Con el objetivo de instrumentar medidas tendientes a “minimizar los riesgos derivados de la aplicación de productos fitosanitarios en salud humana y el ambiente”, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) decidió “prohibir” el uso con destino agrícola en “formulaciones tipo concentrado emulsionable, de sustancias consideradas como potencialmente cancerígenas”.
“Para demostrar que el contenido de benceno es 0,1% o menor, deberá presentarse un Certificado de Análisis que así lo exprese, emitido por un laboratorio que cumpla GLP y esté acreditado con la Norma ISO 17025”, según una resolución de la Dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA) de esa cartera de Estado, fechada el 18 de marzo de este año.
Indica que para la elaboración de los productos fitosanitarios en el tipo de formulación de Concentrado emulsionable (EC) son utilizados “solventes orgánicos derivados del petróleo, así como de otras fuentes de obtención”.
El Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT) de la Facultad de Medicina, que es un organismo asesor del MGAP en materia de salud humana, “ha identificado hidrocarburos clasificados como cancerígenos en categoría 1A y 1B en los productos fitosanitarios evaluados a la fecha”, argumenta.
Y advierte que la Agencia Internacional para la investigación del Cáncer (IARC, por su sigla en inglés) tiene clasificados en listas 1A y 1B a las sustancias químicas cancerígenas, donde “se incluyen derivados del petróleo y otras sustancias químicas peligrosas para la salud humana, siendo algunas de aplicación en la industria de fitosanitarios”.
Esta decisiónse encuentra acordecon el “compromiso asumido” por esta secretaría de Estado, en “fomentar la producción agrícola responsable y el uso racional de productos para el control de plagas agrícolas”, “garantizando un alto grado de protección que prevengan o minimicen los riesgos a la salud humana y ambiental”, señala.
Enfatiza que “es prioridad de la DGSA del MGAP continuar generando e impulsando una serie de medidas de restricción a la aplicación de sustancias activas fitosanitarias o aditivos potencialmente peligrosas”.
Clorpirifós y Carbosulfán.
En otra resolución, esa misma unidad ejecutora del MGAP prohibió el uso de “Clorpirifós en todos los usos a excepción de los siguientes cultivos y usos: Maíz: Gusanos cogolleros (Spodoptera cosmiodes, Spodeoptera frugiperda), barrenador del tallo de maíz (Elasmopalpus lignosellus), Gusano cortador (Peridroma saucia) y Gusano cogollero del maíz (Helicoverpa armígera); en Sorgo: Gusanos cogolleros (Spodoptera cosmiodes, Spodeoptera frugiperda), barrenador del tallo de maíz (Elasmopalpus lignosellus).
En la misma línea de disponer nuevas medidas vinculadas a los agroquímicos, en una tercera resolución la DGSA prohibió la “importación, registro y renovación de los productos fitosanitarios a base del ingrediente activo Carbosulfán”.
La medida rige a los 30 días de su publicación y “otorga 180 días para agotar stocks declarados”, y luego “su comercialización y uso quedarán prohibidos”, aclara el MGAP en esa resolución, fechada el 18 de marzo pasado.
La zafra de verano dejó un escenario “muy heterogéneo” en el sur del país, con “fuertes pérdidas” productivas en secano y un desempeño “destacado” de los sistemas bajo riego. Así lo indicó el ingeniero agrónomo de Asiemagro, Gonzalo Sciarra, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Comentó que el comportamiento de los cultivos estuvo “fuertemente” condicionado por la distribución de las lluvias, especialmente por un evento clave registrado el 23 de febrero, que marcó diferencias significativas entre zonas.
En el sur de San José se registraron acumulados de hasta 100 a 140 mm, mientras que en otras áreas, como partes de Canelones, las lluvias fueron inferiores a 50 mm o incluso inexistentes. “Hay una gran dispersión de situaciones según la lluvia que agarró cada zona”, afirmó.
En soja, los resultados reflejan esa variabilidad. Las chacras más afectadas, especialmente de primera o segundas tempranas, se ubican en el entorno de 1.500 kg/ha, mientras que aquellas que lograron captar las lluvias alcanzan rendimientos cercanos o superiores a 2.000 kg/ha.
En algunos casos puntuales, las de segunda sembradas más tarde y favorecidas por las precipitaciones logran proyectar rindes de hasta 2.500 kg/ha, aunque no representan la generalidad.
En maíz de secano, el impacto también fue “importante”. Muchos cultivos fueron destinados a silo ante la falta de desarrollo, y los que llegaron a cosecha muestran rindes dispares.
En el sur, los maíces de primera se ubican mayoritariamente entre 3.500 y 5.000 kg/ha, mientras que los de segunda presentan mejores perspectivas en las zonas que recibieron lluvias. “Muchos maíces se picaron y los que quedaron son los mejores”, señaló.
En el noreste de Canelones, por ejemplo, los maíces de segunda se posicionan entre 4.500 y 5.000 kg/ha, mientras que en zonas de San José con mejores lluvias se proyectan rindes de hasta 6.000 kg/ha.
El contraste más marcado se da en los sistemas bajo riego, donde “la producción no solo se sostuvo, sino que incluso supera las expectativas iniciales”.
La campaña demandó un uso intensivo del riego, con aplicaciones que alcanzaron los 400 mm, en lo que fue una de las zafras más exigentes en términos hídricos. “Es la zafra en la que más se ha regado”, indicó.
Los resultados productivos acompañan ese esfuerzo. En algunos sistemas, los rindes de maíz bajo riego superan los 13.500 kg/ha promedio, con chacras que alcanzan niveles aún más altos.
Este desempeño responde no solo al riego, sino también a la incorporación de tecnología, como manejo por ambientes, fertirriego y mejora genética. “El riego sigue mejorando los rindes todos los años”, sostuvo.
En un escenario de déficit hídrico marcado, la zafra deja en evidencia la creciente brecha entre sistemas bajo riego y de secano, y refuerza el rol del agua como factor determinante en la estabilidad productiva.
La planificación de la zafra de invierno se presenta con márgenes ajustados, en la que los puntos de equilibrio elevados obligan a afinar los números y priorizar cultivos con mejor relación riesgo-retorno. En este escenario, la estructura de costos pasa a ser “determinante” en la toma de decisiones. Así lo señaló el gerente de Producción y Desarrollo de Dufour Commodities, Emiliano Álvarez, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Explicó que con estructuras de costos completas —incluyendo arrendamiento, maquinaria, fletes y poscosecha—, los cultivos de invierno muestran exigencias importantes en términos productivos. La ecuación económica obliga a analizar cada componente del negocio con mayor precisión.
En el caso de las crucíferas, particularmente colza (canola) y carinata, los costos se ubican en el eje de US$ 850 a US$ 900 por hectárea, lo que posiciona estos cultivos como los más competitivos dentro de la rotación. Se trata de opciones que mantienen una mejor relación entre inversión y riesgo productivo.
Con precios en torno a US$ 485/t, el punto de equilibrio para colza se ubica entre 1.700 y 1.800 kg/ha, mientras que en carinata baja a niveles cercanos a 1.500 kg/ha. Estos niveles permiten sostener el interés por estos cultivos en la planificación de invierno. “Las crucíferas siguen siendo las opciones más competitivas en el invierno”, afirmó.
En contraste, los cultivos tradicionales muestran mayores exigencias en términos de rendimiento. Esto responde a costos más elevados y a un contexto de precios que no siempre acompaña, acotó.
La cebada y el trigo presentan costos que superan los US$ 1.000/ha, con paquetes tecnológicos completos y considerando todos los componentes del negocio. En estos casos, la eficiencia productiva pasa a ser clave para sostener márgenes.
En cebada, con referencias de precios entre US$ 220 y US$ 240/t, el punto de equilibrio se ubica en el entorno de 4.800 a 4.900 kg/ha. En trigo, con un precio de referencia de US$ 220/t y costos cercanos a US$ 1.100/ha, el punto de equilibrio asciende a 5.000 kg/ha. “El trigo queda muy desafiante a estos precios”, sostuvo.
El análisis muestra que el componente precio tiene un impacto determinante en el resultado, con variaciones de US$ 20 de tonelada que pueden modificar significativamente el margen. En ese sentido, la gestión comercial aparece como un factor clave.
A su vez, el técnico advirtió que el negocio presenta diferencias regionales, aunque menos marcadas de lo esperado. Las condiciones productivas y logísticas tienden a equilibrar los resultados entre zonas.
Si bien en el litoral norte el costo de arrendamiento es menor, ese diferencial se compensa con mayores costos logísticos. Esto hace que los puntos de equilibrio terminen siendo similares entre regiones. “Lo que se ahorra en renta se termina pagando en flete”, dijo.
Otro factor clave en la ecuación es el costo de los fertilizantes, particularmente el nitrógeno. Este insumo tiene un peso central en los cultivos de invierno por su impacto en rendimiento y calidad.
Los precios de la urea registran subas de entre 25% y 30% interanual, lo que impacta directamente en los costos, especialmente en trigo y cebada. Este aumento refuerza la necesidad de optimizar el manejo agronómico. “El nitrógeno es lo que realmente mueve la aguja en los costos”, señaló.
En este contexto, la toma de decisiones pasa por ajustar estrategias productivas, evaluar alternativas de manejo y definir esquemas comerciales que permitan capturar mejores precios. La eficiencia y la planificación serán determinantes.
El escenario muestra un invierno en el que la competitividad dependerá cada vez más de la capacidad de gestión de cada sistema productivo y de la adaptación a un contexto más exigente.
La agricultura está entrando en una etapa distinta. Más exigente en términos productivos, más demandante desde los mercados y más consciente del impacto ambiental. En ese escenario, UPL decidió reordenar su estrategia en Uruguay y dar un paso estructural: el desembarco formal de su unidad global de biosoluciones Natural Plant Protection (NPP) con un nuevo distribuidor exclusivo, Dapama, a través de su división Nutrea.
El movimiento no es simplemente comercial, “es estratégico, porque más del 80% de la inversión global en I+D está yendo a semillas y biológicos”, afirmó Santiago Scavuzzo, director de Dapama, al explicar el trasfondo de la apuesta. “No es solo una decisión para la compañía, es poner a disposición del productor uruguayo las mejores soluciones para una producción sustentable y de altísimo rendimiento”.
NPP: la plataforma global de biosoluciones de UPL
Diego Gandulfo, director de Marketing de UPL Cono Sur, explicó que NPP es la unidad específica de biosoluciones de UPL Corporation, creada para acelerar el desarrollo y comercialización de soluciones de origen biológico a nivel global.
“NPP es la unidad de biosoluciones de UPL, Natural Plant Protection. Es una plataforma que nos permitió poner foco e inversión en nuevas soluciones para los mercados donde operamos”, señaló.
El mercado global de biosoluciones crece a una tasa cercana al 17% anual en facturación, impulsado por la demanda de sustentabilidad y por consumidores cada vez más exigentes. En América Latina, esa tendencia “se replica”, acotó.
En ese marco, Uruguay pasa a formar parte de esa estrategia regional a través de una alianza con un socio local con estructura técnica y comercial consolidada. Tomás Mayol, gerente de UPL en Uruguay, fue claro al explicar el cambio de modelo. “Para NPP la estrategia es distinta. Es un proyecto muy importante dentro de UPL y estamos convencidos de que en Uruguay nuestra facturación va a estar 50/50 entre biosoluciones y fitosanitarios en poco tiempo”, sostuvo.
A diferencia del negocio tradicional de fitosanitarios —donde UPL operaba a través de distintos importadores—, en NPP se optó por una alianza estratégica con un único distribuidor que pudiera desarrollar el mercado desde el inicio.
“Buscamos un importador y distribuidor que ya estuviera en el mercado y no tuviera que aprender desde cero esta parte del desarrollo. Y ahí nos encontramos con Nutrea”, explicó Mayol.
Sustentabilidad con rentabilidad
Luis Galante, gerente comercial de Nutrea, definió el acuerdo como “dar un paso adelante”. La empresa ya venía especializada en soluciones biológicas, pero esta alianza “consolida una estrategia” de largo plazo.
“Creemos que esta familia de productos representa el futuro. Hoy puede ser un segmento más chico frente a fertilizantes o agroquímicos tradicionales, pero es el que más está creciendo”, afirmó.
Galante remarcó además un cambio generacional en la demanda: “Las nuevas generaciones nacen con otro chip. Quieren probar, innovar, animarse. No significa que lo anterior esté mal, pero se abren varios frentes a la vez”.
Para Manuel Terraza, gerente general de UPL Cono Sur, la sustentabilidad no puede ser solo ambiental. “La sustentabilidad tiene que estar en lo económico, lo ambiental y lo social”, señaló. Y agregó que las biosoluciones permiten mantener rendimiento con menor impacto, mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes y reducir la huella ambiental sin resignar productividad.
Complementariedad, no reemplazo
Uno de los puntos más reiterados en las exposiciones fue que el enfoque no es reemplazar abruptamente la protección tradicional, sino integrar herramientas. “Son soluciones de mediano y largo plazo”, explicó Gandulfo. “En algunos casos no se trata de buscar más rendimiento, sino el mismo rendimiento con menor impacto ambiental”.
Terraza agregó que el equilibrio entre químicos tradicionales y biológicos dependerá del mercado y de las exigencias regulatorias, pero la tendencia global es clara: menor carga de pesticidas, mayor trazabilidad y mejores estándares de sostenibilidad.
“Lo que hoy no está restringido puede estarlo en el corto o mediano plazo. Tenemos que ser visionarios y hacer la transición de manera acelerada”, sostuvo el ejecutivo.
Los primeros productos
Alberto Bouvier, responsable técnico de Nutrea, detalló los primeros productos que estarán disponibles comercialmente: Biozyme TF, que aplicado en semilla mejora el establecimiento y vigor inicial; Foltron Plus, orientado a mitigar situaciones de estrés biótico y abiótico; Fitobolic, enfocado en etapas reproductivas y aumento de productividad; y K-FOL, soluciones para llenado y traslocación de nutrientes con base en potasio.
“Estamos haciendo el trabajo que conocemos bien: ser el nexo entre la oferta biológica y las necesidades del productor”, indicó Bouvier.
Mayol adelantó que el portafolio se ampliará progresivamente con nuevas soluciones vinculadas a eficiencia en fertilización nitrogenada y tecnologías basadas en sílice, entre otras innovaciones.
Scavuzzo subrayó que UPL está muy cerca del productor, con resultados en Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay que son escalables a nuestra realidad.
En el marco de Agro en Punta, Nutex presentó oficialmente su nueva unidad Nutex Bio Agro con una propuesta diferente, profundizar sobre un tema clave para la producción moderna, el estrés abiótico en cultivos.
La conferencia estuvo a cargo de Santiago Signorelli, profesor agregado de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, y director del grupo Food and Plant Biology, un equipo multidisciplinario con proyección internacional, vínculos formales con universidades y centros de investigación de Australia y Alemania, y financiamiento de Uruguay, Italia, Alemania y Corea del Sur.
Su exposición, titulada Estrés abiótico en plantas: hasta dónde sabemos y qué herramientas tenemos para mitigarlo, fue una invitación a mirar más allá del síntoma visible y comprender qué ocurre dentro de la planta mucho antes de que el productor observe una caída de rendimiento.
“El problema es cuando usamos la palabra estrés para todo. Cuando una palabra explica todo, termina no explicando nada”, planteó Signorelli al inicio de su intervención, marcando el tono conceptual de la charla.
Qué es y qué no es estrés
Uno de los primeros puntos que abordó fue la necesidad de redefinir el concepto estrés. En el lenguaje productivo cotidiano, estrés suele asociarse automáticamente a sequía o a calor extremo. Sin embargo, desde la fisiología vegetal, el estrés abiótico es un fenómeno más preciso: es un factor ambiental externo –agua, temperatura, nutrientes, pH, radiación– que altera la funcionalidad de la planta.
Y funcionalidad “no se trata solamente de rendimiento, se trata de fotosíntesis, respiración, absorción de nutrientes, síntesis de moléculas; el rendimiento es lo último que se afecta”, sostuvo.
Esa afirmación cambia la lógica con la que muchas veces se analiza un cultivo. Antes de que aparezca el marchitamiento o la pérdida de vigor, la planta ya atravesó una reprogramación metabólica profunda. La caída de rendimiento es el desenlace, no el inicio del problema.
Signorelli diferenció además el estrés real de la simple “falta de confort”. Una planta puede no estar en su óptimo fisiológico y aun así no estar estresada en términos bioquímicos. El estrés comienza cuando la brecha entre el óptimo y la condición impuesta supera un umbral fisiológico y el costo energético de adaptación se vuelve demasiado alto.
En otras palabras, no toda variación ambiental es estrés. Las plantas están diseñadas para tolerar fluctuaciones diarias de luz, temperatura o disponibilidad hídrica. El problema aparece cuando la intensidad o duración de esas variaciones excede la capacidad de ajuste.
Tres estrategias frente a la adversidad
Desde el punto de vista biológico las plantas no son organismos pasivos. Frente a condiciones adversas despliegan distintas estrategias que el investigador clasificó en tres grandes categorías: escape –cuando ajustan su ciclo para evitar el período desfavorable–, evasión –cuando intentan amortiguar el impacto, como el cierre estomático para reducir la pérdida de agua en sequía– y tolerancia –cuando activan mecanismos internos más complejos y costosos energéticamente para resistir el daño–.
Es en esta última etapa cuando el estrés empieza a comprometer crecimiento y rendimiento. Pero incluso allí la planta no “colapsa” de inmediato: lucha, se reconfigura, invierte energía en defensa. Esa inversión energética es, precisamente, lo que termina pasando factura productiva, acotó el especialista.
Lo invisible que ya está ocurriendo
Uno de los conceptos más relevantes de la charla fue que el estrés puede detectarse mucho antes de que sea visible a campo. A través de ensayos en soja y leguminosas forrajeras, el grupo de Signorelli mostró cómo variables como la conductancia estomática, la acumulación de determinados aminoácidos o la activación de sistemas antioxidantes cambian varios días antes de que aparezca un síntoma externo. “La planta puede parecer no estresada, pero estarlo”, sintetizó.
Aquí entra en juego el trabajo de investigación que desarrolla el equipo Food and Plant Biology, utilizando herramientas de genómica, transcriptómica, proteómica y metabolómica. Las llamadas “ómicas” pueden analizar miles de variables internas en simultáneo y observar cómo la planta reprograma su metabolismo frente a cambios ambientales.
Ese salto metodológico implica un cambio de paradigma. Antes se estudiaba una proteína o una molécula puntual. Hoy es posible observar redes completas de respuesta, identificar patrones comunes a distintos estreses y comprender con mayor precisión qué procesos se activan primero. “Hoy podemos ver cómo un estrés afecta a una planta con un nivel de detalle impresionante”, afirmó Signorelli.
Para el agro uruguayo, donde la variabilidad climática es estructural y la sequía se ha vuelto recurrente, esta capacidad de diagnóstico temprano tiene implicancias estratégicas. Permite entender qué está pasando antes de que el daño sea irreversible, y también evaluar con mayor rigor el impacto de prácticas agronómicas e insumos.
Bioestimulantes
En ese marco conceptual, Signorelli abordó el rol de los bioestimulantes. Lo hizo desde la fisiología, no desde el marketing. “Los bioestimulantes no son magia”, aclaró. No eliminan el estrés, ni sustituyen la genética o el manejo agronómico, pero pueden contribuir a que la planta lo sobrelleve mejor.
Describió dos grandes mecanismos de acción. Por un lado, el aporte nutricional, facilitando moléculas –como aminoácidos– que aceleran la recuperación posestrés. Por otro, el mecanismo de priming o preacondicionamiento fisiológico, donde el bioestimulante activa anticipadamente mecanismos de defensa.
“La planta ya está pronta. Cuando aparezca el estrés la defensa va a ser mucho más alta”, explicó. Sin embargo, el efecto no es lineal ni automático. Depende del contexto ambiental, del cultivo y del momento de aplicación. “El timing puede importar tanto como el producto en sí”, afirmó. Una aplicación fuera de ventana o una dosis excesiva pueden no aportar beneficios adicionales.
En todo caso, Signorelli remarcó que genética y manejo siguen siendo las herramientas centrales. Los bioestimulantes son una pieza más dentro de una estrategia integral de manejo.
Pensar el rendimiento desde la eficiencia
El grupo de Signorelli trabaja también en aumentar la eficiencia del uso de carbono en las plantas, no solo captando más biomasa, sino reduciendo pérdidas metabólicas internas. “El rendimiento no es solo cuánto se fija de CO2, sino también cuánto se pierde”, explicó.
Las plantas, a diferencia de los animales, captan carbono directamente del aire. Sin embargo, una parte importante de ese carbono se pierde en procesos metabólicos que podrían optimizarse. Investigar esa eficiencia abre una nueva vía para mejorar productividad sin depender exclusivamente de la tolerancia al estrés, sostuvo.
Ese enfoque conecta fisiología básica con potencial productivo, demostrando que la ciencia fundamental también tiene impacto directo en el agro, resaltó.
Nutex Bio Agro: una gran apuesta de I+D
La conferencia de Nutex en Agro en Punta 2026 formó parte del lanzamiento de Nutex Bio Agro, la nueva unidad de la empresa tradicionalmente vinculada con la nutrición animal.
El gerente comercial de la compañía, José García, destacó la decisión estratégica de abrir esta nueva línea orientada a la producción vegetal con un enfoque sustentable.
El responsable de Investigación y Desarrollo, Joaquín Vargas, explicó que la unidad nace con el objetivo de impulsar sistemas más eficientes y con respaldo científico sólido.
La empresa trabaja con socios estratégicos internacionales, especializados en fertilizantes orgánicos y bioestimulación en base a péptidos, y anunció una fuerte apuesta a ensayos locales y vínculos con la academia para validar productos en condiciones reales.
En ese sentido, la colaboración con el grupo Food and Plant Biology, a cargo del profesor Santiago Signorelli, apunta a profundizar la comprensión de los mecanismos fisiológicos y optimizar recomendaciones técnicas.
El mercado mundial de aceites vegetales atraviesa una transformación profunda, impulsada por la expansión de los biocombustibles y por la creciente presión global por reducir las emisiones de carbono. En ese nuevo escenario, el peso relativo del aceite dentro del complejo oleaginoso gana protagonismo frente a la proteína, modificando las señales productivas y las perspectivas para distintos cultivos.
En el marco del Primer Simposio de Brásicas, organizado por la empresa Nufarm, el pasado 26 de febrero en Mercedes, el consultor en mercados internacionales de aceites y biocombustibles, Andrés Iolster, analizó en entrevista con VERDE las grandes tendencias que están reconfigurando el negocio agrícola a nivel global. Desde la expansión del diésel renovable hasta el crecimiento proyectado del combustible sostenible de aviación (SAF), el especialista sostuvo que la energía renovable será uno de los principales motores de los precios agrícolas en la próxima década.
¿Cómo describiría el momento actual del mercado internacional de aceites?
Estamos en una situación de incertidumbre total. Lo que domina el mercado es la discusión en Estados Unidos sobre el nuevo mandato de biocombustibles. El mercado está extremadamente nervioso, porque se espera una resolución que podría implicar un aumento de la demanda para transporte terrestre del orden del 60% al 70%, lo que equivale aproximadamente a 7 millones de toneladas (Mt) adicionales de aceites y grasas. Ese volumen sería un shock para cualquier mercado global. El problema es que el sistema estadounidense funciona de forma muy particular, es una isla.
¿Por qué afirma que Estados Unidos funciona como una isla en este mercado?
Porque el esquema de incentivos hace que sea prácticamente un mercado cerrado. En Estados Unidos existen dos grandes mecanismos de apoyo. Uno son los RINs, que son créditos ambientales, que se generan por cumplir con los mandatos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA). El otro es el subsidio directo al productor de biocombustibles, que antes se aplicaba al mezclador y ahora depende del tipo de materia prima y su perfil de sustentabilidad. Cuando uno suma esos incentivos, estamos hablando de varios cientos de dólares por tonelada. Además, existen aranceles a la importación que, con los anuncios recientes, pueden superar el 30%. En un aceite que vale aproximadamente US$ 1.100 por tonelada, el descuento que tendría que aceptar el aceite sudamericano para competir en ese mercado podría llegar a US$ 700 u U$S 800 por tonelada, que es algo completamente inviable. Por eso digo que Estados Unidos se comporta como una isla: puede generar una fuerte demanda interna, pero no necesariamente trasladar ese impacto al mercado global
Sin embargo, el mercado de Chicago ha reaccionado a esas perspectivas
Sí, porque Chicago refleja principalmente el mercado interno estadounidense. Pero lo que estamos viendo es que esa firmeza no se traslada directamente a los precios internacionales. La señal de Chicago se compensa con descuentos en las primas FOB de los aceites sudamericanos, porque esos aceites tienen que competir con otros como la palma, la canola o el girasol. Algo similar ocurre con el poroto de soja, donde también influyen los niveles de soja de Sudamérica en las primas. En definitiva, el precio del aceite de soja en el mercado internacional no puede replicar exactamente lo que ocurre dentro de Estados Unidos.
¿Qué está ocurriendo hoy con el mercado del girasol?
El girasol tiene una situación particular, por cuestiones climáticas en Ucrania, Bulgaria y otros países de la región. Se perdió aproximadamente 30% de la cosecha, lo que redujo la disponibilidad mundial. Eso generó una demanda muy fuerte por aceite de girasol, y hoy ese aceite mantiene una prima cercana a US$ 200 por tonelada sobre el aceite de soja. Esto demuestra que el mercado de aceites no es homogéneo. Cada aceite responde a su propia dinámica productiva, climática y geopolítica.
Durante muchos años la palma fue el gran regulador del mercado de aceites, ¿sigue cumpliendo ese rol?
La palma fue el cultivo que más creció durante décadas, y el que equilibraba el mercado global. Pero ese crecimiento hoy se está desacelerando. Malasia está prácticamente estancada, en torno a 20 Mt de producción anual, algo que ocurre desde hace casi una década. Indonesia sigue creciendo y ronda 45 Mt, pero a un ritmo menor. Además, la palma enfrenta cada vez más cuestionamientos ambientales, sobre todo en Europa, donde su uso está siendo progresivamente restringido. Si la demanda global de aceites se acelera y la palma no puede expandirse al mismo ritmo, la presión necesariamente se traslada hacia otras oleaginosas.
¿Cuál es el volumen del mercado de granos oleaginosos que está vinculado con la energía?
Se destinan aproximadamente 61 Mt de aceites y grasas a biodiésel y diésel renovable. Si ese volumen no existiera, los precios agrícolas serían claramente más bajos. Ese es el verdadero sostén estructural del mercado actual. A la vez, la tendencia indica que esa cifra se duplicará en menos de una década, lo que implica un crecimiento equivalente al que se registró en los últimos 20 años.
¿Dónde se generan los principales impactos sobre el mercado internacional?
Principalmente en Indonesia y Brasil, que sí están integrados al comercio global. En Indonesia, por ejemplo, cada aumento de 10 puntos en el mandato de biodiésel implica alrededor de 3 Mt adicionales de demanda de aceites. Brasil, por su parte, aumentó el corte obligatorio a B15 y discute subir un punto porcentual por año hasta B20. Cada punto adicional representa aproximadamente medio millón de toneladas de aceite. Esos cambios sí impactan directamente en el mercado internacional.
En este contexto, ¿qué ocurre con la soja?
Ahí aparece un problema estructural. Si aumentás la producción de soja para generar más aceite, inevitablemente también producís más harina proteica. Pero la demanda global de proteína ya no crece al ritmo de antes. El crecimiento poblacional se desacelera y el consumo per cápita de carne en muchos países se está estabilizando. Si empieza a sobrar proteína, esa proteína va a perder valor relativo. En ese escenario la harina podría terminar utilizándose como fuente energética en las dietas animales, reemplazando maíz o sorgo. Esto modifica completamente la relación histórica entre aceite y proteína en el complejo sojero.
¿Esta situación abre oportunidades para otros cultivos?
Sin dudas. Las oleaginosas que producen más aceite por hectárea pasan a tener una ventaja estructural. Ahí aparecen cultivos como girasol y canola, que producen más del doble de aceite que la soja por unidad de superficie. En Argentina, por ejemplo, el área de girasol pasó de algo más de 2 millones de hectáreas a más de 3 millones de hectáreas, y todo indica que seguirá creciendo. Hoy el margen bruto por hectárea del girasol es superior al de la soja de primera, lo que refleja este cambio en los precios relativos.
¿Qué rol puede jugar la carinata en este escenario?
La carinata es muy interesante, porque cumple con los requisitos europeos para producir combustible sostenible de aviación (SAF). Es un cultivo intermedio, tiene una buena huella de carbono y contribuye a aumentar el carbono del suelo, algo característico de muchas brásicas. El desafío es demostrar que no compite con cultivos destinados a la alimentación humana o animal, que es una de las condiciones que exige la normativa europea. Si se logra encuadrar correctamente dentro de esos criterios, puede tener un potencial importante.
¿Dónde estaría el mayor potencial de expansión?
En gran medida en las superficies que hoy están en barbecho. En Argentina, por ejemplo, hay 28 millones de hectáreas de cultivos de verano y apenas 8 millones de cultivos de invierno. Eso significa que existen cerca de 20 millones de hectáreas que permanecen en barbecho durante el invierno. Ahí es donde los cultivos intermedios, como la carinata, pueden encontrar su espacio. En Uruguay la intensidad agrícola es mayor, pero la lógica es similar: el principal competidor de estos cultivos suele ser el barbecho.
¿Qué está pasando con el combustible sostenible de aviación?
El mandato obligatorio en Europa es del 2% de SAF. En apenas cuatro años se eleva al 6%, es decir, se triplica. A partir de allí el crecimiento es prácticamente exponencial. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) tiene el objetivo de que la aviación sea carbono neutra en 2050. Para lograrlo, contemplando el crecimiento del tráfico aéreo, se necesitaría en el orden de 500 millones de toneladas de SAF.
¿Todo ese combustible se producirá a partir de aceites?
No necesariamente. Existen otras tecnologías, como el Power to Liquid, que consiste en capturar dióxido de carbono de la atmósfera y combinarlo con hidrógeno verde para producir combustibles líquidos. Pero hoy esas tecnologías son extremadamente costosas. En el corto y mediano plazo la vía más viable sigue siendo la producción de combustibles a partir de aceites y grasas.
¿Qué ocurre con el diésel renovable?
El diésel renovable, también conocido como HVO, está creciendo muy fuerte en Estados Unidos y prácticamente ya superó al biodiésel tradicional. A diferencia del biodiésel, que se produce mediante transesterificación, el HVO utiliza un proceso similar a la refinación del petróleo. Muchas refinerías están adaptando sus instalaciones para destilar aceites vegetales. Tiene ventajas técnicas claras: puede utilizarse directamente en los motores, sin necesidad de mezclas, y funciona correctamente incluso a temperaturas cercanas a –50 °C, algo que el biodiésel convencional no logra.
¿Y qué ocurre con otros sectores como el transporte marítimo?
La Organización Marítima Internacional está discutiendo regulaciones para reducir las emisiones. El proceso es más lento, porque hay resistencia de algunos países, pero los nuevos barcos ya se diseñan con motores capaces de adaptarse a combustibles alternativos. El cambio va a llegar, aunque probablemente de forma gradual.
¿Los biocombustibles serán el principal motor de los precios agrícolas?
Yo creo que sí. Si hoy no existieran 61 Mt de aceites destinados a energía, los precios agrícolas serían claramente más bajos. La energía renovable pasó a ser un componente estructural del complejo agrícola. Si la proteína pierde valor relativo, y el aceite gana protagonismo, el sistema productivo necesariamente se va a reorganizar. La agricultura ya no produce solamente alimentos, también produce energía, y esa doble función va a definir la lógica de los precios agrícolas hacia 2030 y más allá.
¿Cómo puede impactar en el mercado de biocombustibles el actual escenario bélico internacional?
Por un lado, estamos viendo que la suba del petróleo, más allá de la volatilidad aguda, puede generar más demanda de biocombustibles. Por ejemplo, en Brasil el biodiesel queda más barato que el diesel importado, eso puede adelantar la suba del mandato a B16. En Indonesia pasa algo similar, y quizás se aumente el mandato a B50 antes de lo esperado. Son cosas que se están discutiendo. Como primera conclusión, este escenario de conflictos es alcista para los precios de los aceites. Por otro lado, hay impactos negativos, como los aumentos de los costos de fletes, que nos perjudica más a los orígenes que estamos más lejos de la demanda en relación a los que están más cerca. Por ejemplo, si Egipto sale a comprar, el flete desde el Mar Negro va a subir mucho menos que desde Argentina. También, al analizar a la cadena desde el origen, impacta fuertemente en el costo de los fertilizantes, ya que buena parte de la producción se encuentra en el golfo Pérsico y para ser exportados tienen que atravesar el estrecho de Ormuz.
La carne internacionalmente es un producto que “muchas veces está siendo bombardeado, o criticado, entonces todo tipo de certificación ayuda”, valoró el director del frigorífico San Jacinto, Martín Secco, quien tiene amplia experiencia en el sector de la industria cárnica.
Ese comentario alude a algunos de los principales asuntos tratados en el panel titulado Uruguay Meat: calidad que impulsa a mercados globales, que organizó la Sociedad de Criadores de Aberdeen Angus del Uruguay en el marco de Agro en Punta, el 6 de febrero.
En esa actividad también se puso sobre la mesa la importancia de contar con un sistema “oficial”, que “diferencie en atributos basados en el consumidor”, en tener claro el concepto de “calidad” del producto cárnico y atender a la “multiplicidad de sellos” que “bombardean” al mercado.
El ejemplo del Angus
El Programa de Certificación de Carnes de Angus del Uruguay tiene “20 años de experiencia”, generado y dirigido en un 100% por esa gremial, que es una institución sin fines de lucro, dijo su presidente, Juan Pablo Pérez Frontini.
Consideró que, por lo tanto, “todos los ingresos del programa son volcados a la investigación, al marketing, al desarrollo de herramientas que agreguen valor al complejo cárnico”.
Eso es lo que lo hace “un poco distinto a otros programas de certificación”, acotó.
El objetivo es “posicionar a nivel mundial la carne uruguaya y al Uruguay”, con esa visión se pretende que el desarrollo del Programa de Certificación de Carnes “agregue valor y contribuya a la promoción y difusión de la raza” en el país y en los mercados “más exigentes” del mundo.
Además, Angus Uruguay maneja “cuatro sellos”, el Verificación Real, que verifica que los cortes provengan de animales Angus, y además la gremial de criadores “hace más de 85 años” que es “la única que trabaja en el estándar de la raza”, comentó.
Otro sello es el Premium, que “a la verificación racial le suma una clasificación por edad y grado de terminación del animal”, indicó.
El tercer sello es Grassfed, que a los anteriores le agrega la “certeza de que los cortes provienen de animales alimentados exclusivamente a pasto”.
Y por último, el nuevo sello, que se incorporó en 2025, “siempre atendiendo a la demanda de las empresas” que certifican con la gremial, que es el Grainfed, que a la verificación racial le suma “la certeza de que los cortes provengan de animales alimentados al menos 100 días a corral”, destacó.
Otros datos divulgados por Pérez Frontini muestran que en este momento hay “10 empresas que certifican y confían en el trabajo” de Angus Uruguay, y en cuanto a números del programa, detalló que el año pasado se certificaron “más de 320.000 animales, casi 4.500 toneladas, se emitieron 335 certificados a 16 países del mundo”.
Valoró el propósito de esta gremial de “estar cerca de las industrias que certifican con nosotros, presentar y respaldar el programa de certificación” en las ferias internacionales.
Además, Angus Uruguay tiene un proyecto “bien desafiante” junto al Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y a la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), que lleva cuatro años, e involucra a 800 novillos, con el foco en el marbling (marmoleo) de la carne.
También, la gremial incorporó el año pasado a una genetista, la ingeniera Federica Marín.
Puerta de acceso y el cliente
En este panel, la directora del frigorífico Las Moras, Elizabeth Misa, quien además es presidente de la Asociación de la Industria Frigorífica de Uruguay (Adifu), también se refirió a estos asuntos. “La carne es un commodity y, en ese sentido, buscar la diferenciación es lo que te puede abrir una puerta de acceso”, afirmó.
Esto dijo en cuanto a la capacidad de producción que puede tener Uruguay, “siendo un país tan pequeño, para diferenciarnos de nuestros competidores, uno busca tener esos nichos de calidad”.
“Hoy las razas, como por ejemplo Angus o Hereford, intentan marcar un diferencial en cuanto a productividad, producción y calidad, dependiendo del mercado al que se desea acceder”, comentó.
Advirtió que esto representa “una vía de salida, por eso desde el inicio, estamos junto a Angus Uruguay, certificando todos los ganados Angus que llegan, y es una demanda hoy instaurada en el mercado internacional”. “Está muy bueno estimular” esa iniciativa, sostuvo la empresaria.
Mientras, que desde el punto de vista del Instituto Nacional de Carnes (INAC), la gerente de Calidad, Natalia Barsanti, dijo que la certificación apunta a “agregar valor desde una dimensión donde hoy en día el consumidor cada vez está más informado”. Y “la certificación lo que termina haciendo es dar garantías de que hay una tercera parte que está asegurando que determinados requisitos, ya sea por atributos de producto o del proceso, se cumplen de acuerdo a ese estándar”, argumentó.
Consideró que también termina pasando que “a veces hay mucho bombardeo” de certificaciones, entonces “el consumidor se enfrenta a una multiplicidad de sellos”.
INAC entiende que “las empresas cada vez más están buscando diferenciarse”, y que “Uruguay tiene que apuntar a la diferenciación de sus productos”.
De hecho, INAC ya hace “más de 20 años” que “promovió los primeros programas de certificación”, que es el programa de Carne Natural y también un programa de Bienestar Animal, que “por diversos motivos no han tenido mucho andamiaje”, reconoció.
Dijo que “no solamente el programa de certificación tiene que ser robusto, sino que también a nivel internacional, y donde se colocan los productos, tienen que ser reconocidos y aceptados por el consumidor, para ser demandados”.
Por eso, para INAC “la certificación es un camino”, si bien esto “no siempre está asociado a calidad”, sostuvo.
Y señaló que “el problema es que muchas veces”, cuando se habla de calidad, “se piensa que es premium”, pero aclaró que “calidad es una valoración más de la adecuación al uso”.
A modo de ejemplo, “cuando una planta que está produciendo trimming, puede ser de calidad si cumple con los requisitos del cliente, y si cumple para el fin último para el que va a ser usado”, comentó.
Advirtió: “obviamente que ahí terminamos en el mercado de los commodities, y creo que hoy en día a lo que está apuntando –tanto Angus como muchas de las empresas– es a diferenciar, para calidad premium”.
Hoy “las empresas ya están diferenciando sus productos en lo que tiene que ver con calidad premium, apuntar a nichos de mercado de alto valor, a segmentar y tarjetear consumidores que están dispuestos a pagar más por productos de mayor calidad”, explicó.
Barsanti planteó que “el problema” es que actualmente, “a nivel oficial”, lo que hay es el Sistema de Tipificación Automática, en el que INAC “avanzó mucho”, pero que “no dialoga absolutamente en nada con lo que después el consumidor compra y percibe”.
Si bien este sistema “ayuda bastante a la cadena, a la transparencia y hay información confiable y consistente”, lo cual es un “parámetro importante”, queda “como debe” el “poder tener un sistema oficial que diferencie en atributos basados en el consumidor”, reconoció.
Por su parte, el director del frigorífico San Jacinto, Martín Secco, rescató el concepto empleado por la gerente de INAC respecto a la “adecuación al uso”.
“Un animal es un producto del que se desprenden muchísimos otros productos y, muchas veces, hasta que lo tenemos arriba de la mesa del desosado no sabemos qué hemos comprado”, dijo. Comentó que es preciso “ingeniarse para venderlos todos a la misma vez, y adecuados a lo que el cliente quiere”.
“El concepto de calidad no es sólo, como decía ella (Barsanti), los conceptos que manejamos más naturalmente, que es una carne diferenciada premium, sino que tenemos que darle a través de una certificación”, sostuvo.
Y mencionó el ejemplo de “decirle al cliente que ese otro producto que compra para su proceso es diferente a otro, que va a ser el adecuado”.
“Muchas veces puede ser una certificación, o la mayoría de las veces es la responsabilidad de la propia planta (industrial) en cumplir con la orden específica que el cliente nos demandó”, dijo.
Consideró que “la carne internacionalmente es un producto que muchas veces está siendo bombardeado, o criticado, entonces todo tipo de certificación ayuda”.
Secco advirtió que también hay “certificaciones religiosas”, que para “algunos pueden ser totalmente despreciables, pero para otros son la clave de poder acceder a ese nicho de mercado”.
“Programas como el de Angus nos ayudan mucho a establecer esa comunicación con los productores sobre el concepto de calidad”, valoró el ejecutivo.
Sostuvo: “para nosotros, como empresa, la calidad no es solo en el mercado internacional, con los clientes que consumen nuestros productos, sino también establecer una relación de calidad con nuestros proveedores”. Ahí “comienza nuestro desafío de poder generar el producto que los clientes quieren”, afirmó.
El director de frigorífico San Jacinto reconoció que las certificaciones de INAC “hablan con el producto final” y “ayudan mucho a transparentar esa relación con el proveedor”.
Para, de esa manera, “comenzar a hablar del producto que la industria quiere y tratar de achicar esa brecha de incertidumbre”, reflexionó.
Secco además hizo hincapié en la importancia de la sanidad del rodeo y de la producción ganadera en general de Uruguay, al destacar que el “prestigio” sanitario permitió facilitar el acceso de las exportaciones de carne a los mercados.
Las certificaciones “ayudan” cuando las autoridades del gobierno uruguayo realizan gestiones para la apertura de nuevos destinos para este producto, sostuvo.
El ejecutivo aprovechó esa instancia para advertir del “problema de la garrapata” en la ganadería local, y del impacto negativo de los “casos de residuos” detectados en el exterior, en embarques de carne uruguaya. Por lo que los productores responsables “deberían ser sancionados”, sugirió.
Respecto a la posibilidad de que la certificación sea una herramienta para garantizar inocuidad al consumidor, la gerente de calidad del INAC dejó en claro que “hay parámetros básicos que nadie espera que sean certificados per se con un sello”, sino que “es lo mínimo que uno espera cuando va a comprar un producto”.
“Cuando voy a una góndola a comprar un corte de carne, lo mínimo que espero es que ese producto sea inocuo y no me provoque una enfermedad”, advirtió.
Y consideró que en esta cuestión es el Ministerio de Ganadería el encargado de hacer los controles sanitarios correspondientes, para que no se presenten “residuos” de productos veterinarios en la carne y asegurar la inocuidad del producto.
Lo importante de los sellos de certificación es que abarcan procesos de producción y “obligan a ordenar y medir”, y con esto es posible dar una “devolución hacia atrás a la cadena”, para empezar a “segregar” y “dejar de subvencionar animales malos con los animales buenos”, generando así un “espiral de mejor continua”, sostuvo Barsanti.