Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina producen entre 70% y 80% de sus áreas agrícolas con ese concepto tecnológico, mientras que el resto del mundo apenas llega al 10%.
Socio fundador de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), y referente internacional en esa tecnología, Roberto Peiretti propone mirar la agricultura con perspectiva histórica, desde una escala global y de largo plazo. Y en ese ejercicio, sostiene, “las cifras son contundentes”. “Si uno se aleja un poco, y mira el mundo, en los últimos años han ocurrido cosas enormes”, afirmó en una charla con VERDE, en el marco de Agro en Punta.
El período que va desde la década del 60 hasta la actualidad –apenas un instante dentro de los 10.000 años de historia agrícola– concentró una transformación estructural sin precedentes. En ese lapso, y utilizando a la producción y el consumo global de cereales como un indicador representativo de la evolución de la agricultura global, se pasó de producir 1.000 millones de toneladas (Mt) anuales a 3.000 Mt.
Pero el dato clave no es solo el volumen, sino cómo se logró ese salto. “El principal mecanismo que permitió lograrlo fue el aumento de rinde en un 80%. Eso se logró por aumento de rinde, y no por aumento de área”, enfatizó.
El rendimiento promedio global pasó de aproximadamente 1 tonelada por hectárea a 2,5 toneladas por hectárea. En paralelo, la población mundial creció de unos 3.000 millones de personas en los años 60 a más de 8.000 millones en la actualidad. “Para que haya un mínimo equilibrio, lo que ocurrió fue que mayormente el rinde explicó el tremendo aumento del volumen de producción conseguido”, sintetizó.
Y añadió otro dato estructural que ayuda a dimensionar el desafío: la disponibilidad de tierra productiva por habitante se redujo drásticamente en las últimas décadas, y seguirá cayendo hacia 2050. Es decir, cada vez hay menos hectáreas disponibles por persona y, sin embargo, la demanda alimentaria crece.
Ciencia, tecnología y cambio de paradigma
Para Peiretti, esa transformación no fue casual ni automática. Responde a un proceso profundo de incorporación de ciencia, tecnología y capacidad de articulación.
“La ciencia y las tecnologías derivadas de ella, más la creatividad humana y la necesidad de articular todo eso y llevarlo a la realidad, fue lo que permitió que esto ocurriera”, sostuvo. En resumen, “aumentó la utilización del insumo más importante que pueda aplicarse al proceso agroproductivo, metafóricamente hablando me refiero a los gramos de materia gris –ciencia y conocimiento– por hectárea cultivada”, afirmó.
Pero el cambio no fue solamente técnico, fue conceptual. “Se migró de un concepto de explotación de los recursos hacia una nueva mirada mucho más adecuada a la realidad global actual, que tiene que ver con una producción sustentable, eficiente, con una utilización sustentable y aún mejoradora de los recursos involucrados en el proceso”, sostuvo.
Para dimensionar la magnitud de ese giro, Peiretti invita a mirar la historia larga de la agricultura. Durante 10.000 años el modelo dominante fue el de labrar, remover y extraer. La agricultura estuvo asociada culturalmente al arado, al “labriego”, a la intervención intensiva sobre el suelo.
“La zona de confort fue durante 10.000 años la labranza. Agricultura era igual a arado”, explicó. Salir de esa lógica implicó “un quiebre cultural profundo”, no solo técnico, señaló. “Nadie está cómodo saliendo de su zona de confort. Para hacerlo tiene que haber una razón más que válida”, afirmó el especialista. Esa razón fue doble: ambiental y económica.
Siembra directa como sistema integrador
Peiretti ubicó al sistema de siembra directa como el marco que permitió materializar este cambio de paradigma. Pero insiste en que no se trata simplemente de “no labrar”, sino que es mucho más que eso, es un verdadero sistema más que una tecnología puntual.
“Después de 40 años de haber implementado la siembra directa como sistema, esto ya es algo tangible. No solo podemos parar el deterioro del recurso suelo, sino empezar un camino de mejora”, afirmó.
La clave está en entenderlo como sistema, no como técnica o tecnología aislada o “empaquetada”. En ese marco convergen: genética mejorada, manejo integrado de plagas, rotaciones diversificadas, fertilización estratégica, agricultura de precisión y más recientemente herramientas digitales, entre otras.
“El sistema cambia la forma de manejar el recurso suelo como recurso madre del proceso agroproductivo”, explicó. Y fue más allá: “Es inédito en la historia del mundo que podamos hablar de mejorar el recurso que sostiene todo el proceso. No solo usarlo, sino mejorarlo”.
En su visión, el sistema de siembra directa permitió pasar de una lógica extractiva a una lógica de procesos biológicos balanceados. La cobertura permanente, la menor perturbación del suelo y la intensificación de rotaciones generan un funcionamiento distinto del sistema suelo-planta-ambiente.
El liderazgo del Cono Sur
Uno de los aspectos más contundentes del análisis del socio fundador de Aapresid tiene que ver con el rol de la región del Cono Sur en esta transformación.
“Entre Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina tenemos entre el 70% y 80% de las áreas bajo agricultura desarrollada dentro de este nuevo concepto”, de la siembra directa, lo que representa “una verdadera nueva manera de entender y llevar a cabo el proceso agroproductivo”, sostuvo.
Ese nivel de adopción contrasta con el promedio mundial, que no supera el 10%. “Es el 80% contra el 10%. Por eso podemos decir con toda entidad que lideramos esta indudable y verdadera mejora de la agricultura a nivel global”, afirmó.
Peiretti aclaró que no se trata de una postura voluntarista, ni de orgullo regional, sino de datos verificables. La región, impulsada por condiciones económicas más exigentes y por una fuerte articulación técnica entre productores, técnicos e instituciones, avanzó más rápido que otras geografías.
En su trayectoria Roberto Peiretti fue invitado a 40 países en más de 80 oportunidades para exponer sobre el modelo desarrollado en América, en general, y con toda potencia en el Cono Sur, en particular.
“Eso me permitió consolidar estos conceptos, de que es el camino, por lo menos hasta que aparezca otra cosa mejor. Y hoy por hoy, otra no está a la vista”, expresó el referente internacional en siembra directa.
Rentabilidad como condición estructural
Más allá del discurso ambiental, Peiretti es categórico en un punto: sin rentabilidad no hay sustentabilidad posible. “Si no hay rentabilidad, no se adopta”, afirmó.
A diferencia de Europa o Estados Unidos, donde existen subsidios importantes, en el Cono Sur, frente a la ausencia de esas ayudas gubernamentales, el sistema debe sostenerse y expresar sus ventajas con prioridad desde lo económico, como primera condición, para poder sostenerse y retroalimentarse. “Aquí no tenemos subsidios. Si algo no es rentable, el productor vuelve atrás o sencillamente no lo adopta”, explicó.
Y marcó un contraste ilustrativo: “En algunos lugares, por el solo hecho de sembrar, se reciben 600 euros por hectárea. En ese contexto, la necesidad de cambiar no es la misma”.
En Sudamérica, en cambio, la adopción fue impulsada por la necesidad de mejorar márgenes, reducir costos operativos y estabilizar y hacer crecer los rendimientos. “Si se adoptó en el 80% del área reemplazando lo anterior, es la prueba más contundente de que es más favorable que la alternativa que veníamos utilizando”, sostuvo.
Incluso en contextos de márgenes ajustados, advirtió que retroceder no mejora la ecuación. “Si volvemos para atrás, no vamos a conseguir más rentabilidad”, afirmó.
Un camino abierto hacia adelante
Peiretti insistió en que no se trata de un punto de llegada, sino que “entramos en un camino diferente, pero hay mucho por recorrer”, señaló. En los paneles técnicos actuales –indicó– ya se vislumbran nuevas tecnologías derivadas de la ciencia, que integradas al modelo de producción basado en el sistema de siembra directa permitirán seguir mejorando productividad, eficiencia y sustentabilidad de manera simultánea.
“Hay tantísima más tecnología derivada de la ciencia que es necesaria para seguir mejorando la productividad, la rentabilidad y la sustentabilidad”, sostuvo.
El desafío no es elegir entre producir o cuidar recursos. Es integrar ambas dimensiones. “La base está, pero no es una meta, es un camino”, afirmó.
Y el socio fundador de Aapresid concluyó con una síntesis de su visión estratégica de la agricultura del siglo XXI: “Podemos producir más, ser más rentables y al mismo tiempo mejorar el recurso madre que sostiene todo el proceso agroproductivo”.
Las recorridas a campo forman parte del ADN de Nidera en Uruguay. Mostrar los materiales en pleno desarrollo, generar discusión técnica y escuchar al productor son ejes centrales de una estrategia que la compañía viene profundizando en los últimos años, dijo a VERDE, el responsable comercial de Nidera en Uruguay, Andrés Nogueira.
El foco de la propuesta de verano está puesto principalmente en híbridos, con especial énfasis en maíz, soja, y sin dejar de lado al girasol, como piezas relevantes dentro del sistema agrícola.
En maíz, Nogueira dijo que Nidera “mantiene un posicionamiento fuerte” en el mercado, y continúa renovando su oferta. Este año uno de los materiales destacados es el NS 7765 Viptera 3, definido por la empresa como un híbrido “muy estable, adaptable a todo el gradiente ambiental”, y recomendado para las dos fechas típicas de siembra.
“Somos una empresa que todos los años trae novedades. Venimos con un portafolio muy competitivo y completo, que mantiene los tres pilares fundamentales: rendimiento, estabilidad y tecnología”, señaló Nogueira.
Además, Nidera prepara el lanzamiento del NS 7925 Viptera 3 para la zafra 2026-2027, un híbrido templado que incorpora un “muy buen comportamiento frente a spiroplasma”, indicó. La experiencia reciente con la chicharrita y el impacto sanitario en la región marcó un punto de inflexión en la selección de materiales.
“Después de la epidemia de spiroplasma y la chicharrita necesitamos tener un híbrido que no desentone en rendimiento y agronomía, pero que sea muy fuerte en tolerancia a la enfermedad. Por suerte, en poco tiempo lo logramos”, destacó. A la vez, “suma un color llamativo, un anaranjado fuerte”, indicó.
En sistemas bajo riego, donde el productor invierte más en agua, fertilización y tecnología asociada, “la exigencia es aún mayor”. Desde Nidera, el NS 7626 ha sido históricamente el “caballito de batalla” en estos planteos, y ahora el NS 7765 Viptera 3 también se posiciona en los ensayos de Regadores Unidos del Uruguay, “manteniendo alta productividad y mejorando aspectos sanitarios, especialmente frente a tizón”, señaló.
“Siempre intentamos tener un híbrido top para esas situaciones donde el productor invierte mucho. Necesitamos ofrecer un material que responda a ese nivel de planteo”, resaltó.
En soja la estrategia va más allá de la coyuntura climática de una campaña puntual. “Esto es una foto. Los semilleros están pensando cinco o 10 años para adelante”, sostuvo.
Destacó que Nidera viene “apostando fuerte a la tecnología Conkesta Enlist” en los grupos de mayor demanda en el país, especialmente en los grupos 6. El año pasado lanzó la 6223 y este año incorpora la 6726, dentro de la plataforma Conkesta Enlist, buscando complementar el portafolio con genética actualizada.
“El productor hoy busca tecnologías de vanguardia y el paquete completo. Control de malezas de la mano de Enlist y tolerancia a lepidópteros dentro de una propuesta integral”, remarcó el responsable comercial.
Nogueira informó que la base genética continúa siendo mayoritariamente argentina, aunque la empresa mantiene relación directa con Brasil y sigue atenta a la evolución de nuevas plataformas tecnológicas que puedan incorporarse en el corto y mediano plazo.
La alternativa del girasol
En girasol Nidera decidió avanzar con fuerza en 1113 CL, un híbrido que ya tiene trayectoria en Argentina y que la empresa busca consolidar en Uruguay. Para Nogueira el cultivo tiene fundamentos sólidos dentro del sistema agrícola. “Ojalá haya venido para quedarse. Es una alternativa más, ayuda a diversificar, a rotar cultivos y también a rotar principios activos en el control de malezas”, señaló.
Agregó que el girasol “encaja” estratégicamente en la ventana “entre un maíz temprano y una soja de primera”, con la opción de planteos de segunda. Además, se trata de un cultivo que requiere menor nivel de fertilización y que puede aportar estabilidad dentro del esquema de verano. “Si al productor le va bien y las condiciones comerciales se mantienen, creo que el área puede seguir creciendo”, sostuvo.
Más allá de cada híbrido o variedad puntual, Nogueira dijo que “el mensaje que Nidera busca transmitir es consistente: sostener rendimiento con estabilidad, incorporando tecnología que permita enfrentar escenarios sanitarios y productivos cada vez más exigentes”, concluyó.
Las enfermedades de suelo se han transformado en uno de los desafíos más complejos de los sistemas agrícolas de la región. A diferencia de los problemas de malezas, o foliares, donde los productos logran impactos directos y visibles, los patógenos que actúan en raíces y tallos exigen otra lógica de abordaje. La clave, según el fitopatólogo brasileño Marcelo Madalosso, está en cambiar la mirada: pasar de un control por cultivo a un manejo del sistema productivo.
Docente e investigador en Rio Grande do Sul, y consultor en desarrollo de productos químicos y biológicos, Madalosso dijo a VERDE, en el marco del primer Simposio de Brássicas organizado por Nufarm, que los problemas de raíz “son completamente distintos de los problemas de hoja”. Y agregó: “los fungicidas químicos tienen un problema muy grande para llegar al patógeno en el suelo. Entonces, tenemos que pensar en un manejo del sistema, no de una campaña”.
El especialista explicó que patógenos como Fusarium y Sclerotinia están presentes en soja, girasol, canola y carinata, lo que vuelve inviable una estrategia exclusivamente química en cada cultivo. “Cuando trabajamos con biológicos el objetivo es colonizar el suelo y mantener un equilibrio. Es un plan de corto y mediano plazo”, señaló. En ese sentido, remarcó que los microorganismos deben aplicarse con frecuencia, para que permanezcan activos, “peleando por nosotros dentro del suelo”.
Uno de los ejes del trabajo conjunto con Lallemand es el uso de Trichoderma como herramienta central. “Es una herramienta muy importante y logramos éxito con las enfermedades. A medida que seguimos trabajando con Trichoderma en el suelo, nuestro control incrementa. Logramos mayor eficacia con el pasar de los años”, afirmó.
El especialista explicó que los resultados no se miden únicamente en un cultivo puntual, sino en la evolución del sistema. “El productor reconoce manchones o plantas muertas precozmente. Cuando trabajamos con Trichoderma vemos una disminución del tamaño de esos manchones y una reducción de 20% a 40% desde el segundo o tercer año en adelante”, ejemplificó.
En cuanto a la aplicación, indicó que puede realizarse vía tratamiento de semilla o mediante pulverización. En soja el tratamiento de semilla es eficiente, por el volumen utilizado, pero en cultivos como canola, donde la dosis de semilla es menor, se recurre más a aplicaciones convencionales, con pulverizadora. “Es importante aplicar antes de la lluvia, porque el agua ayuda a que el microorganismo llegue al suelo y empiece su colonización”, explicó.
Una estrategia validada localmente
Desde Lallemand Uruguay, Martín Lage detalló a VERDE cómo se está encarando este proceso en el país. La empresa viene trabajando desde hace años con herramientas biológicas y recientemente lanzó una nueva formulación de Trichoderma, Lalstop Quality, con mayor concentración que el producto anterior.
“Queremos ahondar en el desarrollo de productos biológicos dirigidos al suelo, tanto para el manejo de enfermedades como para promoción de crecimiento”, señaló. La estrategia apunta a integrarlos dentro de las rotaciones de cultivos extensivos, como soja y canola.
Lage subrayó que, si bien Brasil tiene mayor experiencia en el abordaje biológico de patógenos de suelo, en Uruguay es imprescindible validar cada herramienta en condiciones locales, para eso también se está trabajando con Unicampo Uruguay.
“Los biológicos tienen que ser validados localmente. Hay que tener en cuenta la formulación, la concentración y cómo está protegido el microorganismo. Pero además, la validación en nuestros ambientes es fundamental”, resaltó.
El esquema en evaluación contempla dos o tres aplicaciones a lo largo del año. En soja el tratamiento de semilla es la base, incluso combinado con curasemillas químicos para lograr el mejor control. Luego se estudian aplicaciones antes del cierre de surco, y también en la transición hacia el cultivo de invierno, por ejemplo entre la cosecha de soja y la siembra de canola.
“Son ensayos de mediano plazo. No es aplicar y ver respuesta en un único cultivo, sino evaluar distintos esquemas dentro de la rotación”, explicó Lage.
La conclusión compartida por ambos técnicos es que el manejo biológico no reemplaza automáticamente otras herramientas, pero sí propone una lógica diferente. “Tenemos que cambiar la cabeza y tener una mirada de manejo integrado del sistema”, resumió Madalosso.
La humanidad transitó de un “ambiente intensivo en globalización” hacia un “mundo intensivo en geopolítica”, en el que resaltan los conceptos de “policrisis” y de “polioportunidad”.
Así lo señaló el exsecretario especial de Comercio Exterior y Asuntos Internacionales del Ministerio de Economía de Brasil, Marcos Prado Troyjo, en una conferencia realizada en el marco de Agro en Punta.
Dijo: “estamos aquí para hablar sobre el tema de impulsar el agro de nuestra región”, en un contexto en el que “el mundo está cambiando mucho”.
“Cuando los organizadores de Agro en Punta me preguntaron cuál va a ser el título de la charla, pensé mucho en la idea de policrisis y polioportunidad, porque los economistas, los periodistas y los politólogos siempre están buscando una palabra, un concepto que pueda resumir un cierto momento”, comentó.
Prado Troyjo, quien fue presidente del New Development Bank, que es conocido como “el banco de los Brics”, planteó que “lo que es policrisis para muchos, es polioportunidades para otros, pero en este caso para otros pocos países”. Y en ese sentido, “la geopolítica se tornó tan importante y es tan influyente”, principalmente para el sector agro y para los países de “nuestra región”, sostuvo.
Consideró que “de la misma manera que los economistas dividen su ciencia en microeconomía, que tiene el foco en el emprendedor, en el consumidor, en la firma y la macroeconomía, que tiene concentración en los grandes agregados económicos, ya es el momento para las empresas y para los países de nuestra región comprender que existen dinámicas microgeopolíticas”.
Al abordar el término “microgeopolíticas, no se debe pensar que no son importantes”, ya que tienen una “inmensa repercusión”, pero “son dinámicas que tienden a concentrarse en un período más corto de tiempo, de cuatro o cinco años”, señaló.
El economista brasileño indicó que, paralelamente, hay “dinámicas macrogeopolíticas, que son aquellas que tienen una duración generacional de 20 años o 25 años”.
El nuevo escenario es “bueno y es favorable, porque aporta polioportunidades” para la agropecuaria y la región, principalmente por la creciente demanda de alimentos y energía, enfatizó.
Ajustarse los cinturones
Al desarrollar su exposición, Prado Troyjo, quien además fue viceministro de Economía de Brasil, sostuvo que “la primera dinámica microgeopolítica tiene que ver un poco con lo que pasa en Estados Unidos (EEUU)”.
“Es una situación parecida a cuando estamos en un vuelo y se escucha la voz del comandante del avión, que nos recomienda ajustar los cinturones, porque vamos a atravesar una fase de trumpulencia”, graficó.
Y aclaró que este concepto comprende un “juego de palabras”: “turbulencia”, “opulencia”, considerando que en este momento “EEUU tiene un Producto Bruto Interno (PBI) de US$ 31 billones”, y “de los 50 estados el más pobre es el de Mississipi”, que “tiene un PBI más alto que el de Italia, Francia, Reino Unido y de Japón”, que era la “gran” potencia económica de los noventa.
También, ese concepto alude a la “incoherencia”, por los cambios permanentes en la política arancelaria del presidente estadounidense, Donald Trump.
Es que este mandatario sacudió la estabilidad mundial con permanentes anuncios y medidas que supusieron modificaciones de los aranceles aduaneros, para el ingreso de productos del exterior a su mercado.
La pelota global
Para ahondar en su reflexión de la realidad mundial y el dinamismo, el exviceministro de Brasil recordó que “hace exactamente 20 años que un periodista muy conocido del New York Times, Thomas Friedman, publicó un libro que era casi como una especie de GPS, una referencia para posicionarse en el mundo que vendría”.
“Entre 2005-2006 son los años donde aparece una publicación que estoy seguro muchos acá en este auditorio han leído, el libro La Tierra es Plana”, precisó.
Advirtió que “si una empresa o un país quería organizar su estrategia para el mundo que vendría en los próximos 15 o 20 años, en 2005-2006, una cosa que era muy importante, es que parecía que nosotros estamos en una dinámica de globalización profunda”.
A modo de ejemplo, Troyjo tomó el caso de una pelota de fútbol que “tiene su diseño en Alemania, el cuero artificial viene de Tailandia, las sustancias químicas vienen de Malasia, el proceso final de fabricación se hace en China”. Además, “los embalajes vienen de Filipinas, la pelota es exportada al mercado de destino por una empresa de navegación de Noruega, la oficina de contabilidad está en Dublín, Irlanda, y la oficina jurídica está en Ginebra, Suiza”, dijo.
Por lo que resumió que, si bien “se puede leer en la pelota Made in China”, en realidad “aquella es una pelota hecha en el mundo”.
Hace 20 años “íbamos a vivir una nueva década, un nuevo siglo intensivo en globalización”, pero ahora “no estamos más en este mundo”, sostuvo.
El economista brasileño advirtió: “salimos de un ambiente intensivo en globalización, para un mundo intensivo en geopolítica”.
Y eso “es algo tan importante”, porque en el sector agropecuario también hubo otro fenómeno que se pudo percibir hace 20 años, que fue el de ESG, una combinación de letras e iniciales de tres palabras en inglés: E de environment (medio ambiente), S de social y G de gobernanza.
“Muchas de las discusiones del agro en el mundo en estas dos últimas décadas se parametrizaron, se organizaron y se orientaron por la idea de ESG”, y eso “va a continuar”, opinó.
Pero planteó algunos cambios en ese sentido: “la E es diferente, la S es diferente y la G es diferente, porque en los próximos 10 a 15 años vamos a vivir una realidad que de verdad ya podemos ver con mucha claridad”. “Es del ESG 2.0, E de economía, S de seguridad y G de geopolítica”, indicó.
Al respecto, Prado Troyjo aludió al discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en la reunión del G7 en Davos, Suiza, en el que “da la impresión que no es el mismo ESG, sino que es GSE”. “La geopolítica es un concepto más importante que los otros dos”, afirmó.
Planteó la interrogante de si eso es “una buena noticia o una mala noticia para el agro, o si es una buena noticia o una mala noticia para países como Uruguay, Brasil y Argentina, para los países del Cono Sur”.
Esa “nueva fase de la economía mundial, marcada por el ESG 2.0, con la predominancia de la geopolítica, es una mala noticia para la mayor parte de los países”, alertó.
Dijo que “en estos últimos tres años la idea de policrisis, diferentes desafíos y crisis, se está concentrando y ganando escala al mismo tiempo, y es omnipresente”.
Por otra parte, “en los próximos 25 años la población de 184 países va a caer, en Uruguay, en Brasil, en toda América Latina, en Europa, en China, en Rusia, en Japón y en otros, destacó.
Al tiempo que avizoró que “en algunos va a crecer de forma brutal”, por lo que “la población mundial pasará de 8.000 millones a 10.000 millones”, principalmente en India, Pakistán, Indonesia, EEUU, Nigeria, Tanzania, Etiopía y otros del África Subsahariana.
El exviceministro de Brasil sostuvo que eso representará una “mayor demanda” de energía y de otros servicios e insumos básicos.
En los próximos 20 a 25 años la contribución relativa de la demanda mundial dejará de estar centrada en los países que nuclean el G7, y estará en “los E7, que son las siete economías emergentes: China, India, Brasil, Indonesia, Méjico, Turquía y Arabia Saudita”.
Esto tiene una “importancia muy grande” para los países de la región, porque en el caso de “India duplicará su ingreso per cápita de US$ 3.000 a US$ 6.000” en siete años, dijo.
Comparó que esto sucederá a diferencia de lo que pasa actualmente en otros países, como los europeos, donde las personas destinan su ingreso adicional a tener “más vacaciones”, a un “mejor servicio de salud” o a “diversificar su portafolio de inversiones” particulares.
Troyjo advirtió que en India lo que hacen las personas es destinar ese aumento de ingresos a “comer más”, por lo que habrá un “shock” de consumo de calorías y de nutrientes, lo que significará un “cambio estructural” en la demanda de alimentos y en inversiones para producirlos.
Por este motivo, la región del sur de América tendrá una “oportunidad” y un “rol muy importante”, en un momento en el que “el agua, la comida y la energía pasan a ser muy importantes”, valoró.
A modo de ejemplo, este economista comentó que la inteligencia artificial y la minería para las criptomonedas representan una demanda de energía “gigantesca”.
En este contexto, los países importadores de alimentos y de insumos precisan “estabilidad”, debido a la necesidad de cumplir con el objetivo de brindar “seguridad” alimentaria a sus poblaciones, sostuvo.
Troyjo enfatizó que es importante tener una “buena estrategia”, y que el escenario 2.0 traerá “más oportunidades que riesgos” para el sector agropecuario y para los países de “nuestra región”.
Dos especialistas describieron cuáles son las claves visibles e intangibles para que las compañías y vínculos perduren; uno de los momentos más críticos es la sucesión.
La sustentabilidad de la empresa familiar fue uno de los ejes de reflexión en Agro en Punta, en una conferencia que abordó la gobernanza, la profesionalización y la planificación patrimonial como pilares para asegurar la continuidad generacional. La exposición estuvo a cargo de la coach ejecutiva sistémica y empresaria familiar, María Soledad Ulla, y de la abogada especializada en planificación patrimonial internacional y ejecutiva comercial de Investa Trust, Stephanie Brown.
Lejos de limitarse a una mirada jurídica o académica, la propuesta fue planteada como un “abordaje tridimensional”, que integra tres sistemas en interacción permanente: empresa, familia y patrimonio. “Si hablamos de sustentabilidad, hablamos de una clara intención de continuidad a través del tiempo y a través de las generaciones”, afirmó Ulla.
Desde esa perspectiva, el desafío no es únicamente económico. De hecho, Ulla sostuvo que “la mayoría de las empresas familiares no fracasan por falta de rentabilidad, sino por falta de una gobernanza diferenciada”. Y fue más directa aún: “Fracasan por falta de acuerdos, de conversaciones claras, de acuerdos escritos y firmados, y por falta de planificación de la sucesión”.
Empresa, familia y patrimonio
Uno de los conceptos centrales fue que la empresa familiar “nace dos veces”: cuando el emprendedor funda el negocio y cuando forma la familia. La empresa genera resultados y patrimonio; la familia, en cambio, genera intereses, expectativas y necesidades. Es en la interacción de ambos procesos donde emerge la complejidad.
“Son tres sistemas en interacción constante: empresa, familia y patrimonio”, explicó Ulla. Pero advirtió que esos son apenas los aspectos visibles. Lo verdaderamente desafiante son los factores “invisibles” o “intangibles” que operan en el trasfondo, y que impactan de manera decisiva en los resultados.
A partir de su experiencia de más de una década trabajando con empresas familiares –y también como integrante activa de una empresa de su propia familia– desarrolló lo que denomina “la ecuación ideal” y “la regla de oro”. La ecuación ideal es aspiracional: empresa exitosa, familia feliz, relaciones en armonía y patrimonio sólido. La regla de oro, en cambio, es operativa: “Profesionalizar la empresa, educar a la familia y proteger el patrimonio”.
Profesionalización y gobernanza
En materia de profesionalización, Ulla subrayó la necesidad de definir con claridad visión, misión y valores, no solo de la empresa, sino también de la familia y de cada integrante, de forma personal.
También puso el foco en la estructura institucional: asamblea de accionistas, consejo de administración, consejo de familia y, eventualmente, family office. “Generar una estructura de gobernanza con definición y buen funcionamiento de los órganos de gobierno” es, a su entender, una condición para evitar que la informalidad erosione la toma de decisiones.
En cuanto a la toma de decisiones, Ulla propuso “volver a lo simple” y definir prioridades entre los tres sistemas. “Cuando tengamos que tomar una decisión de tercer orden, preguntarnos qué impacto va a tener en el orden número dos y en el orden número uno”, explicó, en referencia a la jerarquización entre familia, empresa y patrimonio.
Las “ocho C” invisibles
La educación de la familia implica, según la expositora, hacer visible lo invisible. Allí introdujo lo que denomina las “ocho C invisibles” de la empresa familiar: comunicación, confianza, compromiso, coraje, coordinación de acciones, conflicto, colaboración y conciencia.
Sobre la comunicación, Ulla fue categórica: debe ser “asertiva, firme, amable, honesta y oportuna”. En cuanto a la confianza, advirtió sobre su doble filo. “La confianza en la empresa familiar funciona con doble cara”, señaló. Puede ser una fortaleza, pero el exceso puede llevar a confusión de roles e invasión de límites.
También destacó la importancia del coraje para abordar conversaciones difíciles: dinero, enfermedad, muerte, expectativas personales. “Son temas que muchas veces quedan debajo de la alfombra”, afirmó.
El consejo de familia y el protocolo
Ulla dedicó un tramo importante de la conferencia al rol del consejo de familia, al que definió como “el puente entre la empresa y la familia”. “Es el que protege a la familia de la empresa y a la empresa de la familia”, explicó.
Entre sus funciones mencionó la educación familiar, la preparación de sucesores, la mediación de conflictos y la custodia del protocolo familiar. Este último, dijo, no debe verse como un documento frío, sino como un proceso transformador. “No hay instrumento más valioso para aprender a conversar en familia que el proceso de redacción del protocolo familiar”, afirmó.
“La empresa familiar, o se disfruta, o se padece. Ustedes eligen”, sintetizó, dejando en claro que la estructura no elimina tensiones, pero sí permite gestionarlas de manera consciente.
La sucesión: el punto de quiebre
Uno de los momentos más críticos es el de la sucesión. “Hay un punto de quiebre que puede poner en riesgo la continuidad de la empresa familiar”, sostuvo. Allí confluyen liderazgos distintos, resistencias del fundador a soltar el control y la necesidad del sucesor de consolidar autoridad.
“La sucesión va a suceder sí o sí, y puede suceder de manera ordenada o de manera caótica”, afirmó. Si es repentina e inesperada, el aprendizaje se da “por impacto, prueba y error”. Si es planificada, se aprende con conciencia.
“Porque la herencia es lo que dejamos a las personas, pero el legado es lo que dejamos en las personas”, subrayó. Y concluyó: “El legado no se hereda, el legado se diseña”.
Patrimonio y estructuras jurídicas
Desde la mirada jurídica, Stephanie Brown profundizó en las herramientas disponibles para ordenar esa transición. Coincidió en que el diálogo debe comenzar cuando el patriarca está activo y lúcido. “El diálogo del legado es hoy, no es mañana cuando la persona ya no está lúcida”, afirmó.
Planteó la necesidad de diferenciar, pero hacer dialogar, los tres sistemas: “No puede ser que mi patrimonio personal responda por los miembros de la familia, ni que la empresa responda con el patrimonio personal”.
El protocolo familiar fue presentado como un instrumento jurídico y moral, que debe contemplar escenarios posibles: herederos con intereses distintos, socios con grados diferentes de involucramiento y criterios diversos sobre reinversión o distribución de utilidades, acotó.
Explicó que la institucionalización y los acuerdos de accionistas no solo ordenan la familia, sino que también agregan valor económico a la empresa. “Una empresa vale más no solamente por su Ebitda, sino por el orden que tiene”, sostuvo.
En materia de planificación patrimonial, Brown describió estructuras como sociedades, fundaciones de interés privado, fideicomisos y seguros recíprocos entre socios, siempre bajo un enfoque “caso a caso”. El objetivo es evitar improvisaciones, conflictos judiciales y urgencias que erosionen valor.
“El no hacer nada implica dejar un desorden”, advirtió. Y dejó una síntesis final que conectó con el mensaje inicial: “La mejor herencia no es el dinero, sino el orden”.
El cultivo de girasol vuelve a ganar espacio en la agricultura uruguaya y comienza a plantear nuevas oportunidades comerciales, especialmente vinculadas a la exportación. Así lo señaló el director de Agrosud, Fernando Villamil, al analizar el escenario del cultivo en el marco de la Inauguración de la Cosecha de Verano – Edición Girasol.
El ejecutivo indicó que el área del cultivo se ha recuperado en los últimos años, lo que abre un escenario “diferente” para la cadena agrícola.
“Se ha ido recuperando el área en los últimos dos o tres años y estamos en un momento donde los próximos crecimientos de área van a implicar saldos exportables”, señaló Villamil.
Dijo que un mayor desarrollo del cultivo podría generar “impactos positivos” no solo en la agricultura, sino también en la logística y en la industria vinculada.
“En la medida que haya una coyuntura de precios favorable, esto es beneficioso para el sector agrícola, para la logística y también para la industria nacional”, sostuvo.
Villamil recordó que Uruguay ya tuvo una etapa exportadora relevante con el girasol, especialmente en los primeros años de la década del 2000. “Uruguay tuvo protagonismo exportador entre el 2000 y el 2008, también los años 90 y esa experiencia es relativamente reciente”, comentó.
Además, el director de Agrosud destacó que la actual estructura exportadora del país facilita retomar ese camino, ya que los operadores del sector tienen mayor experiencia logística y comercial por el crecimiento de las exportaciones de soja, trigo y otros granos.
“Hoy los exportadores tienen una gimnasia exportadora mucho mayor que en aquella época”, afirmó.
Para aprovechar esa oportunidad, Villamil sostuvo que el crecimiento del área debería concentrarse principalmente en girasol de primera, lo que permitiría optimizar la logística portuaria.
“La apuesta debería ser al girasol de primera, con cosecha entre febrero y marzo y embarques entre marzo y abril”, explicó.
De esa forma, el cultivo podría ocupar una ventana logística previa al fuerte movimiento de exportaciones de soja. “La idea es que no se superponga con la carga de soja, que se concentra principalmente en mayo”, señaló.
Villamil también advirtió que el mercado internacional del girasol presenta características diferentes a las de otros granos, con menor liquidez y menos referencias de precios. “Una de las características del girasol es la poca liquidez del mercado”, dijo.
A diferencia de la soja o el maíz, el cultivo no cuenta con mercados de futuros ni con referencias internacionales claras. “No hay una pizarra internacional ni un mercado de futuros que permita arbitrar precios, por lo que los negocios se realizan directamente en el mercado físico”, consideró.
Eso implica que las oportunidades comerciales aparecen de forma puntual y no de manera permanente, a la vez mencionó que los precios pasan a tener paridad de exportación.
A modo de ejemplo, Villamil mencionó que Argentina, con una cosecha cercana a 5,5 millones de toneladas, exporta apenas unas 300.000 toneladas por año, lo que refleja el tamaño relativamente reducido de este mercado.
En materia logística, Uruguay podría aprovechar la integración regional para colocar su producción. “Las cargas de girasol pueden complementarse con embarques que salen desde Argentina, completando bodegas o integrándose a otros embarques de granos”, explicó.
Este tipo de operaciones es habitual en el comercio internacional de granos y facilitaría la salida del producto desde los puertos de la región.
En cuanto a los destinos potenciales, Villamil señaló que Europa aparece como el principal mercado, tal como ocurrió en etapas anteriores. Entre los destinos históricos mencionó España, Portugal, Italia y Francia, además de países del norte europeo donde la mercadería ingresaba a través del puerto de Rotterdam.
“También Turquía ha sido un comprador importante de semilla de girasol”, agregó.
Nicolás Nadal
El productor agrícola Nicolás Nadal, de Young, compartió su experiencia con el cultivo de girasol durante el panel técnico “Rompiendo barreras: claves productivas y comerciales para consolidar el crecimiento del cultivo”, realizado en el marco de la Inauguración de la Cosecha de Verano – Edición Girasol.
Nadal explicó que en su sistema productivo el girasol se incorporó como una alternativa dentro del esquema de cultivos de verano, ocupando parte del área que antes se destinaba a soja de primera. “Se mete como un porcentaje del área de soja de primera. Lo que antes destinábamos a soja estamos sacando un 20% para girasol”, señaló.
Este cambio permitió mejorar la organización del trabajo y la logística de las siembras. Al adelantar el inicio de la campaña de verano, se reduce el volumen de soja a implantar más adelante y se descomprime la operativa. “Nos permite adelantar el inicio de la siembra y nos queda menos área de soja para sembrar más adelante. Entonces se descomprime todo”, explicó.
Además del aspecto operativo, destacó que el cultivo aporta mayor estabilidad productiva al sistema agrícola. “Nos está aportando más estabilidad por diferir los períodos críticos. Lo que era el período crítico de soja hoy lo estamos ampliando y captamos agua en diferentes momentos”, comentó, señalando que esta diversificación contribuye a mejorar el comportamiento general de la rotación frente a escenarios climáticos variables.
Nadal indicó que “este año se dio un menor uso de insecticidas que en soja. No tenés la presión de la chinche, que es de lo que lleva más cantidad de aplicaciones”, sostuvo.
Desde el punto de vista productivo, el productor señaló que el desempeño del cultivo ha sido positivo en las últimas campañas. En el ciclo anterior, los rendimientos promedios alcanzaron valores cercanos a 2.400 kg/ha en base seca y limpia, con contenidos de aceite entre 56% y 57%.
Para la zafra actual, aún en etapa de cosecha, los resultados muestran mayor variabilidad debido al déficit hídrico. “Tenemos chacras de 1.300 o 1.400 kilos y otras de 2.000 kilos. No sé cómo va a cerrar el promedio, pero imagino que vamos a estar unos 500 kilos abajo”, comentó.
De todos modos, Nadal considera que la ecuación económica del girasol puede ser favorable frente a la soja en el actual contexto productivo. “La rentabilidad va a ser bastante mejor que la de la soja”, afirmó, señalando además que el potencial del cultivo de soja viene deteriorándose rápidamente por la falta de lluvias. “El techo creo que está en 2.400 kilos, seguro. De ahí para abajo no sé cuánto, según lo que pase de acá en más”, agregó.
El girasol también aporta ventajas desde el punto de vista agronómico dentro de la rotación. Al cosecharse con mayor anticipación, permite preparar mejor las chacras para los cultivos de invierno. “Te permite liberar la chacra bastante tiempo antes y trabajar con herbicidas para preparar mejor el cultivo siguiente”, explicó Nadal, mencionando situaciones frecuentes de manejo de raigrás previo a la siembra de trigo, cebada o colza.
Otro aspecto que destacó es la calidad del rastrojo que deja el cultivo. “El rastrojo de girasol deja muy buena cama de siembra para el cultivo siguiente. Los cultivos nacen con un vigor inicial más alto que cuando se siembran atrás de soja”, comentó.
Incluso mencionó resultados observados en algunos ensayos donde los cultivos de invierno implantados luego de girasol muestran rendimientos ligeramente superiores en comparación con aquellos sembrados después de soja.
Finalmente, Nadal subrayó que el cultivo también aporta mayor previsibilidad financiera para las empresas agrícolas. “Estamos en marzo y ya estamos terminando de cosechar. Vamos a cobrar el girasol ahora, y eso también le da estabilidad a la caja de la empresa”, concluyó.
Para Fernando de Queiroz “la volatilidad va a ser la nueva realidad” y los negocios ahora se hacen “con quién confías”, exigiendo la mayor neutralidad posible de los gobiernos.
El contexto geopolítico “nunca tuvo un impacto tan grande” a nivel comercial, según analizó el presidente global de Minerva Foods, Fernando de Queiroz. Durante su participación en Agro en Punta, el empresario destacó las ventajas comparativas de Sudamérica para la producción de alimentos, y cuál debe ser la estrategia comercial en este contexto, en el que la volatilidad será parte de la nueva realidad.
El director de la mayor exportadora de carne vacuna de Sudamérica analizó que está cambiando la estructura productiva a nivel mundial. Señaló que en el hemisferio norte falta mano de obra, agua y energía, lo que hace más difícil la gestión de la sustentabilidad.
Sin embargo, todos esos recursos que faltan en el hemisferio norte, “el hemisferio sur los tiene en abundancia“, planteó. “Tenemos cómo abastecer la demanda. Si hablamos de los sectores de la producción de carne y de leche, son indiscutiblemente donde existen las diferencias más grandes entre los sistemas de producción de uno y otro hemisferio”, sostuvo.
Destacó que en Sudamérica “tenemos la posibilidad de extraer lo mejor de los dos sistemas” de producción ganadera, a pasto y a granos. Agregó que “no dependemos solo de los granos, como en el hemisferio norte, donde tienen inviernos rigurosos y falta el agua”. Y remarcó que “de esta forma, en Sudamérica podemos tener productividad y competitividad”.
De Queiroz hizo referencia a la teoría de la ventaja comparativa, de David Ricardo (1817), que establece que los países deben especializarse en producir y exportar bienes con un menor costo de oportunidad relativo, incluso si otros países son más eficientes en todo, y que esto fomenta el comercio libre, aumenta la eficiencia global y el bienestar mutuo.
En tal sentido, el presidente global de Minerva Foods destacó las ventajas comparativas de la región, y en particular de Uruguay, en la producción agropecuaria.
Y sostuvo que “tenemos que mostrarle al mundo, de la forma más antigua, viajando con un portafolio en la mano, qué hacemos, por qué lo hacemos diferente y de una forma más competitiva”.
Insistió en que “Sudamérica es la zona del planeta con más ventaja, con más neutralidad, que tiene la forma más natural y sostenible de producir. Y particularmente Uruguay, por un tema que considero muy importante y que no encontramos en los otros países, que es un ecosistema con una homogeneidad de producción. Por eso Uruguay siempre va a estar adelante en temas de sanidad, de sustentabilidad, de garantías de neutralidad política”.
Estos cambios en la estructura productiva también modifican los precios, pero no así el consumo. A propósito, el empresario cárnico señaló que “estamos con los precios más altos de la historia en el hemisferio norte, pero el consumo no baja”. Admitió que se creía que el consumo podría pasar a otra proteína, o a los carbohidratos, pero eso no ocurrió. Y analizó que esta readecuación de los precios es parte de una tendencia que “recién comienza”.
Insistió en que Sudamérica “es un pilar de sustentabilidad, de estabilidad, de tecnología y principalmente tenemos los recursos naturales más importantes, algo que no evaluamos tanto”. A propósito, sostuvo que el agua “es el gran tema”. Comentó que cuando habla gente de Medio Oriente les comentan que el agua “es nuestra ventaja comparativa”.
“Cuando vendemos carne, soja, maíz, vendemos agua de diferente forma. Somos buenos en la producción de alimentos, no hay región del mundo que pueda producir como nosotros”, insistió.
Y planteó que en este escenario se presentan oportunidades para transformar los desafíos vinculados con la geopolítica, sustentabilidad, accesibilidad, precios y competitividad, a través de un mayor trabajo en conjunto entre el gobierno y el sector privado.
Actualidad geopolítica
El presidente de Minerva Foods analizó que en el mundo “hay una transición estructural”, y que “nunca en toda la historia los temas geopolíticos han tenido un impacto tan grande”. Repasó que antes se hablaba de nearshoring –instalar empresas en lugares cercanos a los mercados, por logística, para poder entrar con productos–, pero que ahora la lógica es el “friend shoring”, porque los negocios se hacen “con quién confías”.
A propósito, planteó el ejemplo de Estados Unidos, que “cierra las puertas a países que no comparten su ideología, y las abre a los que sí la comparten”. Analizó que esto “va a traer mucha más volatilidad en nuestros sistemas políticos”, y recordó que Brasil tendrá elecciones en octubre de este año.
De Queiroz consideró que la volatilidad “va a seguir como la nueva realidad”, pero sostuvo que “nos podemos proteger con agilidad” y “tener la gestión del riesgo mucho más presente en nuestro negocio”. A propósito, planteó la diversificación de zafras en los establecimientos, y agregar complementariedad, algo que “nos puede tornar únicos”.
Trabajo público-privado
Ante este contexto, el empresario planteó que “tenemos que trabajar con el gobierno para que sea lo más neutral posible”. Agregó que los países del Mercosur deben trabajar juntos, pero también por separado.
En tal sentido, felicitó al gobierno uruguayo “por lo que está buscando hacer con China, por estar buscando hacer acuerdos bilaterales, pero respetando las reglas del Mercosur”. Y consideró que “esta flexibilidad se vuelve cada vez más importante y más sana para los países”.
“Hoy hay que hacer, no hay más una regla que vale para todos. Hay situaciones particulares en las que el sector privado tiene que estar, junto con el gobierno, trabajando para lograr lo mejor, considerando toda esta situación geopolítica que es muy cambiante”, planteó.
Agregó que “hay temas fundamentales, que son barreras, pero que se vuelven oportunidad”. Señaló que una de ellas es la “presión por la sustentabilidad, el cambio climático, que es un tema que sale un poquito de la agenda, pero que va a seguir en la consideración de los nuevos consumidores”; y el otro tema es la inestabilidad geopolítica.
“El gobierno puede decir y hacer cosas que en el sector privado no podemos, y viceversa. Por lo tanto, una vez que tenemos una agenda única, nos volvemos mucho más fuertes”, afirmó el presidente de Minerva Foods.
Seguridad alimentaria
Los temas vinculados con la seguridad alimentaria “se volvieron muy serios”, sostuvo De Queiroz. Indicó que en países desarrollados, como Estados Unidos y los europeos, la alimentación representa entre 8% y 9% del presupuesto de una familia; sin embargo, en los países en desarrollo la alimentación ocupa entre 40% y 45% del presupuesto familiar, siendo el rubro más importante.
A propósito, señaló que una inflación de los alimentos “derriba gobiernos, cambia sistemas políticos, porque no hay nada más peligroso que no tener comida en la mesa”.
Por lo tanto, señaló que por un lado hay países que buscan cómo desarrollar políticas para impulsar la producción de alimentos; y por otro lado, países que reconocen que no pueden desarrollar su producción y buscan hacer acuerdos comerciales con aquellos que son más competitivos. “Así surgen los acuerdos comerciales, porque estar cerca de los países competitivos es la gran estrategia”, afirmó.
En tal sentido, insistió que “en Sudamérica somos, por lejos, los más competitivos en ganadería”, ya que “no hay forma de producir con esta eficiencia en ningún otro lugar del mundo”.
También afirmó que los acuerdos “se vuelven cada vez más importantes” y que “cada vez más tenemos que comprender qué necesitan los países de destino”. “Tenemos que estar con los gobiernos trabajando en aranceles, en acceso, no solo sanitarios, sino en acceso real”, sostuvo el empresario cárnico.
En tal sentido, planteó el ejemplo del acceso de Uruguay a Japón, que calificó como “una oportunidad de oro”, pero lamentó que los aranceles impiden que sea un “acceso real”.
De Queiroz insistió en que la proteína “es parte esencial de la solución alimentaria”. Recordó que recientemente Estados Unidos cambió la pirámide de alimentación, y la proteína pasó al nivel más alto. “Éramos los villanos y ahora somos los héroes de la historia”, dijo.
Gaza y Arabia Saudita
El presidente de Minerva comentó que visitó Gaza antes del conflicto y “tuve una recepción espectacular de los palestinos, nunca fui tan bien tratado en otro lugar, y me explicaban que en los lugares de conflicto, en el momento de las comidas, es cuando saben que toda la familia está bien, que todos están sanos y juntos”. Y por eso, consideran importante tener empresas que les puedan proveer alimentos, que les permitan tener estos rituales familiares, “lo valoran mucho, y eso nos inspiró”, dijo.
Por otra parte, al referirse a Arabia Saudita, el empresario dijo que uno de los inversores más importantes de Minerva Foods es el Fondo Soberano de ese país.
De Queiroz comentó que los árabes de la región del Magreb “son muy sociables, son muy del cara a cara, hacen negocios a partir de la confianza que generan”. Destacó que en un mundo donde hay muchas más comunicaciones, a través de internet, de inteligencia artificial, “ellos priorizan las relaciones personales para generar vínculos de confianza y desarrollar proyectos”.
Y comentó que Uruguay “ya está presente con fuerza en Arabia Saudita, reemplazando a Australia con un producto de calidad”.
Complementariedad
Cuando se refirió a la complementariedad, De Queiroz planteó el ejemplo de Brasil, donde el etanol de maíz representa un tercio de todo lo que se produce en el país, que antes se basaba en caña de azúcar. Señaló que la burlanda del maíz, que es el residuo del proceso de etanol, “es perfecto para la producción ganadera, extremadamente eficiente”, y planteó que “cada usina de etanol de maíz debería tener corrales”, porque el producto ni siquiera necesita ser secado.
Insistió en que hay sistemas complementarios, y que la diversificación “es la mejor forma de gestión del riesgo que puede tener un productor en Sudamérica”.
Escala
El presidente de Minerva Foods consideró que también “necesitamos ser grandes”, porque hubo una concentración de los compradores del mundo después de la pandemia. “Los supermercados están más concentrados, los foods services, las industrias. Tenemos que tener un balance de fuerza con los compradores en todo el mundo. Esto es fundamental para que tengamos competitividad. Tenemos que estar delante de los compradores con un equilibrio de fuerza”, enfatizó.