Conocimiento: las experiencias de dos uruguayas que se especializaron en el exterior

La agrónoma Victoria Perdomo y la politóloga Lucía Zapata obtuvieron sus maestrías en Países Bajos y España; contaron cómo ven al agro en Europa y qué debería hacer Uruguay
¿Cuál es la relación entre el que produce y el que fabrica en Uruguay? ¿Cómo se evalúa la calidad de lo que hacemos? ¿Qué se está haciendo en política pública agropecuaria a nivel macro? ¿Qué políticas de Estado necesitamos?. Estas y otras preguntas se hacen dos mujeres uruguayas que salieron al exterior para aprender más sobre el sector.
En el marco del Día Internacional de las Mujeres, VERDE entrevistó a dos jóvenes que crecieron en el campo uruguayo, y buscaron nuevas perspectivas del sector agropecuario. Una es ingeniera agrónoma y la otra politóloga. Desde distintos ángulos y formaciones previas, pero con algo en común: un profundo amor por el Uruguay y muchas ganas de volver para aportar desde sus lugares.
María Victoria Perdomo Berton es ingeniera agrónoma, tiene 27 años y es flamante magíster en Gestión Innovadora de la Cadena Lechera por la Van Hall Larenstein University of Applied Sciences, de Países Bajos. Trabaja en una empresa en Wageningen como especialista en Nutrición Animal.
Fue criada en un tambo en Tarariras, Colonia, junto a sus padres (ambos ingenieros agrónomos) y hermano. Su madre fue asesora de grupos CREA en la zona. A pesar de las enormes referencias con las que creció, ella y su hermano siempre tuvieron total libertad de elegir sus caminos. Así y todo, descubrió que lo que se hereda no se roba: “Siempre me gustó ir al campo con mi padre. A medida que fui creciendo me di cuenta que me gustaba la lechería y la agricultura”, comentó. Luego de trabajar como agrónoma en Uruguay, sintió que a su formación le faltaba una conexión firme entre la producción, el impacto social y la organización del sector.
Desde su experiencia, la formación uruguaya es sólida y le permitió afrontar los desafíos del exterior sin sentirse en desventaja. “La amplia base teórica que tenemos es una ventaja a largo plazo”, opinó. Los graduados de la Universidad de la República “saben que las cosas no son tan simples” y logran enfrentar sólidamente cualquier currícula en el exterior. “Siempre me sentí segura, y eso es gracias al enfoque completo que traemos” afirmó.
La ingeniera encontró interesante la perspectiva de “negocio” y “estrategia empresarial” que logró en su maestría en el exterior. Le permitió reflexionar sobre preguntas que deberían hacerse los productores más allá de “la gestión, lo económico y los números”. “¿Cuál es tu meta a corto y largo plazo? ¿Qué querés producir? ¿Para qué lado te gustaría crecer como productor? ¿Cuáles son tus intereses? ¿Cuál es la forma de hacer lo que querés tomar? Yo creo que es un planeamiento que estaría muy bueno empezar a hacer.” reflexionó.
Al recibirse, trabajó en monitoreo de chacras y calidad de cultivos hasta que decidió salir del país, junto a su pareja. A pesar de que le “encanta” Uruguay, sintió que “hay que experimentar y ver qué hay afuera”, comentó.
La inquietud no solo respondía a un interés personal, sino también a una necesidad profesional. En su experiencia en el exterior analizó casos en otros continentes y detectó diferencias claves en la organización y el impacto del sector.
El contraste europeo en la lechería
Uno de los contrastes más marcados fue el nivel de regulación que tienen los sistemas bajo el control de la Unión Europea. Eso hace que estén más integrados en la cadena. María Victoria reflexionó que en Uruguay “nos falta integración”. Señaló que “el productor es solo un eslabón de la cadena, pero muchas veces los actores que vienen después son los que terminan tomando las decisiones”. Para ella, Uruguay podría beneficiarse de un mayor vínculo entre productores, reguladores e industria.
En Países Bajos la lechería, estabulada y de altísima productividad, enfrenta severos problemas ambientales que han tenido que abordar. “La crisis del nitrógeno es un problema enorme”, sostuvo. Los productores “no saben qué hacer con la bosta”, porque las regulaciones les impiden desecharla libremente. “Tienen un marco normativo que determina cuánto podés aplicar por año”, explicó.
Su tesis de maestría abordó el análisis de ciclo de vida para una tecnología para procesar heces en el tambo y convertirlas en fertilizante que pueda exportarse o reintroducirse en el sistema. Fue la restricción sobre las aplicaciones lo que hizo que apareciera el financiamiento para valorizar este subproducto e incorporarlo a la cadena logística. Victoria explicó que “el problema no es solo la tecnología, sino cómo el productor accede a ella”.
El contexto global también impone nuevas exigencias. “Como consumidores estamos demandando y poniendo una presión en el productor, que a veces es desmedida”, reflexionó. Y aseguró que, tarde o temprano, estas regulaciones llegarán a Uruguay. Para adelantarse, cree que el país debe fomentar espacios de diálogo entre productores y reguladores, en vez de esperar a que la presión externa imponga cambios abruptos y cada uno haga lo que pueda.
Sustentabilidad
Sin embargo, señaló que la sustentabilidad es un concepto que se está cuestionando cada vez más. “Todo el mundo dice que es sustentable, pero ¿qué significa eso realmente? ¿En lo ambiental? ¿En lo social? ¿En lo económico?”, se preguntó. En su visión, las empresas que quieran posicionarse en el mercado global tendrán que demostrarlo con datos.
Su maestría, a pesar de ser sobre lechería, incluía conocer de primera mano –en el laboratorio– la elaboración de ultraprocesados veganos. En particular, las imitaciones de productos lácteos. “No puedo simplemente cerrarme y decir no, eso está mal”, dijo.
Sin embargo, reconoció que algunas veces el discurso que se opone a la producción animal “se torna violento”. “La variedad de leches vegetales en particular, y comida vegana en general, es mayor que la oferta de productos animales reales”, observó. “Me pregunto hasta qué punto los que promueven estas marcas tienen un respaldo científico o si verdaderamente creen que hacen el bien”, cuestionó.
La ingeniera cree que muchos de estos casos “simplemente siguen una moda o aprovechan un nicho comercial”. Y considera que Uruguay debe prepararse para responder a estos cambios en el consumo, con herramientas que permitan demostrar la sustentabilidad de su producción.
María Victoria reflexionó sobre algunos prejuicios que pueden recaer sobre sistemas productivos como los de Uruguay. “Si la gente de acá no conoce nuestro sistema productivo, si ve una foto de una vaca enterrada en el barro en invierno puede decir que no va”, advirtió. Por eso, dijo que sería “genial” que el país “pueda demostrar y probar”, y “contar con herramientas para justificar por qué hacemos lo que hacemos, estén de acuerdo o no”. En Países Bajos, por ejemplo, tienen que “regular la cantidad de días que la vaca pasa en el pasto” para reducir la estabulación lechera, comentó.
A Uruguay está llegando “de a poco” el consumo de productos vegetales greenwashed, que promueven ser sustentables aunque no lo son totalmente. Por lo general, estos productos están basados en monocultivos, aceites, aditivos y saborizantes que podrían terminar siendo menos sustentables que la típica carne uruguaya, alimentada a pasto. Por eso, la producción animal “tiene que estar preparada” para “probar y trackear que es buena y sustentable con el ambiente”, sostuvo. “Ser sustentable no es solo una palabra, hay que probarlo” agregó.
Desafíos de Uruguay y consejo para jóvenes
Para Victoria un desafío fundamental de la lechería son los efluentes. Consideró que “falta control” para saber “qué está pasando”, y que a su vez “falta formación técnica” para lograr “mano de obra calificada” en las tareas de campo. El siguiente desafío es “la conexión con la industria y la academia”.
Planteó que cada vez que hay un conflicto es necesario “ver cómo afecta al sector”. “Necesitamos evaluar, rastrear y decidir dónde implementar las mejoras. Muchas veces se trata de cada uno haciendo lo suyo”, analizó. Para ello “es imprescindible trabajar en más y mejor marco regulatorio”, sostuvo.
A los jóvenes que ingresan al agro María Victoria les recomienda mantener la mente abierta. “La agronomía da un abanico enorme, hay que aprovecharlo. Si tienen la curiosidad de hacer algo diferente, explórenlo. La formación que tenemos es un respaldo, y las oportunidades están para el que las busca”, enfatizó.
Del basalto a la península ibérica
Lucía Zapata también heredó de sus padres la pasión por el campo, ellos son veterinarios y se dedican a la cría de ovinos en el paraje Toro Negro, en el departamento de Salto. Ella creció entre ese lugar y la ciudad de Tacuarembó. Sus padres, luego del sacrificio de toda una vida en el basalto y los coletazos de la crisis del 2002, preferían que se dedicara a otra cosa. Por eso hizo la carrera de Ciencia Política, mientras militaba activamente en política partidaria (en el Partido Socialista) local e internacional. Al final, terminó perfilando todo su bagaje hacia el mundo agropecuario, especialmente a las políticas públicas en ganadería.
Entre materias optativas en Facultad de Agronomía (FAgro) durante el grado y posteriormente una maestría en esa facultad, vivió tratando de juntar ambos mundos. “Me metí en Agronomía desde las ciencias sociales, convenciendo a los politólogos de por qué quería ir para ahí y a los agrónomos de que nos necesitaban”, comentó. El programa de maestría de FAgro en Ciencias Sociales normalmente se enfoca en la producción familiar, pero ella quería ir un poco más allá y entender cómo funciona la institucionalidad del agro en Uruguay.
Lucía trabajó en la Agencia Nacional de Investigación e Innovación varios años antes de decidir que quería formarse en el exterior. Hizo la maestría en Desarrollo Internacional en el Institut Barcelona d’Estudis Internacionals, en España, con perfil en Sustentabilidad y enfocando su trabajo final de grado en la ganadería uruguaya. Actualmente reside en Uruguay y es asistente en el Instituto Sudamericano de Estudios en Resiliencia y Sustentabilidad (Saras, por su sigla en inglés).
Demonización de la ganadería
Uno de sus principales intereses es el discurso sobre la ganadería y su “demonización”. Desde el informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), titulado La larga sombra del ganado, “el sector quedó bajo un escrutinio global, pero muchas de esas críticas no aplican a Uruguay”, sostuvo. Si bien su rol como politóloga no es “aportar argumentos técnicos” para desarmar esa narrativa, sí le interesa “cómo se construyen esos discursos” y “cuál es el rol del Estado”, así como “la existencia de políticas públicas en ganadería sustentable”, explicó.
El desafío planteado era sumamente difícil. Los antecedentes escasean. Las investigaciones que existen refieren más a “perspectivas históricas”. Los cientistas sociales tienden a “juntar rubros” del sector agropecuario sin analizar particularidades, y Lucía afirma que el caso de la ganadería uruguaya “tiene muchas particularidades” que es necesario abordar.
Falta investigar en política agropecuaria
Zapata opinó que falta un respaldo académico que sirva para posicionar a Uruguay en estas discusiones internacionales. Reflexionó que la sociología rural uruguaya está más centrada “en el desarrollo rural” y en “la agricultura familiar”, y si se habla de “producción empresarial” el foco es en “agricultura y forestación”. Pero esta disciplina raramente logra abordar la “política pública”, especialmente en ganadería.
Y lamentó que “si un diplomático uruguayo tuviera que defender nuestra ganadería no tendría un respaldo teórico robusto”, desde el punto de vista político, aunque “hay mucho material desde lo técnico”.
Lucía está convencida de que si no se insiste en esto, el debate sobre ganadería a nivel internacional “queda supeditado a lo técnico, agronómico, o a lo sumo puramente económico”, donde “discuten los actores de la cadena como industria, gremiales y empresarios”, pero no la sociedad en su conjunto.
La politóloga se preguntó: ¿Dónde se pueden realizar consensos? ¿Y dónde no? ¿Qué trayectorias de larga duración hubo? ¿Dónde hay que profundizar?, como disparadores base para definir una estrategia.
“Todos dicen que necesitamos políticas de Estado, pero ¿cuáles? Por ejemplo, ve que está “aparentemente saldado” que debemos “apuntar a la carne de nicho”, pero sin embargo dependemos altamente del volumen exportado a China. “¿Qué pasa si un día China deja de comprarnos carne?”, se preguntó. Consideró que Uruguay tiene fortalezas para posicionarse mejor, pero falta un plan claro para minimizar dependencias y establecer una estrategia de largo plazo.
La pelea contra molinos de viento
Lucía enfrentó varios desafíos en su maestría. Mientras los altos niveles de consumo se encuentran “en el norte global”, son “ellos” los que “nos juzgan” por tener gandería “en el sur”, dijo. Le interesaba “mapear la producción de carne” y encontrar particularidades. En una instancia curricular se midió la huella personal de carbono en base a coeficientes preestablecidos. Por haber indicado que “consumía carne”, su “huella de carbono era la más alta de la clase, y a diferencia de mis compañeros, yo no tenía auto ni viajaba tanto en avión”, comentó. En su opinión, las discusiones sobre sustentabilidad suelen estar sesgadas y centradas en el norte global, sin considerar realidades productivas de países como Uruguay.
Cada vez que se tocaba un tema relacionado con la ganadería consultaba a docentes, pero la respuesta era siempre la misma: “no sé mucho de este tema”. “Y cuando hablaba de Uruguay, me miraban como si estuviera hablando en chino”, dijo. “Muchos docentes tenían a la ganadería absolutamente demonizada, mientras otros estaban un poco más actualizados respecto a aquel informe de FAO y habían leído los siguientes”, comentó. Sin embargo, el objetivo de Lucía siempre fue saber si realmente en Uruguay “se hacen las cosas distinto”.
La innovación no cruza porteras adentro
El instituto Saras combina sustentabilidad y gobernanza. “Es uno de los pocos espacios donde las ciencias biológicas y sociales se integran”, valoró. Sin embargo, reconoció que hay mucho por hacer. “Nos falta un sistema nacional de extensión más fuerte para que los productores adopten innovaciones”, donde “técnicos y productores sean vistos como iguales en el intercambio” y no a los primeros “un escalón arriba”, apuntó.
Consideró que el espacio para la política pública es una herramienta para reducir “la brecha” entre “toda la investigación que se produce” y “la realidad de los productores”, que “no adoptan la tecnología” para aumentar la resiliencia y productividad de los sistemas de ganadería. Reflexionó que esto podría deberse a “una falta de visión integral de los técnicos” y que quizá “no se estén generando las medidas que precisan”, donde la política pública juega un rol fundamental.
El futuro del paisito
Zapata cree que Uruguay debe fortalecer su posición en mercados internacionales sin perder de vista la sustentabilidad. “Hay que diversificar mercados y fortalecer la trazabilidad para demostrar que nuestra producción es sustentable de verdad”, dijo.
La politóloga ve sumamente prometedor el acuerdo con la Unión Europea y considera que ese es el tipo de cosas a las “que tenemos que apuntar”. Para ella, el agro uruguayo tiene ventajas comparativas y logros excelentes como “sustentabilidad y trazabilidad”, que hacen que esté “sumamente bien posicionado”, pero debe prepararse mejor para que “los coletazos no le peguen tanto”.
“No es fácil convencer a la gente de que necesita politólogos en su vida, pero el agro también es política, y hay que entenderlo desde ahí”, concluyó.
Nota de Revista Verde N° 120


