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Ganadería

Pablo Carrasco: “Arreglar un país sin que el presidente termine con 10% de popularidad es difícil”

18 de diciembre de 2021

El empresario opinó sobre diversos temas vinculados a los agronegocios, proponiendo menos Estado y extender la libertad responsable a los negocios agropecuarios

Fiel a su estilo, Pablo Carrasco fue punzante al referirse a los temas planteados en esta entrevista. El director de Conexión Ganadera analizó el momento y las perspectivas del negocio cárnico, aseguró que la carne a pasto será la de mayor valor, criticó la burocracia estatal, el funcionamiento del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), de la institucionalidad agropecuaria e incluso de las gremiales. Además, destacó el trabajo de la industria frigorífica uruguaya y reclamó menos Estado, para “extender la libertad responsable de los negocios agropecuarios”.

¿La ganadería está capitalizando este año?

Fue un año con faena y precios récord, no sé si eso se repite. Generalmente si hay buenos precios es porque falta ganado y no hay faena. Es la primera vez que estamos asistiendo a esta combinación. Creo que sí se está cosechando, mucho más en el ganado gordo que en la reposición, pero es un buen año para todos, y lo estamos aprovechando como nunca. Espero que la histeria de la lluvia no nos complique en lo que queda del año. 

¿Hay un nuevo proceso en la ganadería?

Sí, pero no es por temas internos. Está cambiando por este cisne blanco que es China, que aparece primero sustituyendo la escasez de carne de cerdo por carne vacuna, y termina siendo fiel a la carne vacuna aunque le sobre carne de cerdo y sea muy barata. Y eso que China es dos tercios del potencial de los países que todavía estamos por incorporar a la dieta occidental, como son los de Asia-Pacífico. Soy el vicepresidente de la Cámara Mercosur-Asean; allí hay 600 millones de personas dispuestas a probar carne vacuna.

¿Es optimista sobre el futuro del negocio?

Creo que esta es la nueva normalidad en materia de ganadería y de mercado de carnes. Ahora se va a empezar a definir quién produce una especialidad que te haga diferenciarte de tu competidor.

¿Quién puede producir especialidades?

Lo que vino para quedarse es la valoración de procesos que son resorte exclusivo del productor ganadero. Eso no pasó nunca antes. Ibas a un congreso y la calidad era la nueva forma de envasar al vacío, o la cantidad de grasa del corte, cosas que terminaban en el frigorífico. Pero hoy se empezó a valorar como marca las razas Aberdeen Angus o Hereford, se valora el sistema de pastoreo, el bienestar animal. Todo esto parece ser la punta por dónde se va a valorizar la carne y está en manos del productor. Después veremos quién lo organiza y quién lo ofrece, porque no alcanza con producir lo que el mundo pide si después no se lo ponés en la mesa del consumidor. El resto de la cadena tendrá su responsabilidad, pero en principio este nuevo valor es de los productores.

¿Es una oportunidad para la ganadería?

Sí. Esa oportunidad se puede trancar en la portera, en la medida que produzcas sin tener claro quién te lo va a pagar. Hay tres cosas a incorporar: la demanda mundial, que solo puede crecer; los atributos de valor en la casa de los productores; y la posibilidad que ofrece el comercio electrónico para saltear el drama de las grandes superficies, que son las que menos interés tienen en que el productor se conecte con su cliente. Lo sé por mi experiencia con la distribución de carne en Estados Unidos. 

¿Debemos tener una estrategia diferente para posicionarnos en los mercados?

Sin dudas. Estoy dispuesto a invertir, a que me midan el carbono porque sé que somos los mejores productores. Pero en las instituciones públicas nadie te dice por dónde empezar. Hay declaraciones públicas y discusiones internacionales sobre las emisiones de carbono, el calentamiento global y demás, que no se condicen con la capacidad concreta que tienen los productores de embarcarse en ese camino que estamos ansiosos de recorrer. Las instituciones públicas no nos dan el mapa para asegurar que lo que hacen los productores termine siendo conocido al final de la cadena. ¿En qué oficina está el tema? Ni eso está definido, mucho menos quién defina qué es lo que hay que medir. Hablé con un especialista en el tema y hay una metodología muy estricta para medir el carbono de un sistema de pastoreo y compararlo con el de dentro de 10 años para luego obtener un certificado. Nos tienen que explicar muchas cosas y no hay quién la explique.

¿Hay que moverse rápido considerando a los rivales?

Sí. Uruguay es el país con más potencial. El aspecto más valorado de los próximos cinco años es que la carne más cara del mundo será a pasto, de calidad, grass fed; no carne de cualquier vaca como venden los australianos como carne a pasto. Aquellos que puedan producir carne a pasto súper tierna, con grasa blanca y todos los demás atributos que el mundo reconoce, y lo pueda hacer durante todo el año, ganará la partida. Todo lo demás también cuenta, porque estás vendiendo una historia. Con la georeferenciación se sabe si el animal estuvo o no en un feedlot o en un corral de engorde. Está todo servido, pero falta que nos digan qué deberes tenemos que hacer. 

¿Cómo explica el crecimiento de la carne de corral?

Estamos en una transición. La valorización de la carne de corral es una herencia del concepto de calidad de Estados Unidos. Las categorías Premium, Choice y Select solo tienen que ver con la grasa, que ha sido el culto de la carne y por eso el corral fue tan destacado. Si podés llegar a tener ternezas similares con el pasto, y colores de grasas similares, la historia va a ser otra. Pronostico que el corral puede crecer, pero no será el producto de mayor precio. El caviar dentro de cinco años será la carne a pasto, Premium, de vaquillona o novillo joven. Eso seguro tendrá el valor de una langosta en Boston. Es lo que nos pasa hoy en Estados Unidos, donde nuestra carne vale lo mismo que la langosta. Esos estudios indican que en cinco años el mercado mundial de carne a pasto sumará US$ 40.000 millones. 

¿Quién es el promotor de los grandes cambios que está teniendo la ganadería?

El cambio es igual a invertir, en pasturas, corrales, maquinaria o en lo que sea. No hay cambio de potencial productivo en ganadería sin inversión. Tiene que haber un convencimiento que no hay, porque nadie está seguro de cómo va a regresar el dinero que invierte. Habrá gente que se ponga a hacer un ternero Icace (invierno carga cero), quien haga un corral, praderas, lotus rincón o dar sales a campo natural. No son todos iguales y no son respuestas o idiosincrasias diferentes, es la inmadurez que todos tenemos. Precisas plata, estímulo, los subsidios hoy vienen por el lado de la Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones) y todo el crédito fiscal que se pueda llegar a obtener se recupera. Esa es la zanahoria, que el productor sepa que dentro de dos años no pagará Impuesto a la Renta porque esa plata la invirtió en pasturas. No hay convencimiento y la liquidez puede y debe mejorar. Ya no es solo financiar contra hipotecas de campo y garantías, sino financiar procesos como divisiones de campo, pasturas y demás, sin el esquema histórico de garantías. No es darle la plata y que el productor haga lo que quiera. Hay que darle el paquete llave en mano, considerando el prestigio y los antecedentes del productor como garantías. Los gerentes de los bancos tienen que empezar a ser evaluados no por cuánto cobran sino por cuánto crecen sus clientes, y sus clientes van a crecer si invierten bien. Todo eso requiere otra forma de mirar al agro.

¿Eso le abre la puerta al nuevo empresario ganadero?

Podría ser el actual, si se convence de que plantando pasturas no se funde, o podría ser alguien nuevo, que por no saber nada de campo se va a dejar asesorar. El cambio va a venir, con los que están o con los que vendrán. Esos sistemas tecnológicos, y con los precios actuales, pueden dar la posibilidad de vivir de una manera muy digna con 200 hectáreas. Pongo un ejemplo concreto. Mis hijos hicieron una inversión, apoyados por mí, de US$ 700 por hectárea, en divisiones, agua en las parcelas, mangas de bienestar animal, en un campo que no tenía nada. Mi hijo creyó que invertir y endeudarse en esa cifra valía la pena porque lo iba a recuperar; ese es el ingrediente uno. El segundo ingrediente es la plata para hacer esas inversiones, que se la dí yo. Y el ingrediente tres es que él podrá recuperar la inversión a través de crédito fiscal dentro de dos años. El ingrediente tres es la zanahoria, está muy bien armado, pero los otros dos están faltando. 

¿Se imagina en cinco años una producción ganadera mucho más intensa?

Sí, pero ¿por qué se nos ocurre hacer eso ahora, después de 60 años? Esto lo hacen los tamberos desde hace 100 años. Era lo que hacían los productores agrícola-ganaderos cuando la ganadería de punta estaba en Soriano. Mi interpretación es sociológica y tiene que ver con el aislamiento de los ganaderos puros para abrirle la puerta a otras cosas. Nuestros productores de pastoreo rotativo ayudan muy poco a que esto se difunda, porque ya hay dos bandos (los del pastoreo continuo y los del pastoreo rotativo) y entre ellos no se hablan. He salido de toda organización, porque lo que he visto en todas es cultivar la grieta. Quiero demostrar números, porque esto es por plata. Hay gente que no sabe absolutamente nada de ganadería y en dos años pagó una deuda de US$ 700 por hectárea y ganan US$ 5.000 por mes por estar arrendando 200 hectáreas y alquilando el ganado.

¿Cómo ve a las gremiales agropecuarias y a la institucionalidad?

Las gremiales son un subgrupo de la agropecuaria, que cumplen una función, pero hacen llegar apenas el 10% de los reclamos. No son un lugar donde quienes tienen un problema agropecuario los vaya a canalizar. Por eso surgió Un Solo Uruguay, que después creo que se descarriló en su agenda; inicialmente era una protesta contra la institucionalidad. Después, en la institucionalidad oficial creo que estamos infinitamente peor. Hay que barajar y dar de nuevo. Es muy difícil para los políticos meter mano en la maraña de regulaciones que hay en el Estado. El presidente de la República debería pedirle a cada ministro 50 decretos de regulaciones para derogar, y si no los trae debería echarlo. No hay intermediarios entre el ministro con su agenda llena y los sectores que tienen miles de problemas. No puede ser que el fasonero de pollo tenga como interlocutor al ministro. Tiene que haber alguien antes que le lleve las cosas más digeridas. Al gobierno y a la institucionalidad agropecuaria, porque los conozco a todos, los veo absolutamente ahogados en reclamos que llegan en papelitos y que no tienen ninguna eficiencia. Hay que sacar a todo el mundo, que vayan entrando de a uno y darles una función. 

¿Dónde está el problema más grande?

En el propio MGAP. Creo que el Plan Agropecuario está haciendo un trabajo fantástico, encontró su lugar en el mundo. El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) tiene que encontrar su lugar, no puede ir de atrás de los empresarios que son quienes toman todos los riesgos. Van a validar después lo que los productores ya pagaron como costo de aprendizaje. El INIA tiene que pagar muchos más costos de aprendizaje que los emprendedores que se matan a golpes cuando hacen algo nuevo. Eso ocurrió con la siembra directa, impulsada por Ausid; el sistema de engorde a corral, con (Alberto) Toto Gramont; la forestación, con el Grupo Otegui; o la soja. No  se puede llegar por último, después que llegaron las carabelas de Colón.

¿Son cosas que se dieron en la propia institución, más allá de los gobiernos?

Totalmente, pero eso ha sido el resultado de que el diálogo entre el campo y la ciudad es de las gremiales agropecuarias, de los presidentes o los partidos políticos, pero es difícil que ellos se puedan acercar a la realidad. Sacando excepciones fantásticas, como el trabajo en campo natural y pasturas que está haciendo INIA Tacuarembó, que es para sacarse el sombrero. Pero son grupos aislados, que lo están haciendo por vocación, y no por órdenes de lo que pide la realidad. Tienen que ser los empresarios quienes lo digan, pero esos empresarios no son los que hoy están en las instituciones gremiales. 

¿Falla la comunicación entre las gremiales y las instituciones?

Faltan eslabones en la cadena de comunicación. Porque a veces ni el productor tiene claro qué es lo que le pasa. En tecnología y manejo de empresas, en general, muchos productores no saben qué les pasa. Hay que mirar de afuera para aportar soluciones, y a su vez tenés que haberte golpeado un poco en la vida para poder ayudar. Deberíamos conseguir empresarios con experiencias exitosas que nos regalen un poco de su tiempo para conectar a esas instituciones con los verdaderos problemas de los productores ganaderos.

¿El MGAP es parte del problema?

Sí, y lo tienen claro el ministro, el subsecretario y la directora general del MGAP. El tema es cómo hacemos. Siempre vemos a todos esos organismos pidiendo más gente. La respuesta tiene que ser qué cosas dejar de hacer porque no son necesarias. La campaña sanitaria contra la brucelosis, por ejemplo, es un delirio, un rifle sanitario al productor. Lo saben pero no dan abasto. Los productores deben organizarse, tener una voz representativa y seria de la problemática empresarial, y llevarle los proyectos de ley escritos al gobierno. 

¿Y al INAC cómo lo ve?

Es una buena idea, hoy está muy bien dirigida, pero poco a poco está tomando el riesgo de convertirse en la agencia de marketing gratuita de las cadenas de la carne más multinacionales y millonarias del mundo. La mitad de las industrias que quedan son uruguayas. En ese mundo del comercio electrónico, donde los productores tienen la posibilidad de saltarse las grandes cadenas, INAC es parte del problema y no de la solución. Estoy abriendo una carnicería y te podés imaginar lo que es; creo que una armería tiene menos regulaciones. Todo eso genera un supercontrol, pero también apaga cualquier iniciativa. INAC también necesita una gran adecuación, saben que la necesitan, pero también están ahogados en la tela de araña que se ha formado durante toda la vida de este país, no solo en los últimos 15 años.

¿Quiénes asumen los costos para salir de esta situación?

Los mayores costos son políticos, esto se paga con votos. Arreglar un país sin que el presidente termine con 10% de popularidad es difícil. Pasó en Nueva Zelanda. Sangre, sudor y lágrimas prometía (Winston) Churchill, acá hay que prometer lo mismo para poder tener un país espectacular. Como eso no se hará por decisiones políticas, el Estado le tiene que dejar mucho más protagonismo a los privados, que se empiece a retirar y que los privados hagan sus aventuras. Es el único camino posible para el Uruguay. Extendamos la libertad responsable a los negocios agropecuarios.

¿Cómo está el relacionamiento entre los distintos eslabones de la cadena cárnica?

En el mercado mundial que se viene estamos rengos, porque los valores agregados están en la casa del productor, y en todos esos eslabones hasta el cliente final existe una cordillera, que son los grandes distribuidores, las grandes superficies. Hay gente que pagaría más por carne de un animal con bienestar, alimentado a pasto, sustentable. Hay gente dispuesta a invertir, pero no hay forma de conectarse con el cliente final hasta que se desarrolle un comercio electrónico para la carne. Nuestro enemigo jamás es el frigorífico, allí no está el problema. El negocio del frigorífico llega hasta el puerto del país de destino. Le interesa hacer un negocio de escala, como es lógico, ganando poco por kilo pero haciendo mucho. El valor está del puerto hacia adentro, y allí la Cancillería tiene que jugar un rol protagónico, tiene que salir gente del Estado uruguayo a vender y a ganar a comisión de lo que venda. Ese eslabón hoy es nulo, y el que va a vender lo tiene que hacer solo.

¿Los frigoríficos hoy venden mejor?

Sí, pero es porque el mercado está muy bien y porque son muy eficientes. Nuestra industria frigorífica probablemente sea la mejor del mundo. Estuve recorriendo Estados Unidos, que exige que tu industria sea un quirófano, y no podés creer cómo tratan la carne, entrás a las cámaras chapoteando en sangre. Te das cuenta de que es un doble discurso. Nuestra industria frigorífica puede competir con cualquiera y es excelente negociando, pero no está en su objetivo llegar más allá de la caja de 25 kilos. Se la entrega a un cubano en Miami y este en la distribución después le gana 50 veces el valor a ese corte. 

TARJETA PERSONAL

Ingeniero agrónomo (Udelar), doctorado (Universidad Federal de Río Grande do Sul). Fue profesor de la Cátedra de Cereales y Cultivos Industriales de Facultad de Agronomía; asesor de empresas ganaderas; y consultor en Paraguay, Panamá y Angola. Fundador y director de Conexión Ganadera. Columnista en El Observador y participante de La Tertulia de En Perspectiva. Actual vicepresidente de la Cámara de Comercio Mercosur-ASEAN

Sección: Al Grano – Revista Verde N°97

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