. Existen casos de “muy buenos rendimientos en campos con Coneat más bajos, siempre que se ajuste adecuadamente el manejo, en particular el riego”, afirmó.

En suelos con menor índice, cambian algunas propiedades, como la capacidad de almacenamiento de agua, lo que obliga a adaptar la estrategia de riego. En ese sentido, concluyó que “los rendimientos de maíz bajo riego presentan una correlación mucho menor con el Coneat que los cultivos en secano”.

Nota de Revista Verde N° 126

7 - 06:21