El Ministerio de Transporte y Obras Públicas avanza en un plan de inversión que supera los US$ 2.600 millones, con foco en infraestructura vial, logística y modernización del transporte, en un escenario donde “la competitividad del país depende cada vez más de la eficiencia en los costos de traslado”.
Así lo resaltó la ministra Lucía Etcheverry, en una exposición realizada en la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM), cuyos principales conceptos fueron compartidos en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Actualmente, el MTOP cuenta con 77 contratos en ejecución, de los cuales más de la mitad corresponden a obras viales, además de otros 25 proyectos en distintas etapas que comenzarán en los próximos meses. “La infraestructura requiere una gestión continua y planificada”, afirmó.
Dentro del plan, se prevén más de 50 nuevas licitaciones, con un “fuerte” componente de ejecución en el corto plazo, buscando acelerar los tiempos y ampliar la red de obras en todo el país. La inversión en vialidad concentra más de US$ 2.100 millones, con foco tanto en grandes corredores logísticos como en rutas secundarias y terciarias, clave para las economías regionales.
Entre las obras estratégicas se destacan el desarrollo del corredor de la Ruta 2 —incluyendo el bypass en Rosario—, la duplicación de la Ruta 11 entre Interbalnearia y Ruta 8, la conexión de la Ruta 4 con la Ruta 26 en Paysandú, y la consolidación del corredor de la Ruta 7, junto con el bypass en Santa Clara y la construcción de un bypass en Rivera.
A su vez, se prevé la rehabilitación integral del corredor de la Ruta 26, la construcción de nuevos accesos al puente sobre el Yaguarón en Cerro Largo y mejoras en los accesos este de Montevideo, particularmente en las rutas 101 y 102.
También, en el plan oficial se incluyen obras con impacto directo en la logística de la producción, como la Ruta 4 entre Zanja del Tigre y Paso Campamento en Artigas, la Ruta 80 entre Migues y Ruta 8 en Canelones, la Ruta 97 entre Carmelo y Ruta 12, clave para el flujo de granos hacia Nueva Palmira, y la Ruta 12 entre San Ramón y Minas.
En paralelo, se ejecutarán intervenciones en las rutas, 96 y 105 en Soriano, además del bypass de Dolores. También habrá obras en la Ruta 10, Ruta 13 en Maldonado y Lavalleja, vinculadas a la producción forestal y al turismo.
En este contexto, la ministra remarcó que la infraestructura es un factor directo en la competitividad. “Estas obras inciden en la reducción de los costos de traslado de la producción”, sostuvo.
A la vez, uno de los cambios más relevantes en el transporte de carga es la implementación de la guía de carga, un instrumento que permitirá mejorar la trazabilidad y el control de las operaciones.
Informó que el sistema incorpora información sobre el origen y destino de la carga, el transportista, el vehículo y el conductor, actuando directamente sobre la operativa logística. “Es un instrumento que va al núcleo mismo de la actividad”, dijo.
A diferencia de los sistemas tradicionales, que se enfocan en el control del vehículo, la guía de carga permite verificar la coherencia y legalidad de toda la operación, fortaleciendo la fiscalización. Para acompañar este proceso, el ministerio prevé la instalación de 54 puntos de control y la incorporación de tecnología como pórticos inteligentes de pesaje y unidades móviles de fiscalización.
“El objetivo no es recaudatorio, sino mejorar la seguridad y la profesionalización del sector”, indicó.
En materia ferroviaria, el gobierno busca consolidar el sistema como una política de Estado, apoyándose en el Ferrocarril Central como base y avanzando en la expansión de la red. Actualmente, el sistema presenta una estructura dual, con un tramo de alta eficiencia operativo y el resto de la red con necesidades de inversión.
En ese sentido, se trabaja en un Plan Maestro de Transporte Ferroviario, con apoyo internacional, que definirá el desarrollo del sector en el mediano y largo plazo. “Estamos sentando las bases del ferrocarril como política de Estado”, afirmó.
Entre las obras prioritarias se destaca la rehabilitación del puente sobre el Río Negro, clave para extender la operación hacia el norte, así como la recuperación de líneas estratégicas como Rivera y Río Branco, fundamentales para la carga y sectores productivos como el arrocero.
Además, indicó que se prevén inversiones en tecnología y seguridad, con foco en la automatización de pasos a nivel y la mejora de la operativa.
Los sistemas lecheros en el sur de Brasil muestran un proceso de transformación basado en mayor escala, incorporación de tecnología y “fuerte” foco en la calidad de las reservas forrajeras, en un contexto donde la eficiencia productiva define la rentabilidad. Así lo señaló el integrante de la consultora GGR, Alexis Rinaldi, tras una recorrida técnica por establecimientos lecheros en Rio Grande do Sul, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Comentó que Brasil cuenta con un rodeo lechero de aproximadamente 18 millones de vacas, con sistemas muy diversos, pero donde se observa una tendencia clara hacia la concentración productiva.
Los productores más grandes vienen absorbiendo a los de menor escala, en un proceso que también se observa en Uruguay. “La escala viene absorbiendo al productor chico”, indicó.
En ese marco, se identifican tres grandes modelos productivos: tambos chicos de menos de 200 vacas, sistemas intermedios de hasta 600 y estructuras de gran escala que superan las 1.500 vacas.
En los establecimientos más pequeños, la robotización aparece como una herramienta clave para resolver la falta de mano de obra, uno de los principales problemas del sector. “El tema de la gente es un problema y están robotizando”, señaló.
Otro aspecto determinante es el modelo de negocio. Los tambos que industrializan su propia leche, principalmente a través de la elaboración de quesos, logran márgenes significativamente superiores a los que remiten a planta.
Mientras estos últimos operan con precios de entre 40 y 42 centavos de dólar por litro, los sistemas integrados logran duplicar la rentabilidad. “El que industrializa duplica la rentabilidad”, dijo.
Este diferencial explica en parte la fuerte apuesta al crecimiento, con productores que buscan duplicar su escala, pasando de 200 a 500 vacas o incluso a sistemas de más de 1.000 animales.
En cuanto a los costos, Rinaldi el maíz se ubica en el entorno de US$ 230 por tonelada, mientras que los silos presentan valores de entre US$ 45 y US$ 50, en un esquema productivo donde la alimentación tiene un peso determinante.
En ese sentido, el manejo de reservas forrajeras aparece como uno de los puntos más destacados de los sistemas brasileños. “Nos vinimos muy impactados con la parte de forrajes”, sostuvo.
Los rendimientos en maíz para silo alcanzan entre 50 y 60 toneladas de materia verde por hectárea, con énfasis en la calidad de fibra y el contenido de almidón, buscando maximizar la producción de leche.
Uno de los aspectos más relevantes es el nivel de compactación de los silos, que llega a 850 a 900 kilos de materia seca por metro cúbico, reduciendo significativamente las pérdidas.
A esto se suma el desarrollo de materiales específicos de trigo para forraje, utilizados en corte directo, que permiten mantener calidad aun con altos volúmenes. Estos sistemas logran producciones de entre 25 y 30 toneladas por hectárea, con buena relación costo-beneficio. “Es un trigo que permite volumen sin perder calidad”, indicó
En zonas con mayor variabilidad climática, el riego también juega un rol clave, aportando estabilidad a la producción. “La estabilidad se la da el pivote”, indicó.
El mercado de reposición volvió a mostrar firmeza en el último remate de Pantalla Uruguay, con “alta” demanda, subas en varias categorías y colocación total de la oferta, en un contexto de “mejora en las condiciones climáticas y “mayor” dinamismo del negocio. Así lo destacó el operador ganadero, Gastón Araujo, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
El remate, correspondiente al 311° de Pantalla Uruguay y bajo el formato Select de terneros, colocó el 100% de la oferta, con un volumen superior a las 5.500 cabezas, confirmando el interés del mercado por la reposición.
En el caso de los terneros, la categoría más representativa, el promedio general se ubicó en US$ 4,30 por kilo, con máximos de hasta US$ 4,80, en línea con un escenario de firmeza y recuperación de precios.
“Fue un muy buen remate, con avidez y suba en los valores”, afirmó Araujo, destacando que la demanda se mantuvo activa en todo el país.
El comportamiento del mercado refleja una recomposición tras un período de relativa pausa semanas atrás, donde los precios habían encontrado cierto “techo” asociado a la dinámica de la industria.
Sin embargo, las lluvias registradas en distintas zonas del país, sumadas a una reactivación de la demanda, volvieron a impulsar el interés por la reposición. “La demanda está firme y el negocio sigue estando atractivo”, sostuvo.
En cuanto a las terneras, también se observó un buen desempeño, con valores promedios en el entorno de US$ 3,89 por kilo, mostrando una relación cada vez más cercana con el macho, en línea con la fuerte demanda por vientres y recría.
El perfil de compradores fue amplio y diverso, con fuerte presencia de recriadores, invernadores y corrales, en un contexto donde la escasez de novillos impulsa a muchos operadores a posicionarse en categorías más livianas. “Muchos corrales están comprando terneros porque falta novillo”, explicó.
En estos sistemas, los animales pasan por verdeos durante el invierno y luego ingresan a encierro, estirando los ciclos productivos para asegurar volumen.
Desde el punto de vista geográfico, la demanda fue pareja a nivel nacional, a diferencia de remates anteriores donde el norte mostraba mayor protagonismo por efecto de las lluvias. En este caso, el interés se distribuyó entre distintas regiones, con lotes destacados en el este, centro y sur del país.
En paralelo, el mercado de ganado gordo muestra algunos cambios en la dinámica reciente, con mayor demanda por parte de la industria y cargas más ágiles, aunque condicionadas por el clima. “Hoy hay demanda y si se concreta el negocio, se carga rápido”, indicó.
Las referencias se ubican en torno a US$ 5,20 para el novillo, mientras que la vaca y la vaquillona se posicionan cerca de US$ 4,95, en un mercado que comienza a mostrar mayor firmeza.
El déficit hídrico registrado durante el verano genera un escenario de “mayor riesgo” en la persistencia de herbicidas en el suelo, lo que puede afectar el desarrollo de los cultivos de invierno en sistemas agrícolas. Así lo señaló el investigador principal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en manejo de malezas, Alejandro García, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Explicó que el problema se vincula directamente con el uso creciente de herbicidas residuales en el suelo, impulsado por el avance de malezas resistentes. Estos productos, aplicados en preemergencia, pueden mantener su actividad por períodos prolongados y generar efectos sobre cultivos sembrados en sucesión. “Son productos que pueden tener una actividad prolongada y afectar cultivos posteriores”, afirmó.
El factor clave en este año es la falta de precipitaciones, que afecta el proceso natural de degradación de los herbicidas. A diferencia de lo que suele creerse, “el agua no actúa como un simple lavado” del producto, sino que su rol principal es activar la microbiología del suelo. “El herbicida se degrada por acción de microorganismos y en un año seco esa actividad es muy baja”, dijo.
Esto genera que los productos permanezcan más tiempo activos en el suelo, aumentando el riesgo de fitotoxicidad en cultivos de invierno. Las lluvias registradas hacia fines de marzo y abril contribuyen a mejorar la situación, pero no alcanzan a revertir completamente el problema. “A los efectos de normalizar la situación llegaron tarde”, indicó.
En cuanto a los cultivos más sensibles, García señaló que, en términos generales, la colza convencional es uno de los mejores indicadores de presencia de herbicidas en el suelo. Sin embargo, el impacto depende del producto utilizado y del cultivo a implantar. “El primer punto es cruzar el herbicida usado con el cultivo a sembrar”, sostuvo.
En ese sentido, para García el riesgo no se limita únicamente a la colza, sino que también puede afectar a otras brassicas —como carinata o camelina— y a los cereales de invierno, como trigo y cebada, dependiendo del tipo de herbicida utilizado y las condiciones del sistema.
Además del déficit hídrico, otros factores inciden en la persistencia, como la materia orgánica del suelo, la textura, la dosis aplicada y el tiempo transcurrido desde la aplicación, determinando la velocidad de degradación.
El impacto no se limita al arranque del cultivo, sino que también puede afectar el rendimiento. “No es solo un efecto inicial, puede terminar afectando la productividad”, advirtió García.
En situaciones donde el cultivo debe destinar energía a detoxificar herbicidas, cualquier otro estrés —como heladas, exceso hídrico o deficiencias nutricionales— puede agravar el problema, acotó.
Esto se traduce en cultivos con crecimiento lento, pérdida de plantas o bajo desarrollo. Frente a este escenario, una de las principales recomendaciones es evaluar el riesgo previo a la siembra, ajustando decisiones en función del herbicida utilizado y las condiciones del sistema.
El mercado global de agroquímicos enfrenta un “nuevo escenario de presión sobre los costos”, impulsado por factores geopolíticos que impactan en la energía, la logística y la disponibilidad de insumos, en un contexto donde los productos genéricos consolidan su predominio. Así lo señaló el miembro honorario de AgroCare, Roberto Muñoz, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
En el marco del Foro Anual de AgroCare, ese técnico explicó que la actual situación internacional, marcada por conflictos y tensiones en rutas comerciales, genera un encarecimiento generalizado en toda la cadena de valor. “El aumento del petróleo, el gas y los problemas logísticos hacen que todo se encarezca”, dijo, destacando que el impacto abarca desde la síntesis hasta la formulación y el transporte de los productos.
En este contexto, América Latina deberá ajustar su estrategia de abastecimiento, anticipando decisiones de compra para asegurar disponibilidad en momentos clave de la campaña. “Habrá que comprar con mayor anticipación para tener los productos a tiempo”, indicó.
El fenómeno tiene un alcance global, dado el peso determinante de Asia en la producción de agroquímicos. China concentra entre 70% y 80% de la oferta mundial, con India también creciendo en participación, aunque aún dependiente de insumos intermedios provenientes del mercado chino. “China es el jugador fundamental en este mercado”, sostuvo.
Este escenario alcista se da luego de un período de precios extremadamente bajos, generado por un exceso de capacidad productiva y elevados niveles de stock, que incluso llevaron a situaciones de quebranto en varias empresas del sector. “Veníamos de precios de subsuelo y esto ahora es un ajuste”, consideró Muñoz, en referencia al cambio de tendencia observado recientemente.
A nivel estructural, el mercado muestra una fuerte consolidación del segmento de genéricos, que actualmente representan cerca del 80% del total global, con una facturación estimada en torno a US$ 68.000 millones. Esta dinámica ha sido particularmente visible en Brasil, donde cambios regulatorios permitieron el ingreso de nuevos actores y una mayor competencia. “Hubo una verdadera reconfiguración del mercado”, indicó.
Como resultado, las empresas de genéricos han ganado participación relevante, capturando cerca del 30% del mercado brasileño, mientras las multinacionales ajustan su estrategia mediante adquisiciones y relanzamientos comerciales. “Las multinacionales están reconfigurando su modelo”, sostuvo.
En paralelo, el desarrollo de productos biológicos aparece como una tendencia en crecimiento, aunque todavía enfrenta desafíos regulatorios a nivel global. El mercado ronda los US$ 9.000 millones y mantiene una expansión sostenida, aunque más gradual que la de los químicos, en parte por la falta de criterios unificados para su registro. “Los biológicos van a seguir creciendo, aunque más lento”, señaló.
En cuanto al marco regulatorio, Muñoz advirtió sobre la necesidad de lograr un equilibrio entre exigencias técnicas y viabilidad operativa, en un contexto de creciente presión por parte de los mercados y los consumidores. “Las regulaciones deben basarse en ciencia, no en burocracia”, afirmó.
En un escenario de transformación, con fuerte presencia asiática, cambios en la estructura del mercado y nuevas exigencias regulatorias, el negocio de los agroquímicos enfrenta una etapa de ajuste, donde la eficiencia, el acceso a tecnología y la capacidad de adaptación serán determinantes.
La confirmación de casos de scrapie en Argentina vuelve a poner el foco en una enfermedad que tiene “fuerte impacto sanitario y comercial” en la producción ovina, en un contexto regional donde Uruguay mantiene el estatus de país libre de esa enfermedad.
Así lo señaló el delegado de la Asociación Rural del Uruguay (ARU) en la Organización Mundial de Salud Animal (OMSA) e integrante del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), Jorge Bonino, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
El especialista explicó que se trata de una enfermedad perteneciente al grupo de las encefalopatías espongiformes, que afecta exclusivamente a los ovinos y genera lesiones a nivel del sistema nervioso. “Es una enfermedad sin cura, causada por un prion (agente infeccioso) que termina provocando la muerte del animal”, afirmó. Uno de los principales problemas del scrapie es su largo período de incubación, lo que dificulta su detección temprana y favorece su diseminación.
Los animales pueden ser portadores durante varios años sin manifestar síntomas, mientras continúan transmitiendo la enfermedad. “Se puede tener la enfermedad y no manifestarla por años”, indicó Bonino. Desde el punto de vista sanitario, Uruguay se encuentra en una posición destacada, junto con Australia y Nueva Zelanda, como país libre de scrapie, condición que ha requerido años de trabajo y control.
Sin embargo, la presencia de la enfermedad en países vecinos, como Brasil y ahora Argentina, introduce un riesgo regional que obliga a extremar las precauciones. “Cuando aparece en la región, pasa a ser un problema regional”, sostuvo. El impacto más relevante se da en el acceso a mercados, especialmente en carne ovina y animales en pie, donde el estatus sanitario es un requisito clave.
“Para los mercados, el scrapie en ovinos es equivalente a la aftosa en bovinos”, explicó el delegado de la ARU ante la OMSA. En ese sentido, la pérdida de estatus o la aparición de focos podrían implicar restricciones severas, tanto en exportaciones como en movimientos de animales. Entre las medidas habituales, se incluyen limitaciones al ingreso de animales, semen y embriones, así como exigencias más estrictas para la comercialización de carne.
“No se podría permitir el ingreso de animales ni material genético sin garantías sanitarias”, planteó. En el caso de la carne, las exigencias pueden incluir restricciones para productos con hueso, debido al riesgo asociado al tejido nervioso, mientras que la lana y las pieles tendrían menor impacto si se mantienen los controles adecuados. A nivel regional, la situación es heterogénea, con países que no cuentan con el mismo estatus sanitario, lo que agrega complejidad a los flujos comerciales y a la toma de decisiones.
En este contexto, Bonino remarcó la importancia de mantener la coordinación entre sector público y privado, así como el monitoreo permanente de la situación sanitaria. “Uruguay sabe lo que tiene que hacer para mantener su estatus”, afirmó. El desafío, según planteó, no solo pasa por evitar el ingreso de la enfermedad, sino también por sostener la credibilidad del sistema sanitario frente a los mercados internacionales. En un escenario donde las enfermedades transfronterizas adquieren cada vez mayor relevancia, la vigilancia y la respuesta temprana se vuelven factores determinantes para proteger la producción y el posicionamiento del país.
La producción de trigo en Brasil para la cosecha 2026 fue estimada en 6,6 millones de toneladas (Mt), según la última encuesta divulgada por la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab). El volumen implica una caída de 16% respecto al ciclo anterior, en un contexto marcado por menor área y mayores costos.
El ajuste responde, en parte, a una reducción de 4,2% en la superficie sembrada proyectada, en comparación con la estimación realizada en marzo por el organismo oficial.
La tendencia está asociada a incertidumbres climáticas y al encarecimiento de los costos de producción, con especial impacto en los fertilizantes. “Los cultivos de invierno son más sensibles a este impacto en los costos, especialmente en lo que respecta a los fertilizantes. Dependiendo de la disponibilidad o la calidad de los insumos utilizados, esto puede conllevar tanto una reducción de la superficie cultivada como una revisión a la baja de la productividad”, afirmó Felippe Serigati, economista de FGV Agro a Globo Rural.
A pesar de la menor producción proyectada, la Asociación Brasileña de la Industria del Trigo considera que el abastecimiento interno no estaría comprometido. Su presidente, Rubens Barbosa, señaló que Brasil puede compensar la caída con importaciones: “Brasil no tiene problemas de suministro. Si hay una reducción en la producción, importamos. Hay oferta de trigo en el mercado internacional”.
Sin embargo, el foco de preocupación del sector pasa por el costo de esas importaciones, que viene en aumento. Barbosa advirtió que la combinación de mayores precios del petróleo, suba en fletes y seguros, junto con cambios impositivos, está presionando a la industria molinera.
En ese sentido, la reciente Ley Complementaria N° 224/2025 reintrodujo el cobro de impuestos PIS y Cofins sobre el trigo importado, lo que encarece la materia prima y agrega presión sobre los costos de producción de harina en el país.
El escenario combina así menor producción local y mayores costos de abastecimiento externo, configurando un mercado que seguirá condicionado tanto por la evolución climática como por la dinámica de precios internacionales.