Montevideo, 24 de Octubre 2020

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Ganadería

La ganadería eleva su perfil empresarial y busca maximizar los resultados

28 septiembre, 2020

El ingeniero agrónomo Bernardo Mendiola, asesor de varias empresas ganaderas, analizó la tendencia de los sistemas productivos que logran los mejores números económicos

A pesar de las circunstancias de bajas de precios y problemas comerciales que se generaron con el coronavirus, “se nota a nivel productivo que hay un clima de empuje, inversión, ganas de hacer cosas, de buscar estrategias para maximizar los resultados económicos”, dijo a VERDE el asesor ganadero Bernardo Mendiola.

El ingeniero agrónomo analizó que un enfoque más empresarial “se empezó a ver más claramente primero en la agricultura y después en la ganadería. Vemos cada vez más que el productor está preocupado por maximizar los resultados y busca las estrategias para lograr la mayor rentabilidad posible”.

Eso lo lleva a “incorporar cada vez más tecnología, a afinar procesos, a buscar mejorar las distintas etapas y optimizar por todos lados, buscando rentabilidad y mejorar el ingreso económico”, destacó el profesional.

También puntualizó que el aumento del valor de la tierra y el incremento de los costos fijos hacen que “la vara del rubro esté bastante más alta que la de hace 10 o 20 años atrás”.

A propósito, agregó que “si comparamos lo que valía un arrendamiento hace 20 o 25 años, y lo que valían los costos fijos de cualquier estructura ganadera, vemos que estamos en un escenario que nos obliga a pensar en la forma de producir para enfrentar estructuras de costos que son cada vez más altas”.

Consideró que eso “se está logrando, y es la razón por la que encontramos sistemas criadores que incorporan cada vez más tecnología, que buscan maximizar índices de preñez, de procreo, etc. Sistemas de recría que incorporan pasturas, suplementos, que buscan maximizar la producción de carne por hectárea, cuidando los costos. Los sistemas de engorde lo mismo, hasta el corral de engorde que como negocio involucra costos altos, pero que también tiene sus beneficios, que acelera los ciclos y permite también optimizar esquemas de producción”.

De la soja a las pasturas

Sobre los cambios más notorios que se observan en los sistemas productivos, Mendiola respondió que lo primero y más importante es que “la caída del precio de la soja hace bajar el área del cultivo y deja lugar para incluir una ganadería basada fundamentalmente en pasturas sembradas. Es decir, que el área de soja que queda libre, pasa a la producción de pasto”.

Y planteó dos situaciones en el país. Por un lado, la zona de los campos de mayor aptitud agrícola, donde la soja continuó siendo un buen negocio, pero la tendencia a la sustentabilidad hizo incluir rotaciones con pasturas.

Allí la ganadería entraría como un socio de la soja, o un medio para que el cultivo sea rentable y sustentable desde el punto de vista del cuidado del suelo.

Por otro lado, la situación de los campos más marginales, donde la soja entró cuando los precios del grano superaban los US$ 400 o US$ 500 por tonelada, y fue desplazada casi definitivamente por sistemas ganaderos, con un componente de pasturas sembradas.

“En esos casos muchas veces se incorporaron, además, como cabeza de rotación o para limpiar campos que continúan en esquemas de pasturas, cultivos forrajeros como el sorgo, el maíz o eventualmente soja y así reciclar el esquema pastoril”, señaló Mendiola.

El ingeniero agrónomo agregó que se ven fundamentalmente dos o tres años de cultivos, donde entran por lo menos dos años de soja, a veces alguna gramínea de verano, como maíz, y después tres o cuatro años de pasturas, fundamentalmente festuca, trébol blanco, lotus; o festucas puras; y en algunos casos también pasturas en base a alfalfa.

Comentó también que en algunos casos se ven sistemas con fase de pasturas más cortas, donde se prioriza la fase agrícola, y allí se dan rotaciones basadas en pasturas de dos años, sobre todo cebadilla, trébol rojo o raigrás.

Durante la fase agrícola también se incluyen cultivos de invierno, como trigo, cebada y colza.

Estos sistemas, por el tipo de pasturas que incluyen, van directamente a recría o engorde. Fundamentalmente recría, son machos o hembras con destino posterior a engorde para faena, donde se arranca con un ternero en otoño, de 160 o 180 kilos, y llega hasta los 350-400 kilos, indicó.

Los destinos finales son invernadas; pueden ser a corral o engorde en base a pasturas. Los sistemas de engorde son básicamente desde 350 hasta los 500 kilos, con destino a faena.

En muchos de esos casos de recría también se incluye la suplementación estratégica del ternero, “para sostener carga y buenas ganancias en el primer invierno. En general se suplementa con energía a base de granos forrajeros, subproductos o raciones balanceadas. Y después, en los sistemas de engorde, se busca muchas veces sostener cargas en el invierno, adelantar o acelerar ganancias, para lograr retornos o extracciones más rápidas de los animales en terminación”, detalló Mendiola.

Comentó que el corral también está presente en estos sistemas, sobre todo en los que incluyen rotaciones con cultivos forrajeros (maíz, sorgo o cebada), que generan una oferta de granos que permiten validar esquemas de confinamiento.

Esos sistemas muchas veces tienen base pastoril, que se generan o destinan fundamentalmente a la recría, llegando a los 380 o 400 kilos. Esos animales se terminan en corrales del mismo establecimiento, que están en el esquema de producción, con granos producidos en la misma rotación agrícola / forrajera.

Por otra parte, en los sistemas más agrícolas, si bien la ganadería puede generar retornos similares a los de la agricultura medidos en dólares por hectárea por año, fundamentalmente comparados con los cultivos de soja o la rotación, demanda un capital mayor de inversión por hectárea, y también más trabajo y esfuerzo para lograr ese retorno, señaló.

Por lo tanto, es “menos atractivo, pero es una especie de socio necesario, para tener una agricultura sustentable en el tiempo. En ese tipo de sistemas la ganadería es un negocio interesante, pero comparado con la agricultura demanda más capital y, en algunos casos involucra un poco más de riesgo”, advirtió.

El corral

Una vez que el animal llega a los 350-400 kilos, con un resultado en la etapa pastoril, se evalúa la conveniencia o no de seguir adelante con una ganancia de otros 100 o 150 kilos en el corral. Todo dependerá del margen que genere el encierro, explicó Mendiola.

Agregó que en la mayoría de casos pasa que hay un margen adicional que se suma al que viene de la etapa pastoril.

El asesor consideró que “el corral es una herramienta que vino para quedarse. Lo veo como una opción más en los sistemas ganaderos. En nuestros sistemas de producción hay lugar para animales engordados a corral y también a pasto. Es necesario tener determinadas condiciones para que el corral sea un negocio rentable y poder ser llevado a cabo en un contexto para generar beneficios claros”.

Planteó que Uruguay, además, incrementó significativamente su producción de granos, y tiene una oferta importante de granos forrajeros producidos en el país, a los que se suman los importados de la región y subproductos.

“El corral ha demostrado ser un negocio rentable, asociado a los esquemas pastoriles, genera beneficios, no solo como un negocio en sí mismo sino también transfiriéndolos hacia la etapa pastoril, permitiendo manejar más eficientemente la carga a quienes disponen de un corral al final del ciclo”, subrayó.

También señaló que Uruguay se está posicionando en la oferta de carne de corral. “Tenemos la ventaja de tener un tipo de producción a corral que es libre de hormonas y de antibióticos, y eso nos hace diferentes de los grandes productores de corral, como por ejemplo Estados Unidos y Australia. Ahí también veo una oportunidad de colocación, que ya se está dando”, afirmó.

Las zonas más ganaderas

Por otro lado, hay sistemas más ganaderos, donde la soja entró más ocasionalmente, producto del precio. Son los que están en las zonas centro, este, sur o norte del país, con niveles de productividad en pasturas sembradas inferiores a los de las zonas más agrícolas.

“Ahí hablamos de 400 o 450 kilos de carne por hectárea de pastura sembrada, pero los valores de arrendamiento de esas tierras o su costo de oportunidad es mucho menor, entonces ahí la ganadería pasa a ser considerada de una manera diferente. Pasa a ser un negocio que, con esos niveles de productividad y la inversión que demanda, es bastante más atractivo, porque el costo de oportunidad es mucho más bajo que el de una renta agrícola del litoral o un ingreso agrícola en el litoral”, indicó el agrónomo.

Señaló que el negocio agrícola sigue siendo una referencia para quienes en algún momento arrendaron dichas áreas para agricultura. “Esa renta cambió o el agricultor se fue, pero se sigue considerando esa referencia. El propietario recuerda que en esos campos ganaba US$ 150 o US$ 200 por hectárea sembrada, y ahora la ganadería tiene que correr con ese desafío, de al menos cumplir con esa renta y poder generar un margen por el capital que se le asigna a ese nuevo negocio”, comentó.

Actualmente se toma como referencia para el valor de arrendamiento unos 300 o 400 kilos equivalentes de soja, o sea US$ 100 o US$ 130 por hectárea de tierras sembrables.

Además, “la ganadería es vista más como un negocio en sí mismo. En general esas áreas de mayor potencial están asociadas a extensiones mayores de campo natural. Son esquemas donde puede funcionar la recría o engorde sobre pasturas sembradas, pero a su vez hay áreas de campo natural donde hay un sistema de cría, que provee parte de la reposición”, señaló.

Sobre las áreas de pasturas sembradas, se producen unos 400 o 500 kilos de carne por hectárea, y en los campos naturales entre 70 y 90 kilos. “La producción total dependerá de la proporción de pasturas sembradas y campo natural”, indicó el asesor.

Puso como ejemplo un esquema ganadero que venía funcionando exclusivamente a campo natural, con una productividad de 70 u 80 kilos de carne por hectárea, que podría pasar a unos 120, 130 o 160 kilos, considerando parte de esa área que vuelve de la agricultura y se incorpora como pastura sembrada.

“Hay años en que se hace soja, como para limpiar los campos y seguir en ganadería. Ahí la rotación está mucho más enfocada en la ganadería y la fase de pasturas. Como el cultivo de verano no es tan rentable, lo que se busca es maximizar la etapa de pasturas, buscar la mayor longevidad de esa pastura, de modo de poder amortizar el costo inicial de implantación en una mayor cantidad de años posibles, y ahí la etapa de cultivos pasa a cumplir un rol fundamental de control de malezas, y poder reciclar la chacra para volver a instalar una pastura en condiciones”, detalló.

En esos casos se ve algo de soja en algunos campos, pero también se cambió mucho el cultivo para limpiar o como cabeza de rotación a un cultivo forrajero, como sorgo o maíz para la producción de grano o planta entera, agregó.

Analizó que, en muchos de esos sistemas, en la medida que se empiece a incrementar el área de pasturas de invierno, el verano pasa a ser una limitante en la producción de forraje, ya que fundamentalmente la festuca baja mucho en su producción y hay que liberar dichas áreas. “Se necesita disponer de un área de verdeo de verano, frecuentemente entra el sorgo forrajero tratando de cubrir esa necesidad de pasto en verano, o en algunos casos también entran otras alternativas”, indicó.

Ganaderos se enfocan en la recría

Mendiola observó la tendencia de que muchos productores se enfocan más en la recría y dejan la invernada a los corrales. “Hay relaciones de precios que se están dando entre el ternero y un novillo de 350 o 400 kilos para corral, versus la relación de precios de ese ternero con un novillo gordo. Esas relaciones hoy favorecen al negocio de recría, además de que por sus características biológicas, ser más eficiente y generar menores costos en la etapa de producción. Todo eso hace que se estén volcando algunos sistemas que terminaban en un novillo gordo a pastura, a producir un novillo liviano, de 350 o 400 kilos, con destino a un corral de engorde”, comentó.

Agregó que esa tendencia responde a la conveniencia del negocio, porque son negocios más cortos, y también a un mercado fluido, que demanda ese novillo para corral.

“Entiendo que estos sistemas de engorde intensivos a pasto que generaban extracciones en plena poszafra son los más sustituidos hoy por la recría. Por otra parte, los ganados gordos de corral se concentran más en la primera etapa de la poszafra, y generan un bache hacia la segunda parte de la poszafra, hacia el final del invierno y principio de la primavera”, concluyó el asesor.


Lea la nota completa en Revista Verde N° 87