El panorama está “complicado” en cuanto a la disponibilidad de contenedores para la importación y la exportación de bienes, sumado a los costos de los mismos, lo que se traslada a la cadena logística. Esa es la situación que planteó el gerente general de la Starfish Logistics, Diego Nairac, en revistaverde.com.uy.
Dijo que eso implica un encarecimiento de la operativa para los empresarios a la hora de tener que cumplir con sus compromisos con los clientes. Ese tipo de complicaciones podrían mantenerse hasta dos años más, lo que afecta la previsibilidad de los negocios, consideró.
Se refirió a que “faltan contenedores” y las empresas navieras priorizan a qué destinos envían más embarques y a cuáles no, dependiendo de varios factores. No solo hay escasez de contenedores, si no también de frecuencias, afirmó.
Tras un primer impacto negativo en el movimiento comercial internacional, debido a la pandemia Covid-19 en 2020, con el paso de los meses se reactivaron negocios pero eso encuentra la dificultad de conseguir contenedores, explicó.
Comentó que hay una mayor demanda de los exportadores porque hubo importantes volúmenes, como es el caso del arroz, carne, madera, miel, entres otros y a su vez, esos productos tienen una importante demanda internacional.
“Falta de contenedores y alta demanda por los mismos, genera un aumento exponencial de los costos para los exportadores”, enfatizó. Y calculó que el incremento de los fletes para exportar se ubica entre un 30% a 50%, y en algunos casos hasta de un 100%.
Si el costo de un contenedor pasa en un mes de US$ 3.500 a US$ 7.000 es muy difícil poder trasladarlo al comprador del destino, citó a modo de ejemplo.
Señaló que los destinos más costosos comprenden el tráfico de mercadería hacia los países asiáticos y la costa este de Estados Unidos. Hacia China el incremento va de 50% a 60%, acotó.
También subió el costo de las importaciones, “hoy un contenedor desde China está en torno de los US$ 10.000, cuando previo a la pandemia no superaba los US$ 3.000”.
Además, informó que se ha incrementado el costo de los tiempos de espera y se están aplicando multas por incumplimientos en los ritmos de descarga.
El costo de los arrendamientos de campos es uno de los factores de cara a la planificación de la producción agrícola, especialmente en un contexto de mejores precios para los granos, respecto a años anteriores. En el marco de la conferencia de lanzamiento del ciclo agrícola 2021-22, titulada ¿Por dónde pasan las oportunidades para capitalizar el actual escenario?, que organizó revistaverde.com.uy el miércoles 16, ese tema fue abordado por varios actores del sector.
Los empresarios Nicolás Martínez, de Agromotora Flores, Federico Frick, de Agropecuaria del Litoral, y el productor agrícola Alexis Baranov, que opera en Río Negro, se refirieron a ese asunto atendiendo al impacto que tiene en el negocio.
En la zona centro se viene de uno de los peores años de productividad en los cultivos de verano, debido al golpe de la seca en los resultados productivos y eso puede influir en el sector, comentó Martínez. De todos modos y teniendo en cuenta las expectativas que generar los precios agrícolas, dijo que el dueño del campo que arrienda “siempre tira un poco de la piola y pide un poco más” .
“Tampoco vemos una llegada masiva de interesados” en arrendar tierras, son “las empresas que ya están instaladas las que siguen explotando los campos y las que pueden crecer”. En ese contexto, reconoció que “hay un ajuste al alza” en los precios de las rentas.
Frick, por su parte, coincidió en que es casi “inevitable” un aumento en el costo del arrendamiento, porque la mayor parte de los contratos están basados en kilos de soja y al subir los precios suben las rentas. Además, al haber más interés por el negocio, en algunas zonas se da una puja por campos agrícolas que motivan una suba de las rentas también en kilos. Eso es un factor que “ajusta márgenes instantáneamente”, dijo.
En tanto que Baranov resaltó que los últimos años se comenzaron a utilizar los contratos de aparecerías. No obstante, señaló que en su caso el mayor porcentaje de los campos los tenemos arrendados en kilos de soja.
El tema de los arrendamientos agrícolas fue uno de los analizados en la conferencia de lanzamiento del ciclo agrícola 2021-22, vea el segmento completo
El cultivo de girasol parece recobrar atractivo para los productores agrícolas uruguayos. Eso ocurre en un contexto en el que la campaña 2020/21 en la producción de girasol a nivel mundial fue complicada, debido a que las previsiones indicaban una 55 millones de toneladas totales, pero que terminó en 50 millones. Así lo señaló el analista de mercados, Agustín Baqué, a revistaverde.com.uy.
Explicó que eso se debió al impacto negativo de una sequía en la zona del mar Negro, donde están los grandes productores como lo son Rusia y Ucrania.
Pero también otros países de Europa del Este registraron ese tipo de problemas. En la región, Argentina tuvo una menor producción por el déficit hídrico, que derivó en que en lugar de producir 3,2 millones de toneladas pasó a tener 2,7 millones, comentó.
Se refirió al efecto que tuvo la pandemia Covid-19 en el mayor consumo de aceite de girasol, que tiene una demanda concentrada en los hogares. Con esos elementos en los primeros meses del año el aceite registró un precio de unos US$ 500 más que el de soja, advirtió.
Precisó que el aceite de girasol llegó a tocar los US$ 1.500 este año, pero luego algunos países que tiene peso en la demanda, como China e India, optaron por cambiar de aceite en su consumo. Eso hizo que la diferencia entre el precio del aceite de girasol y el de soja bajara a US$ 150.
La creciente demanda de aceite motivó una expansión del área de cultivo de girasol en varios países europeos y algo similar pasará en Argentina, indicó.
El mercado internacional de carne ovina presenta características salientes: precio elevado y creciente, muy alta concentración en la oferta y demanda en aumento. Para la carne ovina uruguaya existe demanda sostenida y creciente en volumen y precio. Existen restricciones de acceso a mercado que inhiben el total aprovechamiento de las oportunidades, sostiene el Instituto Nacional de Carnes (INAC) en un documento presentado en su pagina web.
Sobre el mercado internacional señala que la carne ovina se posiciona como un segmento de alto valor dentro de la oferta global de proteína animal. La carne ovina ocupa un segmento de mercado relativamente “pequeño” en el comercio internacional de carnes, al considerar las cuatro principales carnes, el comercio ovino es el de menor magnitud relativa. La comercialización anual promedio de carne ovina en los últimos cinco años fue de US$ 5.200 millones y 870 mil toneladas aproximadamente. Esto es el 6% del valor y 3% del volumen comercializado internacionalmente de carnes y menudencias.
El mercado internacional de carne ovina ha crecido 63% respecto a los valores comercializados en 2010. La mayor parte de este aumento se explica por China, que representa el 65% del incremento total. Estados Unidos y Qatar fueron el segundo y tercer importador con más dinamismo en este período, representando el 15% y 7% del aumento respectivamente, informa INAC.
En los últimos cinco años, la carne ovina se ha comercializado a un precio promedio de US$ 5.800 por tonelada aproximadamente. En términos reales, esto es cuatro veces superior al de la carne aviar y dos veces superior al de la carne porcina. Para el caso de la carne bovina, la brecha es de 20% a favor del ovino. Además, la tendencia de largo plazo muestra un marcado encarecimiento relativo de esta proteína respecto al resto de las carnes: desde 1990, la carne ovina se ha encarecido a un ritmo anual promedio de 3% respecto a la carne aviar, porcina y bovina
En cuanto a los actores participantes de este mercado, se observa una alta concentración del lado de la oferta: En 2020, Australia y Nueva Zelanda representaron cerca del 90% del valor comercializado de carne ovina. Uruguay aportó cerca del 1%. Este patrón se ha mantenido estable los últimos diez años. Por su parte, el lado de la demanda presenta una mayor diversificación: En 2020, China fue el importador más relevante en valor, con 28% del valor total importado. Otros importadores relevantes son Estados Unidos, la Unión Europea y Medio Oriente
Existe demanda sostenida y creciente para la carne ovina uruguaya. En 2020, Uruguay exportó carne ovina por un valor de US$ 76 millones y 15 mil toneladas. Esto representa el 4% de la exportación total de carnes y subproductos, y el 1% de las exportaciones de bienes de nuestro país. En los primeros cinco meses de 2021, las exportaciones de carne ovina alcanzan un valor de US$ 51 millones y 10 mil toneladas, representando un crecimiento de 140% en valor y 150% en volumen respecto al mismo período de 2020.
El mercado de colocación más relevante fue China, el cual adquirió el 63% de las exportaciones uruguayas en valor. Brasil fue el segundo más relevante, con una participación de 24%. La alta participación de China en la canasta de destinos de exportación de carne ovina uruguaya es un fenómeno relativamente reciente: el gigante asiático desplazó la posición de Brasil como destino dominante en 2019, luego de que este último haya permanecido ocho años como principal mercado de exportación. Esta tendencia se afirma en los primeros cinco meses de 2021: en este período, representó el 85% de las exportaciones de carne ovina uruguaya en valor.
En cuanto a los productos, se percibe una clara tendencia a la concentración de las exportaciones en carcasas, canales y medias canales en detrimento de cortes definidos. Este patrón está directamente relacionado con el aumento de la participación de China en la canasta de destinos de exportación uruguaya.
ACCESO A MERCADOS
Uruguay posee un nivel de acceso “intermedio” a los mercados internacionales de carne ovina: Actualmente, nuestro país accede al 43% del comercio mundial. De este valor, 31 puntos porcentuales (pp) se explican por el acceso al mercado de carne con hueso a China. Los que siguen en relevancia son los mercados con hueso de Estados Unidos (5 pp) y el de Emiratos Árabes Unidos (1 pp). Cabe destacar que Arabia Saudita, UE y Reino Unido, por ejemplo, son países para los que existe habilitación sanitaria pero distintos elementos inhiben que se materialice comercio en volúmenes sustantivos.
Para aumentar este nivel de acceso a los mercados y aprovechar las oportunidades descritas anteriormente, es necesario trabajar en torno a dos conjuntos de obstáculos:
Acceso sanitario: los mercados internacionales tienden a imponer mayores exigencias sanitarias a la importación de carnes con hueso que a la carne sin hueso. El 77% del comercio de carne ovina es con hueso, lo que implica que superar estas barreras sanitarias es altamente relevante para maximizar el aprovechamiento de este mercado. Actualmente, Uruguay no cuenta con habilitaciones a mercados con hueso relevantes, como Reino Unido, la Unión Europea y Canadá. Asimismo, Uruguay cuenta con acceso para carne ovina con hueso en Estados Unidos bajo condiciones específicas de bioseguridad (“compartimento ovino”). Esto implica que la mayoría de la carne ovina nacional no sea elegible para este destino.
Acceso arancelario: Uruguay accede a China, su principal mercado, en condiciones de relativa desventaja frente a los principales competidores, Australia y Nueva Zelanda. Mientras que la carne ovina uruguaya accede con un arancel promedio de 15% al gigante asiático, Australia accede con un arancel de 3% (que será 0% en pocos años) y Nueva Zelanda lo hace con 0%. Existen otros mercados donde Uruguay no cuenta con acuerdos comerciales preferenciales pero donde los aranceles no son una barrera, dado que los aranceles por defecto que se cobran a estos productos son relativamente bajos (Estados Unidos y Canadá).
En la zona este del campo uruguayo el panorama productivo pinta bien, considerando que fue un “año soñado”, dijo el empresario agrícola ganadero, Gustavo Ferrari, el miércoles 16 en el programa Punto de Equilibrio en Carve y revistaverde.com.uy.
Advirtió que es importante tener cuidado con lo que interpretan los políticos que piensan que los sojeros son todos ricos, pero se olvidan que la seca pegó y el rinde promedio nacional será inferior a los 2.000 kilos por ha. En el este “la cosecha de soja fue buena, la de sorgo también y la de arroz fue muy buena”, reconoció.
Comentó: “Sembramos soja pensando en vender a US$ 320 la tonelada y la terminamos vendiendo a US$ 500, aunque una parte se vendió a US$ 380”.
El rendimiento de los granos de verano en esa región fue algo superior al promedio país, con 2.300 a 2.500 kilos por hectárea en soja, indicó.
Dijo que en el caso del sorgo el rinde se ubicó entre 5.000 y 6.000 kilos por hectárea, favorecido por un régimen de lluvias frecuentes.
Un negocio atractivo para los productores es la exportación de sorgo a Taiwán, en un precio de US$ 200 la tonelada puesto en puerto de Montevideo. Unas 2.000 toneladas del grano serán embarcadas en esta oportunidad, precisó.
Ferrari se mostró optimista respecto a la próxima siembra de los diferentes granos, principalmente de arroz y de soja. Pero a la vez marcó que en caso de concretarse la eventual apertura del mercado chino para el sorgo uruguayo supondrá una competencia para el arroz en esa zona del país.
En cereal rindió 9.900 kg/ha, incluyendo importantes premios por calidad; además la oleaginosa promedió 4.700 kg/ha; y las pasturas produjeron 250 kg de carne/ha
La segunda zafra del sistema arroz-soja- ganadería con riego por pivot en Uruguay tuvo resultados muy alentadores, confirmó a VERDE el ingeniero agrónomo Gonzalo Zorrilla, investigador a cargo de esta experiencia que llevan adelante varias instituciones y empresas con la financiación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII).
El proyecto de validación se lleva adelante en el establecimiento El Arroyito, de Ramiro y Martín Gigena, en la zona de Vergara, Treinta y Tres. Es liderado por la empresa GND-BR, representante de los equipos de riego Krebs en Uruguay, en alianza con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), la empresa de maquinarias y equipos Aramis SRL y el apoyo técnico de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria (EMBRAPA).
Zorrilla recordó que la zona donde se desarrolla esta experiencia es de lomadas, cercana a la zona arrocera clásica de la empresa de Ramiro y Martín Gigena. Allí no se sembraba arroz justamente por esa topografía del suelo. “Con un pivot de 20 hectáreas se hicieron alternadamente soja y arroz en cada mitad del círculo, permitiendo obtener coeficientes técnicos de una rotación arroz-pasturas invernales-soja o soja-pasturas invernales-arroz”, señaló.
Sobre los resultados de la experiencia, destacó que “si miramos la línea de tiempo de dos años del proyecto, obtuvimos en promedio 9.000 kilos de arroz por hectárea, 250 kilos de carne, 4.000 kilos de soja y, a pesar de que el proyecto culmina ahora, debiéramos incluir el segundo invierno con otros 250 kilos de carne. Es muchísima producción y utilizando precios moderados, no con los máximos de este momento, son U$S 2.450 de ingreso bruto por hectárea por año. Eso reafirma lo que muchos dicen, que el riego le pone un segundo piso al campo”.
El investigador sostuvo que, con estos valores y volúmenes de producción, y sabiendo más o menos los costos del año pasado, “uno estima que la recuperación de la inversión está bastante asegurada, porque la productividad es muy alta. Da mucha flexibilidad en caso de que los rendimientos o los precios no sean tan buenos”.
Zorrilla anunció que se realizarán informes técnicos y publicaciones de divulgación, que saldrán en los reportes anuales de arroz de INIA, además de alguna otra publicación para que quede bien documentado.
Pero advirtió que “estos sistemas no son para cualquiera y requieren de un productor propietario de la tierra o con estabilidad de largo plazo, tener la fuente de agua y la capacidad de invertir. Es interesante analizar en estos casos los excelentes incentivos fiscales que hay en este momento a través de la COMAP”.
Agregó que la mejora en la eficiencia del uso del agua es otro valor importante. “Una cuenta sencilla da que, con el volumen necesario para una hectárea de arroz inundado, se podría plantar una hectárea de arroz y otra de soja bajo riego por aspersión. Además, la disponibilidad del riego en cualquier momento, permite utilizarlo para la pastura invernal, asegurando una producción ganadera de alta rentabilidad. Ya hablamos de 250 kilos de carne, en un verdeo que solo tuvo el costo de la semilla, una urea y poco más”, detalló.
Rendimientos
Un componente clave de este proyecto es la productividad, y este año “se cumplió con creces. El año pasado habíamos obtenido muy buenos rendimientos en arroz y apenas aceptables en soja (para un sistema de riego). Fueron 9.300 kilos de la variedad INIA Merín en arroz y 7.500 en la variedad INIA Olimar; y habíamos llegado a 3.050 kilos en soja”.
El ingeniero agrónomo destacó que en esta zafra los rendimientos “mejoraron sustancialmente. Usamos solo la variedad INIA Merín, porque en la zafra 2019/20 se confirmó la información que nos brindaba EMBRAPA: que necesitábamos un ciclo largo para aprovechar a pleno este sistema de riego. El rendimiento final de arroz seco y limpio fue de 9.200 kg/ha, que en función de los premios por calidad aumentó un 7,4%, llegando a los 9.900 kilos por hectárea de arroz sano, seco y limpio”.
Y en la soja dijo que “tuvimos el salto cualitativo más grande, porque el año pasado habíamos tenido problemas, y ahora se obtuvieron 4.700 kilos de soja por hectárea”.
Sobre los problemas de la zafra anterior, Zorrilla recordó que fueron climáticos y de manejo, y no estuvieron asociados al sistema.
“Con el arroz este año tuvimos más confianza en el manejo, que resulta muy sencillo, con siembra directa, sin laboreo ni taipas, y sembrado sobre el rastrojo de la soja del año anterior. Tal vez el componente más novedoso de esta zafra es que se pudo aplicar a pleno la tecnología disponible de fertirriego y quemirriego, que tiene el pivot del proyecto. Casi toda la fertilización nitrogenada y alguna aplicación de bioinsumos se hizo a través del agua del riego y, por lo tanto, no hubo costos más allá de los productos”, detalló.
El investigador resaltó que “lo más importante es la contundencia del resultado físico, que confirma que se pueden obtener muy buenos rendimientos con este sistema. Pienso que los costos van a estar muy acotados y pueden ser incluso menores que el año pasado. La calidad de grano fue excepcional, al igual que en la zafra 2019/20. A priori, uno podría pensar que este riego sin inundación podría ser riesgoso para mantener la calidad del arroz, pero eso no ocurrió, y fue lo opuesto”.
Comentó que las muestras de los granos se llevarán al Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), para el análisis de presencia de arsénico, ya que una de las hipótesis del proyecto es que con este sistema de riego no debería haber presencia de este elemento en el grano. “El resultado del año pasado fue prácticamente cero, y ahora debería ser igual”, dijo.
También recordó que el año pasado, a fines de diciembre, la soja tuvo problemas de enfermedades del tallo. “Quizás estábamos excedidos en el riego, estábamos aprendiendo, y además tuvimos problemas de control de chinches. Sacamos 3.070 kilos, y la cuenta nos daba U$S 900 de costo. Con los precios de la soja del año pasado, casi estábamos empatando”, comentó.
En el inicio del proyecto la meta era obtener al menos 3.500 o 4.000 kilos por hectárea, y en esta zafra eso se logró con creces. “A pesar de los problemas de manejo iniciales, tuvimos fitotoxicidad por un problema de herbicida en el tanque de la fumigadora, el cultivo se recuperó y tuvimos un rendimiento que superó mis expectativas”, destacó.
Manejo del arroz
El manejo fue similar al del año pasado, con un eficiente control de malezas y sin uso de fungicidas “Todavía no tengo los costos, pero estimo que fueron iguales o menores a los del año pasado, porque se hicieron cinco aplicaciones de urea y, salvo la del macollaje, que se hizo por tierra, las demás fueron a través del fertirriego”, indicó.
Zorrilla aseguró que el manejo en sí no tuvo inconvenientes, y destacó que “el riego se mantuvo hasta tres días antes de la cosecha. Suponemos que esa fue la razón por la que dio unos indicadores de calidad de grano excepcionales. Tuvo 7,4% de premio. De arroz seco y limpio salieron unos 9.200 kilos, pero de arroz a pagar al productor fue 9.900 kilos. Ese es otro componente muy valioso”.
Entre los aspectos claves, detalló el tratamiento de las semillas para la siembra, con fungicida e insecticida y, además, con el protector Protex, de Tafirel, que protege a la plántula de aplicaciones altas del herbicida clomazone.
“Un manejo clave para la eficiencia del control de las malezas en este sistema, es una aplicación en preemergencia, lo más cerca de la salida del coleóptilo a la superficie (punto de aguja) con altas dosis de clomazone y glifosato. Esto brinda un control inmediato de malezas pequeñas y una protección prolongada por la residualidad del clomazone. Luego se completa el control con una aplicación de herbicidas posemergentes económicos, que evitan mayores inconvenientes de malezas”, señaló.
El ingeniero agrónomo también se refirió al uso de los inoculantes de Lage, Graminosoil y EndoRice, con capacidad de fijación de nitrógeno (N) atmosférico. “El primero, a base de Azospirillum, se aplicó como tratamiento de semillas; y el segundo, a base de Herbaspirillum, fue aplicado al macollaje mediante el fertirriego”, detalló.
A propósito, agregó que “tratamos de ponerle todos los respaldos posibles a la planta, y el conjunto respondió muy bien”, aunque admitió que solo con esta prueba “no somos capaces de decir cuánto aportó cada uno”.
En relación a la fertilización basal, Zorrilla dijo que “las dosis son bastante mayores a las que se utilizan en arroz inundado. Utilizamos las recomendaciones de EMBRAPA, que nos orientaron al respecto, ya que no tenemos recomendaciones nacionales para este sistema de cultivo. Al no tener saturación del suelo, está claro que el cultivo no tiene la disponibilidad de una cantidad de nutrientes que sí la tiene el arroz inundado”.
La fertilización basal se completó con 16 unidades de nitrógeno, 78 unidades de fósforo y 120 unidades de potasio. “Es una fertilización basal bien potente. En nitrógeno prácticamente no hay diferencias respecto al arroz inundado. Pero hoy el sector arrocero en general está usando bastante menos fósforo, no más de 40 unidades; y el potasio depende de la chacra, pero en general no se usa un volumen tan grande, como en este caso”, explicó.
Manejo de la soja
Sobre el manejo en soja, dijo que “fue bastante clásico. Lo que sí hicimos, a consecuencia del problema que tuvimos de fitotoxicidad con un herbicida para arroz, fue un tratamiento de salvataje, y aplicamos un fertilizante foliar (Naturamin, de Agrofuturo). Y, a recomendación de Lage, aplicamos una dosis nueva de inoculante de soja, todo a través del fertirriego. Los resultados fueron excelentes, pero fue algo que se hizo solo por oportunidad ante este problema imprevisto”.
Se hizo una fertilización inicial muy fuerte, de 115 unidades de fósforo y 138 de potasio, en función del análisis de suelo y recomendación de EMBRAPA. “Los herbicidas fueron los de siempre, y el paquete de fungicidas, fertilizantes foliares e insecticidas hacia el final del ciclo en función del manejo clásico”, describió.
El agua
Zorrilla comentó que otro componente fundamental de este proyecto de validación es el uso del agua de riego. Saber qué volúmenes se necesitan, cuánto cuesta y cuál es la eficiencia de uso. “Los trabajos de varios años en Brasil hablan de 600 a 700 milímetros de riego para el arroz. El año pasado, con la variedad INIA Merín, llegamos a utilizar más de 900 milímetros, pero fue un año extremadamente seco, hubo que regar prácticamente todo el verano, casi todos los días. Este año bajó bastante, fueron 830 milímetros, en un año muy seco hasta mediados de enero y muy lluvioso de ahí en adelante. Pero siguen siendo niveles superiores a los de Brasil, aunque tampoco es algo que ajustamos mucho. Lo único que hicimos fue regar cuando no llovía. Quizás es un aspecto de manejo a optimizar. La soja se regó con casi 200 milímetros, lo cual está dentro de los parámetros esperables”, informó.
El investigador comentó que “están pendientes los cálculos de costos y de eficiencia del uso del agua para cada cultivo, lo cual brindará información valiosa para la presupuestación de productores que puedan interesarse por desarrollos de este tipo. Más adelante, en el año, dispondremos del análisis completo de la zafra 2020-21 y del análisis conjunto de las dos zafras e informes finales del proyecto”.
“Me adelanto a indicar que cumplió con creces la intención de validar un sistema intensivo de este tipo. En buena medida se debe al trabajo interinstitucional, en conjunto con los productores que llevaron adelante los cultivos”, concluyó.
Hace unas tres semanas la relación entre el precio promedio de exportación de carne vacuna y el novillo gordo mostraba un valor de US$ 4.200 la tonelada para el primero y de US$ 4 el kilo para el segundo. Actualmente el ingreso medio de exportación pasó a casi US$ 4.500 y el precio del ganado quedó prácticamente igual, por lo cual esa relación está dirigiéndose más hacia el lado de la industria frigorífica. Así lo analizó el director de Agrofocus, Gonzalo Ducós, el lunes 14 en el programa Punto de Equilibrio en Carve y revistaverde.com.uy.
Dijo que el planteo que se hace en la consultora es el de acelerar las ventas del ganado que esté pronto para faena y apurar las compras de las categorías de reposición porque la relación flaco-gordo “está del lado del invernador”.
En noviembre de 2019 el valor del novillo era de US$ 4 el kilo y el del ternero era de US$ 2,55, lo que daba una relación de 1,33. Hoy esa misma cuenta resulta en 1,06, comentó. La relación ganado de reposición con novillo gordo en la serie de los últimos diez años muestra un promedio de 1,25.
Ducós consideró que el comportamiento del productor es de cautela, “para no cometer ninguna locura”, en base a la experiencia vivida en 2019 “cuando hubo una disparada de los precios de reposición, donde se compró el ternero a US$ 2,55 y luego se vendió el novillo a US$ 3,20, eso motivo un descalce importante”.
Además, al tener todo el invierno por delante impacta en la relación flaco-gordo. “El dato de crecimiento de pasturas y verdeos que publica Inia La Estanzuela ha sido el menor de los últimos 10 años, todo el mundo está con poco pasto y eso pesa en las decisiones”, según el asesor.
Otro factor que incide es la producción agrícola, “en las empresas que asesoramos estamos viendo un crecimiento en el área de soja mayor al previsto”. Otra decisión que “ya se tomó” es la de aumentar el área de cultivos de invierno y “eso le saca espacio a los puentes verdes, en esos casos había receptividad de ganado, hoy no la tienen y esa demanda de ganado no está”. Los granos “son un fuego” por lo tanto “la suplementación no permite tener posibilidades importantes porque las relaciones de intercambio no serían del todo favorables”, concluyó.