Osvaldo “Tono” Alberti, director de Agroinsumos Carmelo, conoce de primera mano la historia de la producción agrícola, repasó su trayectoria y analizó los actuales desafíos.
A sus 72 años el empresario Osvaldo “Tono” Alberti, director de Agroinsumos Carmelo, ha trabajado con tres generaciones de agricultores en esa zona del país. Estima que su negocio atiende a unas 15.000 hectáreas de cultivos de invierno y un área similar de verano, ya que en esa región los sistemas son de doble cultivo, influenciados por el alto costo de la tierra. Durante este diálogo con VERDE, Alberti analizó la evolución de la agricultura en Uruguay, la actualidad del negocio y los desafíos a superar.
“Los últimos años han pasado volando, y eso que ahora estoy más tranquilo”, comentó en un momento de la charla. El empresario destacó especialmente el equipo de su empresa, con su hija Valeria liderando la administración, el personal que está en la sede de Agroinsumos Carmelo y los ingenieros agrónomos que asesoran a los productores. Pero Alberti también es agricultor, y de esa actividad se encargan su hijo y su nieto. “Toda la familia participa”, valoró.
Consultado sobre la actualidad del negocio agrícola, respondió: “lo veo ajustado”. Explicó que los precios son bajos y los costos para producir son altos. Analizó que en la pasada zafra de verano “la soja nos salvó, por los rindes que hubo”, pero afirmó que “no quedó mucho” en las cajas de las empresas agrícolas,
En cuanto a la actual zafra de invierno, dijo que “viene encaminada”, estimó que “aparentemente será una buena zafra” y valoró que las implantaciones de los cultivos “han sido buenas”. También destacó que el resultado positivo del pasado año agrícola, a pesar de los bajos precios, que permitió que muchos productores pudieran acomodar su situación económica. Pero advirtió por el alto precio de las rentas.
Precios de las rentas
“Veo que los valores de las rentas son altos. Entiendo que el dueño del campo se acostumbró a los buenos precios, y después es difícil volver atrás, pero estos números son muy apretados. En esta zona se habla de hasta US$ 500 por hectárea al año. La mayoría de los propietarios de campos ahora quieren que se les pague en dólares, ya no en kilos de producto”, explicó.
E insistió en que sería importante mantener el pago de las rentas en kilos de producto, “porque este es un negocio de ida y vuelta”, y si los mercados cambian y los precios suben, el precio que el propietario recibirá por la renta también subirá.
Planteó, a modo de ejemplo, que si el trigo se vende a US$ 200 o US$ 210 por tonelada, ese precio exige que tenga que rendir 5.000 kilos por hectárea en un campo arrendado para pagar los costos, “no te puede dar 4.000 y algo de kilos”, advirtió. Por otra parte, reconoció que la colza “puede dar más margen”, aunque “tuvimos un año con siembras tardías”, por las condiciones climáticas”.
También señaló que si bien los agricultores de la zona tienen la ventaja de estar cerca del puerto de Nueva Palmira, y por eso el flete es un costo menor respecto a otras regiones, “esa ventaja hoy se la lleva la renta”, dijo Alberti.
Señaló que la renta promedio en la zona de Carmelo es de 1.000 kilos de soja por hectárea, pero insistió en que los propietarios están planteando volver a precios fijos en dólares, y llegan a pedir US$ 500 por hectárea. “Por menos de US$ 400 por hectárea no conseguís ningún campo por acá. Te piden US$ 400, US$ 450 y US$ 500. No sé quién que se anima, yo no lo hago”, comentó.
Analizó que quienes pagan esas rentas probablemente sean productores que incorporan áreas chicas que aparecen en la zona, y también aquellos que no quieren perder esos campos, porque “si querés pelear el precio de la renta, el dueño del campo sabe que hay 10 esperando para arrendarlo”, explicó.
También comentó que no muchos productores se han capitalizado comprando campos, y agregó que “tampoco hay muchos campos en venta, porque en esta zona valen bastante”.
Consultado sobre la nacionalidad de los productores que siembran en esa zona del país, Alberti respondió que “si bien hay algún argentino, la mayoría son uruguayos”.
El rol de distribuidor de insumos
Consultado sobre el actual momento del negocio de distribución de insumos agrícolas, Alberti respondió que “hoy los números también son muy apretados”, porque “hay mucha competencia, los márgenes son muy chicos y no podés errar en nada, porque sino quedás en el camino”.
Agregó que “hay mucha competencia. Todo el mundo quiere vender y cobrar. Ya no es como antes, había un respeto mayor por los clientes; salvo que vinieran a comprarme, yo no le iba a vender” al cliente de otra empresa.
Comentó que la clave para mantener a los clientes es prestar un buen servicio. “No me refiero solo a la atención del cliente, sino también al financiamiento, el trato con la gente, el respeto, el cumplir, tenemos ingenieros agrónomos que asisten a los productores. Tengo clientes que son la tercera generación trabajando con la empresa, hay una relación de muchos años, tengo la edad de los abuelos de muchos clientes jóvenes”, remarcó.
Productividad
El director de Agroinsumos Carmelo también destacó que “cada vez se produce más” en la agricultura uruguaya. “La tecnología que hay en Uruguay es de primer mundo. El productor apuesta a la tecnología, nos damos cuenta en un montón de cosas. Los productores apuestan a producir más kilos, porque es la única alternativa. Hasta hace pocos años el que producía 3.000 kilos de soja por hectárea era Gardel, pero ahora con 3.000 kilos no llegas a pagar los costos”, comentó.
En cuanto al cultivo de maíz, dijo que “es más dependiente de la lluvia” y que los demás cultivos “tienen buenos rendimientos”. Subrayó que en esa zona del país el año pasado “hubo gente que sacó más de 5.000 kilos de trigo y cebada por hectárea; 2.400 o 2.500 kilos de colza. Son niveles productivos de punta, pero se gasta mucho también”.
Sobre los maíces de segunda dijo que “andan muy bien”, corregido a seco se logran rindes de entre “7.000 y 9.000 kilos por hectárea”. Agregó que en la zafra anterior los maíces de primera rindieron menos, porque faltó la lluvia en “momentos claves”. De todos modos, indicó que “en general el maíz se posiciona como cultivo de segunda”.
“Este año se dio algo, que no fue normal: se sembró maíz de segunda, se cosechó grano húmedo para feedlot a fines de mayo, y todavía no se había sembrado la cebada. La demanda de granos de los feedlot es grande” y es la que sostiene el área del cultivo, comentó.
Sobre la productividad de la soja en el ciclo anterior dijo que “fue muy buena”, y estimó que en la zona de Carmelo superó los 3.000 kilos por hectárea. “Fue el mejor año en términos de productividad. Hubo chacras donde se cosecharon hasta 4.000 kilos por hectárea. Este año no escuché rindes de 2.500 kilos por hectárea, siempre fueron más de 3.000 kilos”, indicó.
Además, valoró que “la comercialización es muy buena, se vende y a los 15 días se cobra”. Y, a la vez, destacó que los productores invierten en los cultivos. “Más hoy en día, cuando hay malezas resistentes”, entre otras dificultades, que exigen inversión, de lo contrario no se logran los resultados, insistió.
Los cambios
Alberti recordó que la exportación de granos significó “un antes y un después” para la agricultura uruguaya. Comentó que “antes el trigo valía, por ejemplo, US$ 200 por tonelada en invierno, y cuando se cosechaba valía US$ 90 o U$S 100”, y “mucha gente quedó por el camino por ese motivo”.
“Hubo momentos en que quedaron por el camino productores que no tendrían que haber quedado. Buena gente, trabajadora. Por crisis de precios y factores climáticos”, lamentó el empresario.
Dijo que si en Uruguay se plantaban 100.000 hectáreas de trigo “sobraba la producción, y éramos fundamentalmente trigueros, no se hacían cultivos de verano, solo algo de maíz y girasol” para el consumo interno.
Agregó que en los años 2000, con la exportación de girasol, “comenzó a darse un cambio grande y seguro en todo sentido”. Pero “el gran cambio ocurrió con la soja y las ventas anticipadas”, eso “generó otra cosa” en la agricultura, analizó.
El empresario también valoró que actualmente “hay precio para vender trigo a cosecha, te pagan US$ 210 por tonelada; si querés vender cebada, podés vender al precio del trigo en Chicago; y si querés vender soja del año que viene, ya podés vender. Con esa base ya podés cubrir tus costos”.
Analizó que “el gran cambio fue tener la posibilidad de hacer negocios de forma anticipada”, y eso “tracciona todo”.
Financiamiento
A propósito del aspecto financiero, el director de Agroinsumos Carmelo comentó que “hasta ahora el cumplimiento del productor ha sido bueno”. A propósito, agregó: “tratamos de cuidar los créditos. Así como hemos tenido años muy buenos, también hemos tenido años malos”. Por último, Alberti afirmó que “tenemos que buscarle la vuelta, si el año es malo y un buen cliente no pudo pagar, tenemos que esperarlo un poquito, porque tampoco podemos quedarnos sin productores”.
El 18 de setiembre de 2025, el senador del Partido Nacional Sergio Botana presentó en el Parlamento un proyecto de ley que prohíbe a los frigoríficos ser propietarios, gestores o controladores de sistemas de engorde a corral (feed lots).
La iniciativa fue elevada a la vicepresidenta de la República, Carolina Cosse, junto con su exposición de motivos, en la que se plantea la necesidad de preservar un mercado ganadero “justo, competitivo y transparente” y evitar la concentración de poder de mercado.
El texto advierte que la integración vertical entre producción ganadera y faena industrial puede permitir la manipulación de precios de la hacienda en pie y reducir la competencia. “La coexistencia de roles de comprador y productor podría permitir al frigorífico la manipulación del precio de referencia del ganado en pie y reducir la transparencia del mercado”, señala la exposición.
El proyecto establece que los frigoríficos que actualmente cuentan con corrales podrán mantenerlos solo en la capacidad instalada al momento de entrada en vigencia de la ley, pero no podrán ampliarla. Además, limita que el ganado propio o de su grupo económico no supere el 25% de lo faenado semanalmente en cada planta (50% si es para Cuota 481).
La propuesta incluye:
Declaración jurada obligatoria ante el MGAP sobre la capacidad de encierro en un plazo de 90 días, con carácter público.
Habilitación y fijación de capacidad máxima a cargo del MGAP.
Control y fiscalización por MGAP y Defensa del Consumidor, con potestad de auditorías y verificaciones en campo.
Sanciones que incluyen multas equivalentes al doble del valor del novillo tipo para quienes superen el límite de animales habilitados.
Convenios de venta futura permitidos para frigoríficos con productores independientes, con el objetivo de brindar previsibilidad.
La exposición de motivos subraya que el feed-lot es un fenómeno “absolutamente positivo” para la producción de terneros y la mejora de la oferta exportable, pero advierte que es necesario evitar riesgos de concentración como los ocurridos en Estados Unidos, donde cuatro empresas controlan el 85% de la oferta de carne.
Según el texto, en Uruguay el engorde a corral pasó del 9% al 16% del total de cabezas faenadas y de los 370.000 animales de feed lot enviados a planta, 130.000 provienen de corrales que pertenecen a frigoríficos.
El relevamiento de Fucrea en la zafra 2024/2025 abarcó 73 empresas y más de 2.700 chacras agrupadas en 10 grupos CREA, en su mayoría agrícola-ganaderos y marca que el 79% de la superficie estuvo en doble cultivo.
Desde que Fucrea comenzó a relevar datos agrícolas en 2006 la superficie incluida creció de forma sostenida, con aumentos tanto por expansión agrícola como por la incorporación de más empresas al registro. En los últimos cuatro o cinco años, el doble cultivo se mantuvo por encima del 50%, afirmó el ingeniero agrónomo Gonzalo Invernizzi, al repasar los resultados de la anterior zafra de verano.
El rendimiento promedio de la soja de primera en la zafra 2024-2025 fue de “3.299 kg/ha”, un valor estable respecto a las últimas dos décadas, y muy similar al de la campaña 2018-2019. Invernizzi destacó que es posible dividir la serie de rendimientos de Fucrea en dos tramos: de 2006 a 2015, con valores estables, y desde entonces, alternando años de rindes altos y otros afectados por sequías, con mayor variabilidad.
El mapa de distribución mostró contrastes marcados. En Flores, norte de San José, Colonia y oeste de Soriano se superaron los 3.500 kg/ha; en el centro del país se registraron valores intermedios, y en el litoral-norte hubo un área extensa que quedó en rojo intenso, con rindes muy bajos debido al granizo de febrero. Este evento afectó unas 8.000 hectáreas, el 6% del área de soja de Fucrea, distribuidas en 14 campos. Allí, los rindes cayeron 1.000 kg/ha en promedio, tanto en riego como en secano.
La pérdida económica estimada por granizo en soja de primera y de segunda, sumando riego y secano, fue de unos US$ 6 millones para el área relevada por Fucrea. Al descontar el efecto del granizo, el promedio aritmético de soja de primera subió a 3.299 kg/ha. Las zonas más determinantes fueron las del litoral-sur y centro, que promediaron 3.565 kg/ha, mientras que el litoral-norte quedó en 2.932 kg/ha, aún sin daño directo.
En el litoral-norte la falta de lluvias en enero y en marzo redujo los rendimientos, mientras que en el litoral-sur y centro las precipitaciones abundantes entre enero y marzo permitieron promediar 3.300 kg/ha. El análisis por rangos de lluvias mostró que, en esas zonas, menos de 370 milímetros en el trimestre dejó rindes cercanos a 3.300 kg/ha, y más de esa cantidad los elevó a unos 3.700 kg/ha, señaló el técnico.
Otras variables también influyeron: en áreas con menos lluvias el material sembrado fue clave, así como el potasio en el suelo, que actúa como indicador de calidad. Niveles altos permitieron explorar potenciales más altos, sobre todo en zonas con buena pluviosidad.
La heterogeneidad de precipitaciones determinó que dentro de un radio de 200 a 300 kilómetros se registraran entre 0 y 200 milímetros en un mismo mes. En enero las mejores zonas fueron Flores y Colonia, con lluvias abundantes que coincidieron con los máximos rendimientos.
Para la soja de segunda el promedio general fue de 3.189 kg/ha. De 3.364 kg/ha en litoral-sur y centro, y de 2.821 kg/ha en litoral-norte. Por primera vez se rompió el techo de 3.000 kg/ha. Al aislar el efecto del granizo, la variable principal volvió a ser la zona, pero en segundo lugar apareció la fecha de siembra como factor determinante: las implantaciones anteriores al 15 de diciembre rindieron 483 kg/ha más que las posteriores.
La soja de segunda mostró un comportamiento muy similar al de la de primera en cuanto a distribución de rendimientos. Las zonas de Flores, norte de San José, Colonia y oeste de Soriano registraron los valores más altos; mientras que el litoral-norte presentó cifras más bajas y áreas puntuales afectadas por granizo.
En el litoral-norte, las lluvias moderadas de febrero se asociaron con los mayores rendimientos (3.067 kg/ha) en siembras de la primera quincena de diciembre. En el litoral-sur y centro las siembras previas al 19 de diciembre alcanzaron 3.568 kg/ha.
El análisis conjunto de soja de primera y segunda confirmó un patrón histórico: en las siembras a partir del 16 de noviembre el rendimiento disminuye 11 kg/ha por cada día de atraso. Este valor, relativamente bajo en comparación con otros años, se explica por un marzo con buena lluvia y radiación.
El potasio en suelo también tuvo un rol relevante. Aproximadamente el 50% del área cuenta con análisis, y dentro de esa superficie, un 20% supera el nivel crítico de 0,5 meq/100g, con rendimientos superiores al promedio. Niveles altos se asocian a suelos con buena capacidad de intercambio catiónico, menor historial agrícola y otras características favorables.
En el extremo superior, valores mayores a 0,8 meq/100g –apenas 2% del área– alcanzaron 3.490 kg/ha; mientras que en el extremo inferior, por debajo de 0,3 meq/100g, los rindes fueron de 2.893 kg/ha.
La fertilización con potasio está presente en el 85% del área de soja, lo que reduce la diferencia atribuible exclusivamente a la práctica, y resalta el peso de la calidad intrínseca del suelo. En algunos casos, tipos de suelo que no se esperaría que tuvieran altos niveles de potasio, como suelos 5, mostraron buenos valores.
Efecto de los cultivos antecesores
El análisis histórico de Fucrea volvió a confirmar la importancia del antecesor en los rendimientos de soja, tanto de primera como de segunda. En la serie 2009-2024 la soja de primera sembrada después de maíz obtuvo en promedio 327 kg/ha más que la implantada sobre soja. En soja de segunda la ventaja fue de 188 kg/ha.
La colza como antecesor en los cultivos de segunda dejó en la zafra pasada 264 kg/ha más sobre trigo, una diferencia menor al promedio histórico de 359 kg/ha en los últimos 12 años. El antecesor cebada mostró un efecto positivo de 91 kg/ha de diferencia promedio en la serie histórica y 89 kg/ha en la zafra pasada.
Estos resultados, según Invernizzi, reafirman que “en un año bueno, las variables de manejo que venimos midiendo siguen teniendo los mismos plus de rendimiento que en años anteriores”, lo que incluye a la fecha de siembra, la elección del material y la rotación de cultivos.
Los resultados del maíz en 2024-2025
La superficie de maíz de primera en Fucrea, que había crecido durante tres campañas consecutivas, cayó en 2024-2025 a 3.000 ha, frente a casi 7.000 ha registradas en 2023. El maíz de segunda se mantuvo estable en torno a las 10.000 ha, y el área bajo riego continuó en aumento, alcanzando casi 7.000 ha.
El rendimiento promedio de maíz de primera fue de 6.056 kg/ha, sin gran variabilidad geográfica, y muy por encima de lo que se esperaba a comienzos de la campaña, cuando los modelos de predicción anticipaban valores cercanos a 5.000 kg/ha, por una Niña moderada y prolongada.
El análisis de rendimiento mostró que la variable más influyente fue el tipo de suelo. En suelo 11 el promedio fue de 6.798 kg/ha, 1.000 kg/ha más que el resto. La distancia entre hileras fue decisiva: siembras a 76 centímetros (cm) alcanzaron 8.268 kg/ha, mientras que a distancias menores –en su mayoría 52 cm– el rendimiento cayó unos 2.000 kg/ha.
En el resto de los suelos el patrón se repitió. Hileras más amplias mostraron un promedio de 6.000 kg/ha, contra 4.200 kg/ha en siembras más cerradas. El efecto suelo 11 en la serie histórica tiene un promedio 12% mayor que el resto, con un plus del 9% en la última zafra. El antecesor también influyó: los maíces implantados sobre soja mostraron comportamientos diferentes respecto a otros antecedentes, como praderas, campo natural o verdeos pisoteados, que en algunos casos elevaron los rindes.
El maíz de segunda en la zafra 2024-2025 promedió 6.668 kg/ha en el área ya cosechada, aunque aún falta completar el relevamiento de una parte importante de la superficie. El análisis de Fucrea, realizado sobre el 59% del área, mostró que la variable más influyente fue la lluvia acumulada en febrero y marzo.
En chacras que recibieron menos de 437 mm de lluvia durante ese período, los rendimientos se ubicaron cerca de 7.000 kg/ha, lo que marca un récord histórico. En cambio, excesos hídricos, especialmente en el litoral-norte, redujeron los valores y estuvieron asociados a problemas sanitarios que afectaron el llenado.
La segunda variable determinante fue la fecha de siembra. En la zafra pasada el maíz se implantó más temprano que en años anteriores, probablemente para reducir el riesgo de chicharrita. Sin embargo, sembrar mucho antes del 11 de diciembre implicó un costo: los lotes tempranos rindieron 6.335 kg/ha frente a 7.046 kg/ha en los posteriores. El adelanto excesivo puede desplazar el período crítico del cultivo hacia momentos de mayor riesgo de sequía.
En el análisis zonal, también surgió la importancia de las lluvias de diciembre para recargar el perfil, que se asocian a mejores desempeños en determinadas áreas. El granizo afectó de forma localizada a algunos lotes, aunque sin impacto generalizado como en soja.
La secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, adelantó que la administración Trump está considerando utilizar los ingresos provenientes de los aranceles para financiar un programa de apoyo a los agricultores, en medio de la caída de las exportaciones y del aumento de los costos de los insumos.
En declaraciones al Financial Times, Rollins señaló que “podrían darse circunstancias en las que estudiemos seriamente y anunciemos pronto un paquete de medidas”. Agregó que financiar el rescate con los ingresos arancelarios “era una posibilidad innegable” y que los mercados se analizan “a diario”.
La propuesta busca responder a la creciente presión de los grupos agrícolas, después de que China frenara las compras de soja de la nueva cosecha y los aranceles incrementaran el costo de fertilizantes, maquinaria y otros insumos.
El presidente del Comité de Agricultura de la Cámara de Representantes, Glenn Thompson, inicialmente se mostró a favor de usar los ingresos arancelarios para financiar ayuda de emergencia, pero luego aclaró que “ahora no parecía legalmente posible” y que se están revisando los estatutos que lo regulan, según informó Agri-Pulse.
Otra opción es que el USDA utilice la autoridad de gasto de la Corporación de Crédito de Productos Básicos (CCC), como en 2018 y 2019, aunque Thompson reconoció que la cuenta de la CCC “ya casi se ha gastado” y debería ser repuesta por el Congreso.
Legisladores republicanos de estados agrícolas están presionando a la administración para que emita un paquete de ayuda antes de fin de año. El senador John Hoeven, quien lidera la financiación agrícola en el comité de asignaciones, confirmó que discute con la administración un enfoque similar al de la guerra comercial con China, cuando se otorgaron pagos por US$ 23.000 millones a los productores. También mencionó que la ayuda podría sumarse a un proyecto de ley de gastos gubernamentales, según publicó Reuters.
La preocupación de los agricultores quedó reflejada en una encuesta publicada por el Farm Journal, que reveló que casi la mitad de los productores de maíz cree que Estados Unidos está al borde de una crisis agrícola. Otro tercio de los más de 1.000 encuestados considera que la economía agrícola se encamina hacia esa situación.
El 76% de los productores se mostró “muy” o “moderadamente” preocupado por la situación económica, y el 65% indicó que su preocupación aumentó en el último año. “Es un incendio de cuatro alarmas en el campo”, afirmó el presidente de la Asociación Nacional de Productores de Maíz (NCGA), Kenneth Hartman Jr., al advertir sobre las dificultades económicas que atraviesan los agricultores.
La Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia resolvió denegar la autorización para la concentración económica solicitada por Athn Foods Holdings S.A.U (Minerva), Marfrig Global Foods S.A. y Allana Magellan S.L., que implicaba la adquisición por parte de Minerva del 100% de las acciones de Establecimientos Colonia S.A., Inaler S.A. y Prescott International S.A.
La decisión alcanza también a la denominada “Propuesta Ampliada”, por la que Minerva vendería a Allana Magellan el 100% de las acciones de Establecimientos Colonia S.A.
Además, la Comisión rechazó la propuesta subsidiaria de vender la planta de San José (Inaler S.A.) a un tercero, que preveía concretarse en un plazo máximo de 24 meses desde el cierre de la operación.
El organismo resolvió no expedirse sobre las diferencias contractuales entre Minerva y Marfrig, por entender que deben dirimirse en otros ámbitos competentes.
Finalmente, clasificó como confidenciales los anexos A y C presentados por Marfrig, así como la traducción parcial al español de la modificación del contrato presentada por Minerva y Marfrig. En cambio, no accedió a declarar confidencial el escrito de evacuación de vista presentado por Minerva el 18 de setiembre de 2025.
El ingeniero agrónomo Mauro Long se especializó en manejo de suelos y asesoramiento agronómico en Alemania, y coordina el proyecto de Heineken en Ruanda y Burundi.
La agricultura en Burundi y Ruanda “se parece a la Europa de hace un siglo y medio, pero la diferencia está en el modelo que uno lleva bajo el brazo”, afirmó el ingeniero agrónomo Mauro Long, quien adaptó la experiencia uruguaya al corazón de África, en campos donde casi no vio cosechadoras ni análisis de suelo.
La historia de Mauro Long comenzó en Nueva Helvecia, impulsada por una curiosidad voraz y una pasión genuina por la agronomía. “Mi vida fue marcada por la cebada”, recordó. Su madre era acompañante escolar de niños con discapacidad y su padre trabajaba en establecimientos rurales. Tras graduarse en la Facultad de Agronomía en 2023, trabajó en el campo junto a su tío, pasó por una zafra en Maltería Oriental y luego, por contacto de Fernanda Pardo, llegó a Ackermann, la empresa alemana detrás de muchos materiales sembrados en Uruguay.
Desde Alemania se sumó al equipo de Farmtastic Consulting, en Baviera, y se especializó en manejo de suelos y asesoramiento agronómico, hasta coordinar el proyecto de Heineken en Ruanda y Burundi. “El nivel al egresar te hace notar el de la demás gente, y con el que uno llega preparado”, afirmó sobre su paso por la Universidad de la República.
Su formación en Uruguay le permitió “llegar con una mirada integral”, conjugando conocimiento técnico y sentido práctico. “Siempre admiré mucho a la gente de la investigación en Uruguay, la sigo admirando”, reconoció, ya instalado en el centro de Europa.
El profesional eligió aplicar parte de los modelos aprendidos en la universidad pública –chequeos, ajustes y nivel crítico– en un entorno de grandes limitantes y donde la agricultura sigue siendo manual. La extensión rural, “acá y en China”, y la necesidad de explicar el por qué de cada recomendación, fueron su librito de manual que viajó desde Uruguay, pasó por Europa y llegó a África.
Choque de sistemas y entornos productivos
La vida diaria en Europa y África revela diferencias entre sí, y con Uruguay, que desafían a Long de forma constante. En Alemania la agricultura está “bastante subvencionada”, donde “el resultado productivo casi acompaña en importancia al de las subvenciones”, comentó. Ese apoyo estatal mantiene casi ausentes prácticas como la siembra directa. “En Uruguay la mayoría es de siembra directa, surgida para abaratar costos, pero acá muchos problemas se tapan con la asistencia”, analizó.
Por su parte, el manejo técnico sigue planteos fijos, con “aplicaciones de herbicidas y fungicidas de forma casi de calendario, siguiendo esquemas provenientes en su mayoría de la industria química”, señaló.
En papa –un popular componente de las rotaciones con trigo y cebada– los tratamientos llevan “entre siete y nueve aplicaciones de fungicida, según el paquete de las empresas”, describió. La fertilización incluye todos los macro y micronutrientes, “desde zinc hasta boro, cobre y hierro”, y depende de balances de nutrientes con análisis obligatorios cada seis años. Como ventaja, el ambiente favorece altos rindes, con cebadas de invierno que “están en torno a 7,5 ton/ha y los trigos a 8,5 o 9”. La cebada cervecera primaveral “está en torno a 6,5”, en ciclos cortos, con veranos de “17 horas de luz, con 14 o 15 en el periodo crítico”, temperaturas moderadas y suelos bien nutridos, señaló. “Nutricionalmente están impecables”, reconoció el ingeniero agrónomo, con un sistema promueve el uso intensivo de insumos, incluso para productores chicos.
En Uruguay, en cambio, decisiones suelen basarse más en la observación, y “se trata cada campo como una unidad individual”, dijo. Aunque reconoció que, “para ser justos, los sistemas agrícolas uruguayos suelen manejar mayores extensiones, lo que facilita la operatividad respecto a los alemanes”. Agregó que “es más fácil manejar un lote de 40 hectáreas que varios de cinco o 10” hectáreas.
“Nuestro país se hace fuerte al apoyar la técnica en la investigación pública”, dado que “la dosis y el momento de aplicación no siguen calendario, sino necesidades concretas detectadas en cada sitio”, dijo.
A su vez, valoró que “nuestro mérito responde a causas materiales tan simples como la falta de recursos”. Señaló que el ajuste técnico y el monitoreo surgen, entre otras cosas, por falta de subsidios. “Hay que cuidar el bolsillo, porque sino nadie nos va a salvar”, analizó el ingeniero agrónomo uruguayo.
Además, explicó que en Uruguay se miden insumos y resultados, se buscan alternativas y se adapta el manejo, “porque las empresas se tienen que manejar como pueden”.
En Burundi y Ruanda la agricultura es manual, con predios chicos y muy poca mecanización. “Casi no vi una cosechadora en Burundi, ni en Ruanda. Son predios chicos, familiares, la mayoría de una o dos hectáreas”, describió.
Long agregó que el sistema “recuerda a la agricultura europea de hace un siglo y medio: siembra, cosecha y control de malezas, todo a mano”. El objetivo de Heineken es aumentar el área de cebada y sumarla a rotaciones donde no era tradicional. El ambiente tiene temperatura estable, sin invierno, dos estaciones (lluviosa y seca), lluvias intensas y baja productividad.
“Los productores están acostumbrados a sacar de 0,5 a 1,5 toneladas por hectárea de cebada”, y la meta es llegar a 2 toneladas, comentó. Y analizó que los ajustes dependen de la falta de recursos, información y escala.
Modelos y adaptación
En Alemania el manejo de fertilización sigue un esquema basado en balances de nutrientes y una escala de suficiencia, según el análisis de suelo. Para fósforo y potasio “se utiliza una escala de suficiencia: los campos en clase A o B requieren aporte extra, los de clase C solo reponen lo extraído, y en las clases D o E no se agrega fertilizante”, explicó. Estos análisis son obligatorios cada seis años.
En el caso del nitrógeno la recomendación es “aplicar lo necesario para cubrir el potencial del cultivo”, siempre según “tablas oficiales, sin ajustes intermedios”, por lo que “no hay chequeo antes de la siembra, ni en Z22, ni en Z30”, señaló. Long definió el sistema como “de caja negra”, ya que “si pongo esto, obtengo esto, pero no sabemos lo que pasó en el medio, en qué momento el cultivo lo está necesitando o no”.
En Uruguay, sin embargo, la dinámica es diferente. “Nuestro sistema se basa en saber cuánto nitrógeno hay al inicio, hacer chequeos en etapas clave y ajustar la dosis según la demanda real”, comentó Long, quien considera que esto permite “ser más precisos y muchas veces evita usar fertilizante de más”.
En Europa vio “muchas situaciones de exceso”, como “300 kilos (de nitrógeno) en un maíz de silo, casi el doble de lo que extraería el cultivo”, recordó. El enfoque uruguayo busca que “el fertilizante llegue en el momento y cantidad exactos, cuidando el rendimiento y el uso eficiente de los recursos”, destacó.
Long comentó que, cuando el modelo llegó a Burundi, el desafío fue mayor, porque la estrategia mezcló referencias alemanas con la lógica uruguaya, pero en un contexto sin recursos para diagnósticos de suelo.
En ese contexto, el ingeniero agrónomo optó por “dosis mínimas y referencias alemanas”, dividió el nitrógeno en “tres fases” y priorizó los “momentos críticos de la fisiología”, aunque no era posible hacer chequeos frecuentes. “Siempre la decisión final se tomó en el campo, atendiendo al color de la hoja, la respuesta de la planta y la realidad de cada parcela”, dijo. Así evitó “tirar nitrógeno en campos que no van a ser productivos” y adaptó el paquete tecnológico a la lógica local, explicó.
En Burundi el punto de partida era muy limitado. El apoyo estatal era casi inexistente, más allá del interés de la cervecera. “Solo había tres análisis de suelo para todo el país, y se desconocía la fertilidad real, entonces no podés diagnosticar, estás ciego”, graficó.
Ante esa falta de información, se usaron dosis objetivas, siguiendo las recomendaciones alemanas para condiciones de baja productividad, y ajustando con el modelo uruguayo. “Si en Z22 la dosis máxima en Uruguay es 45 kilos, no iba a poner más de eso”, dijo.
El nitrógeno se dividía en tres fases: Z22, Z30 y Z33, pero la decisión definitiva dependía del color de la hoja, la respuesta de la planta y la disponibilidad de recursos. “No vamos a gastar en fertilizar si la planta ya no tiene potencial”, explicó. El foco fue que los agrónomos pudieran explicarles a los productores por qué se hacía cada cosa.
La extensión rural acompañó todo el proceso. Para Long la clave estuvo en formar a los técnicos locales para que pudieran transmitir “el por qué de cada práctica”. La experiencia uruguaya lo llevó a valorar el ajuste permanente: “medir, interpretar, adaptar”, porque “no nos interesa cuánto fertilizamos el suelo, nos interesa cuánto fertilizamos el cultivo”, citó, recordando los preceptos de la Estación Experimental Mario A. Cassinoni (Eemac), de la Facultad de Agronomía (Udelar).
Manejo y problemas locales
El trabajo a campo llevó a ajustar expectativas sobre manejo y monitoreo. Long pensaba que en Alemania la presión de malezas sería menor, por el clima, pero se encontró con especies resistentes. “A veces me parecía ridículo, porque la mayoría era de tipo invernal, pero también han tenido resistencias a herbicidas”, dijo.
Citó casos como Convolvulus arvensis y Fallopia convolvulus, enredaderas difíciles de controlar, porque “con el laboreo convencional se rompe la raíz y el problema se multiplica”. Y señaló que incluso con herbicidas las aplicaciones suelen seguir esquemas casi de calendario. “Ves casi la misma cantidad de aplicaciones que en Uruguay con siembra directa”, y muchas veces la decisión se toma “para todo el trigo, aunque haya un campito de cinco hectáreas en el medio”, comentó.
En Uruguay, el monitoreo y la individualización de los lotes es más común. “Se basa en tratar a los campos como unidades individuales”, lo que resulta más sencillo en superficies grandes, dijo. Sin embargo, en Alemania la realidad productiva es diferente, y los campos pequeños dificultan los ajustes.
El conocimiento y la experiencia de los productores influyó en las decisiones. En un campo de Burundi con plantas estresadas y bajo rendimiento histórico, un productor contó que en esa chacra “nunca se había cosechado bien”. En el lote vecino una maleza local con un nombre en kirundi que significa “nada nace cuando está esa maleza” resultó ser alelopática y capaz de reducir el rendimiento hasta un 80%. La definición fue que el año siguiente, chacras con infestación de más de 30% o 40% de esa maleza no se sembrarían con cebada.
Mirada profesional y formación
Para Long, la herramienta más útil de su formación en Uruguay es la capacidad crítica. Ser crítico con los resultados, con lo que se ve, con las recomendaciones que hay, es central en su experiencia fuera del país, afirmó.
“Me ha pasado de haber aprendido una cosa, venir a aprender otra y decir: ¿esto en qué se basa?”, comentó. La capacidad de poner en tela de juicio todo, la vincula directamente a la Facultad de Agronomía. Esa mirada también se aplica en decisiones cotidianas. En la aplicación de herbicidas, por ejemplo, se pregunta: “¿es necesario o no?”, y ese ejercicio de cuestionar o complementar técnicas es parte de su trabajo diario.
Frente a sistemas y escalas diversas, el ingeniero agrónomo observa que “siempre hay algo para aprender”. En Burundi el manejo de la erosión es práctica cotidiana, señaló. “Hacen zanjas para cortar la energía del agua, franjas empastadas, multicultivos para evitar la pérdida de suelo”, comentó. Agregó que allí “se pierde mucha tierra por erosión, incluso cultivos enteros”, y la escala obliga a pensar cada lote desde lo básico, dijo.
En Alemania rescató el incentivo para ajustar el uso de nutrientes y reducir el impacto ambiental. “Al comienzo del invierno se mide el nitrógeno remanente en el suelo, y se le paga menos al productor si queda mucho nitrato”, indicó. También comentó que las subvenciones fomentan cultivos de cobertura. “Premian a los productores que dejan poco nitrógeno residual en el suelo, usando cultivos de cobertura, que se usan muchísimo en invierno”, describió.
Hay una “demanda importante y exigida a nivel no arancelario” por temas de “sostenibilidad y bienestar animal”, que Uruguay para seguir posicionándose en la exportación debe ir acompañando ese proceso, dijo el técnico del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Gustavo Brito, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.
Brito realizó ese y otros comentarios en el marco del Congreso de la Asociación Uruguaya de Producción Animal (AUPA), que se desarrolla entre el 22 y el 24 de septiembre en Punta del Este.
La producción de carne es “cada vez más eficiente” en cuanto a la emisión de gas metano, “tratando de llegar a animales más jóvenes”, lo que “va a redundar en la calidad” del producto, señaló.
El técnico del INIA sostuvo que otro “desafío” pasa por la mirada del consumidor a ser tenida en cuenta a la hora de armar un negocio.
Y a modo de ejemplo, el investigador aludió a las cuotas Hilton y 481 para exportar carne a Europa, que fueron generadas “por acuerdos” y “muchas veces no estaba atrás el consumidor”, pero hoy aparecen “movidas” con ciertas “exigencias” de brookers .
“Uruguay puede argumentar fácilmente” la no deforestación, para adecuarse a los requisitos europeos, y en temas como la emisión de gases y en la eficiencia de conversión se genera “información nacional” que permitirá “ajustar indicadores a las certificaciones”, comentó.