Maíz: la integración tecnológica permite aumentar el rinde entre 10% y 15%

Identificación precisa de ambientes, uso eficiente del nitrógeno, fertilización ajustada por ambiente, biológicos y agricultura de precisión con apoyo de drones definen el nuevo modelo de manejo del maíz que impulsa Agroterra. El ingeniero agrónomo Gonzalo Reynoso, gerente comercial de la empresa, detalló a VERDE cómo la integración tecnológica ya permite aumentos de rendimiento de entre 10% y 15%, sin incrementar el uso total de insumos.
El cultivo de maíz viene consolidando un nuevo perfil productivo en Uruguay, con un enfoque “cada vez más sistémico”, donde el rendimiento deja de depender únicamente del potencial genético y pasa a definirse por la correcta lectura del ambiente, el manejo de la nutrición y la integración de tecnologías de procesos. Desde Agroterra esa estrategia se apoya en tres pilares centrales: identificación de ambientes productivos, eficiencia en el uso de nutrientes, con foco en el nitrógeno, y desarrollo de herramientas biológicas complementarias al manejo tradicional.
“Para nosotros el maíz es un componente clave del sistema, pero siempre mirado dentro de la rotación. La importancia está en rotar, intensificar y agregar cultivos a los esquemas”, explicó Reynoso. En ese marco, el germoplasma y el manejo agronómico asociado aparecen como el motor principal para capturar el potencial productivo de cada chacra.
Uno de los conceptos que gana peso es el de ambiente productivo. Según Reynoso, “el ambiente explica entre el 45% y el 70% del rendimiento”, lo que vuelve clave su correcta identificación. En ese proceso la empresa viene trabajando con plataformas digitales para delimitar zonas de manejo diferenciadas dentro de cada chacra. A partir de esa caracterización se define la elección de híbridos y el manejo específico del cultivo.
“Hoy la propuesta de híbridos es muy diversificada, con materiales adaptados a cada tipo de ambiente y lanzamientos que cada año son superadores”, señaló. A ese ajuste genético se suman dos factores de alto impacto: la población de plantas y el manejo del nitrógeno. “De acuerdo al rendimiento que espero, defino la población que voy a buscar, y también el manejo del nitrógeno”, resume.
Justamente, el uso eficiente del nitrógeno se transformó en el principal foco de trabajo técnico, porque “fue quedando atrás”, con la aparición propuestas y herramientas de manejo, la problemática de malezas y la protección de cultivos. “Hoy las energías están puestas en cómo hacemos un uso más eficiente de los nutrientes, como nitrógeno y fósforo”, afirmó Reynoso.
En ese camino Agroterra viene profundizando el uso de ureas protegidas, incorporando polímeros que reducen las pérdidas de nitrógeno en el sistema.
Las pérdidas de este nutriente se producen principalmente por lixiviación, volatilización y desnitrificación. “Estamos atacando todas esas fuentes de pérdida con tecnologías que permiten tener disponibilidad inmediata de nitrógeno y, al mismo tiempo, mejorar su captura por parte de la planta”, explicó.
El impacto es doble: por un lado, mayor productividad; por otro, menor huella ambiental. “El maíz, como las gramíneas en general, demanda grandes cantidades de nitrógeno, y eso influye directamente sobre la huella de carbono. Lograr eficiencia en ese punto es clave para la sostenibilidad del sistema, tanto en secano como en riegos”, subrayó.
En paralelo al avance en insumos, también se fortalecen las tecnologías de proceso. Desde hace tres años Agroterra viene aplicando herramientas basadas en drones, para el diagnóstico nutricional del cultivo. A través de vuelos periódicos, es posible detectar deficiencias de nitrógeno y realizar correcciones tardías, ajustando la fertilización en función del potencial real de cada lote.
“Hoy el maíz se fertiliza en etapas tempranas, entre cinco y seis hojas, donde se coloca casi todo el nitrógeno. Pero cada vez más sabemos que hay respuesta al agregado tardío”, sostuvo Reynoso. Los requerimientos del cultivo se extienden hasta etapas posteriores a la floración (R2), lo que permite ajustar dosis incluso en estadios de 10 a 12 hojas con equipos terrestres. “Ahí estamos mucho más cerca de la definición real del rendimiento y podemos calibrar lo que el cultivo realmente necesita”, detalló.
Los índices obtenidos a partir de los vuelos permiten una toma de decisiones más precisa, especialmente en sistemas de secano, donde el manejo del agua no puede ser regulado. “Es un insumo extremadamente importante para ajustar la nutrición con mayor certeza”, destacó el ingeniero agrónomo.
Otro de los ejes estratégicos es el desarrollo de biológicos. El punto de partida fue la problemática de la chicharrita del maíz, que impulsó a la empresa a analizar experiencias provenientes de Brasil. “Vimos una oportunidad en productos biológicos que permitían controlar la plaga sin afectar a los enemigos naturales”, comentó Reynoso.
Con el tiempo, ese enfoque se fue ampliando. “Hoy los biológicos están a la altura de la propuesta química en cuanto al control, e incluso, en determinadas circunstancias, aportan mejoras de rendimiento”, sostuvo.
El impacto ya no se limita al control de insectos, sino que se extiende al manejo de patógenos en tratamiento de semillas y al fortalecimiento del desarrollo vegetal. “Es un campo enorme para seguir creciendo en distintos cultivos”, agregó.
La incorporación de agricultura de precisión completa el nuevo modelo de manejo. Cada vez más productores invierten en maquinaria y servicios para implementar manejos diferenciados por ambiente. “El productor ha hecho una fuerte inversión en tecnología, porque sin maquinaria adecuada es imposible aplicar estos conceptos”, afirmó el ejecutivo.
En el caso de Agroterra, este enfoque se integra como valor agregado a la propuesta genética y al asesoramiento. “Todo el equipo está formado para poder dar soluciones en agricultura de precisión”, señaló. Los resultados ya son medibles: “estamos viendo aumentos de rendimiento de entre 10% y 15%, sin aumentar la cantidad total de insumos, sino redistribuyéndolos dentro del campo de forma más eficiente”, aseguró Reynoso.
Ese cambio permite mejorar el margen económico del cultivo y, al mismo tiempo, avanzar en trazabilidad y reducción de impacto ambiental. “Es más eficiencia productiva, con menor huella, que es hacia donde creemos que debe avanzar el sistema”, resaltó.
A ese enfoque sistémico del maíz se suma el área bajo riego, y además un proceso creciente de integración vertical con la ganadería, particularmente a través de los corrales de engorde, que refuerzan la viabilidad económica del cultivo respecto a otras alternativas.
El gerente comercial de Agroterra consideró que cada vez son menos los sistemas “puros” de agricultura. “Hoy hay muchos agricultores que también están haciendo ganadería, sobre todo corral, y eso abre una oportunidad muy interesante para el maíz”, señaló.
Uno de los factores clave en esa integración es la reducción de los costos logísticos. El maíz es un cultivo de alto volumen por hectárea y el flete tiene un peso determinante en la estructura de costos. “Poder utilizar el grano dentro del propio sistema, con fletes cortos y sin largos traslados, cambia completamente la ecuación”, explicó. A eso se suma la casi inexistencia de costos comerciales y de acondicionamiento cuando el destino es el corral propio o cercano, lo que mejora de forma directa el margen del productor.
Desde Agroterra observan un crecimiento sostenido de este modelo de integración, con un desarrollo importante de nuevos corrales en distintas zonas del país, especialmente en el litoral-centro. “Ese vínculo entre agricultura y ganadería hace al sistema mucho más eficiente, tanto desde el punto de vista productivo como económico”, resumió.
Reynoso enfatizó en la estrategia de Agroterra de acompañar al productor, no solo en la genética y los servicios asociados, sino también en la comercialización de su cosecha para darle más valor agregado al cultivo.
“Es importante ver el cultivo en su conjunto y desde hace varios años se trabajan diferentes soluciones locales, por el impacto del flete, para darle fluidez a la comercialización del maíz”, acotó.
Nota de Revista Verde N° 125




